Por Florencia Pulla

Gabriel Sakata
Ya lo decía la dupla compositora Lennon/McCartney: el camino es largo y sinuoso. Al menos el que respecta a la utopía de la casa inteligente. Es que a pesar de que la tecnología Machine to Machine (M2M) viene desarrollándose a pasos agigantados y sus aplicaciones en diferentes industrias, como la del automóvil, se hacen cada vez más comunes reduciendo los costos y aumentando la productividad, todavía está bastante lejos del sector de consumo masivo, donde su progreso ha sido más tímido.
Sin embargo, las potencialidades son tan enormes que resulta difícil, para quienes se especializan en IT, no emocionarse. Según un reporte de Naciones Unidas podríamos hablar de un cambio de paradigma. Nada más ni nada menos: “Vamos hacia una nueva era de omnipresencia, en la que los usuarios de Internet serán millones de millones pero los humanos serán una minoría en lo que respecta a generar y recibir tráfico. El cambio será tal que los que ocurrieron gracias a la aparición de Internet palidecerán en comparación con la aparición de la Internet de todas las cosas”.
Esta sentencia genera enormes expectativas. Las estimaciones económicas dan pie a eso. Se habla de un mercado de US$ 14,4 billones (millones de millones); quienes queden afuera podrían resentirlo. Sin dudas las grandes empresas de tecnología (destinadas al consumidor masivo, como Google o Samsung, pero también aquellas que hacen hincapié en servir a las empresas como IBM o Cisco) están invirtiendo fuertemente para ganar una porción del mercado que les ofrezca perspectivas de liderazgo en el futuro.
Sin embargo, las potencialidades son tan enormes que resulta difícil, para quienes se especializan en IT, no emocionarse. Según un reporte de Naciones Unidas podríamos hablar de un cambio de paradigma. Nada más ni nada menos: “Vamos hacia una nueva era de omnipresencia, en la que los usuarios de Internet serán millones de millones pero los humanos serán una minoría en lo que respecta a generar y recibir tráfico. El cambio será tal que los que ocurrieron gracias a la aparición de Internet palidecerán en comparación con la aparición de la Internet de todas las cosas”.
Esta sentencia genera enormes expectativas. Las estimaciones económicas dan pie a eso. Se habla de un mercado de US$ 14,4 billones (millones de millones); quienes queden afuera podrían resentirlo. Sin dudas las grandes empresas de tecnología (destinadas al consumidor masivo, como Google o Samsung, pero también aquellas que hacen hincapié en servir a las empresas como IBM o Cisco) están invirtiendo fuertemente para ganar una porción del mercado que les ofrezca perspectivas de liderazgo en el futuro.

Alejandro Prince
El “paso a paso” de las empresas
La gran zanahoria al final del camino la representan 99% de los objetos que podrían estar conectados a Internet y entre sí, pero que todavía permanecen en el agujero negro de la conectividad.
Gabriel Sakata es gerente de Ventas de Arquitecturas Empresariales de Cisco y trata de ilustrar, con miles de fichas de Power Point, que lo que hoy se entiende como Internet de todas las cosas es la punta del iceberg de un proyecto potencialmente revolucionario. “A pesar de la evolución que ha tenido Internet en todos estos años lo que está conectado es solo 1% de lo que se puede conectar. Hay todavía una gran posibilidad de explorar no solo cosas sino también procesos, personas, aplicaciones. Dentro del ámbito privado se habla de mejoras en la productividad o en la atención al público, inclusive una mejora en el uso de combustibles que redunde en reducción de costos. No es futurista: ya hay ciudades que piensan en cómo utilizar la tecnología para mejorar su infraestructura. Creo, también, que todavía estamos en una fase muy embrionaria y dominada, mayormente, por la demanda de empresas de tecnología de la información”.
El problema, apunta, está en el repago de la inversión. Son pocas las empresas que se animen a apostar a ser early-adopters de una tecnología en pañales. “No creo que el cambio sea abrupto. Excepto en compañías globales, las empresas arrancarán con pruebas piloto que redunden en inversiones grandes pero a largo plazo. Hay un tiempo de adopción de las tecnologías que es natural. La gente le tiende a escapar a la posibilidad de fracasar. Me parece que las inversiones van a ser graduales; serán las compañías más innovadoras quienes sean punta de lanza”.
Líder de tecnología e innovación del gigante IBM, Mario Bolo concuerda con Sakata. “Hoy los desafíos pasan más que nada por la adopción del modelo. Es un tema más cultural que tecnológico porque la tecnología está y es bien conocida. El tema es que cuando se implementa cualquier solución de este tipo se inicia todo un proceso; hay que alinear a las empresas y crear procesos para capturar la información y analizarla. Pero creo que hay que insistir en este punto: si toda la información, analizable gracias a big data, no sirve para transformar y para actuar sobre la realidad de las personas, no es de uso para nadie. Entonces el fenómeno pasa más por la transformación que en la adopción en sí”.
La lenta llegada de los dispositivos inteligentes que hablan entre sí a la vida común tiene para él una explicación que encarna perspectiva histórica. No es la primera vez que se pierde de vista que para que la sociedad acepte y adopte tecnologías revolucionarias tiene que pasar tiempo. “En la década del 80 se escuchaba hablar, incluso, de data mining o de procesamiento analítico predictivo. Y ahora el tema recién está implementándose en su totalidad; explotó este año. Las ideas preceden a los productos concretos. Después será responsabilidad de los departamentos de Investigación y Desarrollo crear la manera”, explica. La innovación por la innovación en sí misma
Quien también coincide es Alejandro Prince, director de la consultora en IT Prince Consulting y también profesor de la UTN. “A la tecnología M2M le faltan 10 años de desarrollo para que cambie la vida de las personas, siendo muy generosos. Pero hay innovaciones que entusiasman y que dan la pauta de que el cambio es inevitable. Hoy desde los autos hasta los lavarropas son inteligentes; cuando alguien va a comprarlos no lo pide necesariamente, ya es un estándar. Ese es un primer paso para que la tecnología aparezca en otros productos más masivos. Si todavía no ha sucedido es porque los productos tienen que tener un concepto simple detrás y deben ser dispositivos fáciles y baratos de usar. La computadora personal recién se hizo masiva cuando logró estas tres cuestiones. Tal vez no estemos preparados para una heladera que anuncie que falta leche pero dentro de 10 años vendrá por default”.
Recuerda, también, que la innovación vale por sí misma. “Akio Morita, una de las cabezas de Sony, cuando preguntó a sus consumidores si querían un dispositivo para escuchar música por la calle, sintió que le tiraron la idea por la cabeza. 80% de los encuestados dijo que no. Pero hubo en él una visión y finalmente se terminó fabricando. Hoy todos utilizan a su nieto natural, el iPod”.
¿Los deseos se crean o se estimulan? ¿Vale escuchar al mercado o los productos realmente innovadores deben hacerse paso como sea, anticipándose a las necesidades de sus consumidores?
Es Mario Bolo quien da en la clave con el concepto de killer device y killer applications. Resultarán fundamentales para que la tecnología M2M se abra paso en el mercado masivo y la adopción sea más temprana. “Está faltando un killer device. Hace años que se habla de los potenciales usos caseros de M2M y no se están dando. Y ahí hay mucho terreno para crecer: controlar dispositivos en forma remota debería resultar más atractivo. Sin embargo, aunque existe la tecnología hoy para hacerlo, pocos la usan. Es porque ni las aplicaciones ni los dispositivos son killer; se pueden implementar por poca plata pero nadie muere por ellas”.
Para Sakata también el desafío de la adopción tiene que ver con la innovación de unos pocos, que todavía no han mostrado sus garras pero recuerda que “no solo una idea brillante se hace exitosa. La innovación a veces no alcanza para entender el desafío de la adopción. Pero nosotros que trabajamos en IT entendemos que la adopción de la tecnología no es algo trivial sino que hay que acompañarla con una gestión exitosa del cambio. Ante la magnitud de un cambio social como el que puede provocar la tecnología es lógico que quienes la lideren sean muy cautos. Steve Jobs tuvo éxito. ¿Cuánta gente cuestionó el concepto de la tableta y, sin embargo, cuántos millones de iPad lleva Apple vendidos?”.
Gabriel Sakata es gerente de Ventas de Arquitecturas Empresariales de Cisco y trata de ilustrar, con miles de fichas de Power Point, que lo que hoy se entiende como Internet de todas las cosas es la punta del iceberg de un proyecto potencialmente revolucionario. “A pesar de la evolución que ha tenido Internet en todos estos años lo que está conectado es solo 1% de lo que se puede conectar. Hay todavía una gran posibilidad de explorar no solo cosas sino también procesos, personas, aplicaciones. Dentro del ámbito privado se habla de mejoras en la productividad o en la atención al público, inclusive una mejora en el uso de combustibles que redunde en reducción de costos. No es futurista: ya hay ciudades que piensan en cómo utilizar la tecnología para mejorar su infraestructura. Creo, también, que todavía estamos en una fase muy embrionaria y dominada, mayormente, por la demanda de empresas de tecnología de la información”.
El problema, apunta, está en el repago de la inversión. Son pocas las empresas que se animen a apostar a ser early-adopters de una tecnología en pañales. “No creo que el cambio sea abrupto. Excepto en compañías globales, las empresas arrancarán con pruebas piloto que redunden en inversiones grandes pero a largo plazo. Hay un tiempo de adopción de las tecnologías que es natural. La gente le tiende a escapar a la posibilidad de fracasar. Me parece que las inversiones van a ser graduales; serán las compañías más innovadoras quienes sean punta de lanza”.
Líder de tecnología e innovación del gigante IBM, Mario Bolo concuerda con Sakata. “Hoy los desafíos pasan más que nada por la adopción del modelo. Es un tema más cultural que tecnológico porque la tecnología está y es bien conocida. El tema es que cuando se implementa cualquier solución de este tipo se inicia todo un proceso; hay que alinear a las empresas y crear procesos para capturar la información y analizarla. Pero creo que hay que insistir en este punto: si toda la información, analizable gracias a big data, no sirve para transformar y para actuar sobre la realidad de las personas, no es de uso para nadie. Entonces el fenómeno pasa más por la transformación que en la adopción en sí”.
La lenta llegada de los dispositivos inteligentes que hablan entre sí a la vida común tiene para él una explicación que encarna perspectiva histórica. No es la primera vez que se pierde de vista que para que la sociedad acepte y adopte tecnologías revolucionarias tiene que pasar tiempo. “En la década del 80 se escuchaba hablar, incluso, de data mining o de procesamiento analítico predictivo. Y ahora el tema recién está implementándose en su totalidad; explotó este año. Las ideas preceden a los productos concretos. Después será responsabilidad de los departamentos de Investigación y Desarrollo crear la manera”, explica. La innovación por la innovación en sí misma
Quien también coincide es Alejandro Prince, director de la consultora en IT Prince Consulting y también profesor de la UTN. “A la tecnología M2M le faltan 10 años de desarrollo para que cambie la vida de las personas, siendo muy generosos. Pero hay innovaciones que entusiasman y que dan la pauta de que el cambio es inevitable. Hoy desde los autos hasta los lavarropas son inteligentes; cuando alguien va a comprarlos no lo pide necesariamente, ya es un estándar. Ese es un primer paso para que la tecnología aparezca en otros productos más masivos. Si todavía no ha sucedido es porque los productos tienen que tener un concepto simple detrás y deben ser dispositivos fáciles y baratos de usar. La computadora personal recién se hizo masiva cuando logró estas tres cuestiones. Tal vez no estemos preparados para una heladera que anuncie que falta leche pero dentro de 10 años vendrá por default”.
Recuerda, también, que la innovación vale por sí misma. “Akio Morita, una de las cabezas de Sony, cuando preguntó a sus consumidores si querían un dispositivo para escuchar música por la calle, sintió que le tiraron la idea por la cabeza. 80% de los encuestados dijo que no. Pero hubo en él una visión y finalmente se terminó fabricando. Hoy todos utilizan a su nieto natural, el iPod”.
¿Los deseos se crean o se estimulan? ¿Vale escuchar al mercado o los productos realmente innovadores deben hacerse paso como sea, anticipándose a las necesidades de sus consumidores?
Es Mario Bolo quien da en la clave con el concepto de killer device y killer applications. Resultarán fundamentales para que la tecnología M2M se abra paso en el mercado masivo y la adopción sea más temprana. “Está faltando un killer device. Hace años que se habla de los potenciales usos caseros de M2M y no se están dando. Y ahí hay mucho terreno para crecer: controlar dispositivos en forma remota debería resultar más atractivo. Sin embargo, aunque existe la tecnología hoy para hacerlo, pocos la usan. Es porque ni las aplicaciones ni los dispositivos son killer; se pueden implementar por poca plata pero nadie muere por ellas”.
Para Sakata también el desafío de la adopción tiene que ver con la innovación de unos pocos, que todavía no han mostrado sus garras pero recuerda que “no solo una idea brillante se hace exitosa. La innovación a veces no alcanza para entender el desafío de la adopción. Pero nosotros que trabajamos en IT entendemos que la adopción de la tecnología no es algo trivial sino que hay que acompañarla con una gestión exitosa del cambio. Ante la magnitud de un cambio social como el que puede provocar la tecnología es lógico que quienes la lideren sean muy cautos. Steve Jobs tuvo éxito. ¿Cuánta gente cuestionó el concepto de la tableta y, sin embargo, cuántos millones de iPad lleva Apple vendidos?”.
La legislación debe acompañar
El ritmo de crecimiento de la tecnología es geométrico, es decir, exponencial; el de las nuevas legislaciones crece aritméticamente, es decir, es más lineal. Si una de las preocupaciones más concretas tiene que ver con la seguridad y la privacidad de los datos recolectados por las cosas, las leyes deberán actualizarse. Y rápido.
“La percepción sobre temas de seguridad es uno de los principales bloqueadores para muchas iniciativas de tecnología. Lo cierto es que el riesgo cero tampoco existe. Si la información está en algún lugar, alguien podría acceder a ella. La mejor manera de minimizar el riesgo es invirtiendo en seguridad. Pero creo que la legislación también debe avanzar, deben ir en conjunto para el riesgo sea aceptable y la innovación se precipite”, opina Sakata.
“Nuestra privacidad ya está comprometida –explica Mario Bolo– porque, sin dudas, la tecnología es habilitadora de este tipo de cosas. Pero la solución es política porque la innovación no puede frenarse. Deben crearse mecanismos de control y definirse hasta dónde se puede explotar la información de las personas. El resguardo de la privacidad es, ante todo, una cuestión política”.
“La percepción sobre temas de seguridad es uno de los principales bloqueadores para muchas iniciativas de tecnología. Lo cierto es que el riesgo cero tampoco existe. Si la información está en algún lugar, alguien podría acceder a ella. La mejor manera de minimizar el riesgo es invirtiendo en seguridad. Pero creo que la legislación también debe avanzar, deben ir en conjunto para el riesgo sea aceptable y la innovación se precipite”, opina Sakata.
“Nuestra privacidad ya está comprometida –explica Mario Bolo– porque, sin dudas, la tecnología es habilitadora de este tipo de cosas. Pero la solución es política porque la innovación no puede frenarse. Deben crearse mecanismos de control y definirse hasta dónde se puede explotar la información de las personas. El resguardo de la privacidad es, ante todo, una cuestión política”.

