Por Carina Martínez

Edmundo Robert
Edmundo Robert Hernández es egresado con honores de la carrera de Ingeniería en Sistemas Electrónicos del ITESM-CEM y máster en TI por el Departamento de Inteligencia Artificial de la Universidad de Edimburgo, Escocia.
Hace más de 15 años fundó Praxis, junto a sus socios. La empresa mexicana de tecnología es líder en proyectos con metodologías y herramientas especializadas. Ofrece soluciones de consultoría, integración, solution center y desarrollo de sistemas, para fortalecer el desempeño de las empresas a través del uso adecuado de las tecnologías de información.
Amante del golf y confeso adicto al trabajo, Robert Hernández es el líder de una firma que se encuentra en pleno proceso de internacionalización y que trabaja con ahínco en consolidar un modelo de operación remota para el mantenimiento de software, que permitirá instalar “fábricas” en el lugar del mundo donde se encuentren las condiciones y los talentos adecuados a la solución requerida.
Uno de estos lugares puede ser la Argentina, sitio en donde por una conjunción de factores, de negocios y personales de sus directivos, abrió oficinas recientemente. “Estamos llegando para quedarnos y vamos a hacer las inversiones necesarias para tener una presencia en el mercado”, asegura el ejecutivo.
El foco del negocio
–¿Cuál identifica como el diferencial de Praxis?
–La empresa está enfocada en entregar soluciones tecnológicas que cumplan con los requisitos de tiempo, costo, calidad y alcance. Cuatro variables que, si bien pueden resultar un poco triviales, no es fácil que converjan.
Praxis tiene una gran fortaleza en temas de mejores prácticas y gestión de proyecto para poner en funcionamiento desarrollos de tecnología, y esa es una de las líneas principales.
Otra es el mantenimiento de los sistemas. Las empresas cuentan con un gran activo en los sistemas que tienen funcionando, sean soluciones empaquetadas, a medida, o una mezcla de ambas. Y los empresarios de hoy requieren ayuda para que estos sistemas funcionen en un entorno que está cambiando constantemente; alguien que, de manera ordenada, sistemática y confiable, ajuste estos sistemas para obtener buenos resultados.
Nuestro foco siempre estuvo puesto en las grandes empresas pero, desde hace unos años, ofrecemos soluciones a Pyme, vinculadas a cloud computing.
–¿Existe resistencia de los clientes a implementar soluciones en la nube, por considerarlas poco seguras?
–El tema de la nube debería ser relativamente sencillo para el consumidor y las empresas porque la aplicación está lista para usar y requiere únicamente que se rellenen algunos formularios. Se paga por mes, no hay que hacer una inversión en activos, en hardware, en software, simplemente uno se conecta a la nube y está automáticamente ligado a la solución. Y sin embargo, sí, se requiere hacerlo con cautela porque la cuestión de la seguridad es real. Por eso, los proveedores con los que uno se vincule deben ser confiables.
Por supuesto, depende del tipo de aplicación; si es central a la operación, o no. Por ejemplo, el sector bancario, que gestiona información sensible de sus clientes, va adoptando el tema de la nube con más lentitud.
En Praxis, tomamos el tema de la seguridad y el manejo de datos personales con muchísima cautela.
Tendencias y proyectos
–¿Cómo ve la evolución del comercio electrónico y las soluciones móviles de compra?
–Hace tres o cuatro años, empezamos con soluciones de pagos móviles y estábamos bastante entusiasmados; pensábamos que era una tendencia que iba a arrasar. Pero hay reticencia de los consumidores finales, por no sentir que la tecnología les va a traer beneficios.
De todas maneras, es una tendencia que no va a detenerse; todos los medios de pago van a evolucionar. Es mucho más seguro hacer una transacción con un dispositivo que tiene un identificador único de fabricante, que con una tarjeta de plástico que puede ser robada, y donde la identidad corre riesgo.
Además, nos orientamos a soluciones muy sencillas, que puedan penetrar directamente a sectores no bancarizados. Hay una oportunidad muy interesante al acercar la tecnología a población de bajos recursos.
–¿Por qué Praxis eligió a la Argentina para abrir oficinas en este momento?
–Si se sumara el PBI de todos los países de América latina, daría el PBI de China, que es donde supuestamente uno debería invertir todo su dinero. Pero existe un tema cultural importante.
A Praxis le será mucho más fácil expandirse en la región, porque hay un idioma y una cultura comunes.
Tenemos un programa de penetración en el mercado latinoamericano y elegimos particularmente a la Argentina por una mezcla de razones financieras, de negocios, y de experiencias personales del equipo directivo. Hace algunos años me tocó hacer algunos proyectos aquí y tengo muchos amigos en Buenos Aires. Es una cultura con la que se puede interactuar muy fácilmente y consideramos que era un buen lugar para comenzar. Además, ya estamos abriendo representaciones en Colombia, estamos por firmar Brasil, tenemos un empresa en Panamá y representación en Puerto Rico.
–Si tuviera que mencionar un hito reciente de la empresa, ¿cuál sería?
–Uno reciente, de corte tecnológico, es la reevaluación y recertificación de CMMI nivel V. El proceso de producción de software es completamente ingenieril y se requiere un nivel de sofisticación importante para lograr los resultados. Esta evaluación es importante porque pone de manifiesto que nuestro software es de calidad mundial.
Otro hito es habernos lanzado a la expansión internacional, más allá de EE.UU. –que es un país vecino–, abriendo oficinas como la de Buenos Aires.
Además, en dos años hemos establecido tres fábricas de software en diferentes ciudades de México.
En este momento, estamos consolidando un modelo de operación remota para el mantenimiento de software, para que no sea tan relevante dónde se fabrique el software, sino lograr los resultados en tiempo, costo, calidad y alcance.
Nuestra intención es que, cuando nuestros procesos de operación remota estén bien calibrados, abrir centros de desarrollo y soluciones en otros países; en la Argentina, China, India. Allí donde encontremos una oferta interesante de profesionales que conozcan un determinado tema, podremos instalar un solution center que aporte valor.
–¿Cuáles son los principales proyectos en la Argentina?
–En la Argentina, lo inicial es empezar a penetrar el mercado. Particularmente, buscaremos extender la presencia que tenemos hoy con empresas de telecomunicaciones, financieras y bancarias, aseguradoras, etc. Y ser un jugador relevante en el sector, que aporte a la comunidad con servicios de calidad. Solo eso nos puede tomar algunos años, y nos compromete con el país y la ciudad en el largo plazo.
Además, estamos estudiando algunos parques tecnológicos en provincias argentinas, como San Luis, para poder establecer fábricas de software.
La difícil gestión del talento
–¿Existen limitaciones para encontrar personal capacitado?
–Aunque los jovencitos parecen haber nacido con un chip integrado en la cabeza y manejan muy bien la tecnología, hay cada vez menos interesados en construir la tecnología. Como la dan por hecha, prefieren estudiar temas que les llaman más la atención, como genética o nanotecnología. La ingeniería informática ya no les atrae y esto está generando una falta de oferta.
Por un lado, este hecho nos beneficia; nos garantiza que vamos a tener negocio por los próximos 50 años, ya hay una cantidad inmensa de soluciones por construir. Pero por otro, es una limitante para conseguir RR.HH. capacitados.
En el contexto local, si bien escasea el personal, existen programas universitarios y de Gobierno que trabajan para eso. Por ejemplo, estudiamos el programa de fortalecimiento de Tecnología de Información de la Argentina, que es muy interesante. También el tema fiscal nos llamó la atención, así como la ligazón que tienen con las universidades. En México hay un programa similar.
Como empresa estamos evaluando cómo incrustarnos en esos clusters o centros de desarrollo, donde hay ciertas ventajas que los Gobiernos han dispuesto precisamente para fortalecer el desarrollo tecnológico de los países.
–¿Tienen planes específicos de atracción y retención de talentos?
–Tenemos lo típico que uno puede encontrar en empresas de tecnología: programa de becarios, de desarrollo profesional intensivo, sobre todo en el comienzo de la carrera, donde uno puede adaptar a los jóvenes a sus métodos de trabajo. Incluso ofrecimos “donar” nuestro modelo de calidad CMMI nivel V a alguna universidad que quisiera poner un centro de desarrollo con nosotros. Pero el proyecto no funcionó. No se llega a percibir el potencial enorme que significa que una universidad tenga un centro CMMI. Pero seguimos abiertos a intentar, porque para nosotros sería importante tener una universidad que nos ayude en el desarrollo tecnológico y la innovación; redundaría además en una reducción de nuestros costos de I+D, que son altísimos.
–¿Trabajan el vínculo universidad-empresa?
– Todos creemos que debería existir ese vínculo, pero cuando uno se sienta a hablar en concreto es difícil. El sector educativo está pensando en cómo educar más y mejor y las empresas estamos pensando en que los eduquen de tal manera que puedan servir a nuestros fines de negocio. El problema es que no se logra un punto de encuentro.
De todas maneras, de a poco se van formando clusters, donde cohabitan centros de investigación con universidad y empresas. Y somos activos participantes de estos proyectos.
–¿Cuál sería el ejemplo más destacado de este vínculo necesario?
–Singapur, que por eso mismo está catalogado como uno de los mejores lugares para hacer negocios. Ellos han encontrado la fórmula; invierten mucho en llevar talento de afuera, porque su población es pequeña. Y allí convergen escuelas, con empresas, con talentos, con los apoyos de Gobierno, que incluyen temas de corte fiscal, impuestos, costos ocultos que hay con las inversiones…
–¿Cómo se fomenta la innovación en la compañía?
–Tomamos una metodología formal de innovación, que tiene varios procesos, que involucran la recolección de las ideas, la evaluación de las mismas, los análisis de viabilidad y factibilidad, para poder generar nuevos productos y servicios para ofrecer en el mercado. Otra parte de la metodología de innovación tiene que ver con el lugar de trabajo, ideas para sentirse más cómodo, para colaborar mejor, generar las ideas y encontrar los canales adecuados para que estas puedan verse cristalizadas.
Lo estamos acompañando, además, con mecanismos de difusión para asegurar que la gente sepa que trabaja en una organización abierta a la innovación y se anime a participar. Es un programa formal, por lo cual es auditable.
Soluciones para la sustentabilidad
–¿De qué manera considera que las empresas del sector aportan a la sustentabilidad?
–Las empresas de TIC aportamos con el tipo de soluciones que proveemos a los negocios. Un negocio más eficaz, que consume menos energía, que puede reducir sus inventarios apunta a ser más sustentable, contaminar menos. Esa es la aportación principal, aunque es oculta porque sucede en el trabajo diario.
Como compañía, a su vez, dependiendo dónde ponemos nuestras fábricas de software, buscamos generar conciencia entre los empleados, que son pocos pero muy talentosos. Compramos equipos que consuman menos energía y cuidamos los recursos.
–¿Tienen programas específicos de RSE?
–Tenemos un programa de RSE, pero estamos buscando magnificarlo y aprovechar el potencial de las 600 personas, todos informáticos, para generar proyectos de RSE. Por ejemplo, contribuyendo con soluciones de software para que las escuelas generen recursos. Este es un plan que está en borrador pero es nuestro objetivo.
Por ahora, tenemos lo básico dentro de una organización, que es vincularnos con la comunidad, con los vecinos. Brindamos apoyo a instituciones, donamos horas, equipos de cómputo (porque se recambian cada dos años), etc.
–¿Cuál es el mayor acierto estratégico que puede identificar en su gestión?
–Creo que hay dos que fueron centrales para la compañía. Uno es la visión de largo plazo, el darnos permiso de pensar que esta empresa va a estar viva dentro de 100 años y convencer a alguno de mis socios de que eso es cierto, de que no va a desaparecer cuando uno de nosotros se muera. Esto es importante porque uno se permite pensar en proyectos grandes, que pueden tardar mucho tiempo en concretarse. Lo interesante es ver que, luego de 15 años, hemos podido cristalizar varios de esos proyectos. Uno de ellos es la internacionalización.

