Longevidad: una buena y una mala

La buena noticia primero: la expectativa de vida crece cada vez más. La mala después: los sistemas de jubilaciones no van a resistir. Los conceptos pertenecen al inglés Adair Turner en su conferencia “Demographics, Economics and Social Choice”.

Dos centurias atrás, la expectativa de vida de la gente que habitaba
los actuales países ricos era de apenas 36 años. Hoy, es casi
de 80. En los comienzos del siglo 19, la mortalidad de los bebés franceses
en el primer año de vida era de 181 por 1000; hoy, es cuatro.

Pero lo que ha liberado a los individuos crea peligros para la sociedad. La
naturaleza del peligro fue explicada claramente por Adair Turner, ex director
general de la Confederation of British Industry y actual presidente de la comisión
de política jubilatoria británica, en una conferencia reciente.
En ella dijo que Europa experimenta un profundo cambio demográfico como
consecuencia de dos fuerzas: aumento de la longevidad y declinación de
la fertilidad. Ninguno de los dos fenómenos es nuevo, pero sí
tal vez, algunos detalles.

En primer lugar, la creciente longevidad se debe no tanto a la declinación
de la mortalidad infantil sino a que los viejos viven más que nunca antes
en la historia. El alargamiento de la vida humana se aceleró durante
los últimos 20 años. En 1980, los hombres de 60 años en
Gran Bretaña podían aspirar a vivir un promedio de 16 años
después de jubilarse; hoy, el cálculo llega a 20.

En segundo lugar, el número de nacimientos en Europa cayó – a
mediados de los ´70 – por debajo del nivel mínimo para el simple reemplazo
poblacional. Hoy, la tasa de natalidad es de apenas 1,4. Ningún país
europeo – salvo Albania – tiene actualmente una tasa de nacimientos por encima
del reemplazo. En 2001, la italiana fue de 1,24, la española, de 1,25
y la alemana de 1,29. algo mejor fue la británica, de 1,63 y sólo
Francia exhibe una cómoda tasa de natalidad de 1,90.

En tercer lugar, éstos son fenómenos globales. En China la expectativa
de vida ya llegó a los 70 años. La disminución de la natalidad
es global. Dondequiera que haya razonable prosperidad, alta educación
femenina y venta legal, segura y a precio moderado de anticonceptivos, la tasa
de natalidad es inferior al nivel de reemplazo poblacional.

Consecuencias para los sistemas jubilatorios

Se alteró la relación población activa / pasiva. La población
crece a 0,5% al año, trabaja de los 20 a los 65 y tiene 15 años
de retiro. La relación estable actual es de 3,5 trabajadores activos
por cada pasivo. Si la población comienza a reducirse a razón
de 0,5% al año, esa relación caerá a 2,6. Si la expectativa
de retiro crece a 20 años, la tasa de soporte caerá a 1,9 (1,9
trabajador sostiene a un jubilado). Esto es más o menos lo que puede
ocurrir en muchos países. Según Turner, hay tres posible caminos
para solucionar esta situación:

1) elevar la edad requerida para acceder a la jubilación;
2) aumentar los aportes patronales y de los empleados;
3) reducir jubilaciones y pensiones con relación a los sueldos en actividad.

En cualquiera de los casos, los cambios que habría que introducir son
enormes. Si la tasa de soporte cae 43%, como se pronostica en Gran Bretaña,
las jubilaciones deberán reducirse 43%, o los aportes deberán
subir 76% o la edad para jubilarse deberá subir en forma desproporcionada
frente a la longevidad post retiro. Por ejemplo, debería subir de 65
a 73 años para volver a una tasa de soporte de 3,5.

Posibles opciones

Más empleo para las personas en edad de trabajar. No sería
ésta, sin embargo, una solución completa ni permanente.

Aumentar la inmigración. Para que esto sea significativo la cantidad
de inmigrantes debería ser disparatadamente alta. En el caso británico
la población llegaría a 136 millones en 2050. En el continente
europeo, la mayoría de los nuevos inmigrantes sería de origen
musulmán.

Aumentar los nacimientos. Aumentar la población de esta forma
también crea el mismo peligro de superpoblación que la inmigración
aunque desaparecería el desafío de la asimilación. Un objetivo
más modesto podría ser llevar la tasa de natalidad a un nivel
cercano al del reemplazo.

Se deben diseñar políticas, dice Turner, para que las mujeres,
sobre todo los más cultivadas, puedan equilibrar satisfactoriamente la
maternidad con el trabajo. Sin embargo, hay muchos países donde las mujeres
casi han dejado de tener hijos para poder vivir una vida emancipada. Atrapadas
en culturas machistas que sólo les permiten la libertad cuando no hay
hijos, optan por ese camino y se niegan a la maternidad. Si los hombres en el
poder no lo advierten a tiempo, pronto no les va a quedar mucha sociedad.

Dos centurias atrás, la expectativa de vida de la gente que habitaba
los actuales países ricos era de apenas 36 años. Hoy, es casi
de 80. En los comienzos del siglo 19, la mortalidad de los bebés franceses
en el primer año de vida era de 181 por 1000; hoy, es cuatro.

Pero lo que ha liberado a los individuos crea peligros para la sociedad. La
naturaleza del peligro fue explicada claramente por Adair Turner, ex director
general de la Confederation of British Industry y actual presidente de la comisión
de política jubilatoria británica, en una conferencia reciente.
En ella dijo que Europa experimenta un profundo cambio demográfico como
consecuencia de dos fuerzas: aumento de la longevidad y declinación de
la fertilidad. Ninguno de los dos fenómenos es nuevo, pero sí
tal vez, algunos detalles.

En primer lugar, la creciente longevidad se debe no tanto a la declinación
de la mortalidad infantil sino a que los viejos viven más que nunca antes
en la historia. El alargamiento de la vida humana se aceleró durante
los últimos 20 años. En 1980, los hombres de 60 años en
Gran Bretaña podían aspirar a vivir un promedio de 16 años
después de jubilarse; hoy, el cálculo llega a 20.

En segundo lugar, el número de nacimientos en Europa cayó – a
mediados de los ´70 – por debajo del nivel mínimo para el simple reemplazo
poblacional. Hoy, la tasa de natalidad es de apenas 1,4. Ningún país
europeo – salvo Albania – tiene actualmente una tasa de nacimientos por encima
del reemplazo. En 2001, la italiana fue de 1,24, la española, de 1,25
y la alemana de 1,29. algo mejor fue la británica, de 1,63 y sólo
Francia exhibe una cómoda tasa de natalidad de 1,90.

En tercer lugar, éstos son fenómenos globales. En China la expectativa
de vida ya llegó a los 70 años. La disminución de la natalidad
es global. Dondequiera que haya razonable prosperidad, alta educación
femenina y venta legal, segura y a precio moderado de anticonceptivos, la tasa
de natalidad es inferior al nivel de reemplazo poblacional.

Consecuencias para los sistemas jubilatorios

Se alteró la relación población activa / pasiva. La población
crece a 0,5% al año, trabaja de los 20 a los 65 y tiene 15 años
de retiro. La relación estable actual es de 3,5 trabajadores activos
por cada pasivo. Si la población comienza a reducirse a razón
de 0,5% al año, esa relación caerá a 2,6. Si la expectativa
de retiro crece a 20 años, la tasa de soporte caerá a 1,9 (1,9
trabajador sostiene a un jubilado). Esto es más o menos lo que puede
ocurrir en muchos países. Según Turner, hay tres posible caminos
para solucionar esta situación:

1) elevar la edad requerida para acceder a la jubilación;
2) aumentar los aportes patronales y de los empleados;
3) reducir jubilaciones y pensiones con relación a los sueldos en actividad.

En cualquiera de los casos, los cambios que habría que introducir son
enormes. Si la tasa de soporte cae 43%, como se pronostica en Gran Bretaña,
las jubilaciones deberán reducirse 43%, o los aportes deberán
subir 76% o la edad para jubilarse deberá subir en forma desproporcionada
frente a la longevidad post retiro. Por ejemplo, debería subir de 65
a 73 años para volver a una tasa de soporte de 3,5.

Posibles opciones

Más empleo para las personas en edad de trabajar. No sería
ésta, sin embargo, una solución completa ni permanente.

Aumentar la inmigración. Para que esto sea significativo la cantidad
de inmigrantes debería ser disparatadamente alta. En el caso británico
la población llegaría a 136 millones en 2050. En el continente
europeo, la mayoría de los nuevos inmigrantes sería de origen
musulmán.

Aumentar los nacimientos. Aumentar la población de esta forma
también crea el mismo peligro de superpoblación que la inmigración
aunque desaparecería el desafío de la asimilación. Un objetivo
más modesto podría ser llevar la tasa de natalidad a un nivel
cercano al del reemplazo.

Se deben diseñar políticas, dice Turner, para que las mujeres,
sobre todo los más cultivadas, puedan equilibrar satisfactoriamente la
maternidad con el trabajo. Sin embargo, hay muchos países donde las mujeres
casi han dejado de tener hijos para poder vivir una vida emancipada. Atrapadas
en culturas machistas que sólo les permiten la libertad cuando no hay
hijos, optan por ese camino y se niegan a la maternidad. Si los hombres en el
poder no lo advierten a tiempo, pronto no les va a quedar mucha sociedad.

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