jueves, 2 de abril de 2026

    El management como profesión, cuestionado

    ESTRATEGIA | Alta gerencia

    El profesor Rakesh Kurana, ganador de premios académicos en 2007, 2008 y 2009 por trabajos de investigación gerencial, acaba de publicar un libro donde analiza la historia de la empresa privada en Estados Unidos y concluye que el management, como profesión, es una promesa incumplida.
    El libro –cuyo título original en inglés es From Higher Aims to Hired Hands: The Social Transformation of American Business Schools and the Unfulfilled Promise of Management as a Profession– es, básicamente, un llamado a la reforma. Rakesh Khurana muestra que las escuelas de negocios basadas en universidades fueron fundadas para capacitar a una clase profesional de gerentes con el mismo molde con que por entonces se formaban médicos y abogados, pero terminaron dando marcha atrás con ese objetivo y dejando un enorme agujero moral en el centro de la educación empresarial y hasta en el mismo management.
    Khurana comienza su historia a finales del siglo 19, cuando los miembros de una élite gerencial emergente, buscando estatus social que igualara la riqueza y poder que habían acumulado, comenzaron a trabajar con las principales universidades para establecer programas de educación gerencial a nivel grado en paralelo con aquellos de medicina o leyes. Constituir la administración de empresas como profesión, sin embargo, requirió codificar el conocimiento relevante para profesionales y desarrollar estándares aplicables de conducta.
    Khurana, utilizando gran cantidad de material de archivo de escuelas de negocios, fundaciones y asociaciones académicas, explica que los educadores de esta especialidad hicieron frente a esos desafíos con diferentes estrategias durante las eras del progreso y de la depresión, durante los años de la posguerra y las recientes décadas de capitalismo salvaje. Hoy, dice, casi todas esas escuelas han abandonado sus esfuerzos por lograr profesionalismo para simplemente convertirse en proveedoras de un producto: el MBA.
    Los ideales profesionales y morales que una vez las inspiraron fueron reemplazados por otra visión donde los gerentes son vistos como agentes de los accionistas. Según el autor, no debería sorprender entonces el surgimiento de la malversación empresaria.

    El MBA como requisito
    El concepto del MBA –dice a su turno Craig McAllasterm decano de Rollins MBA– ha perdido claridad para los estudiantes y para las organizaciones. Hoy el título es un commodity, o sea que todos parecen iguales: los presenciales y los online, los de 33 horas y los de 50.
    Pero no es así. Y si los empleadores no aprecian las diferencias en calidad, el título corre el riesgo de quedar desacreditado para siempre. Muchos programas no alcanzan el nivel s tales como describe la Association to Advance Collegiate Schools of Business.
    La AACSB procura asegurar que las organizaciones acreditadas “produzcan graduados que han alcanzado objetivos específicos de aprendizaje y cultiven una interacción significativa entre ellos”. Es difícil lograr esos objetivos mediante un programa abreviado o puramente online.
    Y sin embargo, el número de estudiantes que se inscriben en programas abreviados y online sigue creciendo. ¿Por qué? En parte porque en algunas compañías el MBA es un requisito para acceder a ciertas posiciones. Compañías y empleados ven ese título como una condición para rellenar un casillero y no entienden que son las habilidades desarrolladas, y no el certificado obtenido, lo que llevará valor a esa organización.
    La idea del MBA como commodity se refleja también en la creciente tendencia que se detecta en las empresas privadas a comprar escuelas de negocios con problemas financieros y convertirlas en fábricas de generar diplomados. Han trocado nivel por rentabilidad.
    Es necesario volver a poner el nivel en su lugar con cuerpos de evaluación de escuelas y de educación de empleadores. Los cuerpos de acreditación deberán insistir en que los programas de MBA tengan un mínimo de 50 horas de crédito, por ejemplo, y en que los empleadores dediquen más tiempo a entender qué es un MBA y cómo puede mejorar su organización. Si ambas partes no elevan su nivel, seguiremos por mal camino.