martes, 3 de febrero de 2026

    ¿Hay vida después del modelo?

    Por Gustavo Baiman

    A modo de anticipo, Mercado entrevistó a tres economistas para tratar de entender qué pasa hoy en la economía K y qué futuro tiene en el mediano y largo plazo.
    En noviembre del año pasado un informe del Banco Mundial, “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América latina”, indicaba que entre los años 2003 y 2009 la Argentina había duplicado su clase media. La cantidad de personas incluidas dentro de este sector había pasado de 9,3 millones a 18,6 millones. Para el Gobierno este informe resultó un espaldarazo importante. El éxito del modelo había quedado refrendado por un organismo insospechado de ser kirchnerista.
    Sin embargo, un mes más tarde, un informe de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (CEPAL), un organismo que nadie podría vincular con la oposición, le puso un techo al entusiasmo oficial. El punto más relevante del estudio subraya una caída importante del PBI. Durante 2012 la Argentina creció solo 2,2%, más de un punto por debajo que el promedio de la región que llegó a 3,5%.
    Los datos de ambos organismos no son contradictorios, simplemente están midiendo distintos momentos. Un primer quinquenio con indicadores sumamente favorables, hasta 2008, y la etapa actual con números que marcan, por lo menos, un estancamiento significativo en la mayoría de las variables macroeconómicas.
    Este escenario es muy fecundo para discutir y debatir, principalmente porque este cambio, considerando el paso de una etapa a otra, se da dentro de un mismo modelo económico e igual proyecto político. Las explicaciones y argumentos se pueden agrupar en relación a la posición que se tiene frente al Gobierno. En términos generales para la mayoría de los economistas kirchneristas, los indicadores de 2012 reflejan un ciclo desfavorable relacionado principalmente con la crisis internacional y el comportamiento de algunos grupos oligopólicos que intentan conservar sus privilegios. Para otros, no alineados o directamente enfrentados a la gestión K, el modelo tiene signos de agotamiento.


    Néstor Kirchner

    El futuro del modelo
    El debate se hace más intenso a la hora de explicar qué puede pasar en el mediano y largo plazo. Si bien para este año la mayoría de los observadores pronostican mejores condiciones que en 2012, la cuestión de fondo sobre el futuro del modelo no está resuelta. Considerando este escenario Mercado consultó a tres economistas, con diferentes miradas, ideologías y trayectorias, para tratar de entender las fricciones y contradicciones que se dieron dentro de un mismo esquema económico, pero sobre todo, buscando una respuesta hacia adelante: ¿Hay vida después del modelo?
    Para ordenar la discusión, las entrevistas se realizaron contemplando básicamente tres ejes: una primera lectura sobre la situación actual del modelo, un segundo paso marcando posibles alternativas y, por último, una mirada a más largo plazo.
    El primer economista consultado, Eduardo Curia, uno de los primeros impulsores de la salida de la convertibilidad, fue categórico para definir el actual momento: “El modelo económico hace bastante que varió. Si bien hay un proyecto político que continúa y que tiene un discurso económico con banderas de industrialización y que apuntan a afianzar el andamiaje productivo, creo que hubo un quiebre notorio entre lo que fue el modelo competitivo productivo que va de 2002 a 2007, que es el modelo del dólar alto, de los superávit gemelos, la acumulación sostenida de reservas, una inflación tolerable; y lo que viene después que, además, se agravó con la crisis internacional de 2008”.
    Orlando Ferreres, director de la consultora homónima, hizo la misma lectura con respecto a las principales variables macroeconómicas, pero además agregó que la promesa por parte del Gobierno de estimular una matriz de producción diversificada, nunca se concretó considerando que la salud de la economía sigue dependiendo únicamente de la soja.
    “El gasto público ya no es financiable, es una situación que es fundamental para explicar todo lo que está pasando, por otra parte, la expansión monetaria parece imparable y los costos en dólares aumentaron 110% desde 2007. Además no hay estadísticas, es muy difícil hacer cálculos para realizar estudios rigurosos. Es un modelo que no tiene cimientos fuertes, por eso es muy inestable. Si cada vez que hay un ciclo para abajo hay desesperación, evidentemente tenemos problemas que supera cualquier contexto internacional”.
    Martín Schorr, investigador del Conicet y del área de Economía y Tecnología de Flacso, señala principalmente dos problemas, por un lado la estructura del modelo, y por el otro, desde un punto de vista más político, la falta de un debate: “El problema no es si crecemos mucho o poco, el límite del modelo sigue siendo estructural. Hay una gran contradicción. El Gobierno apuesta a una estrategia en materia de distribución del ingreso, pero por el otro lado no hay política industrial, se afianzó un perfil de especialización que no es compatible con esa estrategia de distribución. Objetivamente, en términos estructurales, hay un tema no resuelto. Por otro lado existe una lógica del no debate, no se discute dentro del kirchenerismo y esto provoca que muchos de los logros del modelo estén dando pasos para atrás. Hay que hacer una revisión seria y crítica de lo que pasó”.


    Cristina Fernández

    Una apuesta a la competitividad
    En cuanto a las alternativas, los tres entrevistados, aunque visto desde distintos ángulos, destacan como opción el aumento de la competitividad de los distintos sectores productivos. Las posibilidades para lograr este objetivo están puestas en políticas que estimulen la inversión o en un aumento significativo de la brecha cambiaria.
    Ferreres cuestiona que todas las expectativas por parte del Gobierno estén centradas en el consumo interno y afirma que la industria tiene que tecnificarse como lo hizo el sector agrario para poder exportar y competir con los jugadores internacionales.
    “Hubo un crecimiento basado en el mercado local, pero no se salió al exterior. No alcanza si solo se alienta el consumo interno. Hay que tener una continuidad para pagar las deudas, para pagar las importaciones y hay que hacer muchas inversiones que permitan incorporar equipos importados. Se invierte en política pero no en infraestructura, se le da al intendente pero no se está haciendo un plan integral. No tiene destino una política basada solo en lo que pueden comprar los argentinos. En cuanto a la política industrial, que son las exenciones y los subsidios, tiene que terminar como máximo a los cinco años, no se puede mantener continuamente una industria que no es competitiva. Hay sectores que siguen dependiendo hace 50 años de las barreras arancelarias; creo que eso es insostenible”.
    Schorr plantea que una de las claves está en proteger al mercado con una política que dote de competitividad al sector industrial. “Hay que tener una estrategia que tenga que ver con una mirada sistémica sobre la competitividad. Se terminan aplicando recetas que vienen de otros tiempos. Mucha de las políticas que hoy se aplican tienen instrumentos que son de la década del 90. Hay mucho por hacer en materia de sustitución de importaciones, ese es uno de los grandes desafíos. Habría que aplicar la teoría de la zanahoria y el garrote, como hacen en Brasil: esto es que se pueden mantener ciertos privilegios impositivos solo si quienes obtienen ese beneficio invierten incorporando capacidad tecnológica local”.
    “La Argentina se especializa en producciones que miran al mercado mundial y que tienen que ver con salarios bajos, eso le pone un techo a la capacidad de recomponer la problemática salarial y distributiva. Hablo básicamente del agro y la agroindustria y todo lo que tiene que ver con el procesamiento de los recursos básicos. Creo que ahí está el límite del modelo, no tiene que ver con crecer a 8 ó 4%; por eso digo que hay un límite estructural, donde se puede aumentar la rentabilidad no por una mayor competitividad sino bajando los salarios”.
    Curia plantea un dilema: inflación versus tipo de cambio: “Es un viejo problema en la Argentina, la dinámica del nivel de precios, que es la inflación, y la dinámica de los precios relativos, que es el tipo de cambio. Corregir el tema cambiario es muy difícil tanto por razones económicas como políticas. Por eso si se opta por tener competitividad cambiaria, otra vez con una macroeconomía de un dólar alto, aunque no tanto como en los primeros años del kirchnerismo, eso requiere una operatoria de una gran complejidad y una fuerte convicción en la dirigencia política, empresarial y sindical. Pero además esta opción necesita de un gran conocimiento técnico, no es para improvisados”.

    ¿Qué hay afuera del modelo?
    Señalar alternativas o continuidades para los próximos años es una tarea más difusa. Si bien son muchos los puntos de la economía que son cuestionados y no son pocas las propuestas para modificar el rumbo del Gobierno, sobre todo en los últimos años, tampoco hay expresiones que contemplen un nuevo paradigma o un cambio radical. Se observa de manera negativa distintos puntos en la política económica, pero también es cierto que los primeros años del kirchnerismo siguen siendo una clara referencia. El Estado conduciendo y motorizando sus sectores productivos, es decir, aplicando la economía política como una herramienta de gestión, dejó atrás los años del neoliberalismo. La mayoría de las voces acuerdan que así empezó el modelo K, el punto es saber cómo sigue.
    En este sentido Ferreres, habla de alternativas dentro del modelo: “Si Arturo Frondizi llamó a Álvaro Alsogaray para que organizara la economía cuando se había desarticulado, hoy Cristina puede volver a llamar, por ejemplo, a Roberto Lavagna para que reordene todo. El punto es encaminar al país a un crecimiento continuo de 20 años, recuperar la posición que tuvo la Argentina, que hasta la década del 50 era más grande que Brasil. El Gobierno tendrá que organizar las tarifas para llevarlas a un precio razonable. No es posible seguir regalando los servicios: se pueden dejar los precios actuales para 10% de la gente que esté desempleada o que tiene trabajos precarios, pero no mucho más. Es lo que llamamos reordenamiento de los precios relativos, o ajuste o sintonía fina, cada uno lo dirá como quiera. Sabemos que esto no se puede hacer moviendo una sola variable, por eso hay que reordenar todo al mismo tiempo, en un plan integral. Sin subsidios, se termina con el déficit fiscal, equilibrando las cuentas fiscales no hay expansión monetaria y por lo tanto no hay inflación”.
    Curia recurre a un lenguaje místico para pensar el futuro: “Hay que volver a la divina coincidencia, esto es un crecimiento sostenido fuerte y sustentable macroeconómicamente, es decir que se necesita recrear el escenario de los primeros años del kirchnerismo. El crecimiento que se dio en el bienio 2010-2011 fue flaco y para nada sustentable. Mi propuesta en 2011 contenía una devaluación de cierta entidad regulada por el Gobierno dentro de un esquema de distintos capítulos que incluía política monetaria, fiscal y un acuerdo de ingresos con un esquema antiinflacionario”.
    Schorr concluye subrayando que las alternativas y el cambio tendrían que estar dentro de la idea de sintonía fina que anunció la Presidenta cuando asumió su segundo mandato, considerando fundamentalmente la política industrial, las economías regionales y la concentración y extranjerización de la economía.
    “Dentro de la política industrial hay que darle importancia, como cuestión estratégica, al tema de la sustitución de importaciones. No se puede atender la problemática sustitutiva con las licencias no automáticas, se necesitan políticas activas en muchos sectores estratégicos en donde sí hay masa crítica como para llevar adelante una política sustitutiva, por ejemplo, en bienes de capital”.
    “El otro tema que es central es una política hacia las economías regionales: se habla mucho pero se hace muy poco. La gran mayoría de los productores del interior profundo de la Argentina no son sujetos de crédito ni de asistencia. El último tema que también es crítico tiene que ver con el proceso de concentración y extranjerización. El efecto más notables de este proceso es la inflación, que está relacionada directamente con la formación de oligopolios, y las presiones sobre la balanza de pagos que provocan las empresas extranjeras”.