La tecnología impone la revolución energética

La innovación tecnológica ha transformado a todo el sector energético en los últimos años. Pero esta transición no es pacífica, y de hecho desestabiliza a economías que dependen del ingreso generado por tradicionales fuentes energéticas, como Rusia, Venezuela y algunos productores del Golfo Pérsico.

Un proceso que puede tener mayores repercusiones económicas y en el ambiente. En especial sobre las clásicas actividades del petróleo, gas y electricidad. Al principio, el cambio vino con el shale oil y gas. A partir de 2005 las empresas comenzaron a explotar gigantescos yamientos de gas y de crudo, gracias a dos nuevas tecnologías incorporadas.

Una, la perforación horizontal, y la otra, el fracking o la fracturación hidráulica de las piedras. Ese proceso fue determinante en el derrumbe de los precios de crudo, que pasó de US$ 145 el barril en julio de 2008, a menos de un tercio que es el valor vigente hoy en el mercado global. Lo que implicó, además, una enorme pérdida de poder por parte de la OPEP, el cartel de grandes productores.

Ese fue el principio. Luego aparecieron complejos sistemas de gerenciamiento, con automatización y data analytics, que están reinventando a todo el sector. El cambio no solamente alcanza a las empresas que producen commodities sino a las que se ocupan de la distribución de la energía eléctrica.

En el futuro cercano, estas tendencias pueden asegurar energía más barata, más eficiente y más limpia.
El problema ahora lo tienen países productores tradicionales, como Rusia, Venezuela y algunos del Golfo Pérsico. No controbuirán a reducir las emisiones que dañan el ambiente, y perderán muchos puestos de trabajo de baja especialización.

La caída en los precios conduce a la búsqueda de reducciones en los gastos en operaciones y sistemas. Una plataforma petrolera para operar en el mar, por ejemplo, se consigue ahora a la mitad del costo de poco más de un año. Igual, se siguen anunciando nuevas inversiones en el campo de la explotación y explotación de estos recursos.

En el campo de la electricidad, las fuerzas transformadoras tienen que ver con el aporte de la energía eólica y solar, además de la nuclear y la hidroelectricidad. Las dos primeras, en varios países representan de 20 a 30% del total generado. Lo que supone, mejor ambiente, y menores costos. La competencia en este campo aumentará y será muy fuerte para los actores ya establecidos. Nuevas baterías con enorme capacidad de almacenaje están rediseñando todo este sector económico.

Data analytics revoluciona también a la industria petrolera. Nuevos yacimientos se detectan ahora gracia al análisis de inmensas bases de datos. Otra tendencia clara es la automatización. Los robots han hecho su operación en todos los campos de estas industrias. Habrá gente empleada para trabajos críticos, pero el número total de asalariados disminuirá notablemente. Tanta innovación crea nuevos problemas. En el campo de las regulaciones sobre seguridad, por ejemplo. Hará falta una verdadera transformación en el conocimiento de los reguladores, para estar actualizados.

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