Impresión digital, un llamado a la mesura

Para los ejecutivos de empresas, separar verdaderos avances tecnológicos del entusiasmo y la expresión de deseos que generan es algo que requiere un estudio cuidadoso. Un trabajo publicado por Tim Laseter y Jerey Hutchison fue preparado especialmente para aplacar los entusiasmos sobre la impresión en 3D.

28 noviembre, 2013

 Tal vez el mejor ejemplo de una innovación cuyo bombo puede oscurecer la sustancia es la impresión en 3D. Cada día son más los que dicen que la impresión en 3D (también llamada impresión digital) va a transformar drásticamente la industria de la manufactura. Un informe de Motley Fool, asesoría en inversiones, llegó a decir en septiembre 2013 que la nueva tecnología “cerrará 112.000 fábricas chinas e inaugurará la revolución industrial del siglo 21 en Estados Unidos. Aplicando una serie de probadas herramientas de predicción—con todos los riesgos que, reconocen, implica predecir el futuro – los autores tratan de esclarecer algunas ideas con relación a la aplicación práctica de la nueva tecnología. Es indudable que esta nueva aimpresión ofrece un nuevo modelo de manufactura. Elimina la necesidad de herramientas caras y personalizadas.

 

Y, como un método de manufactura que suma y no que resta, usa menos material. El costo de las impresoras digitales sigue bajando; hay start-ups que ya están ofreciendo a los aficionados versiones por menos de US$ 250. Pero como lo demuestran los análisis de pronósticos tecnológicos que realizaron, la impresión en 3D no va a ocupar el lugar de la fábrica en un futuro cercano. El argumento para desplazar a los trabajadores chinos surge de una dudosa suposición: que aunque la impresión en 3D permite la producción en pequeña escala en el punto de necesidad – una pieza plástica podría imprimirse en un hogar o en una oficina – las tecnologías tradicionales siguen ofreciendo economías de escala a través de la producción masiva.

Además, por más barata que se vuelva una impresora 3D, una planta de manufactura seguirá ofreciendo economías de escala en las materias primas para imprimir el artefacto. Las impresoras digitales consumen plásticos que cuestan aproximadamente 84 centavos por pulgada cúbica, muchísimo más del costo de un producto plástico terminado en una fábrica estándar en cualquier parte del mundo. Los consumidores hogareños nunca van a conseguir plástico para su impresorq 3D a un precio realmente competitivo. Los artículos caseros ofrecen un lindo hobby, pero una alternativa práctica a los bienes de producción masiva. Dicho esto, aunque el pronóstico de los analistas para la impresión en 3D no sugiere un cambio sísmico en los paradigmas fundamentales de la manufactura, puede igualmente tener un efecto profundo en la ubicación de la producción y en los modelos de negocios para ciertos artefactos.

Los defensores de la impresión en 3D deberían concentrarse en cómo la manufactura aditiva podría ofrecer valor en determinados nichos. Por ejemplo, la European Aeronautic Defense and Space Company NV ya usó esta tecnología para fabricar remotamente vehículos aéreos controlados que brindan mayor fortaleza a menos peso que lo que la compañía había conseguido lograr con cualquier otro método de fabricación hasta la fecha, debido a su capacidad para imprimir toda el ala en lugar de ensamblar componentes.

Construir todas las partes simultáneamente – o transformar múltiples parte en una sola – resulta en un ensamblado final que es menos susceptible a errores y que a veces directamente elimina el paso del ensamblado.

Tal vez la aplicación industrial más prometedora a mediano plazo implique la producción e inventariado de repuestos. Por ejemplo, la NASA está explorando impresión en 3D para hacer repuestos y herramientas a bordo de la Estación Espacial Internacional. Eso podría ser importante en casos de un inventario con muy poco movimiento, como las herramientas o los repuestos únicos. O sea, llevar todas las herramientas necesarias para trabajar en cada elemento en la estación espacial o un repuesto para todos los elementos no críticos necesitaría demasiado espacio, mucho más que una sola impresora.

Y, aunque la mayoría de las aplicaciones seguirán siendo de nicho, las impresoras digitales pueden generar nuevos negocios gracias a su capacidad para compartir diseños digitales. Los diseños exitosos terminarán en la producción masiva.

Optimismo sin bombo

Aunque sobre la base de sus análisis, los autores no compran todo el bombo que rodea a esta nueva tecnología, admiten su potencial para generar cambios por varias razones. Una, aunque la impresión digital no va a alterar la estructura fundamental de la manufactura global, tal vez pueda ayudar a cerrar la brecha digital y crear nuevas oportunidades para manufactura. Una impresora digital barata y compartida podría permitir a los residentes de un pueblo remoto imprimir herramientas, repuestos y hasta aparatos médicos.

Además, algunos investigadores imaginan la creación de órganos de reemplazo con las propias células de un paciente. Obviamente que como la impresión de células vivas, orgánicas es algo muy diferente de fabricar piezas de ajedrez con plástico o metal, eso requerirá un nivel mucho mayor de sofisticación. Finalmente, aunque sean poco probables en el futuro cercano, grandes avances en nano-tecnología o en la capacidad para crear las materiales necesarios para imprimir digitalmente a partir de desechos hogareños reciclados podrían cambiar completamente los desequilibrios económicos. Podríamos terminar viviendo en un mundo donde las fábricas que producen bienes masivos se vuelvan obsoletas, porque porque se los podrá producir en los hogares. Pero eso no ocurrirá en un futuro previsible.

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