viernes, 3 de abril de 2026

    En el futuro de la banca, innovar será toda la clave

    Un efecto de las fusiones y adquisiciones ha sido agudizar la competencia.
    Según la ley federal estadounidense, ningún banco comercial puede
    tener más de 10% de los depósitos totales en el sistema. Muchas
    entidades entre las veinte mayores están al límite. Ello significa
    que ya no pueden expandirse incorporando clientes. En su lugar, sólo
    les queda ampliar en su provecho los negocios con usuarios existentes, innovando
    ofertas.
    No es fácil. Los bancos deben lidiar con una maraña de regulaciones
    que pueden frenar intentos de innovar en servicios y marketing. Antes de meterse
    en este tipo de iniciativas, las entidades financieras deben tener en cuenta
    normas de privacidad, seguridad en instrumentos de deuda –gama que atraviesa
    hoy una crisis– y prácticas crediticias. Todo eso en medio de mercados
    turbulentos.
    Algunas rémoras estructurales internas también enervan la innovación.
    “Las empresas dedicadas al campo minorista tienen departamentos de investigación
    y desarrollo”, apunta Göran Hågegard (Booz Allen, Nueva York).
    “Eso no ocurre en los bancos, donde sólo la tecnología informática
    tiende a determinar la política de I&D. Además, las divisiones
    funcionan como compartimientos estancos. La gente que sabe de innovaciones técnicas
    está a menudo aislada de quienes pueden llevarlas a cabo. No se alienta
    el trabajo interdepartamental en equipo”.
    Otras dos tendencias –aversión al riesgo, inercia– pueden
    asimismo ahogar el impulso innovador. “Los bancos deben tener excepcional
    cuidado en no complicar ofertas, defecto típico del sector”, subraya
    Alex Kandybin (BAH). “La confusión al respecto puede minar la imprescindible
    confianza del cliente en el banco. Por cierto, mucha gente puede no estar conforme
    con su banco, pero no lo bastante para abandonarlo: el cliente soporta los malos
    servicios únicamente porque pasarse a otra entidad es costoso y molesto”.

    Primero, los clientes
    Cuando los bancos avanzan con novedades, a menudo fracasan porque no están
    bien enfocadas al público. Eric Clemons (Wharton) suele citar como ejemplo
    tarjetas inteligentes y cajeros electrónicos, dos servicios que tardan
    en hacer pie en EE.UU. por malas definiciones y marketing erróneo.
    Al revés, una tarjeta de Hong Kong, Octopus, (pulpo), que permite a los
    usuarios viajar en el sistema de transporte público sin llevar efectivo
    encima, es un espectacular éxito.¿Por qué? Porque soluciona
    en forma sencilla una necesidad cotidiana, menor sólo en apariencia.
    Entonces ¿cómo puede un banco aprender a enfocarse mejor en los
    clientes y ser innovador? Si bien no cabe esperar que las regulaciones molestas
    se esfumen en corto plazo, otros obstáculos –afirman en Booz Allen
    y Wharton– pueden desmontarse mediante esfuerzos concertados

    Después, los proyectos
    Ciertos cambios internos suelen aumentar posibilidades de éxito. “Hay
    que demoler la barrera entre marketing y servicios al cliente”, prescribe
    Jerry Wind (Wharton). Así, “en una movida inusitada para ese gigante,
    Citibank asoció el desempeño en servicios con el éxito
    en ventas. Creó incentivos increíbles para que el personal encarase
    los problemas de los clientes. Esto hizo que el marketing captara mejor las
    necesidades del público y las explotase”.
    Los procesos internos transparentes posibilitan el desarrollo de innovaciones
    sobre bases regulares. A menudo –señala Day–, “los
    bancos no tienen procedimientos claros para sopesar y aprobar innovaciones.
    Sin ellos, todo sucede con mayor lentitud y mayores problemas”. Royal
    Bank of Canada, por ejemplo, tiene un equipo que determina si se avanza con
    una innovación y otro que revisa una cartera de ellas. En este nivel
    se priorizan los proyectos aptos para encararse.
    El RBC mantiene grupos dedicados a “poner en escena” y definir el
    potencial de casos específicos. En tanto, el equipo de cartera determina
    su importancia relativa en el contexto general. En esta matriz, el segundo equipo
    tiene precedencia.

    Bases de datos
    Al fin y a cabo, los bancos deben sondear en las bases de datos sobre clientes
    existentes, en busca de nuevas ideas. La mayoría de las entidades dedicadas
    a servicios financieros no explota sus datos lo bastante o no lo hace bien para
    que la información obtenida llegue a la fase de desarrollo de ofertas
    y servicios.
    Una herramienta empleada a menudo en las industrias, por lo común ignorada
    en el sector financiero, es el análisis conjunto. Este recurso mide respuestas
    del cliente a distintos paquetes de ofertas. La técnica pone al descubierto
    preferencias, evalúa ciertos aspectos y permite advertir cuáles
    problemas serán más ventajosos de resolver.
    Hay métodos más intuitivos para generar ideas. “En tiempos
    de cambios dramáticos –observa Wind– la clave consiste a
    menudo en modificar la imagen que uno tiene del propio negocio y su estructura.
    Pero hay una regla de oro: no mirar al mismo sector”. Así la aplicó
    Commerce Bancorp, Nueva Jersey.
    Su presidente ejecutivo, Vernon Hill, llegó a la banca tras éxitos
    como concesionario de Burger King. Manejando CB como una cadena minorista que
    vende servicios financieros en vez de hamburguesas, convirtió la entidad
    en el banco de mayor crecimiento en el noreste del país.
    A veces, ni siquiera es preciso que las innovaciones sean financieras. Clemons
    describe un caso piloto: algunas tarjetas de crédito, orientadas a entusiastas
    de la Nascar (sigla en inglés de la Asociación nacional de carreras
    en autos de serie) y luciendo la imagen de algún corredor, tenían
    una demanda superior a la del resto, sin ofrecer ningún extra a los usuarios…
    Segundo caso: dos consultores de marketing financiero trataron de vender a los
    principales bancos una idea poco convencional. Apuntaba a colocar tarjetas de
    crédito entre clientes de bajo riesgo, pero de escaso giro. Pese al tamaño
    del mercado potencial, nadie estaba interesado en ese segmento “tan”
    minorista. Hartos, fundaron Capital One, hoy una de las mayores entidades de
    su tipo en EE.UU.

    Lo simple
    En niveles básicos. La gente de Booz Allen y Wharton creen que la innovación
    debe empezar por un aprendizaje: ver las cosas como las ve el cliente individual.
    A partir de ahí, se resuelven sus problemas.
    “Como muchos otros tipos de organización –señala Kandybin–,
    los bancos funcionan mejor afrontando cuestiones financieras u operativas que
    problemas personales. Pero, en el futuro inmediato, quienes se dediquen a simplificar
    las ofertas minoristas serán claros ganadores, pues habrán eliminado
    complicaciones prestando servicios que cubran necesidades fundamentales para
    la gente”.
    La mayoría de los bancos convencionales –apunta Wind– ofrece
    servicios demasiado complejos. El cliente no los entiende. Pero ¿cómo
    actúa quien fabrica bienes de uso final, por ejemplo un lavarropas? La
    compañía dispone de vendedores que le explican al comprador cómo
    funciona la máquina. También hay servicio técnico especializado.
    Pero los bancos carecen de esos vendedores y los empleados no tratan de educar
    al usuario”.

    Bancos en Latinoamérica

    Ante una compleja y promisoria etapa

    Las perspectivas del sector se definirán mayormente por decisiones y
    desafíos que afrontan ya las entidades financieras en la región.
    Especialmente en las principales economías. Así señala
    un estudio difundido en McKinsey Quarterly. Por de pronto, el negocio
    bancario tiene posibilidades de crecer más de 10% en activos y utilidades
    de ahora a fin de la década.

    Ese avance será impulsado principalmente por cuatro factores: un producto
    bruto interno capaz de crecer a razón de 4/5% anual en las economías
    mayores, baja de tasas, ampliación de plazos y una clase media con más
    poder adquisitivo y proclividad a endeudarse.
    Mientras tanto, aumentará la competencia. Por un lado, los bancos internacionales
    invierten más, esperando sacarles mercados a los jugadores locales o
    regionales. Los concurrentes con sistemas de negocios especializados persiguen
    lo mismo. En particular cuando se trata de banca minorista y tarjetas.
    Una serie de cambios ocurrida desde mediados de los años 80 afectó
    contextos regulatorios, demográficos y políticos en forma generalmente
    positiva. Por consiguiente, han mejorado variables macroeconómicas esenciales
    para el desarrollo de la banca privada. Como el PB por habitante y menores déficits
    fiscales. Ahora bien ¿cómo influyen sobre los bancos locales e
    internacionales?
    Para competir con los segundos, los primeros tienen ventajas tales como economías
    de escala, mayor imagen de marca, redes y familiaridad con sus propios mercados.
    El éxito puede ayudarlos a seguir independientes. En cuanto a los bancos
    internacionales o multinacionales, ya han hecho pie en Latinoamérica
    y algunos continúan expandiéndose.

    Buenos números
    Durante 2006, apunta el trabajo de McKinsey, la tasa de inflación ponderada
    se mantuvo alrededor de 6% en las principales economías latinoamericanas,
    salvo excepciones. Los Gobiernos manejan el presupuesto con más responsabilidad,
    sin tener en cuenta su color político. El déficit fiscal en siete
    países alcanzaba apenas 0,8% del PBI en 2005. En rigor, la Argentina,
    Venezuela y Chile mostraban y muestran superávit.
    En el frente externo, la situación también mejoró. En 2002-5,
    las exportaciones subieron 60% y el déficit en cuenta corriente cedió
    a 30% del PBI como promedio. Por ende, los tipos de interés prosiguen
    bajando y los plazos financieros se estiran. En la mayoría de las economías
    mayores se ha recreado un mercado para deuda pública a largo plazo.
    Por supuesto, el panorama varía de país en país. Chile
    lleva la delantera en reformas orientadas al mercado y sus negocios. Lo secunda
    México, que alcanzó estabilidad monetaria más tarde pero
    ya su deuda externa ha abandonado la categoría chatarra, como ocurre
    también en la Argentina. Los siguen Brasil, Colombia y Perú.
    Durante los últimos quince años, la actividad fue escenario activo
    de fusiones y adquisiciones en las mayores economías. Las dificultades
    de la larga transición hicieron que los bancos grandes se expandieran
    y los más débiles fuesen comprados o liquidados, a veces en medio
    de escándalos locales.

    Opciones
    Ante el interés internacional en Latinoamérica, casi todos los
    líderes locales –salvo en la Argentina y Brasil– corren riesgo
    de ser comprados o absorbidos. Para mantenerse independientes, tienen tres opciones:
    1- Tornarse muy caro. Un banco puede elevar su coeficiente de valorización
    por encima de potenciales adquirentes, lo cual lo haría demasiado costoso.

    2- Hacerse muy grande. Es otra estrategia, consistente en aumentar capitalización
    de mercado mediante crecimiento agresivo o fusiones con rivales locales, sin
    sacrificar rentabilidad bursátil. Si la capitalización de mercado
    es excesiva, sólo los mayores bancos del mundo podrían hacer el
    intento. Bradesco es buen ejemplo: costaría unos US$ 37.000 millones.
    3- Combinar ambas estrategias, como hace Banco Itaú. Con US$ 40.000 millones
    de capitalización bursátil y una relación precios/ganancias
    futuras de 17 en 2005, se ha tornado demasiado grande y caro de adquirir. Inclusive,
    hasta podría mutar en banco multinacional apelando a su presencia y management
    en la región. Eso han hecho ya BBVA y BSCH. Recientes movidas de Itaú
    y su grupo en la Argentina y Chile apuntan en ese sentido.
    La clave del éxito consiste en equilibrar ventajas y redes en escala
    para cubrir un país, ofrecer más servicios y reducir costos operativos.
    También se requieren aptitudes para innovar o mejorar la oferta en líneas
    con mayor potencial de crecimiento. M