Mónaco: dudas sobre el estilo de gobierno que implementará Alberto

Más allá de si el nuevo príncipe de Mónaco se casa o no se casa, algo que su padre previó y solucionó, sus súbditos temen que sea demasiado tímido y “democrático” para defender los intereses de Mónaco Sociedad Anónima.

El príncipe Rainiero, se sabe ahora, modificó hace algunos años
la constitución del principado para que si su hijo varón muere sin
descendencia, la corona pase a su hermana mayor, Carolina y su descendencia. Y
en la eventualidad de que esa línea sucesoria se malograra, la corona pasa
a la hermana menor, Estefanía, y su descendencia.

Alberto Grimaldi se convirtió en príncipe de Mónaco en el
mismo momento de la muerte de su padre. Según los moradores del principado,
la tarea de elegir una novia para ocupar el lugar de su madre, la bellísima
Grace Kelly muerta en un accidente automovilístico, no es tarea fácil.
“La gente va a saltar de alegría cuando Alberto se case”, opina
Jean des Cars, historiadora de la familia real, “pero todos van a comparar
a su elegida con la Princesa Grace.”

Otro elemento importante que mueve a comparaciones es el carácter. Rainiero
fue un luchador que hizo frente a Charles de Gaulle de Francia y al magnate griedo
Aristóteles Onassis en la defensa de la independencia del principado. Transformó
además el mini-Estado de menos de una milla cuadrada sobre la Riviera francesa
en un floreciente paraíso fiscal para los nuevo ricos del mundo. De Alberto
se dice que es tímido e indeciso, probablemente sin la firmeza de su padre.
Frédéric Laurent, monaguense y autor de “El príncipe
en su roca”, cree que lo que puede cambiar es la manera de gobernar.”
Rainiero era autocrático y Alberto es democrático”, opina.

El origen pirata

Los Grimaldi eran piratas que operaban en el Mediterráneo con base en
un fuerte inexpugnable que hoy forma parte del palacio actual. Francia se adueñó
de la rocosa franja costera luego de la revolución francesa, y cuando
Napoleón III devolvió el control a los Grimaldi más de
60 años después, se quedó con 85% del territorio. En compensación
por el terreno perdido, pagó a Carlos III, el monarca de entonces, la
suma de 4 millones de francos en oro. Carlos usó ese dinero para construir
un casino sobre una colina que domina el puerto. A esa colina le puso su nombre:
“Monte Carlo”; desde entonces el casino y su compañero, el
Hotel de Paris, se convirtieron en el imán que atrajo a ricos y ociosos
de las rivieras italiana y francesa, donde el juego era ilegal.

En los años ´20, cuando Rainiero era pequeño, el nombre “Monte
Carlo” era sinónimo de glamour y pecado. Pero el colapso financiero
al final de esa década dañó más a Mónaco
que otros lugares con más recursos. Luego llegó la Segunda Guerra
Mundial y para cuando Rainiero accedió al trono el principado era una
sombra de lo que había sido. Pero él convirtió a las exenciones
impositivas en el nuevo filón. Con ellas el dinero volvió a entrar
a raudales, a punto tal que en la década del ´60 De Gaulle, con el argumento
de que provocaban un vaciamiento de las arcas francesas, intentó obligar
a Rainiero a eliminarlas. Finalmente llegaron a un acuerdo a mitad de camino.
Las leyes impositivas cambiaban en Mónaco solamente para los franceses.

Para el resto de la humanidad no hay allí impuesto a las ganancias ni
a la riqueza. Eso explica la gran cantidad de millonarios que residen allí.
También explica la inmensa cantidad de departamentos vacíos, residencias
falsas de mucha gente. En ellos las luces de prenden automáticamente
al atardecer y se apagan solas al romper el alba. Eso mantiene el consumo de
electricidad en un nivel que justifica la versión de que viven allí
durante seis meses al año, el requisito para beneficiarse del régimen
impositivo.

Es ese sistema el que tendrá que defender Alberto de la creciente presión
extranjera. Mónaco integra la lista de países/paraíso fiscal
“no cooperadores” en el intercambio de información que redacta
anualmente la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico
(OCDE). Los monaguenses dicen con toda tranquilidad a quien quiera oírlos
que “evadir impuestos en otra parte no es crimen aquí”.
Sin embargo, el principado ya ha tenido que ajustar algunas regulaciones bancarias,
que hace diez años permitían, por ejemplo, que llegara un “empresario”
y depositara valijas llenas de dinero en los bancos locales.

Hoy, en cambio, los ingresos provienen del turismo masivo. El casino ya no es
un reducto eduardiano al que se ingresaba de smoking sino un lugar donde los
visitantes entran en zapatillas para admirar sus interiores tanto como la gente
que rodea las mesas de juego. Aquel casino que en tiempos de Rainiero aportaba
casi todo el ingreso del trono, hoy representa sólo un pequeño
porcentaje. La economía del principado está dominada por bancos,
convenciones empresariales y eventos deportivos internacionales como el Grand
Prix Fórmula Uno de Monte Carlo. Hay también una pequeña
zona industrial que produce fármacos, cosméticos y perfumes.

El príncipe Rainiero, se sabe ahora, modificó hace algunos años
la constitución del principado para que si su hijo varón muere sin
descendencia, la corona pase a su hermana mayor, Carolina y su descendencia. Y
en la eventualidad de que esa línea sucesoria se malograra, la corona pasa
a la hermana menor, Estefanía, y su descendencia.

Alberto Grimaldi se convirtió en príncipe de Mónaco en el
mismo momento de la muerte de su padre. Según los moradores del principado,
la tarea de elegir una novia para ocupar el lugar de su madre, la bellísima
Grace Kelly muerta en un accidente automovilístico, no es tarea fácil.
“La gente va a saltar de alegría cuando Alberto se case”, opina
Jean des Cars, historiadora de la familia real, “pero todos van a comparar
a su elegida con la Princesa Grace.”

Otro elemento importante que mueve a comparaciones es el carácter. Rainiero
fue un luchador que hizo frente a Charles de Gaulle de Francia y al magnate griedo
Aristóteles Onassis en la defensa de la independencia del principado. Transformó
además el mini-Estado de menos de una milla cuadrada sobre la Riviera francesa
en un floreciente paraíso fiscal para los nuevo ricos del mundo. De Alberto
se dice que es tímido e indeciso, probablemente sin la firmeza de su padre.
Frédéric Laurent, monaguense y autor de “El príncipe
en su roca”, cree que lo que puede cambiar es la manera de gobernar.”
Rainiero era autocrático y Alberto es democrático”, opina.

El origen pirata

Los Grimaldi eran piratas que operaban en el Mediterráneo con base en
un fuerte inexpugnable que hoy forma parte del palacio actual. Francia se adueñó
de la rocosa franja costera luego de la revolución francesa, y cuando
Napoleón III devolvió el control a los Grimaldi más de
60 años después, se quedó con 85% del territorio. En compensación
por el terreno perdido, pagó a Carlos III, el monarca de entonces, la
suma de 4 millones de francos en oro. Carlos usó ese dinero para construir
un casino sobre una colina que domina el puerto. A esa colina le puso su nombre:
“Monte Carlo”; desde entonces el casino y su compañero, el
Hotel de Paris, se convirtieron en el imán que atrajo a ricos y ociosos
de las rivieras italiana y francesa, donde el juego era ilegal.

En los años ´20, cuando Rainiero era pequeño, el nombre “Monte
Carlo” era sinónimo de glamour y pecado. Pero el colapso financiero
al final de esa década dañó más a Mónaco
que otros lugares con más recursos. Luego llegó la Segunda Guerra
Mundial y para cuando Rainiero accedió al trono el principado era una
sombra de lo que había sido. Pero él convirtió a las exenciones
impositivas en el nuevo filón. Con ellas el dinero volvió a entrar
a raudales, a punto tal que en la década del ´60 De Gaulle, con el argumento
de que provocaban un vaciamiento de las arcas francesas, intentó obligar
a Rainiero a eliminarlas. Finalmente llegaron a un acuerdo a mitad de camino.
Las leyes impositivas cambiaban en Mónaco solamente para los franceses.

Para el resto de la humanidad no hay allí impuesto a las ganancias ni
a la riqueza. Eso explica la gran cantidad de millonarios que residen allí.
También explica la inmensa cantidad de departamentos vacíos, residencias
falsas de mucha gente. En ellos las luces de prenden automáticamente
al atardecer y se apagan solas al romper el alba. Eso mantiene el consumo de
electricidad en un nivel que justifica la versión de que viven allí
durante seis meses al año, el requisito para beneficiarse del régimen
impositivo.

Es ese sistema el que tendrá que defender Alberto de la creciente presión
extranjera. Mónaco integra la lista de países/paraíso fiscal
“no cooperadores” en el intercambio de información que redacta
anualmente la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico
(OCDE). Los monaguenses dicen con toda tranquilidad a quien quiera oírlos
que “evadir impuestos en otra parte no es crimen aquí”.
Sin embargo, el principado ya ha tenido que ajustar algunas regulaciones bancarias,
que hace diez años permitían, por ejemplo, que llegara un “empresario”
y depositara valijas llenas de dinero en los bancos locales.

Hoy, en cambio, los ingresos provienen del turismo masivo. El casino ya no es
un reducto eduardiano al que se ingresaba de smoking sino un lugar donde los
visitantes entran en zapatillas para admirar sus interiores tanto como la gente
que rodea las mesas de juego. Aquel casino que en tiempos de Rainiero aportaba
casi todo el ingreso del trono, hoy representa sólo un pequeño
porcentaje. La economía del principado está dominada por bancos,
convenciones empresariales y eventos deportivos internacionales como el Grand
Prix Fórmula Uno de Monte Carlo. Hay también una pequeña
zona industrial que produce fármacos, cosméticos y perfumes.

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