Trump prácticamente le declaró la guerra a Irán

Con el asesinato del general iraní, el conflicto entre Estados Unidos e Irán parece inevitable.

El presidente Donald Trump viene repitiendo una y otra vez que no desea una guerra con Irán. Pero con la muerte del general Qassem Soleimani sobre sus espaldas crece la probabilidad de conflicto. Según Maximilian Popp en su columna de la revista alemana Spiegel, es el resultado de una política exterior a base de instintos y totalmente carente de expertos.

 

Trump lo hace todo diferente. Usa acuerdos en lugar de alianzas, presión en lugar de estrategia. Es una manera desafortunada de conducir la política exterior. Se deshizo de los expertos en el Departamento de Estado y descartó las herramientas de la diplomacia: negociaciones, toma y daca y consideración de los intereses de ambas partes. Su principio rector siempre fue la disrupción. Afirmaba que podía resolver conflictos con su carisma y su imaginación.

 

Pero la disrupción no sirve en la política global. El martes uniformados chiitas atacaron la embajada norteamericana en Bagdad, a petición de Irán. El jueves Estados Unidos respondió matando al comandante de la fuerza Qud iraní, Quassem Soleimani en una ataque de misil en Bagdad. Soleimani era considerado el segundo hombre más importante en Irán y su asesinato es técnicamente una declaración de guerra.

 

Casi en el mismo momento el dictador norcoreano Kim Jong Un amenazó con realizar una nueva prueba de armas nucleares. Las dos crisis que Trump había prometido contener son ahora más graves y más amenazadoras de lo que nunca fueron.

 

El asesinato de Soleimani es el colmo de los caprichos de Trump, dice Popp. La estrategia de cambiar repentinamente de dirección, de amenazar y atacar por sorpresa no logró rescatar a Estados Unidos del embrollo Irak-Irán-Siria. Washington siguió viéndose arrastrado a los conflictos en Medio Oriente. Desde que Estados Unidos, bajo el liderazgo de Trump, se abrió del tratado nuclear con Irán, Teherán cambió su dirección. Respondió a la política de máxima presión con provocaciones, como la de atacar instalaciones norteamericanas en Medio Oriente. El régimen iraní esperaba que de esa forma obligaría a Estados Unidos a regresar a la mesa de negociaciones.

 

Ahora los ataques recíprocos podrían conducir a una catástrofe. Es imposible pensar que Teherán va a dejar pasar el asesinato de un hombre considerado héroe nacional y luchador revolucionario. Trump ha dicho que no le interesa ir a la guerra, pero su curso de acción se dirige exactamente a ese punto.

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