Vinos en el fin del mundo

Horizontes infinitos y mucho para crecer

San Patricio del Chañar –Neuquén– se caracteriza por su frío intenso y duro ambiente propios del desierto patagónico. Pero, también, por ser cuna de viñedos que, desplegados como oasis de vida, brindan uvas vinificables de altísima calidad. Allí, inmersa en la conmovedora belleza del sur argentino, Bodega del Fin del Mundo avanza a paso firme.

Por Carina Martínez

La combinación entre el nombre del santo patrono de Irlanda y el de una especie arbórea que se desarrolla en la zona, a pesar de que el suelo no es particularmente apto para ella, sintetiza bastante bien lo que San Patricio del Chañar tiene para ofrecer.
En la margen izquierda del río Neuquén, los suelos arenosos y pedregosos, el clima seco con vientos moderados y constantes, el agua de deshielo, la escasa lluvia y gran amplitud térmica –característica de las zonas montañosas– se han convertido en el ambiente ideal para el desarrollo de excelsas vides, capaces de producir la materia prima ideal para vinificación de altísima calidad.
Hoy, San Patricio del Chañar alberga unas cuantas bodegas premium que conforman todo un circuito vitivinícola y gastronómico, y que han transformado radicalmente el devenir de la localidad.
Pionera de esta aventura, Bodega de Fin del Mundo lanzó en 2002 la primera cosecha de vinos de la zona y, desde aquel momento, avanza sin prisa pero sin pausa, conquistando los paladares y los mercados de Argentina y del mundo.
Actualmente, suma 870 hectáreas de viñedos que producen variedades tintas y blancas, como Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Pinot Noir, Tannat, Cabernet Franc y Syrah entre las primeras, y Sauvignon Blanc, Chardonnay, Semillón y Viognier entre las últimas. Los viñedos fueron plantados a partir de 1999 y son conducidos en espaldera baja con cordón bilateral en alta densidad. El riego presurizado de alta frecuencia permite la vida en el desierto a través de mangueras de goteo. El agua proviene del Río Neuquén, originado por los deshielos estivales de la Cordillera de Los Andes. La naturaleza en estado pleno.
Entre febrero y abril, se realiza la cosecha y comienza la vinificación de productos que llegarán a las mesas argentinas, pero también a las de EE.UU., México, Brasil, Bélgica, Holanda, Gran Bretaña y Alemania, que son los principales mercados que maneja actualmente la compañía. “En todos ellos tenemos planes de crecimiento de un 20-25% respecto al año pasado y lo venimos cumpliendo –cuenta Pedro Soraire, director comercial de Bodega del Fin del Mundo–. En Brasil estamos teniendo un crecimiento porcentual mayor que en otros países con respecto al año pasado y también hay que destacar el crecimiento en el bloque de países de LATAM (Ecuador, Perú, Uruguay y Paraguay)” –indica Soraire, aunque, por supuesto, su gran desafío es insertarse en China, un mercado que requiere mucho trabajo e inversión pero garantiza cuantiosas ventas a quienes logren conquistarlo.
Como es de esperar, tanto en el mercado interno como en el externo la cepa que más se vende es Malbec, aunque, según relata Soraire, en los mercados externos es muy exitoso el Pinot Noir y en el local han penetrado muy bien con el blend de Cabernet Franc-Merlot de la línea La Poderosa.


Pedro Soraire

–¿Cómo fueron las ventas en 2018, respecto de 2017?
–En comercio exterior, estamos creciendo un 20% en volumen con respecto al mismo período del año anterior. Y, en facturación, más de un 40% en pesos ayudado por la devaluación. En el mercado local, estamos un 5% arriba en volumen y un 25% en facturación.

–¿Cómo es la distribución entre mercado local y externo?
–Históricamente, nuestras ventas se dividen en 79% en mercado local y 21% en comercio exterior. Sin embargo, este año la tendencia cambió y estamos en un 70% mercado local y 30% en comercio exterior.

–¿Se notó este año la retracción del consumo en el mercado interno? ¿En algunos canales en particular?
–En época de crisis o de modificación de hábitos, siempre sentimos cambios importantes en los canales de distribución. Vemos un crecimiento muy grande en lo que denominamos Canal Patagonia impulsado principalmente por el turismo. El canal Distribuidores y Vinotecas también crece. Como contrapartida, se vio una caída en Restaurantes y Grandes Cuentas (Supermercados).

–¿Cuáles son los principales desafíos que se presentan hoy a la vitivinicultura argentina? ¿Y a Fin del Mundo en particular?
–En una industria en la que la mayoría de las bodegas son pymes el desafío pasa por poder subsistir en un entorno con poco acceso al crédito, costos crecientes, incertidumbre y sin acuerdos de intercambio con otros países que permitan aprovechar la reciente actualización del tipo de cambio que, por sí sola, no es suficiente para volver a un país competitivo.

–¿Cuáles son los próximos proyectos que tienen en mente?
–Seguimos trabajando en mejora continua con el INPI y el método kaizen tango (proyecto nipón–argentino para el desarrollo de la productividad), en investigación y desarrollo, buscando la identidad de nuestros vinos y la mejor forma de elaborarlos, en viñedos orgánicos y en programas de sustentabilidad.
En lo comercial tenemos proyectos en comercio exterior pero tanto lo vinculado a la producción como a lo comercial no son proyectos inmediatos.

–¿Se está avanzando en cultivos orgánicos y certificados (biodinamia o similar)? ¿Hay mercado y potencial para este tipo de experiencias?
–Nuestra primera cosecha orgánica será en 2020, tenemos viñedos que están en ese proceso y claro que hay mercado. Poco en mercado interno pero cada vez más en comercio exterior.

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