¿Están más cerca las telcos de brindar entretenimiento?

Las operadoras de telecomunicaciones procuran, desde hace años, escaparle al destino que más temen: no poder nunca dejar de ser proveedoras de grandes cañerías bobas que otros usen para vender los servicios que los consumidores más valoran.

22 octubre, 2003

No falta mucho ya para que señales de video con la misma calidad de la
televisión emanen de muchas de las líneas que se han ido instalando
para brindar acceso a internet de alta velocidad. Las redes necesarias para transportar
esos servicios comienzan a concordar y las tecnologías para aprovechar
el poder de las redes están madurando a toda velocidad.

En modo alguno quiere decir esto que los transportadores de telecomunicación
estén cerca de acertar con los modelos de negocios que les permita desafiar
a los gigantes de la televisión de cable y satelital. Pero el final de
esta batalla va a depender de que encuentren un mercado masivo para nuevos servicios
que aprovechen el medio interactivo.

Sin embargo, el costoso esfuerzo de convertir video interactivo en un servicio
que compita con la tradicional TV multicanal va a dejar muchas víctimas
por el camino.

Sueños como éste de convergencia tecnológica se convirtieron
en el pasado en pesadillas para la industria de telecomunicaciones. Al principio
de los ´90 se hablaba de la superautopista informática, un conducto de
banda ancha interactivo que – se decía — permitiría a las transportadoras
de telecomunicaciones convertirse en grupos de entretenimiento y convertiría
a los televisores en centros de compras. Se firmaron entonces joint ventures
entre empresas de comunicaciones y creadores de entretenimiento como Walt Disney.

Pero la superautopista era un proyecto demasiado ambicioso. Además de
su inmenso costo, la tecnología no podía manejar el inmenso tráfico
digital.

A diez años de eso, otra vez las telcos se entusiasman con irrumpir
en el negocio del entretenimiento. Detrás de este optimismo están
las redes de banda ancha basadas en tecnología DSL (digital subscriber
line
). El DSL ya ha conseguido suficientes abonados como para tentar a quienes
la proveen a probar con nuevos servicios. Además, las otras tecnologías
que hacen falta para aprovechar a fondo esas redes ya comienzan a armar el rompecabezas.

Todavía no está claro qué tecnología se convertirá
en el estándar sobre el cual se construyan los servicios de video interactivo.
Las empresas de cable y de televisión satelital que han construido sus
redes digitales sobre el estandar MPEG 2, están considerando adoptar
una nueva versión conocida como MPEG 4.

Pero aquí también Microsoft ha dado una sorpresa. El mes pasado
sacó su propia tecnología de compresión, que llamó
Windows Media Serie 9, dos veces más eficiente que el MPEG 4, según
ellos.

La irrupción de Microsoft provoca escalofríos en la industria
de la televisión paga, motivo por el cual Bill Gates minimiza la posible
influencia de su tecnología en la televisión interactiva.

No falta mucho ya para que señales de video con la misma calidad de la
televisión emanen de muchas de las líneas que se han ido instalando
para brindar acceso a internet de alta velocidad. Las redes necesarias para transportar
esos servicios comienzan a concordar y las tecnologías para aprovechar
el poder de las redes están madurando a toda velocidad.

En modo alguno quiere decir esto que los transportadores de telecomunicación
estén cerca de acertar con los modelos de negocios que les permita desafiar
a los gigantes de la televisión de cable y satelital. Pero el final de
esta batalla va a depender de que encuentren un mercado masivo para nuevos servicios
que aprovechen el medio interactivo.

Sin embargo, el costoso esfuerzo de convertir video interactivo en un servicio
que compita con la tradicional TV multicanal va a dejar muchas víctimas
por el camino.

Sueños como éste de convergencia tecnológica se convirtieron
en el pasado en pesadillas para la industria de telecomunicaciones. Al principio
de los ´90 se hablaba de la superautopista informática, un conducto de
banda ancha interactivo que – se decía — permitiría a las transportadoras
de telecomunicaciones convertirse en grupos de entretenimiento y convertiría
a los televisores en centros de compras. Se firmaron entonces joint ventures
entre empresas de comunicaciones y creadores de entretenimiento como Walt Disney.

Pero la superautopista era un proyecto demasiado ambicioso. Además de
su inmenso costo, la tecnología no podía manejar el inmenso tráfico
digital.

A diez años de eso, otra vez las telcos se entusiasman con irrumpir
en el negocio del entretenimiento. Detrás de este optimismo están
las redes de banda ancha basadas en tecnología DSL (digital subscriber
line
). El DSL ya ha conseguido suficientes abonados como para tentar a quienes
la proveen a probar con nuevos servicios. Además, las otras tecnologías
que hacen falta para aprovechar a fondo esas redes ya comienzan a armar el rompecabezas.

Todavía no está claro qué tecnología se convertirá
en el estándar sobre el cual se construyan los servicios de video interactivo.
Las empresas de cable y de televisión satelital que han construido sus
redes digitales sobre el estandar MPEG 2, están considerando adoptar
una nueva versión conocida como MPEG 4.

Pero aquí también Microsoft ha dado una sorpresa. El mes pasado
sacó su propia tecnología de compresión, que llamó
Windows Media Serie 9, dos veces más eficiente que el MPEG 4, según
ellos.

La irrupción de Microsoft provoca escalofríos en la industria
de la televisión paga, motivo por el cual Bill Gates minimiza la posible
influencia de su tecnología en la televisión interactiva.

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