Indignación mundial ante retrógrada visión del Vaticano sobre el hombre y la mujer

El feroz ataque al feminismo moderno lanzado por el Vaticano a fin de julio dividió las aguas en la comunidad católica mundial. La indignación es de hombres y mujeres, quienes opinan que la carta hace una apología de la desigualdad.

Según la Iglesia, el feminismo radical de los últimos años
tiene la culpa de que la mujer crea que para ser ella misma tiene que convertirse
en antagonista del hombre. Condena el feminismo radical y la llamada “ideología
de género”, por considerar que la diferencia entre sexos viene minimizada,
el individuo se cree con derecho a elegir su género sin tener en cuenta
su propio sexo, y se llega a equiparar la homosexualidad con la heterosexualidad.

“Desde el momento mismo de la creación, hombre y mujer son distintos
y lo seguirán siendo hasta la eternidad”, dice el documento del papado,
publicado la semana pasada por la Congregación de la Doctrina de la Fe,
equivalente moderno de la “Santa Inquisición” de antaño.

“Cualquier visión que se presente como un conflicto entre los sexos
es sólo una ilusión y un peligro. Terminaría en segregación
y competencia entre hombres y mujeres y promocionaría un solipsismo (subjetivismo
extremo) alimentado por una falsa idea de libertad”.

Así se señala en el documento “Carta a los obispos de la Iglesia
Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia
y en el mundo”, preparado por la Congregación para la Doctrina de
la Fe, el antiguo Santo Oficio, y avalado por el Vaticano. La carta está
firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, el conservador teólogo alemán
de 77 años que maneja desde 1981 la congregación para la Doctrina
de la Fe en el Papa en nombre de Juan Pablo II.

Considerada como una de las declaraciones más importantes del Vaticano
desde 1995 sobre el rol de la mujer en la sociedad moderna, la carta refleja el
deseo del Papa y de su leal cardenal Ratzinger de definir la doctrina de la Iglesia
sobre temas éticos de manera tal que a sus sucesores – aunque lo quieren
– les resulte difícil cambiarla.

También se refiere directamente a temas que son objeto de debate político
actual en culturas cristianas sobre matrimonios homosexuales, aborto, anticoncepción
y otros temas sobre los cuales Juan Pablo siempre adoptó la línea
dura.

La carta provocó la explosión de feministas católicas y ateas,
quienes dicen que busca justificar restricciones a los derechos de la mujer. Emma
Bonino, política italiana y ex miembro de la Comisión europea, declaró
con ironía que la carta podría fácilmente haber sido escrita
por un imán en el milenario instituto islámico al-Azhar en El Cairo.

Al tiempo que el cardenal dice en la carta que la humildad, la “lealtad,
la capacidad de escuchar, de esperar y de elogiar” son cualidades inherentes
a las mujeres, hace evidentes esfuerzos por remarcar que la Iglesia Católica
no tiene una “concepción anticuada de la femineidad”.

Tan profunda es la sospecha del Vaticano sobre algunas ideas feministas que la
carta parece incursionar en nuevas aguas teológicas diciendo que las diferencias
entre la naturaleza del hombre y la mujer continuarán incluso en el más
allá.

La española Ángeles Alvarez, vocera de la Red de Organizaciones
Feministas contra la Violencia de Género, afirma que con la condena del
Vaticano al feminismo radical y a la ideología de género, se hace
“apología de la desigualdad” y se defiende “principios integristas
e inconstitucionales”.

Para Alvarez el documento “defiende principios inconstitucionales” y
alienta, incluso, la violencia contra las mujeres, a la vez que se trata de “una
más de las arremetidas contra los principios feministas” por parte
del Vaticano.

Así, también ha dicho que el ministro del Interior, José
Antonio Alonso, debería de apuntarse en su agenda que además de
analizar lo que se dice desde determinados púlpitos de otras religiones
sobre el terrorismo, estudiar “cómo se alienta desde la Iglesia Católica
a la violencia contra las mujeres”.

Según la Iglesia, el feminismo radical de los últimos años
tiene la culpa de que la mujer crea que para ser ella misma tiene que convertirse
en antagonista del hombre. Condena el feminismo radical y la llamada “ideología
de género”, por considerar que la diferencia entre sexos viene minimizada,
el individuo se cree con derecho a elegir su género sin tener en cuenta
su propio sexo, y se llega a equiparar la homosexualidad con la heterosexualidad.

“Desde el momento mismo de la creación, hombre y mujer son distintos
y lo seguirán siendo hasta la eternidad”, dice el documento del papado,
publicado la semana pasada por la Congregación de la Doctrina de la Fe,
equivalente moderno de la “Santa Inquisición” de antaño.

“Cualquier visión que se presente como un conflicto entre los sexos
es sólo una ilusión y un peligro. Terminaría en segregación
y competencia entre hombres y mujeres y promocionaría un solipsismo (subjetivismo
extremo) alimentado por una falsa idea de libertad”.

Así se señala en el documento “Carta a los obispos de la Iglesia
Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia
y en el mundo”, preparado por la Congregación para la Doctrina de
la Fe, el antiguo Santo Oficio, y avalado por el Vaticano. La carta está
firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, el conservador teólogo alemán
de 77 años que maneja desde 1981 la congregación para la Doctrina
de la Fe en el Papa en nombre de Juan Pablo II.

Considerada como una de las declaraciones más importantes del Vaticano
desde 1995 sobre el rol de la mujer en la sociedad moderna, la carta refleja el
deseo del Papa y de su leal cardenal Ratzinger de definir la doctrina de la Iglesia
sobre temas éticos de manera tal que a sus sucesores – aunque lo quieren
– les resulte difícil cambiarla.

También se refiere directamente a temas que son objeto de debate político
actual en culturas cristianas sobre matrimonios homosexuales, aborto, anticoncepción
y otros temas sobre los cuales Juan Pablo siempre adoptó la línea
dura.

La carta provocó la explosión de feministas católicas y ateas,
quienes dicen que busca justificar restricciones a los derechos de la mujer. Emma
Bonino, política italiana y ex miembro de la Comisión europea, declaró
con ironía que la carta podría fácilmente haber sido escrita
por un imán en el milenario instituto islámico al-Azhar en El Cairo.

Al tiempo que el cardenal dice en la carta que la humildad, la “lealtad,
la capacidad de escuchar, de esperar y de elogiar” son cualidades inherentes
a las mujeres, hace evidentes esfuerzos por remarcar que la Iglesia Católica
no tiene una “concepción anticuada de la femineidad”.

Tan profunda es la sospecha del Vaticano sobre algunas ideas feministas que la
carta parece incursionar en nuevas aguas teológicas diciendo que las diferencias
entre la naturaleza del hombre y la mujer continuarán incluso en el más
allá.

La española Ángeles Alvarez, vocera de la Red de Organizaciones
Feministas contra la Violencia de Género, afirma que con la condena del
Vaticano al feminismo radical y a la ideología de género, se hace
“apología de la desigualdad” y se defiende “principios integristas
e inconstitucionales”.

Para Alvarez el documento “defiende principios inconstitucionales” y
alienta, incluso, la violencia contra las mujeres, a la vez que se trata de “una
más de las arremetidas contra los principios feministas” por parte
del Vaticano.

Así, también ha dicho que el ministro del Interior, José
Antonio Alonso, debería de apuntarse en su agenda que además de
analizar lo que se dice desde determinados púlpitos de otras religiones
sobre el terrorismo, estudiar “cómo se alienta desde la Iglesia Católica
a la violencia contra las mujeres”.

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