Pese a muchos, hay gente que gana plata con la energía solar

Un emprendedor e inventor norteamericano de origen polaco, Stanford (Stanislaw)Ovshinski, vende muy bien un artefacto de su creación. Es un sistema para fabricar enormes láminas, capaces de generar helioenergía a costos razonables.

31 marzo, 2007

Ovshinski insumió años de trabajo –hoy tiene 86- y millones de dólares, con una meta obsesiva: construir una gigantesca máquina que, a su vez, fabricase láminas de un material capaz de generar energía solar. En suma, convertir luz en electricidad.

Ni siquiera en su propia empresa creían que pudiera tener éxito. No obstante, ahora maneja una planta productora que opera a pleno y no da abasto para satisfacer las órdenes de compra. La firma se llama Energy Conversion Devices (ECD) y es el principal fabricante norteamericano de materiales fotovoltaicos que transforman la luz solar.

La compañía es pionera en un sector industrial conocido obviamente como FV (en inglés PV, photo-voltaic). Según proyecciones para 2007, esta actividad facturará US$ 16.000 millones y su tasa de crecimiento es muy firme. Por de pronto, los envíos mundiales de elementos FV, medidos en megavatios de generación potencial instalada, pasaron de 390 en 2001 a 1.900 en 2006. Hacia 1991, no subían de treinta megavatios. Son cifras del departamento federal de energía y combustibles.

La gigantesca máquina de ECD tiene el largo de una cancha de fútbol americano, nada menos. Funciona como una prensa que, en vez de diarios, produce grandes láminas de material FV, colocables en techos de viviendas, instalaciones industriales, etc. El mero aumento de combustibles fósiles y los crecientes riesgos del “efecto invernadero” –exceso de dióxido y monóxido de carbono en la atmósfera- promueve la demanda geométrica de estos materiales.

Durante decenios, la helioenergía –desarrollada por primera vez en los Estados Unidos de los años 50- se orientaba a un mercado diminuto. Las empresas de ese mismo país lo dominaban hasta fines de siglo, cuando japoneses y alemanes les quitaron la delantera. En este momento, EE.UU. ocupa el tercer lugar en generación de energía solar y China se le acerca velozmente.

La compañía de Ovshinski, inventor de profesión, tiene una lista de espera de seis mese para los pedidos de FV y está terminando tres megafábricas adicionales. Casi la mitad de la producción se exporta a Alemania, pues sus láminas son más delgadas, baratas y flexibles que las de muchos competidores. De ahí que puedan usarse directamente como membranas para techos.

En el curso del proceso, sus detractores han calificado de marginales o ridículas las ideas del inventor. Desarrollarlas le ha significado millones y, pese al auge de ventas, la firma sufre pérdidas a causa de otros proyectos poco convencionales. Entre ellos, un sistema para almacenar hidrógeno combustible en automotores.

Ovshinski insumió años de trabajo –hoy tiene 86- y millones de dólares, con una meta obsesiva: construir una gigantesca máquina que, a su vez, fabricase láminas de un material capaz de generar energía solar. En suma, convertir luz en electricidad.

Ni siquiera en su propia empresa creían que pudiera tener éxito. No obstante, ahora maneja una planta productora que opera a pleno y no da abasto para satisfacer las órdenes de compra. La firma se llama Energy Conversion Devices (ECD) y es el principal fabricante norteamericano de materiales fotovoltaicos que transforman la luz solar.

La compañía es pionera en un sector industrial conocido obviamente como FV (en inglés PV, photo-voltaic). Según proyecciones para 2007, esta actividad facturará US$ 16.000 millones y su tasa de crecimiento es muy firme. Por de pronto, los envíos mundiales de elementos FV, medidos en megavatios de generación potencial instalada, pasaron de 390 en 2001 a 1.900 en 2006. Hacia 1991, no subían de treinta megavatios. Son cifras del departamento federal de energía y combustibles.

La gigantesca máquina de ECD tiene el largo de una cancha de fútbol americano, nada menos. Funciona como una prensa que, en vez de diarios, produce grandes láminas de material FV, colocables en techos de viviendas, instalaciones industriales, etc. El mero aumento de combustibles fósiles y los crecientes riesgos del “efecto invernadero” –exceso de dióxido y monóxido de carbono en la atmósfera- promueve la demanda geométrica de estos materiales.

Durante decenios, la helioenergía –desarrollada por primera vez en los Estados Unidos de los años 50- se orientaba a un mercado diminuto. Las empresas de ese mismo país lo dominaban hasta fines de siglo, cuando japoneses y alemanes les quitaron la delantera. En este momento, EE.UU. ocupa el tercer lugar en generación de energía solar y China se le acerca velozmente.

La compañía de Ovshinski, inventor de profesión, tiene una lista de espera de seis mese para los pedidos de FV y está terminando tres megafábricas adicionales. Casi la mitad de la producción se exporta a Alemania, pues sus láminas son más delgadas, baratas y flexibles que las de muchos competidores. De ahí que puedan usarse directamente como membranas para techos.

En el curso del proceso, sus detractores han calificado de marginales o ridículas las ideas del inventor. Desarrollarlas le ha significado millones y, pese al auge de ventas, la firma sufre pérdidas a causa de otros proyectos poco convencionales. Entre ellos, un sistema para almacenar hidrógeno combustible en automotores.

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