Entre los incentivos que movilizan a las empresas para la adopción de técnicas, metodologías y herramientas asociadas a D&A, se encuentran el incremento de la productividad, la reducción de costos y el mejoramiento de la calidad, entre otros. Incluso, en un contexto económico adverso para muchas industrias y actividades económicas, el mercado argentino en su conjunto presenta una alentadora demanda de servicios en torno a la adopción de nuevas tecnologías, potenciada por la tendencia de ir hacia la nube y la importancia de la ciberseguridad.
Las empresas desde hace tiempo vienen identificando progresivamente la importancia de sus datos para la obtención de “insights” de negocio y el valor de estos para la toma de decisiones. Cada vez más empiezan a ser vistos como activos estratégicos y claves para volver a las organizaciones más competitivas, sea cual fuere el mercado, industria o sector en el que operan.
No es tan relevante la función corporativa en la cual hagamos foco: D&A está cambiando sustancialmente la forma de tomar decisiones y por ende el negocio de muchas organizaciones argentinas. Es aplicado, por ejemplo, en marketing para definir campañas de publicidad y estrategias de venta; en supply chain para optimizar rutas de distribución de productos; en recursos humanos para aumentar el bienestar de los empleados; y en financieras con el objetivo de mejorar los algoritmos de scoring y evitar incobrables.
Podría continuar citando ejemplos, pero lo importante es entender que, en cualquier caso, D&A aporta valor a la organización desde la identificación de un problema, una necesidad u oportunidad hasta la construcción y validación de una solución incluyendo las posteriores iteraciones que la mejoren.
Como consecuencia de este enfoque y de lo relevante que se volvió el análisis de datos a nivel global, muchas empresas argentinas de distintas industrias vienen invirtiendo cada vez más en áreas de tecnología. Sin embargo, cabe aclarar que las claves para lograrlo no son sólo adquirir nuevas tecnologías sino también acompañar esos cambios con procesos de transformación que vayan desde las ambiciones de la organización hasta la experiencia del usuario.
No es una novedad plantear que una mala estrategia podría convertir la inversión en una pérdida y en un fracaso para la compañía, no solo de recursos económicos–financieros sino también de “oportunidad” para transformar el negocio.
Existen muchas organizaciones que se encuentran más rezagadas y proyectan cierta inquietud ante la posibilidad de ir perdiendo ventajas competitivas, pero no deben desesperar mientras se encuentren en ese rumbo. Lo fundamental es empezar. No hace falta que sea el “mega” proyecto, pero si es clave iniciar el “viaje”. Sin prisa, pero sin pausa. En la medida de que se vean los resultados, la adopción se acelerará naturalmente.
En todos los niveles de adopción y madurez existe una variable clave: la confianza. Es fundamental contar con herramientas, métodos, técnicas (algoritmos) que en su concepción y funcionamiento sean 100% transparentes, dejando de ser “cajas negras” que solo el especialista o creador pueda configurar, customizar y/o interpretar su funcionamiento.
Adoptar más y mejores prácticas de D&A es una necesidad clave para todos los jugadores del mercado. No es tan relevante el punto de partida. Lo más importante es alinear las ambiciones de la organización a la gestión de sus datos, a los desafíos que plantea el futuro y a las capacidades necesarias y disponibles para encarar esa transformación o aceleración de los procesos ya iniciados.
(*) Socio Líder de Digital Enablement KPMG Argentina.

