Promisoria vacuna contra la adicción a la cocaína

En el futuro, muchos adictos a la cocaína podrían curarse mediante una vacuna. Según recientes experimentos, el compuesto “engaña” al sistema inmunológico y hace que trate la droga como si fuese un virus.

Pruebas con pacientes humanos han demostrado que, en 58% de casos, los tratados con la vacuna estaban en condiciones de abandonar el hábito complemente en el curso de tres meses. En un estudio paralelo, 75% de un grupo de pacientes recién recobrados de la adicción no volvió a tentarse con la droga.

Thomas Kosten, médico que trabaja en la universidad de Yale y condujo los experimentos, define sus resultados como los mejores disponibles en la materia. “No es una panacea, pero se le acerca. Por lo común –explica- la mitad de los adictos tratados con terapias convencionales recae en el hábito en doce semanas”.

Esta vacuna ha sido desarrollada y está a prueba en Xenova, una firma biotecnológica británica. Cuenta con financiamiento del Instituto Nacional contra Abuso de Drogas (Estados Unidos). De paso, es un curioso ejemplo de innovación científica lograda en el exterior con fondos norteamericanos.

“No vemos razones para que esta tecnología tan efectiva contra la cocaína no pueda adaptarse a otras adicciones peligrosas”, cree David Oxlade, director ejecutivo del laboratorio. “En principio, no descartamos a los opiáceos”.

Producir este tipo de vacuna es un reto, pues el sistema inmunológico por lo común pasa por alto las moléculas en extremo pequeñas que componen un estupefaciente. Para generar los anticuerpos necesarios, Xenova –que también desarrolla una terapia antinicotínica para fumadores- unió cocaína y una proteína elaborada para estimular una reacción inmunológica.

La molécula combinada resultante incita al cuerpo a “reconocer” la droga. Si alguien vacunado absorbe cocaína, ésta choca y se fusiona con anticuerpos en el torrente sanguíneo, donde forman un complejo demasiado “grande” para llegar al cerebro. Por ende, desaparece el estímulo placentero de la droga.

Si bien los efectos de la vacuna se esfuman a un año de administrada, al caer el nivel de anticuerpos, 85% de pacientes tratado declara sentir estímulos de inferior intensidad. Según Kosten, serían precisas dosis de refuerzo -cada tres a cuatro meses- para prolongar los efectos de la vacuna inicial. El informe completo ha sido presentado el lunes ante una conferencia internacional sobre adicciones, en Puerto Rico.

Oxlade aclaró, entonces, que “necesitamos experimentar con más de los veinte pacientes con quienes hemos trabajado”. En cuanto a mercado potencial para la vacuna, sólo en EE.UU. hay 1.700.000 adictos y tres millones de consumidores ocasionales. En Gran Bretaña, las estimaciones son 475.000 (polvo) y 200.000 (crack).

Pruebas con pacientes humanos han demostrado que, en 58% de casos, los tratados con la vacuna estaban en condiciones de abandonar el hábito complemente en el curso de tres meses. En un estudio paralelo, 75% de un grupo de pacientes recién recobrados de la adicción no volvió a tentarse con la droga.

Thomas Kosten, médico que trabaja en la universidad de Yale y condujo los experimentos, define sus resultados como los mejores disponibles en la materia. “No es una panacea, pero se le acerca. Por lo común –explica- la mitad de los adictos tratados con terapias convencionales recae en el hábito en doce semanas”.

Esta vacuna ha sido desarrollada y está a prueba en Xenova, una firma biotecnológica británica. Cuenta con financiamiento del Instituto Nacional contra Abuso de Drogas (Estados Unidos). De paso, es un curioso ejemplo de innovación científica lograda en el exterior con fondos norteamericanos.

“No vemos razones para que esta tecnología tan efectiva contra la cocaína no pueda adaptarse a otras adicciones peligrosas”, cree David Oxlade, director ejecutivo del laboratorio. “En principio, no descartamos a los opiáceos”.

Producir este tipo de vacuna es un reto, pues el sistema inmunológico por lo común pasa por alto las moléculas en extremo pequeñas que componen un estupefaciente. Para generar los anticuerpos necesarios, Xenova –que también desarrolla una terapia antinicotínica para fumadores- unió cocaína y una proteína elaborada para estimular una reacción inmunológica.

La molécula combinada resultante incita al cuerpo a “reconocer” la droga. Si alguien vacunado absorbe cocaína, ésta choca y se fusiona con anticuerpos en el torrente sanguíneo, donde forman un complejo demasiado “grande” para llegar al cerebro. Por ende, desaparece el estímulo placentero de la droga.

Si bien los efectos de la vacuna se esfuman a un año de administrada, al caer el nivel de anticuerpos, 85% de pacientes tratado declara sentir estímulos de inferior intensidad. Según Kosten, serían precisas dosis de refuerzo -cada tres a cuatro meses- para prolongar los efectos de la vacuna inicial. El informe completo ha sido presentado el lunes ante una conferencia internacional sobre adicciones, en Puerto Rico.

Oxlade aclaró, entonces, que “necesitamos experimentar con más de los veinte pacientes con quienes hemos trabajado”. En cuanto a mercado potencial para la vacuna, sólo en EE.UU. hay 1.700.000 adictos y tres millones de consumidores ocasionales. En Gran Bretaña, las estimaciones son 475.000 (polvo) y 200.000 (crack).

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