Brecha entre dos mundos: desarrollado y en desarrollo

En diez años, más de 95% del crecimiento vegetativo corresponderá a economías en desarrollo, pero no a todas. Entretanto, en las economías centrales la población se estancará y envejecerá. En total, el mundo suma más de 90 millones cada año.

En Estados Unidos se da un fenómeno peculiar: el país envejece y
rejuvenece al mismo tiempo. La supuesta "crisis" de seguridad social
es sólo la diferencia -coyuntural- entre el auge vegetativo de la posguerra
y el menor ritmo de nacimientos de 1965 a 1976. Pero, se pasan por alto un auge
posterior y no se advierte que, de ahora a 2015, irá surgiendo otra generación
activa (por ende, aportante al sistema jubilatorio). O no tanto: un "síndrome
de Peter Pan" -no el de Michael Jackson- va demorando el ingreso de los jóvenes
a la adultez.

En parte de la Unión Europea (los quince antiguos) y de Asia, por ahora
sólo tienen problemas de envejecimiento. Eso se nota en Italia, Alemania,
Francia, Japón, India y China. Hacia 2030, por ejemplo, la mitad de la
población activa europea se compondrá de inmigrantes o sus hijos.
Paralelamente, los viejos pueden frenar la expansión económica europea.
De hoy a 2035, según algunos pronósticos, la proporción de
gente mayor de 65 años se habrá doblado. Similares proyecciones
circulan en Japón. Pero China será el país más pobre
que afronte problemas de envejecimiento.

Renovables vs. no renovables

Otro aspecto del fenómeno hace al ambiente y muestra una notable brecha
entre el mundo avanzado y el mundo en desarrollo. En el primero, ya existen
tecnologías para encarar o manejar muchos problemas del entorno (aunque
a menudo falte voluntad). En el segundo, especialmente Asia oriental y meridional,
el uso intensivo de carbón augura serias emergencias ambientales, si
el crecimiento económico continúa basado en combustibles sucios.

En materia de recursos naturales renovables, el cuadro mejora. La producción
de granos ha subido tan velozmente en los últimos decenios que, aun con
la población mundial en aumento, la producción agrícola
por habitante ha ido creciendo y así seguirá en los próximos
diez años.

Pero el problema de fondo reside en los recursos no renovables. Aun dejando
de lado los precios (algunos expertos auguran más de US$ 100 el barril,
otros lo ven desmoronarse a 25), la segunda década del siglo iniciará
el fin de la era petrolera. No tanto por agotamiento como por saturación
productiva, preludio de una lenta contracción que, tarde o temprano,
impondrá combustibles no fósiles.

¿Jóvenes viejos o viejos jóvenes?

Volviendo a la demografía, algunos especialistas comienzan a centrarse
en un segmento etario: la gente más joven dentro de la población
mayor. Desde siempre, en verdad, el tema dominante fue la generación
originada en el auge vegetativo de 1946 a 1964. Durante los ´50 eran los
niños de un modelo cifrado en la familia blanca y sus valores, algunos
de los cuales -no los mejores- trata de resucitar George Walker Bush.
Pero, en los años ´60, esos chicos atravesaban la adolescencia
o la juventud, se rebelaban, protagonizaban fenómenos como los Beatles,
Woodstock o los derechos civiles. En 1950/3, ningún muchacho cuestionaba
la guerra coreana. A fines de los sesenta, la juventud se negaba a pelear en
Vietnam. Entretanto, la sociedad urbana cambiaba, los negros alcanzaban los
suburbios prósperos y los hispanos se multiplicaban en las ciudades.

Hasta los ´90, la generación nacida en los ´40 aún
daba el tono. Hoy, tiene competencia: la generación nacida a fines de
los ´70, tan prolífica como la primera (cuatro millones de nacimientos
anuales en 1946-64, 3,8 millones en 1977-96). En otras palabras, EE.UU. es un
país con 29% de "adultos viejos" y 26% de "adultos jóvenes".
Sin duda, hay señales de envejecimiento: hacia 1920, menos de 5% de la
población tenía 65 años o más y había dos
chicos menores de cinco años por cada anciano. Hacia 2000. había
más de dos adultos viejos por cada niño en preescolar.

Por otra parte, aumenta la edad promedio. En 1920, era de 25 años y la
mitad de la población tenía menos. En 2000, superaba los 35 años.
Las proyecciones promedian 36,6 este año y alcanzan casi 39 para 2037,
cuando la mitad de la población tenga esa edad o más. Para entonces,
la segunda generación prolífica (1977-96) tendrá 41 años
como mínimo, pero -desde ese punto- el promedio irá en descenso.
Desde fin de la primera guerra mundial, entonces, ha habido alternancia entre
auges y bajones vegetativos. Este ritmo no regular influye en familias, ciudades,
actividad económica, educación, tendencias electorales, vivienda,
asistencia social, remuneración de activos y pasivos, etc.

El caso de las escuelas fue típico. A irrumpir la generación del
auge vegetativo 1946-64 (luego de 1952), la estructura educativa legada por
la depresión quedó chica: no alcanzaban escuelas ni docentes.
Años después, sobraba casi todo. Desde 1983, volvieron los déficit
estructurales, que prosiguen.
Ahora bien, como las personas entran en el mercado laboral con 20 años
o más, los productos del segundo auge vegetativo se hacen sentir desde
1997 y explican, en parte, la resistencia a la baja en el desempleo urbano,
pese a las moderadas señales de reactivación registradas desde
2003, en un segmento que atravesó la recesión de 2000/2.
La alternancia de auges y bajones vegetativos tiene un efecto extra que desafía
a la sapiencia convencional: finalizada la segunda guerra mundial, el desempleo
ha afectado principalmente a los menores de 30, no a los mayores de 40. Hacia
2003, había dos veces más desocupados en el primer grupo que en
el segundo.

Internet deseduca

Ese perfil ya estructural -dura cuarenta años- representa un grave riesgo
para después de 2005, pues el auge 1977-96 elevará la mano de
obra redundante. A menos que el producto bruto interno de EE.UU. recobre tasas
anuales superiores a 4,5%.
Al mismo tiempo, crece el déficit de personal calificado. ¿Por
qué? Porque la generación educada por las computadoras va siendo
reemplazada por la generación deseducada por Internet, que desecha el
conocimiento en pro de los datos o la gratificación. Los jóvenes
que ingresan al mercado laboral han estado empleando la PC para juegos solipsistas,
charlas, entretenimiento, música de baja calidad, etc. Similar suerte
corren ya los dispositivos manuales múltiples: se usan para todo, menos
para comunicarse.

En otras palabras, en las economías centrales joven ya no es sinónimo
de tecnológicamente idóneo. No se ven los sucesores de quienes
crearon Microsoft o Google, ya respetables y multimillonarios adultos. Por supuesto,
también pesa el déficit de inversiones en educación, rasgo
común a Ronald Reagan y ambos Bush, aunque no a Richard Nixon (porque
ahí estaba Henry Kissinger). Esto responde también a un cambio
en la familia norteamericana, que entrega el tiempo libre de los chicos a la
PC, la consola de juegos o el último celular con cien funciones. En síntesis,
esta fase de la alternancia demográfica en EE.UU. -y quizás otras
economías líderes- tiende a que la nueva generación llegue
a la madurez psicológica y laboral cada año más tarde.
El protagonista de "Naranja mecánica" era adicto a Beethoven,
pero a su mímesis le bastaría un rap.

En Estados Unidos se da un fenómeno peculiar: el país envejece y
rejuvenece al mismo tiempo. La supuesta "crisis" de seguridad social
es sólo la diferencia -coyuntural- entre el auge vegetativo de la posguerra
y el menor ritmo de nacimientos de 1965 a 1976. Pero, se pasan por alto un auge
posterior y no se advierte que, de ahora a 2015, irá surgiendo otra generación
activa (por ende, aportante al sistema jubilatorio). O no tanto: un "síndrome
de Peter Pan" -no el de Michael Jackson- va demorando el ingreso de los jóvenes
a la adultez.

En parte de la Unión Europea (los quince antiguos) y de Asia, por ahora
sólo tienen problemas de envejecimiento. Eso se nota en Italia, Alemania,
Francia, Japón, India y China. Hacia 2030, por ejemplo, la mitad de la
población activa europea se compondrá de inmigrantes o sus hijos.
Paralelamente, los viejos pueden frenar la expansión económica europea.
De hoy a 2035, según algunos pronósticos, la proporción de
gente mayor de 65 años se habrá doblado. Similares proyecciones
circulan en Japón. Pero China será el país más pobre
que afronte problemas de envejecimiento.

Renovables vs. no renovables

Otro aspecto del fenómeno hace al ambiente y muestra una notable brecha
entre el mundo avanzado y el mundo en desarrollo. En el primero, ya existen
tecnologías para encarar o manejar muchos problemas del entorno (aunque
a menudo falte voluntad). En el segundo, especialmente Asia oriental y meridional,
el uso intensivo de carbón augura serias emergencias ambientales, si
el crecimiento económico continúa basado en combustibles sucios.

En materia de recursos naturales renovables, el cuadro mejora. La producción
de granos ha subido tan velozmente en los últimos decenios que, aun con
la población mundial en aumento, la producción agrícola
por habitante ha ido creciendo y así seguirá en los próximos
diez años.

Pero el problema de fondo reside en los recursos no renovables. Aun dejando
de lado los precios (algunos expertos auguran más de US$ 100 el barril,
otros lo ven desmoronarse a 25), la segunda década del siglo iniciará
el fin de la era petrolera. No tanto por agotamiento como por saturación
productiva, preludio de una lenta contracción que, tarde o temprano,
impondrá combustibles no fósiles.

¿Jóvenes viejos o viejos jóvenes?

Volviendo a la demografía, algunos especialistas comienzan a centrarse
en un segmento etario: la gente más joven dentro de la población
mayor. Desde siempre, en verdad, el tema dominante fue la generación
originada en el auge vegetativo de 1946 a 1964. Durante los ´50 eran los
niños de un modelo cifrado en la familia blanca y sus valores, algunos
de los cuales -no los mejores- trata de resucitar George Walker Bush.
Pero, en los años ´60, esos chicos atravesaban la adolescencia
o la juventud, se rebelaban, protagonizaban fenómenos como los Beatles,
Woodstock o los derechos civiles. En 1950/3, ningún muchacho cuestionaba
la guerra coreana. A fines de los sesenta, la juventud se negaba a pelear en
Vietnam. Entretanto, la sociedad urbana cambiaba, los negros alcanzaban los
suburbios prósperos y los hispanos se multiplicaban en las ciudades.

Hasta los ´90, la generación nacida en los ´40 aún
daba el tono. Hoy, tiene competencia: la generación nacida a fines de
los ´70, tan prolífica como la primera (cuatro millones de nacimientos
anuales en 1946-64, 3,8 millones en 1977-96). En otras palabras, EE.UU. es un
país con 29% de "adultos viejos" y 26% de "adultos jóvenes".
Sin duda, hay señales de envejecimiento: hacia 1920, menos de 5% de la
población tenía 65 años o más y había dos
chicos menores de cinco años por cada anciano. Hacia 2000. había
más de dos adultos viejos por cada niño en preescolar.

Por otra parte, aumenta la edad promedio. En 1920, era de 25 años y la
mitad de la población tenía menos. En 2000, superaba los 35 años.
Las proyecciones promedian 36,6 este año y alcanzan casi 39 para 2037,
cuando la mitad de la población tenga esa edad o más. Para entonces,
la segunda generación prolífica (1977-96) tendrá 41 años
como mínimo, pero -desde ese punto- el promedio irá en descenso.
Desde fin de la primera guerra mundial, entonces, ha habido alternancia entre
auges y bajones vegetativos. Este ritmo no regular influye en familias, ciudades,
actividad económica, educación, tendencias electorales, vivienda,
asistencia social, remuneración de activos y pasivos, etc.

El caso de las escuelas fue típico. A irrumpir la generación del
auge vegetativo 1946-64 (luego de 1952), la estructura educativa legada por
la depresión quedó chica: no alcanzaban escuelas ni docentes.
Años después, sobraba casi todo. Desde 1983, volvieron los déficit
estructurales, que prosiguen.
Ahora bien, como las personas entran en el mercado laboral con 20 años
o más, los productos del segundo auge vegetativo se hacen sentir desde
1997 y explican, en parte, la resistencia a la baja en el desempleo urbano,
pese a las moderadas señales de reactivación registradas desde
2003, en un segmento que atravesó la recesión de 2000/2.
La alternancia de auges y bajones vegetativos tiene un efecto extra que desafía
a la sapiencia convencional: finalizada la segunda guerra mundial, el desempleo
ha afectado principalmente a los menores de 30, no a los mayores de 40. Hacia
2003, había dos veces más desocupados en el primer grupo que en
el segundo.

Internet deseduca

Ese perfil ya estructural -dura cuarenta años- representa un grave riesgo
para después de 2005, pues el auge 1977-96 elevará la mano de
obra redundante. A menos que el producto bruto interno de EE.UU. recobre tasas
anuales superiores a 4,5%.
Al mismo tiempo, crece el déficit de personal calificado. ¿Por
qué? Porque la generación educada por las computadoras va siendo
reemplazada por la generación deseducada por Internet, que desecha el
conocimiento en pro de los datos o la gratificación. Los jóvenes
que ingresan al mercado laboral han estado empleando la PC para juegos solipsistas,
charlas, entretenimiento, música de baja calidad, etc. Similar suerte
corren ya los dispositivos manuales múltiples: se usan para todo, menos
para comunicarse.

En otras palabras, en las economías centrales joven ya no es sinónimo
de tecnológicamente idóneo. No se ven los sucesores de quienes
crearon Microsoft o Google, ya respetables y multimillonarios adultos. Por supuesto,
también pesa el déficit de inversiones en educación, rasgo
común a Ronald Reagan y ambos Bush, aunque no a Richard Nixon (porque
ahí estaba Henry Kissinger). Esto responde también a un cambio
en la familia norteamericana, que entrega el tiempo libre de los chicos a la
PC, la consola de juegos o el último celular con cien funciones. En síntesis,
esta fase de la alternancia demográfica en EE.UU. -y quizás otras
economías líderes- tiende a que la nueva generación llegue
a la madurez psicológica y laboral cada año más tarde.
El protagonista de "Naranja mecánica" era adicto a Beethoven,
pero a su mímesis le bastaría un rap.

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