Yoga: un pujante negocio espiritual

Por detrás de esta disciplina milenaria que busca el auto-conocimiento se encolumnan las empresas que ofrecen productos e influencers que suman seguidores.

El yoga hoy, después de un año de pandemia que recluyó a la gente en sus hogares y la sometió a un nivel de estrés fuera de lo común, es una industria que deja enormes ganancias a las empresas que lo saben aprovechar.

De práctica espiritual se ha transformado en herramienta de auto-mejoramiento y ha dado origen a un nuevo tipo de gurú. El reciente lanzamiento que hizo Adidas de Formotion, un nuevo tipo de ropa femenina para ejercicios físicos, fue acompañado de un video de Jessamyn Stanley, una profesora norteamericana de yoga que se hizo famosa en Instagram.

Se ha vuelto normal seguir desde el hogar una clase de un profesor de yoga. El alcance global de profesores como Stanley y Adrien Mishler, quien tiene 9,5 millones de suscriptores a su canal de YouTube “Yoga with Adriene” creció con la pandemia.

Todo esto está muy alejado de los orígenes del yoga como disciplina espiritual centrada en la meditación en la que las posturas asana formaban parte de una práctica de iluminación absoluta. Es lo que ocurre cuando el trabajo remoto y las redes sociales contribuyen a convertir devoción en auto mejoramiento.

Un reciente estudio publicado por la Universidad de Cambridge define así la evolución del yoga a partir de los años 70: “Una práctica espiritual y de meditación con el fin último de la auto-disminución, de la trascendencia del yo y de la unión con lo divino fue transformada en un producto fácil de usar, de comprar y certificable… que promete una imagen positiva del cuerpo, buen estado físico y reducción del estrés”.

El yoga hoy se parece a un deporte y a un entretenimiento con un grupo de estrellas capaces de crear una marca y asegurarse seguidores en todo el mundo mientras una larga cola de aspirantes compite para ganarse la vida. El gurú y su asram ha sido reemplazado por el influencer y su plataforma.

 

 

 

 

 

 

 

 

El negocio del bienestar

El mercado de la felicidad

Esta disciplina milenaria es un negocio rentable para los jugadores del mercado que han visto en la ropa deportiva y los productos saludables una buena alternativa para obtener ganancias.

 

El yoga es un estilo de vida. Pero detrás de la meditación y la tradición milenaria las empresas han encontrado en el auge de esta disciplina un atractivo negocio. El valor del mercado de la industria del yoga va en aumento.

Entre las principales razones que impulsan su avance está que las personas comienzan a optan por un estilo de vida más saludable, además de que practicarlo les permite liberarse del estrés de la carga laboral.

Los orígenes del yoga se remontan a India en el siglo V a. C., pero fue hasta el siglo XIX cuando ganó popularidad por primera vez en Occidente.

Al ser una disciplina espiritual centrada en la meditación es complicado cuantificar sus ingresos, pero en Estados Unidos esta industria le dejó ganancias a los participantes del mercado por 9 mil 9 millones de dólares en 2015 y el portal especializado Statista proyecta que para 2020 superará los 11 mil millones de dólares.

La popularidad del yoga crece en todo el mundo, con retiros y cursos. Los países que encabezan la lista son India, Estados Unidos, Tailandia, Bali y Australia.

 

NEGOCIO ESPIRITUAL

Adidas, Nike y Puma son sólo algunas de las empresas que cada temporada sacan prendas elaboradas con nylon, lycra y fibras elásticas sintéticas que brindan la elasticidad y comodidad que necesarias para realizar las con- torsiones durante la clase.

Conocido también como el “mercado de la felicidad”, es un amplio sector que agrupa negocios como el entrenamiento del cuerpo y la mente, la medicina alternativa, la nutrición saludable y otros productos que se han puesto de moda.

En ese contexto el “mindfulness” y la meditación forman parte de una tendencia que cada día tiene más adeptos y que las empresas han incorporado como un producto que genera suculentas ganancias. En países como Reino Unido, incluso se practica en las escuelas públicas.

El “mindfulness” es una versión de la meditación tradicional adaptada a la vida actual que consiste en “conocer directamente lo que ocurre dentro y fuera de nuestro ser a cada momento”, según el professor Mark Williams, especialista británico en la disciplina.

“Capitalismo cognitivo”

Sin embargo, la industria del mindfulness tiene sus detractores, que la ven como una “comercialización de las verdaderas prácticas budistas”.

Peter Doran, profesor de la Escuela de Derecho de la Queen’s University de Belfast (Irlanda del Norte), dice que los neoliberales le venden el budismo a las personas como una especie de “McMindfulness” para ganar dinero y aceitar los engranajes de una economía que ve a las personas como consumidores.

“Vivimos en un capitalismo cognitivo que crea valor cautivando los sistemas neurológicos humanos. Las formas contemporáneas de capitalismo encierran y mercantilizan no solo la tierra y el trabajo, sino también nuestra imaginación”, argumenta en conversación con BBC Mundo.

Doran sostiene que las personas son convertidas en productos con “sueños manufacturados” por empresas e instituciones públicas.

 

 

 

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