Avanza indetenible la revolución biológica

Permite imaginar un mundo donde la carne se produce sin animales, el tejido humano se modifica para curar enfermedades hasta ahora incurables y los cultivos se vuelven resistentes al cambio climático.

La convergencia de los avances en computación, automatización e inteligencia artificial está produciendo una nueva ola de innovaciones comparables a las derivadas de la revolución digital.

Pero si no se ejerce un férreo control, los riesgos de algunas tecnologías podrían ser mayores que los posibles beneficios. Las tecnologías fundacionales que podrían hacer todo esto posible ya existen.

El abaratamiento del secuenciamiento del ADN profundizó el conocimiento sobre el funcionamiento de la biología y ya hay herramientas que se están usando para recodificar la biología y tratar enfermedades o hacer que los cultivos sean menos vulnerables al cambio climático. Esto es lo que se llama biorrevolución.

Gracias a las múltiples bio innovaciones recientes la ciencia pudo llegar más rápido a los ensayos clínicos que permitieron introducir vacunas contra el coronavirus en tiempo récord, encontrar terapias efectivas e investigar los patrones de transmisión del virus.

Ya hay muchas aplicaciones que son científicamente viables hoy y que podrían crear un impacto económico directo de US$ 2 a 4 billones en los próximos 10 a 20 años en sectores que van desde la salud hasta la agricultura y la manufactura textil.

Un informe realizado por Matthias Evers y Michael Chui en colaboración con el McKinsey Global Institute estima que las bio innovaciones podrían aliviar entre 1% y 3% del total de la carga global de enfermedades en los próximos 10 a 20 años – lo que más o menos equivale a eliminar la carga global del cáncer de pulmón, de mama y de próstata combinados.

Con el tiempo, si se logra todo el potencial, 45% de la carga global de enfermedades podría atenderse usando ciencia que ya es concebible hoy.

Hasta 60% de los insumos físicos de la economía global actual son biológicos (como la madera para la construcción o los animales para alimentación) y no biológicos (como el cemento o el plástico) y ambos podrían ser producidos usando biología. El nylon ya se puede hacer usando levadura modificada en lugar de petroquímicos.

Ya se está haciendo “cuero” con raíces de hongos y con bacterias se ha obtenido un tipo de cemento. Esta biorrevolución tiene el potencial de ser tan transformadora como la revolución digital que la precedió. Muchas empresas ya advierten ese potencial: para 2018 la inversión en una nueva generación de tecnologías biológicas ya había crecido a más de US$ 20.000 millones.

Cambio sustancial en alimentos

La biorrevolución podría cambiar totalmente el negocio de los alimentos con proteínas creadas a partir de plantas y con carne cultivada en laboratorios y, cuando logren popularidad, reducirán las emisiones de gases de invernadero generadas por la deforestación y la cría de ganado. Un estudio descubrió que la carne cultivada podría reducir las emisiones de CO2 en 80% frente a las generadas por la producción convencional de carne si toda la energía usada en la manufactura proviniera de fuentes libres de carbono.

Tanto carne como pescados y mariscos se obtienen usando tecnología de tejido cultivado, un proceso de laboratorio en el cual se crean in vitro células animales. Los productores todavía tienen el enorme desafío técnico de encontrar una manera económica de cultivar células.

Como la revolución digital, la revolución biológica viene con riesgos, pero de una magnitud mucho mayor. Si los ciudadanos ya tienen reparos en que alguien obtenga y guarde los datos sobre sus hábitos de compra, mucha más preocupación les generará la posibilidad de que ese almacenamiento se haga con sus datos genéticos. Se trata de datos mucho más personales.

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