¿Adiós a la intimidad? Ya hay teléfonos capaces de burlarla

Gracias a otro avance en materia de tecnología inalámbrica, aparecen nuevos problemas. ¿Desea el abonado que amigos, cónyuges o acreedores lo ubiquen por celular a cualquier hora? ¿quiere saber dónde están otros?

23 octubre, 2007

El servicio tiene sus bondades. Los padres pueden emplear el sistema de posición global (SPG), incorporado vía microprocesadores, para buscar telefónicamente a sus hijos. A su vez, para jóvenes adictos a compartir cualquier cosa por internet, Loopt o Buddy beacon son una mejora “natural”.

Samuel Altman, cofundador del primero, lo concibió a principios de 2005. “En una sala universitaria –relata-, doscientos estudiantes estaban pegados al celular, sólo para saber dónde estaba o qué hacía cada interlocutor. Los chicos enloquecen por comunicarse”. Pero estos servicios implican un problema nuevo: si el sistema SPG hace arduo perderse, la misma tecnología dificulta también ocultarse. Esta dicotomia viene siendo explotada desde hace años por varias series policiales de TV.

“Hay cambios masivos en la sociedad virtual –no en la real-, particularmente entre jóvenes que se sieten a gusto compartiendo información prosaica con otros”, explica Kevin Bankston, abogado en la fundación Fronteras Electrónicas. “Entramos en una fase donde la gente se espía entre sí, pero hay riesgos a la privacidad que aún no hemos justipreciado”.

Por cierto, muchas situaciones no son claras. ¿Qué sucede si una esposa quiere momentos de soledad y apaga el celular? ¿no se preguntará el marido por qué cuernos lo hace? ¿y si un jefe obliga a sus empleados a usar el servicio para no perderles pisada? Estas preguntas ya se formulan en un mercado incipiente, cuyos usuarios aún se cuentan por cientos de miles, no millones.

Por de pronto, 55% de celulares vendidos en Estados Unidos contienen tecnología que posibilita servicios tipo SPG. Hasta ahora, empero, son populares mayormente entre alumnos secundarios y terciarios. Pero hay gente que los usa para otros propósitos. Altman pone de ejemplo un cliente de Loopt que lo emplea para rastrear un familiar con Alzheimer. Helio, un servicio que ofrece Buddy beacon, confiesa que varios pequeños empresarios lo dedican a vigilar empleados.

Los usuarios pueden apagar el servicio, claro, y tornarse invisibles para su entorno social. Sin embargo, la función SPG determina que la ubicación del abonado no sea un misterio absoluto. “Existe un componente estilo Hermano grande, el de George Orwell o Aldous Huxley”, apunta Charles Golvin, analista en la consultoría especializada Forrester Research. “Si mis amigos pueden ubicarme, la telefónica también”. Y los acreedores y un cónyuge desairado y el FBI y la CIA…

El servicio tiene sus bondades. Los padres pueden emplear el sistema de posición global (SPG), incorporado vía microprocesadores, para buscar telefónicamente a sus hijos. A su vez, para jóvenes adictos a compartir cualquier cosa por internet, Loopt o Buddy beacon son una mejora “natural”.

Samuel Altman, cofundador del primero, lo concibió a principios de 2005. “En una sala universitaria –relata-, doscientos estudiantes estaban pegados al celular, sólo para saber dónde estaba o qué hacía cada interlocutor. Los chicos enloquecen por comunicarse”. Pero estos servicios implican un problema nuevo: si el sistema SPG hace arduo perderse, la misma tecnología dificulta también ocultarse. Esta dicotomia viene siendo explotada desde hace años por varias series policiales de TV.

“Hay cambios masivos en la sociedad virtual –no en la real-, particularmente entre jóvenes que se sieten a gusto compartiendo información prosaica con otros”, explica Kevin Bankston, abogado en la fundación Fronteras Electrónicas. “Entramos en una fase donde la gente se espía entre sí, pero hay riesgos a la privacidad que aún no hemos justipreciado”.

Por cierto, muchas situaciones no son claras. ¿Qué sucede si una esposa quiere momentos de soledad y apaga el celular? ¿no se preguntará el marido por qué cuernos lo hace? ¿y si un jefe obliga a sus empleados a usar el servicio para no perderles pisada? Estas preguntas ya se formulan en un mercado incipiente, cuyos usuarios aún se cuentan por cientos de miles, no millones.

Por de pronto, 55% de celulares vendidos en Estados Unidos contienen tecnología que posibilita servicios tipo SPG. Hasta ahora, empero, son populares mayormente entre alumnos secundarios y terciarios. Pero hay gente que los usa para otros propósitos. Altman pone de ejemplo un cliente de Loopt que lo emplea para rastrear un familiar con Alzheimer. Helio, un servicio que ofrece Buddy beacon, confiesa que varios pequeños empresarios lo dedican a vigilar empleados.

Los usuarios pueden apagar el servicio, claro, y tornarse invisibles para su entorno social. Sin embargo, la función SPG determina que la ubicación del abonado no sea un misterio absoluto. “Existe un componente estilo Hermano grande, el de George Orwell o Aldous Huxley”, apunta Charles Golvin, analista en la consultoría especializada Forrester Research. “Si mis amigos pueden ubicarme, la telefónica también”. Y los acreedores y un cónyuge desairado y el FBI y la CIA…

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