sábado, 4 de abril de 2026

    Estados Unidos debe traducir innovación en crecimiento

    ESTRATEGIA | Alta gerencia

    ¿Se está perdiendo su ventaja en innovación? Durante décadas, el país ha debatido esta pregunta en los pasillos de Washington, en los noticieros de la noche y en las salas de directorio. Los expertos han ido a buscar al extranjero señales –desde los soviets durante la Guerra Fría hasta los japoneses a finales de los 80 y los tigres asiáticos a principios de este siglo– de que Estados Unidos estaba perdiendo su ventaja económica. Los pesimistas mencionan estadísticas sorprendentes, como el aumento del número de patentes registradas por inventores foráneos o el creciente cuerpo de ingenieros que se gradúan en el extranjero.
    Las estadísticas son, por cierto, alarmantes. Sin embargo, a pesar de los desafíos históricos, Estados Unidos ha seguido siendo el hogar de la innovación. Desde Internet hasta los servidores mainframe pasando por productos farmacéuticos, las grandes innovaciones siguen siendo “Made in the USA”.
    Entonces, ¿dónde está la desconexión? ¿Es la ventaja innovadora del país demasiado grande para ser superada? ¿Tal vez el número de patentes y de ingenieros ya no significa una medición digna de tenerse en cuenta? Es posible. Sin embargo, mirar solo innovación y liderazgo en investigación básica es adoptar una perspectiva demasiado estrecha.
    La pregunta fundamental es si Estados Unidos ha venido perdiendo su capacidad para traducir innovación en liderazgo económico.
    Para responder esta pregunta, aprovechando la reciente investigación del McKinsey Global Institute (MGI), se realizó una serie de entrevistas a directores ejecutivos de compañías industriales de avanzada. Esos CEO, que gobiernan empresas con alto componente de investigación e ingeniería, están en el centro de este debate. De las conversaciones y de la investigación original surge que hay verdaderas causas para alarmarse.
    La innovación puede crear ganancias y titulares en los diarios, pero solo es una parte del motor económico. Andy Grove, de Intel, dice que “Estados Unidos tiene una fe equivocada en el poder de las start-up”.
    Los laboratorios alemanes de investigación habrán creado el MP3, pero fue la tecnología estadounidense con sus habilidades de escalamiento la que tomó esta innovación y liberó su valor, desde el iPod de Apple hasta archivos compartidos o vendedores de medios digitales como la tienda iTunes.
    Esta habilidad para tomar innovación básica, desarrollarla en gran escala y redefinirla con innovaciones de segundo y tercer orden juega un rol fundamental en el crecimiento económico y el empleo. Para hacer todo esto, un país debe estar en el centro de las tecnologías de avanzada, demanda de mercado, talento y espíritu emprendedor.
    Se advierten señales de peligro en cada uno de estos elementos. Los problemas van mucho más allá de empleos o patentes –y llegan al corazón del liderazgo económico de Estados Unidos. No tenemos todas las respuestas, pero estamos convencidos de que hace falta corregir el rumbo. No van a ser suficientes las medidas incrementales del sector público ni la mentalidad de corto plazo del sector privado. Hace falta una estrategia nacional.

    ¿Cuáles son los hechos?
    ¿Está realmente atrasado Estados Unidos? Visto desde cierto ángulo, es difícil ver nada que no sea positivo. El país tiene una cultura empresarial y un mercado legal y mercantil que fomentan y premian la toma de riesgos y el emprendimiento. Sigue atrayendo a los mejores estudiantes y profesores de todo el mundo y sigue siendo el inversor dominante en investigación y desarrollo, con un gasto total superior al de las otras cuatro naciones: Japón, China, Alemania y Corea del sur combinadas.
    Sin embargo, aparecen señales de peligro en todas las facetas del liderazgo económico.
    En las principales tecnologías industriales –como baterías de próxima generación, trenes de alta velocidad, autos híbridos, módulos solares, turbinas eólicas en el mar y máquinas herramientas– Estados Unidos está compitiendo con empresas e ingenieros extranjeros.
    Históricamente, el país ha sido líder indiscutido de tecnología de próxima generación, desde semiconductores hasta IT e industria aeroespacial. En un momento casi fue el dueño de esos sectores. Pero hoy, hasta en el sector aeroespacial, Estados Unidos depende de Japón, Rusia y Europa occidental para lanzar sus satélites. Este tema va más allá de la discusión sobre el empleo. Llega al corazón del liderazgo económico.
    En las últimas décadas cambió la composición de la demanda global. Por primera vez en la historia reciente, más de 50% de la clase media global vive fuera de América del norte. Hay gran demanda de productos de última generación no entre consumidores de Estados Unidos o Europa sino en Asia, América latina y Oriente medio. Las empresas estadounidenses ya no puede construir productos solo para el mercado estadounidense y esperar exportarlos sin modificaciones.
    Y finalmente, el espíritu emprendedor es la magia que conecta todos estos elementos. En este renglón vemos una creciente aversión al riesgo de nuevas aventuras en Estados Unidos. Las grandes corporaciones, los innovadores de la generación anterior, son las más afectadas, en parte como consecuencia de la incertidumbre sobre regulación y política pública.
    Muchas de las principales compañías industriales estadounidenses registran retornos sobre capital muy por encima de 20 ó 30%, producto de décadas de productividad e inventiva pero también de una base depreciada de activos existentes. Con frecuencia, las decisiones de financiar nuevos productos o entrar a nuevos mercados geográficos mueren porque las empresas temen diluir esos altos retornos. O peor, para cumplir con los objetivos de ganancias en el corto plazo, las empresas posponen prometedores pero riesgosos planes.

    ¿Cómo debería responder Estados Unidos?
    La política pública, la miopía del sector privado, la fabricación en el extranjero, los injustos subsidios extranjeros o cualquier combinación de todo esto son los responsables de las señales de alarma mencionadas más arriba. Cualquiera sea la causa, Estados Unidos se encuentra ante un futuro en el cual los elementos fundamentales del liderazgo económico se están mudando al extranjero. Es imperioso que se tomen medidas. Revitalizar la innovación estadounidense y el crecimiento requerirá un compromiso nacional en el cual los sectores público y privado trabajen juntos. Nuestra investigación sugiere una serie de pasos para comenzar a cambiar las tendencias.

    1. Despejar el camino para las tecnologías industriales del futuro
    Para lograr esta meta, los políticos deben elevar los objetivos del sector público y fijar estándares para las tecnologías de la próxima generación. Ejemplos de las políticas necesarias incluyen: (1) energía limpia, a través de niveles nacionales para la energía renovable; (2) transporte a través de mejoras obligatorias en el mejoramiento de la eficiencia de combustibles en los automóviles; y (3) compuestos avanzados a través de estándares de eficiencia de los aviones.

    2. Reconstruir infraestructura
    Parte de esta estrategia nacional necesita mejoras de infraestructura para sostener la producción y acortar procesos burocráticos y regulaciones que agregan costos, tiempo.

    3. Atraer y retener talento
    Cuando estudiantes extranjeros se gradúan en universidades estadounidenses, el país los echa con políticas restrictivas. Más tarde, van a trabajar para futuros competidores mientras las empresas estadounidenses luchan con una fuerza laboral envejecida. Habría que simplificar los procesos para sacar la tarjeta verde y elevar el número de visas laborales. También, aumentar la inversión para desarrollo de la fuerza laboral.

    4. Revitalizar el espíritu emprendedor en las grandes empresas de Estados Unidos
    La rápida expansión de pequeñas compañías que crecen para convertirse en grandes que innovan en gran escala es la característica del liderazgo estadounidense. El país debería continuar fomentando este modelo. Los grupos industriales no pueden pensar en inversiones a largo plazo porque Wall Street les exige resultados trimestrales. Esa mentalidad debe cambiar. Sin esa exigencia, las empresas podrían hacer las apuestas audaces pero a la vez prudentes que las hicieron grandes en otros tiempos.

    James Manyika es director del McKinsey Global Institute y director en la oficina de McKinsey en San Francisco; Daniel Pacthod es a director en la oficina de Nueva York, donde también trabaja Michael Park.