La euforia no se justifica

¿Por qué esta vez sería diferente?

Se insiste con el multiplicador keynesiano de que un mayor gasto público implicará mayor crecimiento y más recaudación, que hará caer el déficit fiscal.

18 noviembre, 2020

Por: Javier Gerardo Milei (*)

Es un error técnico: se usó en el país en 109 de los últimos 119 años, y de ser los más ricos del mundo se pasó al puesto 70 y en caída libre.

Después de casi ocho meses de negociación, el país pudo alcanzar un acuerdo con un grupo mayoritario de tenedores de títulos públicos con legislación de Nueva York para salir del default, en el que había caído en abril y que, de no ser por las negociaciones, podría haber implicado el inicio de un litigio que hubiera gatillado las condiciones de cross default y así acelerar el pago de todas las series haciendo que la salida se tornara mucho más dolorosa para los argentinos.

En éste sentido, la noticia es positiva, ya que implicará una caída en el riesgo país, y, con ello, la discrepancia entre ahorro interno e inversión será menor, permitiendo así una recuperación en el nivel de actividad y del empleo.

Sin embargo, el evento no es justificativo para un estado de euforia. Por un lado, por el simple hecho de que se trata de un arreglo por un monto de US$ 68.000 millones de un total de 323.000 millones de deuda. Por otra parte, la extensión de los plazos, la reducción de intereses del 7% al 3,1% y una quita de capital del 2%, con una tasa de salida del 10%, implicó una quita en valor presente del 45% (US$ 55 por cada US$ 100), por lo que la oferta no sólo está en línea con las exigencias de los acreedores desde inicios de la negociación, cuando el gobierno ofrecía US$ 39, sino que implicó una enorme pérdida de tiempo.

A su vez, la reestructuración que se ha alcanzado implica un alivio financiero hasta el 2025 por US$ 42.500 millones, dato que se reduce a US$ 37.700 millones si se lo mide en 2030 y a US$ 10.600 millones si se lo proyecta a 2046, lo cual muestra la reasignación de pagos en el tiempo, aliviando la carga financiera muy especialmente en los primeros cinco años.

Ahora, una vez alcanzado este acuerdo, el gobierno ha iniciado la negociación con el FMI y los organismos multilaterales de crédito por un monto total de US$ 70.000 millones.

En este sentido, el gobierno, para poder conseguir una mejora de plazos con los multilaterales, debería alcanzar un acuerdo de facilidades extendidas con el FMI.

El problema es que dicho acuerdo implica realizar reformas estructurales que la corporación política históricamente se ha negado a realizar, mientras que la carta a favor para el país radica en el peso desproporcionado dentro de la cartera del FMI, lo cual, si endurece su posición, puede llevar a su propia aniquilación.

Riesgos

Casi está de más decir que la estrategia argentina es muy peligrosa, ya que en el fondo ello implica ir en contra de los países miembros del FMI, al tiempo que convertirnos en un paria en el mundo. Lo que abriría las puertas al intento de unos adolescentes tardíos e ignorantes de buscar lograr que el comunismo funcione, algo que siempre ha fallado.

Por último, en materia de deuda, está la intra-sector público por un monto de US$ 130.000 millones. La deuda en cuestión es esencialmente con la ANSES y el BCRA, la cual suele ser, incorrectamente, desestimada en los análisis de repago de las obligaciones. Esto es, que en la consolidación total de las cuentas del Estado, la deuda entre miembros desaparezca, la deuda de la ANSES con los jubilados y la del BCRA con los argentinos que tienen pesos en el bolsillo no se eliminan.

Sería castigar la deuda con ANSES que destruye las jubilaciones futuras, mientras que el daño sobre la deuda al BCRA eleva al nivel de precios de largo plazo, lo cual implica una mayor tasa de inflación durante la transición.

Finalmente, más allá, de todas estas cuestiones sobre la dimensión de la deuda, vale la pena aclarar que el ministro Martín Guzmán, durante el anuncio del acuerdo, ha mostrado varios errores técnicos.

Por un lado, señaló que ahora el país está dentro de un sendero sostenible, lo cual es falso, ya que para pagar la deuda es necesario tener resultado primario positivo, lo cual implicaría emprender un ajuste de por lo menos 10% del PIB, al tiempo que manifestó que el ahorro en los intereses permitirá gastar más a los políticos.

Por otro lado, replica el eterno error de creer que mayor gasto público implicará mayor crecimiento y más recaudación que hará caer el déficit fiscal, lo cual no sólo implica abrazar un error teórico, como es el multiplicador keynesiano, sino que la fórmula en cuestión se usó en el país en 109 de los últimos 119 años, y de ser el país más rico del mundo pasamos a 70 y en caída libre.

Por ello ¿hay espacio para creer que ésta vez será diferente?

(*) Economista y autor.

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