sábado, 14 de febrero de 2026

    La empresa en primera línea de fuego ante el cambio climático

    • Las consecuencias ambientales, económicas y geopolíticas de los cambios en el clima ya son imposibles de ignorar. A medida que las personas y las industrias se vuelven más conscientes de su responsabilidad en la lucha por detener el deterioro del clima, comienzan a tomar medidas.

     

    • De 2020 en adelante, las empresas tendrán que decidir los intereses de quiénes van a tener prioridad. ¿Serán los de los Gobiernos que otorgan sus licencias regulatorias, los consumidores jóvenes que protestan por las calles, los empleados que exigen tener voz en las decisiones del negocio o los accionistas que quieren ver un implacable crecimiento trimestral y expandirse hacia mercados nuevos? Cada uno de estos grupos de stakeholders es esencial.

     

    • Todos los grupos de stakeholders son importantes, pero ninguno más que los propios empleados de la empresa, quienes pueden tener un impacto desproporcionado en la reputación de una compañía simplemente dejando escapar información interna en las redes sociales.
    • Las empresas vienen prometiendo desde hace años sincerarse sobre su exposición al cambio climático. Este puede ser el momento en que los inversores finalmente las obliguen a hacerlo. Eso, a su vez, hará que los auditores se vean ante la responsabilidad de intervenir y cuestionar la manera en que los gerentes evalúan –o confunden– el impacto de la descarbonización sobre las cuentas financieras.

     

    • Más de 370 inversores con US$35 billones (millones de millones) en activos operativos firmaron la iniciativa Climate Action 100+ que busca obligar a los grandes emisores corporativos de gases de invernadero a tomar medidas sobre cambio climático. Y los fondos ambientales, sociales y de gobernanza están creciendo rápidamente como una clase de activo.

     

    • Un informe revela que 380 millones de personas trabajan a la intemperie en la India, y menos del 10% de los hogares del país tiene aire acondicionado. Para 2030, posiblemente 22 millones de indios podrían estar expuestos a olas de calor letales con temperaturas capaces de matar a una persona bien hidratada que pase solamente cuatro horas afuera, aunque sea a la sombra.
    • Después de más de 10.000 años de relativa estabilidad –todo lo que abarca la civilización humana– el clima de la tierra está cambiando. Mientras suben las temperaturas promedio, la ciencia del clima descubre que hay grandes peligros –como olas de calor e inundaciones– que crecen en frecuencia e intensidad; y que hay peligros crónicos, como sequías y niveles oceánicos elevados, que se intensifican.
    • El cambio climático afecta la vida humana además de los factores de producción en los que se basa la actividad económica. Medimos el impacto del cambio climático por el grado en que podría alterar o destruir la vida humana además del capital natural y físico.

    Creencias y teorías en crisis

    Convergencia entre activismo empresarial y riesgo político

    Es difícil saber cuáles cambios –que van desde elecciones de los consumidores hasta la innovación con energías renovables– van a tener un impacto y si ese impacto se sentirá con la suficiente velocidad.

     

    Todos los costos, asociados a recortes en la producción, alzas repentinas de precios o destrucción física de centros productivos pueden tener un impacto directo tanto en el crecimiento económico de un país, como en la salud financiera de empresas e instituciones financieras.

    Desde hace mucho tiempo las empresas buscaron la expansión global convencidas de que la inversión extranjera y el libre comercio inexorablemente fomentan la democracia y el progreso social. Incluso se defendía el crecimiento en países autoritarios y hasta la tolerancia de agresiones al medio ambiente, casi siempre sobre la base de que el crecimiento del mercado tiene un impacto fundamentalmente positivo.

    Pero a medida que aumenta la incertidumbre geopolítica y con ella el riesgo político, este argumento se debilita.

    En general, las democracias se están volviendo más populistas y disfuncionales. Los ciudadanos son cada vez más conscientes de que el soporte comercial a los intereses políticos dominantes apoya estructuras corruptas de poder e impacta negativamente en sus vidas.

    Y en una era plagada de inequidad y de evasión impositiva, se torna difícil argumentar que llegará una ola a levantar todos los botes.

    En medio de una indignación creciente por la hipocresía y codicia de algunas empresas –con sus impactos sociales y ambientales los empleados ahora cuestionan abiertamente las decisiones estratégicas que toma la alta gerencia en cuanto a dónde hacer negocios y con quién.

    La lucha que tuvo Google para hacer frente a la consternación de sus empleados sobre sus relaciones comerciales con China, por ejemplo, comenzó en 2017 y todavía no da señales de resolución. El tema de los valores se ha vuelto inseparable del de los incentivos, la cultura y la estrategia.

    En ciertos aspectos, esto coincide con nuevas visiones sobre el rol de las empresas en la sociedad. Ahora son anuales los pedidos de Larry Fink, presidente del fondo de inversiones BlackRock a los CEO de instituciones financieras para que reconsideren sus objetivos y posicionen la sustentabilidad en el centro de sus enfoques de inversión.

    Está también la Business Roundtable (una ONG que agrupa a los CEO de las principales empresas norteamericanas), que abandona la primacía del accionista, o sea, desestima la visión de que maximizar el valor para los accionistas debería ser el objetivo primordial. Y en el Foro de Davos de este año se impuso con fuerza la nueva retórica del “capitalismo de stakeholders”. Todo esto son señales de que es indetenible el impulso hacia un nuevo capitalismo basado en valores.

    Sin embargo, el momento en que se da este giro, que coincide con un aumento tremendo del activismo político en todo el mundo, implica un riesgo muy alto para los líderes de empresas.

     

    Incentivos, cultura y estrategia

    De 2020 en adelante, las empresas tendrán que decidir los intereses de quiénes van a tener prioridad. ¿Serán los de los Gobiernos que otorgan sus licencias regulatorias, los consumidores jóvenes que protestan por las calles, los empleados que exigen tener voz en las decisiones del negocio o los accionistas que quieren ver un implacable crecimiento trimestral y expandirse hacia mercados nuevos?

    Cada uno de estos grupos de stakeholders es esencial. Pero comprometerse a brindarles valor a todos es iniciar un viaje plagado de posibles revuelos, litigios, expropiación y desinversiones.

    El activismo por el clima, que adquirió un enorme impulso en 2019, se volverá todavía más beligerante. En diciembre pasado el Gobierno filipino realizó una gran investigación sobre la relación entre derechos humanos y cambio climático, y concluyó que 47 empresas extranjeras de combustibles fósiles responderán ante la ley por sus acciones. Mientras algunas compañías se las ingeniarán para evadir el escrutinio apoyando acciones para contener el cambio climático, otras verán peligrar su misma existencia con decisiones de legisladores e inversores.

    La nueva era de activismo político coincidió trágicamente con el creciente escepticismo de la estrategia corporativa y sobre los orígenes y efectos de la creación de valor. En este peligroso entorno, la confianza de los stakeholders es el activo más valioso de una compañía.

    Las empresas que aspiran a hacer capitalismo de stakeholders pueden comenzar por entender los sistemas políticos y sociales en que operan, para que por lo menos haya una visión clara sobre las concesiones que hay que hacer ante intereses divergentes y las consecuencias de las principales decisiones.

    El margen para una solución en la que todos ganen es cada vez más estrecho, por eso que la confianza adquiere tanta importancia. Desarrollar una comprensión profunda del paisaje de stakeholders será un factor fundamental para el éxito, como lo será también desarrollar un método sólido para los valores y la integridad que vaya mucho más allá del cumplimiento con la ley.

    Todos los grupos de stakeholders son importantes, pero ninguno más que los propios empleados de la empresa, quienes pueden tener un impacto desproporcionado en la reputación de una compañía simplemente dejando escapar información interna en las redes sociales. Sus exigencias no serán satisfechas con esas iniciativas de responsabilidad social empresaria que tranquilizan la conciencia, pero están desconectadas del negocio central. Los líderes que puedan desarrollar un discurso moral claro tendrán las mayores probabilidades de éxito.

    Exigencia de los inversores

    Inversión ética y responsable

    A las empresas se les exige que expliquen los riesgos climáticos Sobre los auditores recae la responsabilidad de cuestionar la forma en que los gerentes evalúan el impacto de la descarbonización.

    Las empresas vienen prometiendo desde hace años sincerarse sobre su exposición al cambio climático. Este puede ser el momento en que los inversores finalmente las obliguen a hacerlo.

    Eso, a su vez, hará que los auditores se vean ante la responsabilidad de intervenir y cuestionar la manera en que los gerentes evalúan –o confunden– el impacto de la descarbonización sobre las cuentas financieras.

    En la actual situación, muchos de los grandes inversores temen que las empresas en industrias de uso intensivo de la energía, no terminan de entender el posible mazazo al valor de los activos que podría dar el clima.

    Otra preocupación es que las empresas no están apartando dinero para obligaciones contingentes, como multas y juicios como el que llevó a Pacific Gas y Electric Corporation a la bancarrota luego de los incendios en California.

    Parece que los auditores –firmas grandes y pequeñas– están comenzando a hacerse cargo de la situación. Ya hay muchas compañías que ponen el informe de sustentabilidad al principio del reporte anual. “Pero todo esto ayuda poco porque hay tantos estándares e iniciativas en esta área que confunden más que aclarar”, opina Hans Hoogervorst, presidente del International Accounting Standards Board.

    Este IASB, la Agencia Internacional de Estándares Contables, ha publicado una notificación donde explica que los riesgos climáticos pueden ser muy materiales para las ganancias futuras de las empresas y para los dividendos. El documento aborda temas como la depreciación y los activos abandonados que preocupan a los inversores institucionales.

    Subraya que no alcanza que los directores calculen el impacto cuantitativo de los riesgos relacionados con el clima. Además, los auditores deben estar atentos a la información que, si se omite, o se tergiversa o se oscurece, podría influir en las decisiones de los inversores y acreedores de la compañía.

    Más de 370 inversores con US$35 billones (millones de millones) en activos operativos firmaron la iniciativa Climate Action 100+ que busca obligar a los grandes emisores corporativos de gases de invernadero a tomar medidas sobre cambio climático. Y los fondos ambientales, sociales y de gobernanza están creciendo rápidamente como una clase de activo.

    IASB no tiene poderes para hacer cumplir su notificación práctica y no tiene relevancia en Estados Unidos, que usa diferentes estándares. Pero la orientación tendrá influencia en gran parte del sector corporativo global y brindará una palanca valiosa para los inversores cuando negocien con las compañías. La Comisión Europa está sumando un impulso adicional para mejorar la divulgación con su plan de coordinar el sistema financiero del bloque con las metas del acuerdo de París.

     

    Medidas inmediatas

    La amenaza del cambio climático

    ¿Los empresarios tratan al cambio climático como un riesgo lejano, algo para el futuro, pero no como una prioridad de hoy? Error. El cambio climático ya llegó. Su impacto económico es real y crece. Es fundamental actuar.

     

    Durante las inundaciones costeras en La Florida, por ejemplo, las aguas superaron el umbral de tolerancia en partes de Miami–Dade 14 días al año en promedio entre 2005 y 2017, tres veces más que los 11 años anteriores. Luego está el calor extremo que se vivió el último verano en Europa y que cada vez más se siente en todo el mundo. En el norte de la India, las temperaturas veraniegas están llegando a 49º centígrados, lo que hace imposible trabajar al aire libre en las ciudades y regiones enteras durante varios días seguidos.

    O la degradación agrícola: en varias partes de Brasil, donde solía haber dos cosechas al año, ahora se recoge solo una. En todo el mundo, la lista sigue.

    Los empresarios ya no pueden ignorar los efectos físicos del cambio climático, al menos sin correr peligro.

    La infraestructura global, las cadenas de suministro, los sistemas alimentarios, los precios de los activos, la productividad de la tierra y del trabajo y el crecimiento económico mismo se deterioran debido a la velocidad del cambio climático. Y una economía global más conectada significa que el riesgo en una parte del mundo se puede extender mucho más allá del lugar donde el impacto es inmediato.

    Para navegar esta transición el mundo necesita el compromiso de los productores de energía renovable y tradicional (petróleo, gas natural y carbón). Eso tiene que ocurrir a nivel compañía y a nivel industria por la necesidad de regulación adicional. Conseguir el adecuado equilibrio entre sostener el desarrollo y reducir las emisiones va a ser especialmente complejo en las economías emergentes, donde la conexión entre subir el crecimiento y subir el dióxido de carbono está más enraizado que en el mundo desarrollado.

    Todos los negocios –ya sea que estén o no estén relacionados con la producción de energía– pueden tomar estas medidas ahora mismo para estar bien preparados para el cambio climático.

     

    Evaluar y planear

    Primero, evaluar y planear. Para hacer esto hay que realizar una revisión detallada de todos los riesgos potenciales que corre la empresa, con el clima. Buscar los sistemas internos o conectados con la empresa que podrían fallar con un mundo más caliente y más volátil.

    ¿Se alterarán las cadenas globales de suministro? Hay que recordar, por ejemplo, cómo las inundaciones extremas en Tailandia en 2011 alteraron la producción global de los discos duros para computación, entre otros productos, lo que significó que los precios se duplicaran en el mercado global.

    En el caso de hospitales, ¿son suficientes los sistemas generadores de energía y la actual regulación que les permite operar con luz provista por un generador secundario? En la construcción, ¿cómo podrían las altas temperaturas afectar las horas de trabajo en exteriores? Para las industrias basadas en la agricultura, ¿cómo impacta la sequía en los rindes de las cosechas?

    Segundo, proteger los activos. Con esta transparencia y este conocimiento, una compañía puede crear un conjunto de medidas de resiliencia y adaptación para reconfigurar las operaciones internas y las cadenas de suministro, re–direccionar el capital hacia áreas de crecimiento y nuevos negocios, y proteger activos.

    Por ejemplo, los dueños de infraestructura pueden incorporar las evaluaciones de riesgo climático y estrategias de adaptación a los presupuestos de capital desde el inicio de cada proyecto usando un control de resiliencia y su sistema de calificación. Los servicios públicos pueden reforzar sus redes, hacer nuevas inversiones en almacenamiento de energía y micro–redes y trabajar con nuevos socios para financiar estrategias de resiliencia.

    Tercero, descarbonizar sus operaciones. Los consumidores están demandando productos y servicios que no dañen el clima y esa demanda va a crecer. Un ingrediente central de este proceso es retirar el carbono de sus propias operaciones, algo que pronto será necesario para ser creíbles ante consumidores y reguladores.

    Cuarto, deberá convertir a la “inteligencia climática” en una capacidad central. La evaluación y el manejo del riesgo climático debería integrarse a todos los procesos clave del negocio: planeamiento estratégico, asignación de capital, administración de la cadena de suministro y desarrollo de producto, por mencionar algunos. Las empresas que aumenten el conocimiento y la transparencia de su riesgo climático con sus empleados, clientes e inversores estarán más preparadas para manejar la naturaleza del riesgo climático.

    Durante siglos, la economía global dio por descontada la estabilidad climática. Invertir, vender, tomar prestado y prestar, son todas actividades que requieren un grado de confianza de que mañana será bastante parecido a hoy. Pero el cambio climático está introduciendo una incertidumbre nueva que amenaza con trastocar nuestras ideas sobre el futuro del crecimiento y la prosperidad.

    La próxima década es decisiva. Actuar ahora para preparar la empresa para ese cambio tiene un doble beneficio. No solo ayudará a crear una ventaja comercial duradera, sino que además facilitará las posibilidades de evitar las catastróficas consecuencias del cambio climático en la segunda mitad del siglo.

     

    Impacto sobre las próximas décadas

    ¿La gran empresa se hará

    cargo de la crisis del clima?

    El calentamiento, debido al carbono adicional que ya está en la atmósfera, quedará atrapado por lo menos durante los próximos diez años y seguirá causando muchas calamidades, cualesquiera sean las acciones que se tomen ahora para descarbonizar.

     

    En una mansión construida por el heredero de un magnate petrolero en el East Side de Nueva York, un grupo de financistas, filántropos y ejecutivos de empresas se reunió hace poco para hablar de la crisis del clima.

    La ocasión era un nuevo informe, con autoría conjunta de consultores de McKinsey y científicos del Woods Hole Research Center (W.H.R.C.), sobre cómo los riesgos físicos del cambio climático afectarán a los sistemas socioeconómicos en las próximas décadas.

    Durante una presentación sobre las conclusiones del informe, escritas en el alambicado lenguaje de los activos fijos, riesgos de responsabilidad y flujos de dinero, Spencer Glendon, un economista y profesor senior en W.H.R.C., fue muy crudo con la audiencia. Dijo que a los que están en posición de tomar decisiones estratégicas les suele decir cosas como éstas: “¿Sabe cuántas personas van a morir en India si usted no hace nada? La responsabilidad recae sobre usted”. “Si los inversores y los líderes de empresa no toman los riesgos en consideración, será imperdonable porque todos sabían que venían”.

    Comenzó a hablarle al mundo empresarial sobre el riesgo climático y hace cuatro años, dio una conferencia en la Cumbre de Sustentabilidad Global de McKinsey en Berkeley, titulada “El primer buen pronóstico del hombre”.

    Poco después dejó su trabajo en Wellington y comenzó a ayudar a W.H.R.C. a crear un equipo que podría convertir a la ciencia del clima en algo vivo y relevante para el mundo empresarial. En 2018, Dickon Pinner, socio senior en McKinsey, contactó a Glendon, a quien había conocido en la cumbre de Berkeley, sobre un nuevo proyecto de investigación.

    El informe que produjeron, luego de un año de colaboración, gira en parte alrededor de unas pocas ideas que preocupaban a Glendon. Primero, fue investigado y escrito con el foco puesto en riesgos climáticos de corto plazo, nada más allá del tiempo de la duración de una hipoteca a 30 años, porque muchas partes de la sociedad están organizadas alrededor de plazos de ese tipo.

    Además, el calentamiento, debido al carbono adicional que ya está en la atmósfera, quedará atrapado por lo menos durante los próximos diez años y seguirá causando muchas calamidades, cualesquiera sean las acciones que se tomen ahora para descarbonizar.

     

    Un futuro distinto

    El informe destacó también algo largamente entendido por los científicos pero que los consultores de McKinsey explicaron a la gente como si fuera una revelación. El futuro cambio climático no se parecerá al clima relativamente estable de los últimos diez mil años, o sea todo lo que abarca la civilización humana.

    “El análisis económico del cambio climático, tal como se lo ha venido calculando hasta ahora, será visto como uno de los peores errores humanos que se hayan cometido”. Los modelos están todos calibrados sobre los últimos cincuenta, setenta años, un periodo durante el cual, al menos en los países ricos, “no pasó nada”, dijo Glendon.

    “No hubo guerras, no hubo Gran Depresión, un poco de inflación, una crisis financiera y eso es todo”. Por lo general los modelos toman datos de ese periodo histórico y proyectan lo que podría pasar en el futuro. También se basan en el supuesto que la experiencia de la economía está supeditada al clima del momento.

    Pero, dijo Glendon, no han incorporado umbrales o puntos de quiebre. “Muchos modelos económicos siguen suponiendo que India seguirá creciendo indefinidamente. “Suponen que el PBI tendrá un crecimiento de 70% en forma indefinida”. “No toman en consideración si el cambio climático podría afectar ese crecimiento. India se enriquece para siempre”.

    Sin embargo, el informe descubre que 380 millones de personas trabajan a la intemperie en la India, y menos de 10% de los hogares del país tiene aire acondicionado. Para 2030, posiblemente 22 millones de indios podrían estar expuestos a olas de calor letales con temperaturas capaces de matar a una persona bien hidratada que pase solamente cuatro horas afuera, aunque sea a la sombra; temperaturas que harían que el número promedio de horas diurnas perdidas para el trabajo, podría aumentar hasta provocar una pérdida del PBI de entre 2,5 y 4,5%.

    Las empresas, aunque lentamente, están comenzando a reaccionar con más fuerza. En enero pasado, Microsoft declaró que será “carbono negativa” para 2030, con la meta para 2050 de retirar de la atmósfera todo el carbono histórico que la compañía ha emitido (tanto directamente como por consumo eléctrico) desde que fue fundada en 1975. El presidente de Microsoft, Brad Smith, dijo “si no reducimos las emisiones y las temperaturas siguen subiendo, la ciencia nos dice que los resultados van a ser catastróficos”.

     

    Siete características

    Los peligros físicos y los

    impactos socioeconómicos

    De lo que se trata es de tratar de entender la naturaleza y el alcance del riesgo físico del cambio climático para los próximos 10 a 30 años. Es la base de la transición y de los riesgos de responsabilidad.

     

    Después de más de 10.000 años de relativa estabilidad –todo lo que abarca la civilización humana– el clima de la tierra está cambiando. Mientras suben las temperaturas promedio, la ciencia del clima descubre que hay grandes peligros –como olas de calor e inundaciones– que crecen en frecuencia e intensidad; y que hay peligros crónicos, como sequías y niveles oceánicos elevados, que se intensifican.

    El riesgo físico que se deriva del cambio climático ya está presente y crece. Siete características sobresalen.

     

    El riesgo climático físico

    Está aumentando: En cada uno de los nueve casos, el nivel de riesgo físico aumenta para 2030 y más para 2050. En todos los casos, encontramos aumentos en impacto socioeconómico entre unas dos a veinte veces para 2050 con respecto a los niveles actuales.

    También encontramos que los riesgos físicos están aumentando en todo nuestro análisis global de países, incluso aunque hay países que encuentran algunos beneficios (como el aumento en los rindes agrícolas en países como Canadá).

    Es espacial. Los peligros se manifiestan localmente. Por eso los impactos directos del riesgo climático deben ser comprendidos en el contexto de un área geográficamente definida. Hay variaciones entre y dentro de los países.

    No es estacionario: A medida que la Tierra se sigue calentando, el riesgo físico del clima cambia, no es estacionario. Que el calentamiento va a continuar es algo seguro porque está “atrapado” para la próxima década debido a la inercia física del sistema geofísico. La ciencia del clima nos dice que el aumento del calentamiento y del riesgo solo se pueden detener logrando que las emisiones de gases de invernadero sean de cero neto. Además, dada la inercia térmica del sistema de la tierra, algo de calentamiento también va a ocurrir después de lograr emisiones cero neto.

    No es lineal: Es probable que los impactos socioeconómicos se propaguen en una forma no lineal cuando los peligros alcancen umbrales más allá de los cuales los sistemas ecológicos y fisiológicos hechos por el hombre trabajen menos bien o se rompan y dejen de funcionar.

    Es sistémico: Si bien el impacto directo del cambio climático es local, puede tener efectos en todas las regiones y sectores, a través de sistemas socioeconómicos y financieros interconectados.

    Es regresivo: Las comunidades y poblaciones más pobres dentro de cada uno de nuestros casos son las más vulnerables. El riesgo climático crea inequidad espacial, porque puede simultáneamente beneficiar a algunas regiones y dañar a otras.

    Falta preparación: Mientras las compañías y las comunidades se han ido adaptando para reducir el riesgo climático, el ritmo y la escala de la adaptación van a necesitar un aumento importante para manejar los altos niveles de riesgo físico. La adaptación va a implicar mayores costos y duras decisiones, como si conviene invertir en mucha preparación o trasladar personal y activos a otra parte.

    La temperatura del planeta ha subido un promedio de 1,1º centígrado desde la década de 1880. Esto ha sido confirmado por mediciones satelitales y por el análisis de cientos de miles de estaciones meteorológicos en todo el mundo. La rápida declinación de la capa helada en la superficie del planeta es un ejemplo. El ritmo de calentamiento es por lo menos más rápido que ningún otro encontrado en los últimos 65 millones de años en los registros paleoclimáticos.

    Hacia adelante, la ciencia del clima nos dice que es inevitable que haya más calentamiento por lo menos durante los próximos diez años, y muy probablemente más adelante también. Con los aumentos en las temperaturas globales promedio, los modelos climáticos indican que los peligros aumentarán globalmente. Esos modelos encuentran que el calentamiento seguirá en ascenso para aumentar la frecuencia y/o la severidad y la cronicidad de esos peligros.

    El cambio climático afecta la vida humana además de los factores de producción en los que se basa la actividad económica. Medimos el impacto del cambio climático por el grado en que podría alterar o destruir la vida humana además del capital natural y físico.

     

    Movilizar recursos

    El despertar de las

    grandes tecnológicas

    Parece que las empresas más ricas del mundo ahora descubren conciencia climática. Muchas de ellas se despiertan por fin a los peligros del clima y confían que la ciencia podrá encontrar soluciones.

     

    Microsoft, la compañía más valiosa del mundo por capitalización de mercado, prometió lanzar un fondo de innovación para apuntar a una sociedad “carbono negativa” para 2030, con el objetivo de compensar para 2050 todas las emisiones de carbono hechas desde su fundación en 1975.

    Luego Jeff Bezos, fundador de Amazon y el hombre más rico del mundo, prometió US$ 10.000 millones para apoyar cualquier esfuerzo científico con posibilidad realista de ayudar a proteger el mundo natural.

    Las donaciones que hacen estas empresas podrían dar un empuje vital a la investigación en tecnología con posibilidades transformadoras en la batalla por detener el alza de las temperaturas globales.

    Mejorar, por ejemplo, el almacenamiento de baterías podría transformar la navegación; las tecnologías que permitan la producción barata de hidrógeno podrían bajar el costo de generar energía limpia, la calefacción doméstica y varios modos de transporte; mejorar el conocimiento sobre captura de carbono es vital para limpiar la atmósfera.

    Un verdadero tiro por elevación sería subsidiar la investigación en fusión nuclear, una tecnología difícil que tiene posibilidades verdaderamente transformadoras. Bill Gates hace años que es un defensor de la fusión. Sin embargo, están los temores de que los filántropos sean seducidos por emprendedores tecnológicos que creen que la innovación se puede encontrar en una bala de plata.

    Pero incluso US$ 10.000 millones son una gota de agua en el océano de las inversiones que hacen falta para hacer frente al desafío del clima. Los gobiernos y el sector financiero tendrán que movilizar recursos en una escala muy superior para financiar la creación de redes de transporte público con baja emisión, o el pase a energías renovables y el aislamiento térmico de casas y oficinas.

    Más allá de sus esfuerzos filantrópicos, las empresas deben cambiar sus propias prácticas. Si bien el cíber espacio y la nube son conceptos etéreos, el impacto de los centros de datos y la computación en el mundo físico es muy tangible.

    Se calcula que la info-tecnología consume entre 5 y 9% de la electricidad mundial. Amazon, por más sofisticada tecnológicamente que sea, sigue siendo un negocio minorista que entrega 10.000 millones de artículos al año. Su cadena de suministro depende fuertemente de camiones a gasoil para las entregas puerta a puerta.