Un mundo que está al borde del colapso ambiental y económico

Las pruebas del recalentamiento universal están a la vista: según científicos del gobierno estadounidense, 2010 rivaliza solo con 2005 como año pico de un fenómeno tangible cuyos registros datan de 1880. Hoy los síntomas tienden a agudizarse.

<p>As&iacute; se describe el escenario en un reciente libro de Lester Brown (World on the Edge), cuya tesis es clara: a medida como se hunde en el olvido, la cumbre clim&aacute;tica de Copenhague &ndash;diciembre de 2009&ndash;, pone en clara evidencia que era un punto de no retorno. Pero no el que esperaban sus organizadores.<br />
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Convocada para ponerse de acuerdo sobre un nuevo marco de lucha contra el recalentamiento global, la reuni&oacute;n deb&iacute;a marcar un pico de preocupaciones pol&iacute;ticas sobre el ambiente. Por el contrario, el tema volvi&oacute; a perder &iacute;mpetu desde entonces, o sea hace casi a&ntilde;o y medio.<br />
La lecci&oacute;n danesa fue tristemente clara: era imposible que los dirigentes del mundo encontraran puntos m&iacute;nimos comunes para llegar a un compromiso aceptable para todos. El tono agrio de los debates subsiguientes confirma ese diagn&oacute;stico, recalca el autor. No obstante, las pruebas del recalentamiento universal est&aacute;n a la vista.<br />
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En tanto, crece la amenaza de lo que los ecologistas llaman &ldquo;caos clim&aacute;tico&rdquo;, aunque otras preocupaciones se hayan tornado m&aacute;s acuciantes. Eclipsada durante un lapso por la recesi&oacute;n en las econom&iacute;as centrales &ndash;apunta Brown&ndash;, la escasez de recursos vuelve a ser tema de inquietud.<br />
Por ejemplo, los precios de productos primarios se hallan nuevamente en alza, con los crudos a extremos de US$ 126 en abril, y los alimentos suben por efecto de la demanda en econom&iacute;as emergentes y transtornos clim&aacute;ticos en Australia, Estados Unidos, etc. Ello sin contar la cat&aacute;strofe japonesa, aunque no sea fruto de contingencia atribuibles a los hombres. Salvo su costado nuclear, naturalmente.</p>
<p><strong>M&aacute;s cat&aacute;strofes</strong><br />
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El peligro de m&aacute;s inundaciones, sequ&iacute;as y tornados en un mundo m&aacute;s c&aacute;lido permite esperar una ulterior volatilidad en valores de materias primas, alimentos e insumos. A su vez, ello puede conducir a su creciente escasez y carest&iacute;a. Seg&uacute;n se&ntilde;ala el autor, m&aacute;s de un a&ntilde;o despu&eacute;s de Copenhague van apareciendo textos como el suyo, que buscan explicar a los Gobiernos y al sector privado el imperativo de sobrevivir en un planeta &ldquo;donde ya es demasiado tarde para evitar peligrosos cambios clim&aacute;ticos&rdquo;.<br />
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Esta cuesti&oacute;n la aborda otro libro, <em>Climate Capitalism</em>, Hunter Lovins, Boyd Cohen, dos emprendedores ambientalistas con peculiares ideas sobre esos temas, plenas de un optimismo que Brown no comparte. M&aacute;s sombr&iacute;a es la visi&oacute;n de su colega Paul Gilding en<em> The Great Disruption</em>, de loable redacci&oacute;n. Sin embargo, el trabajo del propio Brown <em>(World on the Edge)</em> muestra una concepci&oacute;n mucho m&aacute;s amplia en ideas y minuciosa en detalles.<br />
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Pero el libro tiene sus puntos flacos. As&iacute;, un planteo muy ambicioso contrasta con la brevedad (apenas 240 p&aacute;ginas) y arriesga concentrar materiales en exceso. Brown no es una persona inclinada a ver ambos lados de un argumento y, a menudo, desde&ntilde;a los aspectos negativos de las soluciones que promueve. A pesar de eso, ofrece una colecci&oacute;n de datos sobre problemas globales claves para el futuro.<br />
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En esencia, aporta una visi&oacute;n integral de mercados y segmentos expuestos a los mayores desaf&iacute;os. Tambi&eacute;n aborda tecnolog&iacute;as y modelos de negocios con mayor potencial para afrontar un contexto de crecientes problemas ecol&oacute;gicos, econ&oacute;micos y sociales asociados al recalentamiento clim&aacute;tico.<br />
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Brown abre el libro con cap&iacute;tulos centrados en un t&oacute;pico tan pertinente como la seguridad alimentaria. Los dos insumos b&aacute;sicos para la producci&oacute;n agr&iacute;cola son agua y tierra cultivable, sometidos a deterioro desde los llanos de Colorado hasta China del norte. El autor sugiere que, as&iacute; como las reservas petrol&iacute;feras se acercan a un punto desde el cual se agotar&aacute;n, la oferta mundial de agua potable y de riego afronta su punto de inflexi&oacute;n. <br />
Con 219.000 personas engrosando cada d&iacute;a la poblaci&oacute;n del planeta, el fen&oacute;meno entra&ntilde;a costos m&aacute;s caros y vol&aacute;tiles para agua, tierras y alimentos. A su vez, ambos factores implican futuras tensiones internacionales. En otro plano, se generar&aacute; una demanda por ideas para manejar el agua y la producci&oacute;n.<br />
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A eso se dedica la segunda parte del libro. Como otros autores que privilegian el &ldquo;negocio verde&rdquo;, creen en la relevancia de elevar la eficiencia energ&eacute;tica, el camino que las empresas pueden seguir para operar mejoras b&aacute;sicas en pro del planeta. Pero esa salida a problemas ambientales empieza a ser cuestionada debido a &ldquo;efectos de rebote&rdquo;. Si la energ&iacute;a se usa m&aacute;s eficientemente, aumenta su demanda, aunque solo si los precios permanecen constantes. Y esto dista de ocurrir.</p>

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