La cámara de Sony hace casi de todo

Este mes Sony puso a la venta – por US$ 1.000 -- la cámara digital R1 que da por tierra con todo lo que hasta ahora se entendía por fotografía digital. ¿Por qué?

15 diciembre, 2005

Hasta la llegada de la R1, las cámaras digitales se dividían en dos categorías: modelos compactos y de digitalización S.L.R. (single-lens-reflex). Las compactas son maravillosas porque son baratas, convenientes y prácticas. Pero las cámaras de digitalización S.L.R., como la Canon Digital Rebel y la Nikon D50, sacan fotografías infinitamente superiores. El sensor de luz que traen esos modelos más voluminosos es gigantesco: 10 veces el tamaño de los sensores corrientes de las compactas. Con ellas se obtiene más detalle, color más fiel y menos imperfecciones con poca luz.

Pero por su diseño, no se puede enmarcar las tomas en la pantalla de la cámara. Como en una compacta, donde la pantalla muestra la foto antes de tomarla. En una digital S.R.L. la pantalla permanece oscura mientras se toma la foto y no se usa más que para visualizar las fotos tomadas.

¿Por qué una cámara con sensor grande no puede también ofrecer una pantalla con vista previa? La culpa la tiene el tamaño del sensor. Sony se dispuso a solucionar ese problema. La primera prioridad que se puso fue el rediseño completo del sensor teniendo en cuenta consideraciones de calor y de potencia. La cámara resultante, la R1, es un híbrido. Como una compacta, su pantalla muestra en directo la foto mientras la saca. Pero como una S.L.R., tiene dentro un enorme sensor, de 21.5 x 14.4 mm.

Las fotos que saca son espectaculares. El detalle y el color son increíbles; permite imitar el truco de los profesionales de desdibujar cualquier parte de la foto (fondo o frente) mientras se mantiene el objetivo en perfecto foco.

Pero obviamente la R1 no puede todo lo que puede una cámara grande. La lente, por ejemplo, aunque de excelente calidad, no se puede quitar y cambiar para una telefoto, una macro o una de ángulo amplio. La rotación de la pantalla también deja algo que desear.

En el supuesto caso de que no mucha gente decida ahora que las grandes novedades incluidas en este nuevo hallazgo tecnológico no valen la inversión de US$ 1.000, probablemente sí compren una hija o nieta de esta criatura en el 2008 ó 2010. Lo verdaderamente novedoso de la R1 es la modificación radical del diseño y la inclusión de un chip de baja potencia que genera fotografías realmente brillantes. Eso sí ha llegado para quedarse.

Hasta la llegada de la R1, las cámaras digitales se dividían en dos categorías: modelos compactos y de digitalización S.L.R. (single-lens-reflex). Las compactas son maravillosas porque son baratas, convenientes y prácticas. Pero las cámaras de digitalización S.L.R., como la Canon Digital Rebel y la Nikon D50, sacan fotografías infinitamente superiores. El sensor de luz que traen esos modelos más voluminosos es gigantesco: 10 veces el tamaño de los sensores corrientes de las compactas. Con ellas se obtiene más detalle, color más fiel y menos imperfecciones con poca luz.

Pero por su diseño, no se puede enmarcar las tomas en la pantalla de la cámara. Como en una compacta, donde la pantalla muestra la foto antes de tomarla. En una digital S.R.L. la pantalla permanece oscura mientras se toma la foto y no se usa más que para visualizar las fotos tomadas.

¿Por qué una cámara con sensor grande no puede también ofrecer una pantalla con vista previa? La culpa la tiene el tamaño del sensor. Sony se dispuso a solucionar ese problema. La primera prioridad que se puso fue el rediseño completo del sensor teniendo en cuenta consideraciones de calor y de potencia. La cámara resultante, la R1, es un híbrido. Como una compacta, su pantalla muestra en directo la foto mientras la saca. Pero como una S.L.R., tiene dentro un enorme sensor, de 21.5 x 14.4 mm.

Las fotos que saca son espectaculares. El detalle y el color son increíbles; permite imitar el truco de los profesionales de desdibujar cualquier parte de la foto (fondo o frente) mientras se mantiene el objetivo en perfecto foco.

Pero obviamente la R1 no puede todo lo que puede una cámara grande. La lente, por ejemplo, aunque de excelente calidad, no se puede quitar y cambiar para una telefoto, una macro o una de ángulo amplio. La rotación de la pantalla también deja algo que desear.

En el supuesto caso de que no mucha gente decida ahora que las grandes novedades incluidas en este nuevo hallazgo tecnológico no valen la inversión de US$ 1.000, probablemente sí compren una hija o nieta de esta criatura en el 2008 ó 2010. Lo verdaderamente novedoso de la R1 es la modificación radical del diseño y la inclusión de un chip de baja potencia que genera fotografías realmente brillantes. Eso sí ha llegado para quedarse.

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