Y llegó aquella convergencia que tanto intrigaba

“Se viene la convergencia digital”, decían los gurú tecnológicos hace no más de 20 años. Y nosotros, aquellos jóvenes, escuchábamos y hacíamos un gran esfuerzo por entender de qué hablaba.

*Por Tamara Herraiz, Directora de Contenidos de TKM

Tratábamos de imaginarnos ese mundo en el que todo estaría conectado con todo a través de una gran red mundial, la reina “Internet”. Nos parecía algo increíble, revolucionario, pero era inevitable sentir incertidumbre, porque como todo lo nuevo, causa temor, dudas, expectativas. No nos quedó otra que atravesar la barrera tecnológica, adaptarnos al cambio, aceptar que algo grande había pasado en la época en que vivíamos. Estábamos siendo parte de la nueva era digital. Y llegó Internet a las casas por cable, el e-mail,  la web  y las redes sociales, la web cam y después el wi-fi, y los celulares que hacen miles de cosas, además de ser teléfonos. Y la convergencia llegó. Un día nos quedamos sin Internet en el celular y nos sentimos aislados. Y tomamos conciencia, estábamos inside, éramos parte activa de  la gran red y todos vivíamos en ¿la nube? Demasiada información para quienes en los 80 nos divertíamos con el flipper del bar de la esquina. 

 

Ser parte del cambio, tiene sus ventajas y desventajas. La ventaja es que vivimos la transición y que siempre vamos a tener grabado en nuestra memoria como una huella emocional imborrable, lo que fue la vida sin Internet. Pero la desventaja es que lo mismo que nos fortalece nos limita para acercarnos naturalmente a las innovaciones. Eso es a mi entender lo que más nos diferencia a los adultos de los jóvenes de hoy. Podemos contarle con melancolía momentos no virtuales y cómo empezó todo, sin embargo, ellos tienen la ventaja de llevar en su ADN el sello de Internet.

 

Pueden estar sentados frente a la TV, mientras con la notebook buscan en google información para un trabajo práctico del colegio, en tanto, chequean en su celular los últimos posteos de Facebook, lo comparten y comentan. Ellos ya casi no marcan un número para llamar a un amigo en sus teléfonos, ni mandan mensajes de texto. Chatean online o se envían mensajes de audio. Y hacen todo eso naturalmente, sin estresarse.  Saben lo que pasa en el mundo entero, sus ídolos son globales, atraviesan fronteras de países y de idiomas, son una gran comunidad mundial. Juntos son poderosos. No obstante, aunque pueden no darse cuenta, son quienes llevan consigo la gran responsabilidad con nosotros de marcar las pautas de cómo hacer un buen uso de las redes sociales, de explicarle a las generaciones  que siguen, que Internet es una herramienta valiosa que hay que usar a favor de la humanidad.

 

Tener el privilegio de ver a los primeros jóvenes que experimentan ciento por ciento la era digital es para los pre-Internet fuerte, caótico, expansivo, intenso, movilizador pero es sin dudas extraordinario. Es una gran oportunidad para poder acercarnos a ellos y juntos hacer un mundo mejor.

 

 

 

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