Inalámbricos inteligentes, nuevo objetivo de virus y gusanos

Al déficit de atención y servicio que los celulares sufren en países como Argentina se suman –en economías centrales- ataques de gusanos. Su peor efecto: el usuario recibe facturas astronómicas y muchos prestadores no hacen nada.

25 octubre, 2005

En Estados Unidos y Gran Bretaña hay un truco habitual. El abonado anda de viaje y, en la pantallita del celular, recibe un mensaje ofreciéndole descargar el programa “commonwarrior”. Muchos empiezan rechazando la oferta, hasta que finalmente ceden, porque el mensaje se repite hasta el hartazgo. A pocos se les ocurre apagar el aparato y hacer su vida (tal es la influencia de un marketing compulsivo hasta la neurosis).

Al rato, el usuario descubre que su inalámbrico dispara ofertas de videojuegos violentos y pornografía a los números de su propia agenda Convencida de hallarse ante un virus, la víctima intenta anular la función de mensajería, pero el gusano ya se reactiva por sí mismo.

Casos como ése subrayan la creciente amenaza de softwares malévolos, diseñados para atacar celulares (¿también para elevar la facturación de las compañías prestadoras?). Se teme que este tipo de virus sea más frecuente a medida como los dispositivos inalámbricos sean “más” inteligentes y sus usuarios más pasivos. O sea, se procesen correos electrónicos vocales, accedan a Internet y bajen programas. Bien visto, el gusano parece afectar más a los “adictos” a funciones de entretenimiento.

Dos series de virus, “skull” (calavera) y “cabir” se propagan en varias formas. El segundo aprovecha la tecnología Bluetooth. En teoría, ésta cuenta con un mecanismo defensivo que pregunta si se desea recibir programas externos. Pero los gusanos lo burlan disfrazándose de videojuegos o son tan insistentes que los usuarios psicológicamente vulnerables –o sea, los jóvenes- acaban aceptándolos.

Según analistas ajenos a empresas que hacen negocio vendiendo efímeros antivirus, los gusanos detectados hasta fin de septiembre oscilan de treinta a noventa, dependiendo de cómo se los defina. En Latinoamérica, hasta ahora no se han difundido mucho; por ejemplo, Movistar (grupo español Telefónica) afirma no haberlos detectado .

Algunos se consuelan porque, al parecer, los programadores malévolos “son adolescentes aficionados”, como señala Secure, una firma finesa especialista. Es como decir que una pistola mata menos si la dispara un muchacho.

Con esa misma concepción, las empresas inalámbricas en EE.UU., Japòn o la Unión Europea restan importancia a la amenaza: tanta facturación extra las seduce en tiempos de feroz competencia. Por de pronto, la consultora Yankee Group estima que los 60 millones de teléfonos inteligentes existentes en el mundo a mediados de año llegarán a más de 300 millones hacia 2009. Son hoy 3% del universo inalámbrico, pero igual es un montón.

En Estados Unidos y Gran Bretaña hay un truco habitual. El abonado anda de viaje y, en la pantallita del celular, recibe un mensaje ofreciéndole descargar el programa “commonwarrior”. Muchos empiezan rechazando la oferta, hasta que finalmente ceden, porque el mensaje se repite hasta el hartazgo. A pocos se les ocurre apagar el aparato y hacer su vida (tal es la influencia de un marketing compulsivo hasta la neurosis).

Al rato, el usuario descubre que su inalámbrico dispara ofertas de videojuegos violentos y pornografía a los números de su propia agenda Convencida de hallarse ante un virus, la víctima intenta anular la función de mensajería, pero el gusano ya se reactiva por sí mismo.

Casos como ése subrayan la creciente amenaza de softwares malévolos, diseñados para atacar celulares (¿también para elevar la facturación de las compañías prestadoras?). Se teme que este tipo de virus sea más frecuente a medida como los dispositivos inalámbricos sean “más” inteligentes y sus usuarios más pasivos. O sea, se procesen correos electrónicos vocales, accedan a Internet y bajen programas. Bien visto, el gusano parece afectar más a los “adictos” a funciones de entretenimiento.

Dos series de virus, “skull” (calavera) y “cabir” se propagan en varias formas. El segundo aprovecha la tecnología Bluetooth. En teoría, ésta cuenta con un mecanismo defensivo que pregunta si se desea recibir programas externos. Pero los gusanos lo burlan disfrazándose de videojuegos o son tan insistentes que los usuarios psicológicamente vulnerables –o sea, los jóvenes- acaban aceptándolos.

Según analistas ajenos a empresas que hacen negocio vendiendo efímeros antivirus, los gusanos detectados hasta fin de septiembre oscilan de treinta a noventa, dependiendo de cómo se los defina. En Latinoamérica, hasta ahora no se han difundido mucho; por ejemplo, Movistar (grupo español Telefónica) afirma no haberlos detectado .

Algunos se consuelan porque, al parecer, los programadores malévolos “son adolescentes aficionados”, como señala Secure, una firma finesa especialista. Es como decir que una pistola mata menos si la dispara un muchacho.

Con esa misma concepción, las empresas inalámbricas en EE.UU., Japòn o la Unión Europea restan importancia a la amenaza: tanta facturación extra las seduce en tiempos de feroz competencia. Por de pronto, la consultora Yankee Group estima que los 60 millones de teléfonos inteligentes existentes en el mundo a mediados de año llegarán a más de 300 millones hacia 2009. Son hoy 3% del universo inalámbrico, pero igual es un montón.

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