
En el centro del cuadrilátero geopolítico confrontan las dos economías más grandes del planeta: Estados Unidos y China, y el eje de la disputa no es otro que el dominio global de la red de internet, en pleno tránsito del 4G al 5G.
La multiplicación del “caño” que trasladará enormes cantidades de datos y la velocidad intergeneracional profundizará en los próximos uno a tres años la relación de humanos con máquinas y viceversa, e interiormente entre sí.
Argentina, por ahora, aparece como alejada del gran cambio que se incuba en el mundo aunque está obligada a reimaginar totalmente a las industrias, luego de dos décadas de rápido crecimiento e innovación tecnológica que han generado un enorme desorden físico y digital.
El CEO de Accenture Argentina, Sergio Kaufman, se ha hecho dos preguntas y afirma tener las dos respuestas respectivas:
Las expone en la entrevista que concede a Mercado: –¿Por qué la economía del conocimiento es tan importante para Argentina? Y la otra, ¿por qué en Argentina es importante el ecosistema de la economía de conocimiento?
–Una de nuestras más importantes restricciones históricas del crecimiento como país ha sido la disponibilidad de dólares, la incapacidad de sustentarlo. Porque hay muchas partes del consumo que dependen del ingreso de dólares, como los autos por ejemplo. Cada uno que se compra cuesta un neto de 2, 3, 4 mil dólares que se tiene que importar. De modo que se requieren actividades que generen dólares genuinos: el agro, que es un clásico, y en segundo término, la economía del conocimiento, la que además posee un enorme potencial porque es acumulativa. Cuando hay profesionales que son expertos en ciberseguridad, no sólo exportan sino que nutren a las empresas argentinas para que sean más competitivas. La ley de la economía del conocimiento recientemente sancionada respeta eso, que es central para el desarrollo argentino.
–¿Por qué Argentina contribuye al mundo?, complementa este breve autorreportaje consentido.
–Porque el nivel del talento argentino la hace distinta. Es una “perlita” en América del Sur en términos de generar cosas casi únicas o totalmente competitivas con los lugares más sofisticados. Por lo que para mí, para Argentina y para el mundo, el tema de la economía del conocimiento pasa a ser esencial para el desarrollo.
–¿No es un poco tarde para hablar de puntos de partida?
–El siglo pasado, la geopolítica estaba muy basada en la fuerza, en las armas: la Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial, Guerra Fría. La tecnología nuclear cambia el paradigma, porque son armas tan potentes que no se pueden usar, entonces empieza un segundo ciclo que es el tecnológico.
Hoy cada vez más los conocimientos tecnológicos forman parte de la geopolítica. Por eso, la ley de economía del conocimiento es fundacional para el desarrollo argentino: no sólo porque promueve exportación, sino porque genera polos y ecosistemas alrededor de desarrollos en todos lados.
Subte a Silicon Valley
–¿Cómo ubicamos a Argentina respecto del nivel de desarrollo global?
–Siempre cuento una anécdota risueña: el jefe del gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, a quien le encanta el subte e inaugurar estaciones, admitió cuando visitó nuestro edificio en Parque Patricios que nunca había soñado que el subte llegaría a Silicon Valley, refiriéndose a que estamos haciendo lo mismo que en el valle californiano.
En el mundo actual existen muchos centros de desarrollo en París, Alemania, el nuestro, lo cual indica que el desarrollo tecnológico se aplanó mucho más y va donde está el talento. Entonces está claro que el objetivo de cada país es acumular talentos o ser distintos.
–¿Sienten realmente que el país encuadra en un estándar internacional como el que menciona?
–Acá tenemos juntos a los que hacen publicidad digital y creatividad, desarrollan los sistemas y hacen consultoría estratégica. Pero el desafío consiste en tratar de meter todo en una misma cultura, en un ecosistema que, aunque no sean iguales un creativo publicitario, el consultor de saco y corbata y el que idea estrategias, sean todos entendidos y puedan hablarlo entre ellos para así crear algo potenciador e innovar.
–A la CyT se le empezó a dar cabida en el país durante la presidencia de Raúl Alfonsín, con Manuel Sadosky, se retomó en la era K cuando se elevó el área a ministerio, con Lino Barañao, y Mauricio Macri le dio continuidad más allá de grietas, ¿estamos en presencia de una política de Estado aunque nadie lo haya dicho aún?
–La ley que salió es antigrieta y se logró en pleno año electoral. En parte fue la repatriación de científicos, en parte la ley de software, que es un pedacito en chiquito de esto, en parte la ley de software que este gobierno tomó, amplió y dio forma y previsibilidad de largo plazo. Todo esto efectivamente constituye una política de Estado. Hoy podría agregarse Vaca Muerta, porque viene de antes, ahora es más clara y continuará: si energía, más conocimiento, y más agroindustria fueran políticas de Estado, la grieta dejaría de tener sentido.
–¿Y qué viene?
–Ya se abordó la etapa de la automatización. Lo que viene es el armado del ecosistema digital. Para que se entienda: una empresa tradicional en la que trabajamos con el modelo de consultoría básico para generar un negocio totalmente nuevo, cuenta con la competencia y los activos para hacerlo, pero no tiene el alcance que lo convierta en un negocio digital.
Entonces se impone combinar las dos cosas y generar algo que no existía. Transformaciones digitales trascienden lo que ya existe: hacen algo totalmente nuevo, con la potencialidad de usar la tecnología y el alcance que da lo digital.
–¿Sería algo así como reinventarse con la tecnología?
–Empezar un negocio nuevo significa volver a tener la potencialidad. Puedo dar el caso de Accenture, que de no trabajar en el área de marketing digital, porque no existía, hoy pasamos a ser la agencia de marketing digital más grande del mundo. Estábamos muy centrados en lo que eran canales tradicionales, televisión, etc, que hoy la gente eliminó totalmente, pero actualmente todo lo que es publicidad digital permite meter inteligencia artificial y todo lo que haya de big data dentro de esos medios, para así crear negocios que antes no existían. Básicamente se trata de cambiar la experiencia de un cliente de tomar sólo un café por construir todo lo que está alrededor de tomarlo. O no es solamente comprar un auto, sino que abarca toda la experiencia a lo largo de la vida del auto.
Tsunami de datos
–¿Por eso el boom de bigdata?
–Lo que estamos viendo es un tsunami de datos. Hasta ahora venían de sistemas, de los bancos; el proceso es gigante, hay que sumarle todas las compras que se hacen. También los que provienen de los dispositivos biométricos. Estar conectado hace fluir los datos en forma permanente, con lo que toda información vital de cada uno se diría que está.
Se agregan todos los datos de geoposicionamiento, es decir que, por más que uno apague el posicionamiento celular, igual con la triangulación de antena se ubica el lugar en el que estamos reunidos, porque como los dispositivos de los que participamos están uno frente a otro, con las aplicaciones que hay para eso, es posible que averigüen quiénes y cuántos estuvimos. Ni siquiera es información ilegal, porque puede ser comprada legalmente.
–¿Cuáles serían los sectores preponderantes en ese tráfico de datos?
–Se viene todo el tsunami de datos de la salud. De hecho, Argentina está atrasada en la digitalización de la salud. Cuando se suba todo eso se podrá hacer el seguimiento de una persona desde que nació hasta sus 50 años de forma completa y si se le suman los datos biométricos, el panorama se amplía. A ello se incorporan todos los datos de entretenimientos y compras. Se puede acceder a todo lo que se usó, a lo consumido. Ese es el tsunami de datos.
–¿Y ahí sería cuando entran los robots para procesarlos?
–Hoy está subiendo la marea. Tratamos de nadar y no ahogarnos, pero se viene un tsunami más grande y ya se encadena la necesidad del big data, la inteligencia artificial, etc. Cada vez más en nuestro futuro se encuentran los algoritmos: las matemáticas, la programación, que alguien dijo por ahí que es nuestro lenguaje. Y probablemente lo sea. Pero los que dictan ese futuro son los sueños, las ambiciones de las personas.
Yo creo que en un mundo como el que vivimos, que cada vez hace creer que es más tecnológico, lo más relevante no es ese atributo, sino que pasa antes por lo humano.
Un ejemplo: siempre que Waze decide por dónde ir para llegar a un lugar, se torna más importante qué música uno pone en el auto que conocer el camino. La tecnología resuelve cosas a las que antes había que dedicarse y de ahí falsamente concluir que el futuro es tecnológico y que entonces el humano tendría que parecérsele y no al revés. No vamos camino a ser autómatas, sino a poder liberar sueños y creatividad.
–¿Puede haber privacidad con una multiplicación de datos abiertos que se regenera por minuto?
–En principio, se impone aprovechar todo esto de manera digerible, porque los seres humanos no somos capaces de sacar nada de esos datos y necesitamos de las máquinas e inteligencia artificial para extraer el patrón. Pero cuando eso se concreta, en el marco de una sociedad distinta, hay un montón de decisiones que tomar claramente en resguardo de la privacidad.
Aunque también aparece otra derivada más, que es gigantesca, como la ciberdefensa, y el concepto de que la vida de las personas está ahí, toda, en la nube: la información ya está pública. Todo lo que se busca queda registrado y la privacidad se incluye en la ciberdefensa. Pero una cosa es lo que se pueda hacer con la data y otra es la ética. Para nosotros es un tema central y tomamos muy en serio el límite razonable del uso comercial de esa información, aunque la ley otorgue ciertos permisos.
–¿Cuál sería en consecuencia la clave del desarrollo en ciernes?
–El cambio grande viene con la red 5G, por Internet de las cosas, del hogar, y no sólo por la robótica. La casa que va a ser inteligente, quedará totalmente conectada y las personas, desde que entran, podrán manejar con Alexa todos los componentes de la cocina, el baño, el living. De ese lado, se generará una ola de inversores gigantesca.
La segunda área de conexión es el auto con las ciudades, como las autociudades, que atraerán también inversores. Y la tercera, que considero la más importante, es la Internet de mí, porque las personas están conectadas no sólo a través del celular, sino que se empiezan a ver dispositivos, como la pulsera en la muñeca, en el cuerpo. Sería el caso del dispositivo que usan los diabéticos, que se conecta por 15 días, y transmite permanentemente a la red los datos que toman los pinchazos, donde se muestra el nivel de glucosa en tiempo real y permite inyectar insulina para que bajen los puntos de glucosa que se registren.
–¿Cómo se aplica la inteligencia artificial en las cosas?
–Existe toda una red que las monitorea y regula, que se puede equivocar y generar problemas grandes si inevitablemente falla algún complejo sistema eléctrico, de una central nuclear que, en realidad, toma decisiones por las personas. Cuándo hay niebla el piloto larga el control y un avión aterriza solo. Y cuando hay una diabetes o enfermedad cardíaca con algún riesgo, se puede conectar directo al 911 y llamar al médico. Todo eso conforma un sistema de inteligencia artificial que va a monitorear a 10 millones de personas.
¿Encriptamiento vulnerable?
Kaufman entiende que la tecnología blockchain va a generar un poco más de seguridad. “Algo que hablé mucho con nuestra gente de ciberdefensa es que tenemos que asegurar toda la información que tenemos en blockchain, con criptografía avanzada”.
Reconoce sin embargo que donde se rompe toda la parte de ingeniería social es cuando el médico tiene que abrir una historia clínica totalmente encriptada con un password y podrá acceder cualquiera que lo consiga deducir. “Conociéndolo un poco, mirando su Facebook, a su familia, la fecha de cumpleaños. O con un ataque de fuerza bruta de algunos miles de intentos que una computadora los hace en décimas de segundos, se puede sacar De modo que hay mucho más delito alrededor de la ingeniería social., por ahí”, destaca.

