En un mundo cambiante, la tecnología gana en imagen

Su rol es protagonista central del mundo que viene. Con la distancia física como norma, todas las interfaces sociales están siendo rediseñadas.

17 septiembre, 2020

Luego de transitar largamente el año en el que virus ha golpeado al planeta, hay algo que tenemos bastante claro: mientras la infección sea una posibilidad y la vacunación no haya alcanzado a la mayoría de la población, el mundo no será el mismo.

La distancia social seguirá siendo la norma por largo tiempo y es necesario rediseñar las interfaces que hasta hoy hemos construido en función de este mundo, según la consultora Trendsity.

Las instituciones, los espacios públicos, el ocio, la educación o el trabajo. No parecen solo unos meses, por el momento, el mundo que nos espera se parece bastante a lo que hemos vivido en este 2020.

En este contexto, la tecnología y la conectividad han tomado un rol preponderante como posibilitadores, facilitadores, mediadores y garantes de la comunicación entre las personas, del desempeño del trabajo y/o el estudio, de la continuidad de muchas rutinas, y también del entretenimiento. Se trata de un vínculo que ha ganado claramente en atributos positivos, con grandes chances de haber conquistado espacios a futuro.

De acuerdo con un estudio de Trendsity, el 88% considera que la conexión a Internet es un servicio de necesidad y 7 de cada 10 reconoce que no podría transitar ni haber transitado esta cuarentena sin conexión a Internet.

Durante el aislamiento se desdibujan cada vez más las fronteras entre online y lo offline.

“La vida cotidiana es sólo una, integrada, se valoriza la conexión social, la simplificación de procesos y la gran capacidad de la tecnología de poder sostener actividades que de otra manera serían inviables, desde el trabajo al estudio a las compras, pasando por la conexión social y el entretenimiento. Se han acelerado mucho algunos aspectos, se han integrado nuevos participantes entre los adultos mayores por ejemplo, y definiendo algunos hábitos que posiblemente hayan llegado para quedarse.

El impacto de la cuarentena ha resultado en una mayor dependencia y valoración de la conexión online, que aparece de esta manera como un “sustituto”de las conexiones reales.

Para casi 8 de cada 10 resulta evidente la importancia de Internet y las telecomunicaciones en nuestra vida cotidiana.

“No es posible ya para la población pensarse desconectada, y la caída de la conectividad equivale a caos, imposibilidad, parálisis, soledad, aislamiento”, aclara Mariela Mociulsky.

Un aspecto interesante en este contexto es que la tecnología aparece también como impulsora de la creatividad, permite descubrir nuevas habilidades e inspirarse, es decir, se liga a lo placentero y no solamente los beneficios funcionales.

“Cabe señalar que este vínculo con la tecnología es muy apreciado y valorizado sobre todo en el segmento senior, que en muchos casos capitalizaron aprendizajes que les permitieron mantenerse activos y conectados”, aclara Mociulsky.

Respecto de los niños -aún a sabiendas de que durante este tiempo no es el mejor para “prohibir” su uso- persiste la sensación de riesgo en el uso de la tecnología por parte en los padres de niños pequeños o adolescentes, “es decir, según nuestros estudios el debate no desaparece, existe un temor a la dependencia / adicción”, aclaran desde Trendsity.

De todas maneras, existe cierto hartazgo de las pantallas, una sensación que cruza las generaciones: desde ya no es lo mismo pensar la interfaz tecnológica para algunos usos, o que se convierta en la única interfaz de comunicación con el mundo exterior.

Por último, es pertinente observar todas las posibilidades que aún se abren para las interfaces tecnológicas y los negocios derivados de ellos en un mundo que no recobrará la normalidad por bastante tiempo.

“Basta pensar aspectos que venimos siguiendo desde nuestro Observatorio de Tendencias acerca de la casa “techie” (todo el equipamiento tecnológico que le da confort al hogar para hacerlo lugar de estudio y trabajo, donde se seguirá pasando mucho más tiempo), en paralelo a todas las consecuencias derivadas de los cambios en grandes industrias como el entretenimiento o la gastronomía, la indumentaria o el maquillaje que necesitarán si o si de mayor tecnología para mediar el vínculo con el consumidor.

 

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