¿Te vas a casar? Leé 9 consejos antes

Una pareja con planes de casarse decidió usar su página web, que les da acceso a cientos de miles de personas inteligentes, para hacer crowdsourcing preguntándoles sobre sus experiencias matrimoniales y las lecciones que extrajeron de sus éxitos o fracasos en la vida en pareja.

Luego de contactar a 1.500 personas y recoger sus impresiones elaboraron esta “guía para una relación exitosa” que resume consejos para que una relación amorosa no descarrile en algún momento de su trayectoria.

  

Lo que descubrieron los dejó mudos: casi todas las respuestas eran repetitivas. Provenían de personas inteligentes de todo tipo de actividades y países, todas con sus historias, tragedias, errores y aciertos. Pero casi todas dieron más o menos las mismas respuestas.

 

Aquí, esta prudente pareja pone a disposición de quien lo quiera leer, nueve consejos para que un matrimonio, o pareja del tipo que sea, dure toda la vida.

 

Son éstos:

 

1. Nunca casarse con alguien “por las razones equivocadas”: o por presión de amigos y familia, o por evitar la soledad, o porque se los ve bien juntos o porque uno es joven e inocente y al estar perdidamente enamorado cree que el amor lo resuelve todo.

Para que una relación funcione, o sea, para que no solo dure sino que sea feliz, debe haber una genuina y profunda admiración de uno por el otro. Sin esa admiración mutua, los problemas se van a ir desencadenando.

 

Otra razón “equivocada” para entrar en una relación, es cuando uno busca “arreglar” su vida. El deseo de usar el amor de alguien para solucionar los propios problemas emocionales inevitablemente conduce a la co-dependencia, una dinámica dañina y poco sana entre dos personas que aceptan tácitamente usar el amor del otro como una distracción para la aversión que uno siente por uno mismo.

La razón correcta para elegir a alguien es la admiración. Es preciso admirar a la persona con que uno pretende compartir la vida.

 

2. Tener expectativas realistas sobre las relaciones y el amor

El amor es una cosa curiosa. En tiempo antiguos la gente pensaba genuinamente que el amor era una enfermedad. Los padres advertían a sus hijos sobre ese peligro y arreglaban los matrimonios antes de que tuvieran la edad suficiente como para cometer una estupidez en nombre del amor.

Eso es porque el amor, si bien nos marea como si hubiéramos aspirado una rayita de cocaína, nos vuelve profundamente irracionales. 

El amor romántico es una trampa destinada a hacer que dos personas no vean las fallas de la otra hasta que haya pasado el tiempo suficiente para haber  tenido un hijo. Ese sentimiento que nos hace sentir en el cielo casi siempre desaparece. Les pasa a todos. Y una vez que desapareció, es necesario poder ver que uno se ha unido a una persona que respeta genuinamente, alguien con quien disfruta compartir momentos. Si no es así, las cosas empiezan a salir mal.       

Esa forma de amor es mucho más difícil de alcanzar. En primer lugar porque no nos hace sentir en la gloria. No es tan glamorosa como lo que se sintió en la primera etapa. Es muchas mañanas de visitas al médico, es manejar las inseguridades de la otra persona, sus miedos, sus ideas.  Es negociar siempre. Y a veces uno no se siente con ganas. Pero esta forma de amor es también mucho más satisfactoria y significativa. Y, al fin y al cabo, es la que trae verdadera felicidad.

Veamos un trocito de aquel maravilloso drama de 1979 sobre una pareja cuyo divorcio impacta a todos los que los rodean, sobre todo a su pequeño hijo. Kramer vs Kramer.

 

3. El factor más importante en una relación no es la comunicación sino el respeto.

Muchas de las personas que se divorciaron después de 10 o 15 años de matrimonio casi siempre decían que la comunicación era lo más importante. Hablar con frecuencia. Hablar con franqueza. Hablar de todo, aunque duela.

Hay algo de cierto en eso, pero los matrimonios que duraron 20, 30 o 40 años mencionaban más que nada el respeto. Esas personas parecían haber aprendido por experiencia que la comunicación, por más abierta, transperente o disciplinada que sea, en algún momento se quiebra y los conflictos son inevitables y los sentimientos se hieren. 

Lo único que puede salvar a ambos miembros de una pareja y protegerlos de un choque frontal perfectamente humano es un inamovible respeto mutuo, el hecho de tener alta estima por el otro y creer y confiar en el otro.

Sin una base de respeto siempre se va a dudar de las intenciones del otro. Se sentirá la necesidad de esconder cosas por miedo a la crítica y es allí donde se empiezan a ver las grietas del edificio.

También es necesario respetarse uno mismo, porque sin eso uno no se va a sentir merecedor del respeto del otro. 

Respeto es no hablar mal de tu pareja con otra gente

Respeto es aceptar intereses diferentes y puntos de vista y opiniones diferentes. 

Respeto es no tener secretos. 

El respeto va de la mano de la confianza. Y la confianza es lo que da vida a una relación. Sin confianza no puede haber ni intimidad ni comodidad.

 

4. Hablar abiertamente de todo, especialmente de lo que duele.

Si hay algo que te molesta en una relación, debés estar dispuesto/a a conversarlo. El hablar crea confianza y la confianza crea intimidad. Puede ser doloroso, pero igual hay que hacerlo. Nadie más puede arreglar la relación para ustedes. Y tampoco debería hacerlo. Introducir cierto dolor en una relación es la única forma de fortalecerla. 

Después del respeto, la confianza fue el atributo más mencionado. Porque si hablamos de largo plazo, se plantean cuestiones de vida o muerte. Si te agarra cáncer mañana, ¿cónfiarías en tu pareja para que te cuide? ¿Confiarías en tu pareja para que cuide de los hijos en un fin de semana? ¿Confiarías en tu pareja para que maneje tu dinero o tome decisiones sensatas bajo presión?

Estas son cosas difíciles de hacer. Y mucho más difíciles de pensar cuando una relación está en el comienzo. Confiar en el principio de la relación es fácil pero cuanto más se van entremezclando las vidas más habrá que confiar en que la pareja va a actuar respetando tus intereses en tu ausencia.

 

5.Una relación positiva significa dos individuos positivos.

Una relación saludable exige que haya dos personas felices y saludables. La palabra clave aquí es: “individuos”. Eso significa dos personas con sus propias identidades , sus propios intereses y perspectivas y con cosas que hagan por su cuenta y en su propio tiempo. 

Por eso es que intentar controlar a la pareja para que ambos sean felices termina destruyendo las identidades individuales de ambos, esas mismas identidades que los atrajeron y los unió en el primer momento. 

No hay fórmula para lograr esto. Pero muchas parejas citaron ese problema.

 

6. Dar espacio al otro.

Mucha gente habló de la conveniencia de tener cuentas bancarias separadas, tarjetas de crédito separadas, tener amigos y hobbies diferentes, irse de vacaciones cada cual por su lado y algunos recomendaron tener baños separados y hasta dormitorios separados. Algunas personas tienen miedo de dar a su pareja libertad e independencia. Esto se origina en una falta de confianza y/o seguridad de que si le da mucho espacio no va a querer mantener la unidad. Por lo general, cuanto más incómodos estemos con la idea de merecer ser amados, más trataremos de controlar la relación y la conducta de nuestra pareja. 

Pero lo más importante de todo: esta incapacidad para permitir que la pareja sea quien verdaderamente es, significa faltarle el respeto sutilmente. Y también indica falta de respeto por uno mismo. Si alguien cree que un par de tragos después del trabajo es suficiente para alejar a su pareja, evidentemente no siente mucha estima por sí mismo.

 

7. Vos y tu pareja van a crecer y cambiar en formas insospechadas. Hay que aceptar esto.

Vale la pena poner aquí lo que contó una lectora sobre el día de su casamiento. Durante la fiesta una vieja tía se acercó y le dijo: “Un día, dentro de muchos años, te vas a despertar y vas a ver que tu esposo es una persona diferente.  Tendrás que enamorarte también de esa persona”.

El paso de los años introduce cambios importantes: cambio de religiones, cambio de países, muerte de familiares (incluso hijos), cuidado de familiares ancianos, cambio de ideas políticas, incluso cambio de orientación sexual. Muchas parejas sobrevivieron a cosas como éstas porque el respeto mutuo les permitió adaptarse y permitir que la otra continuara floreciendo y creciendo. 

 

8. Aprender a pelear

John Gottman es un psicólogo que domina el campo de por qué las parejas permanecen juntas o por qué se separan. 

Lo que él hace es poner matrimonios en una habitación, luego pone cámaras y les pide que se peleen, que elijan un tema sobre el cual tienen diferencias de opiniones y hablen sobre eso. 

Simplemente analizando la grabación de la discusión de esa pareja, o espectáculo de gritos, él puede predecir con bastante precisión si la pareja se va a divorciar o no. 

Pero lo más interesante de su investigación es que las cosas que llevan a un divorcio no son las peleas en sí sino la naturaleza de las peleas. Las parejas que triunfan, como las que no, pelean mucho y a veces furiosamente. 

Él redujo a cuatro las características que llevan a divorcio, que llama “los cuatro jinetes” (por el Apocalipsis). Ellas son:

  1. Criticar el carácter de la pareja (decir, por ejemplo “sos estúpido” en lugar de “lo que hiciste fue estúpido“)
  2. Ponerse a la defensiva, que en realidad quiere decir poner la culpa en el otro: “Yo no habría hecho eso si vos no hubieras….”
  3. Despreciar: menospreciar a la pareja y hacerla sentir inferior.
  4. Bloquearse: apartarse de una discusión e ignorar a la pareja.

Entre los consejos de los lectores consultados figura:

 

-Nunca insultar al otro. Gottman dice que el desprecio es el mejor preanuncio de divorcio. 

-No mezclar peleas o discusiones anteriores  con la actual. Eso no resuelve nada y empeora la pelea.

-Si las cosas se ponen demasiado caldeadas, tomarse un respiro. Apartarse de la situación y volver una vez que las emociones se han calmado. 

-Recordar que tener la razón no es tan importante como que ambas personas se sientan respetadas y escuchadas. 

 

Pero lo más importante es estar dispuesto a pelear. Cuando la gente habla de la necesidad de una “buena comunicación” (un consejo vago que todos mencionan pero pocos clarifican) lo que quieren decir es esto: estar dispuestos a tener conversaciones difíciles. Estar dispuestos a pelearse., a decir cosas feas y sacar todo a la luz. 

Vale la pena recordar la comedia “La guerra de los Roses” sobre una pareja adinerada considerada “el matrimonio perfecto”. Cuando la relación comienza a deteriorarse termina en un divorcio en el que las posesiones materiales se convierten en el centro de una brutal guerra.

 

 

9. El sexo es muy importante.

Si la relación es buena, el sexo será bueno. Ambos lo querrán y lo disfrutarán.  Cuando la relación es mala , cuando hay problemas no resueltos y sentimientos negativos no hablados, casi siempre el sexo es lo primero que salta por la ventana. 

El sexo no sólo mantiene saludable la relación, a veces se lo usa para curar las relaciones.  Mucha gente dijo que cuando la relación está un poco fría  entre ellos o que tienen problemas o mucho estrés, se programan un momento sexy para ellos.  Dicen que es importante y que vale la pena. 

 

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