miércoles, 22 de abril de 2026

    La confianza que viene de afuera

    En su austera oficina, el ejecutivo español camina y piensa. Se detiene ante el ventanal y observa la marcha de un grupo de manifestantes que avanza por una céntrica avenida de Buenos Aires.


    Hasta ese momento había hablado de las ventajas y las dificultades que encuentran las empresas españolas que operan en la Argentina. Ahora, se detiene frente a su escritorio de roble, enciende su enésimo cigarrillo y dice: “Es tan significativa la confianza que España tiene en la Argentina, que participará directamente del rescate financiero. Y le digo más. Hemos tenido que ir a buscar a los banqueros norteamericanos hasta detrás de las macetas para se sumen al apoyo”.


    El hombre de negocios se refiere al blindaje de US$ 39.700 millones, la masa de dinero aportada para disipar el temor al default argentino.


    Y menciona la cuestión porque pocos días antes, a principios de diciembre, Timothy Geithner, subsecretario de Asuntos Internacionales del Tesoro estadounidense se reunió con la cúpula del equipo que pilotea José Luis Machinea. Y del cónclave surgió que el organismo no haría un aporte directo a la Argentina.


    Mientras tanto, en Madrid, el ministro de Economía español, Rodrigo Rato, informaba que su país comprometía en forma directa US$ 1.000 millones, “como respuesta a un pedido de confianza”.


    España fue, en definitiva, la única nación que participó directamente en la operación de salvataje argentino. Una movida que en el mundo de las finanzas se consideró como “novedosa”. La Madre Patria histórica intervenía y tenía con qué hacerlo.


    La gran expansión


    España inició en 1985 el proceso de expansión económica que la llevó a ocupar un espacio de privilegio en el escenario económico internacional. Para eso tuvo que modificar una estructura económica que la mantenía cerrada al mundo. Puso en marcha una fuerte reconversión industrial, otorgó gran apoyo a las Pymes, a las que Manuel Fraga Iribarne, presidente de la Xunta de Galicia, calificó alguna vez como “el cemento donde fragua y se desarrolla la clase media de un país”, y abrió sus fronteras comerciales. Hoy tiene un Producto Bruto Interno de US$ 552.000 millones, casi 100% superior al argentino ­US$ 283.000 millones­ lo que equivale a un PBI per cápita de US$ 14.000. El desempleo (o paro, como lo denominan los españoles) bajó de casi 20% a mediados de los ´80 a 11,5%, a fines del 2000.


    “Vivimos una gran expansión económica. Pero hace unos 15 años no era así. El aparato económico se reconvirtió y hubo víctimas. Es lo que sucede en la Argentina”, dice Alfredo Noman Serrano, director para América del Sur del grupo Agbar (Aguas de Barcelona) en su oficina, cercana a la city porteña.


    El crecimiento no fue gratuito. “Soportamos una tremenda pérdida de empleo en varios sectores. En todo proceso de apertura hay perdedores, y es preciso asumir el costo social de la transición”, afirma Enrique Manzanares Carbonell, consejero económico y comercial de la embajada española en Buenos Aires. “Pero la mayoría de los españoles reclamaba la apertura y una cierta estabilidad. El ritmo fue gradual. Los perdedores tuvieron oportunidades para reubicar inversiones, reciclarse profesionalmente y conseguir nuevos empleos. Y se desarrolló una política industrial activa, de apoyo a los mejores factores humanos y tecnológicos”.


    El país se abría al mundo y su brújula volvía a marcar un norte que, paradójicamente, estaba en el sur. De la mano del crecimiento económico, España volvía a América latina, y particularmente a la Argentina.


    El mensaje de las cifras


    Entre 1991 y 2000 las inversiones de las empresas españolas en la Argentina superaron los $ 40.000 millones (Gráfico 2), más de 7% de su PBI.


    La cifra surge de un relevamiento de la consultora Human Capital Consulting, realizado sobre la base de los datos surgidos de una encuesta en la que se consultó a las compañías españolas asociadas a la Fucaes (Fundación Cámara Española de Comercio de la República Argentina). En cuanto al destino de los fondos, el sector que se llevó la mayor parte de la torta fue el energético (Gráfico 1).


    En el 2000, la facturación de las empresas españolas radicadas en la Argentina sumó $ 16.526,7 millones, que equivalen a 5,6% del PBI argentino (Gráfico 3). Y en el mismo año pagaron impuestos por $ 5.077,9 millones (Gráfico 4). Se estima que las firmas españolas emplean de manera directa a 69.000 personas. Si se les suman a éstas los contratados y los empleos indirectos, se llega a un total de 180.000 trabajadores. (Gráficos 5 y 6). El salario medio de cada trabajador, según el mismo relevamiento, fue, en 1999, de $ 1.853 mensuales, una cifra que sobresale en la Argentina del siglo XXI (Gráfico 7).


    Historias paralelas


    El grupo Agbar posee 25% de participación en el consorcio ­también integrado por Suez Lyonnaise des Eaux­ que controla Aguas Argentinas desde 1993, cuando ganó la licitación de los servicios hídricos en la capital federal y 17 partidos del Gran Buenos Aires.


    El grupo también desarrolla en la Argentina actividades en manejo de residuos sólidos, seguros de salud y automoción (servicios de verificación vehicular). Desde 1993, ha invertido US$ 280 millones, 60% de los cuales se destinó al servicio de aguas.


    Noman Serrano explica: “Los españoles tenemos una historia paralela a la Argentina. En política económica y social hemos vivido hechos que la Argentina atraviesa ahora. Por lo tanto, lo que sucede aquí nos parece natural”.


    La elección argentina


    Repsol fue una de las primeras empresas españolas que hizo inversiones en la Argentina. Desde el comienzo mismo de la desregulación petrolera adquirió, en asociación con Astra, tres áreas marginales en 1990 (Cerro Overo, Cañadón León y Tres Picos) y un área central en 1991 (Vizcacheras).


    El conocimiento del mercado local le permitió planear negocios de mayor escala en el país, que comenzaron a concretarse en julio de 1996 con la operación que le otorgó el control de Astra, con la adquisición de YPF en 1999 y con las inversiones llevadas a cabo a través de estas dos empresas. Desde 1996 sus inversiones en la Argentina superaron los $ 19.000 millones.


    José María Ranero Díaz, country manager de Repsol-YPF en el país, revela que algunos de los puntos considerados al decidir las inversiones en la Argentina fueron “los abundantes recursos naturales energéticos, un interesante potencial de crecimiento de la demanda, posibilidades de acceso al resto del Mercosur y un entorno apto para los negocios”.


    El ejecutivo observa que, al igual que varias de las compañías españolas más dinámicas, Repsol-YPF ve a América latina y a la Argentina en particular como su fuente principal de crecimiento. Es que la madurez del mercado ibérico ha tornado necesario buscar otras áreas geográficas hacia donde orientar los negocios y América latina, con su similitud cultural y lingüística, constituye una muy buena opción.


    Ranero Díaz considera, además, que “la estabilidad institucional y macroeconómica y las políticas de desregulación y apertura comercial de las cuales la Argentina ha asumido el liderazgo en la región son, por otro lado, las condiciones necesarias para invertir. Pese a las dificultades coyunturales, esta tendencia se mantiene, lo que nos mueve a redoblar nuestra apuesta en el país, por ejemplo, mediante el plan de inversiones en Loma de la Lata”.


    La explotación de este yacimiento demandará una inversión por parte de Repsol-YPF de $ 8.000 millones hasta el 2017, de los cuales $ 3.500 millones se desembolsarán hasta el 2005. El acuerdo fue suscripto en junio pasado en Madrid por Jorge Sobisch, gobernador de Neuquén, y Alfonso Cortina, presidente de Repsol-YPF. Mientras tanto, la empresa puso en marcha en diciembre el proyecto Mega, en el que invirtió $ 470 millones para procesar y comercializar gas natural que será extraído de Loma de la Lata.


    Globalización y cabeza de playa


    Hasta mediados del 2000, el BSCH (Banco Santander Central Hispano, nacido en enero de 1999 de la unión del Santander y el Central Hispano) contaba con US$ 384.000 millones en fondos gestionados y US$ 303.000 millones en activos. Sumaba 24 millones de clientes y operaciones en 37 países.


    En la Argentina, la institución tiene alrededor de 80% de participación en el Banco Río, que en su último ejercicio obtuvo beneficios por alrededor de $ 170 millones. El volumen de depósitos y fondos comunes de inversión alcanzó $ 8.506 millones, lo que le aseguró una cuota de mercado estimada en 8,89%. Y su cartera de préstamos acumula $ 6.314,6 millones. El Río tiene en la Argentina alrededor de un millón de clientes.


    A diferencia de otros presidentes y directores de las empresas españolas que operan en el país, Enrique Cristofani es argentino. Como vicepresidente ejecutivo del Río y country manager del BSCH, cree que el vuelco de España a la Argentina está relacionado con la globalización. “Es un mundo globalizado y el tamaño es esencial. A la hora de crecer, una empresa española se pregunta cuál es el lugar natural para hacerlo. La respuesta es América latina”. El BSCH lleva invertidos en la Argentina unos US$ 2.000 millones.


    “El porqué de las inversiones españolas en la Argentina es complejo. Hay factores culturales que favorecen la tendencia. En lo macroeconómico y social, la Argentina es puntera en América latina, lo que la transforma en cabeza de puente de inversiones en Sudamérica, con España como representante de la Unión Europea. Es razonable que España apueste en América latina y no en Asia o Europa oriental, aunque esto no se excluye”, afirma Angel Cercos Casalé, un economista catalán nacido en Villafranca de Penedés, que es director y gerente general de Cementos Avellaneda, una adelantada que pasó a manos españolas en 1980, antes de la llegada de la inversión fuerte. La sociedad compradora, compuesta por las firmas catalanas Cementos Molins y Corporación Uniland, invirtió US$ 150 millones y desembolsará hasta el 2004 una suma similar.


    Profesionalismo y negocios


    Mapfre también arrancó antes. Llegó al país en 1985, se asoció con la compañía de seguros Aconcagua y luego adquirió 100% de la empresa. Con casa matriz en Madrid ­Mapfre Mutualidad­ la empresa factura US$ 10.000 millones en 38 países, de los cuales US$ 232 millones corresponden a la Argentina, donde ya ha invertido US$ 120 millones.


    Carlos Llaneza Aller es vicepresidente ejecutivo y director general de la compañía. Y para él, la elección argentina está relacionada con razones culturales e históricas. Pero también intervienen, en este caso, factores relacionados con las oportunidades que ofrece el sector. “Una de las razones por las que estamos en la Argentina es que aquí hay mucho por hacer en materia de seguros. Estamos haciendo las cosas bien y podemos demostrar que el negocio puede ser eficiente y exitoso. Pero se necesita rentabilidad”. Luego porteñiza el lenguaje de su León natal y afirma que “sin rentabilidad, es todo verso. Si la hay, hacemos las cosas bien porque somos aseguradores profesionales”, dice el ejecutivo que se instaló en la Argentina en 1993 y que, cuando puede, va con sus dos hijos a ver al club de sus amores: San Lorenzo.


    Luego asegura que en la Argentina “hay una gran oportunidad. Están asegurados 50% de los automóviles y sólo 500.000 casas”.


    Ramiro Val Magallón, director general para Latinoamérica de Prosegur, empresa de vigilancia privada y protección activa, sonríe tímidamente cuando dice que en Buenos Aires se siente “mejor que en Madrid. O, por lo menos, igual”, corrige.


    Cree que España experimentó un gran desarrollo en los últimos 15 años. Y concuerda con Cristofani cuando dice que “debido a la globalización, los españoles invierten en mercados internacionales. El mercado natural, por muchas razones, es América latina. En la Argentina se han dado grandes oportunidades en servicios públicos, como las telecomunicaciones”.


    Val Magallón es preciso. Antes de dar cifras, toma una calculadora y dice que la empresa, con presencia en la Argentina, Chile, Uruguay, España, Portugal, Suiza e Italia, factura aquí $ 53 millones, en un mercado que mueve unos $ 1.000 millones al año.


    No sólo Cercos Casalé piensa en la Argentina como cabeza de playa. Otro catalán, Francisco Badía Vidal, presidente de Gas Natural BAN, afirma que las similitudes son culturales, sociales y económicas. “Y son las condiciones para ayudarnos mutuamente. La Unión Europea es un gran mercado. Y España es un puente natural como nexo de mercados, con el Mercosur o la Argentina en particular”.


    Gas Natural BAN se adjudicó en 1992 la distribución de gas en la zona norte de la provincia de Buenos Aires. Hasta 1997 invirtió US$ 320 millones, y prepara otros US$ 200 millones para los próximos cinco años. En el 2000, sus ganancias sumaron unos $ 50 millones.


    No sólo en América


    Carlos Fernández Prida, presidente de Telefónica de Argentina, piensa en el momento en que fue convocado para encabezar la filial española de la empresa. En 1998 recibió un llamado de Juan Villalonga, presidente de Telefónica de España. Le proponía conducir los negocios de la compañía en la Argentina. Fernández Prida se sorprendió con la propuesta. “Me estás cargando…”, le contestó a Villalonga en un equivalente argentino de su respuesta española. De todos modos salió de su despacho, en el barrio madrileño de Chamartín y cruzó hasta Gran Vía. Al llegar, Villalonga le habló de la empresa en la Argentina. Y agregó que le ofrecía la presidencia de una firma que en España estaría entre las diez primeras. “Tenía razón”, recuerda Fernández Prida. “En telecomunicaciones, Telefónica ha invertido en la Argentina, desde 1989, US$ 9.100 millones, que es parte de un total de US$ 11.500 millones”, dice el presidente de la compañía. Y en el 2000 la empresa facturó alrededor de US$ 3.638 millones.


    Hoy dice: “Hay un punto que conviene destacar. Según cifras de 1999, alrededor de 37% de las inversiones de España van a la Comunidad Económica Europea, y 32% a América latina. Lo digo porque suele mencionarse que las empresas españolas vienen aquí porque les resulta más fácil, y no es así. Venimos porque hay vocación por invertir en América latina, y en la Argentina en especial, con la que siempre hubo vínculos fuertísimos”.


    Señala, además, que esta tendencia puede consolidar, junto a las empresas latinoamericanas, un grupo económico hispano-portugués que puede servir de balance frente a otros bloques. “Es uno de los grandes retos de latinoamericanos e ibéricos”.


    Mirar al sur


    El crecimiento español se dio en forma pareja en todos los sectores empresarios. “El mercado español quedó pequeño”, dice Antonio Martínez Jorquera, vicepresidente ejecutivo y gerente general de BBVA Banco Francés. “Que hayamos coincidido en el mismo momento histórico y mirando hacia el mismo lado, no significa que haya sido coordinado. No hemos hablado entre nosotros. Cuando se examinan los lugares donde se puede crecer, para una empresa española América latina es mejor que Asia o Europa Central. Por coincidencias culturales, históricas e idiomáticas que, aunque parezca un tema menor, es una barrera menos”.


    El BBVA Banco Francés manifiesta su presencia en la Argentina a través de empresas controladas como Francés Valores Sociedad de Bolsa, Consolidar AFJP, Consolidar Seguros de Vida, Consolidar Retiro, y cuenta con participaciones en Visa Argentina, Banelco, BBV Seguros, y Consolidar ART, entre otras firmas. Los préstamos netos de la entidad al 30 de septiembre alcanzaron los $ 6.168 millones, superiores en 16,09% a los del mismo trimestre del ´99. Los depósitos sumaron $ 7.802 millones, 19,54% más que en el trimestre que terminó el 30 de septiembre de 1999.


    Desde el proceso de compra de los bancos Francés y Crédito Argentino, el BBVA invirtió en la Argentina unos US$ 1.500 millones, “en todo el proceso de modernización y de inversiones en el banco”, dice Martínez Jorquera, quien destaca que el BBVA tiene una presencia muy fuerte en España. “Estábamos convencidos de que teníamos capacidad de extender nuestra experiencia y nuestro modelo hacia otros mercados. Y así fuimos llegando a todos los países de América latina”.


    Luces y moda


    Endesa dio su primer paso en la Argentina en 1992, con su participación en la privatización de Edenor. Y en marzo de 1999 adquirió el control de la chilena Enersis, a través de la cual tiene participación en Edesur. Para Jesús Burillo Andreu, country manager, la compañía “consideró a la Argentina como un país de oportunidades para invertir y hacer negocios a partir de la apertura de la economía y del proceso de privatizaciones. Pero la decisión se enmarcó en un elevado potencial de crecimiento de la demanda en América latina en general”.


    Endesa, cuya participación en Edenor y Edesur fue objetada en agosto pasado por el Ente Nacional Regulador de la Electricidad porque, según el organismo estatal, violaría el principio de “competencia comparativa”, obtuvo en 1999 beneficios globales después de impuestos de unos US$ 1.330 millones e ingresos consolidados por alrededor de US$ 14.000 millones.


    A pesar de los 30 meses de recesión, Adolfo Domínguez, una de las empresas gallegas de la indumentaria con casa matriz en Orense, tiene motivos para justificar su presencia en la Argentina. En la aristocrática casona del Barrio Norte porteño, Susana de Varsky, presidenta de la filial argentina, dice que “los productos de la firma son reconocidos y valorados por la gente. Con respecto a esto, estamos muy conformes”.


    El español Ramón Jofresa, director de la firma, también apela a la imagen del puente cuando habla de la Argentina. “Buenos Aires es la entrada ideal para llegar a toda América latina. Adolfo Domínguez piensa que es la capital de la moda en el Mercosur”.


    Las firmas españolas de moda e indumentaria coinciden en su visión sobre Buenos Aires y la Argentina. Evaristo Soriano, director de Mango, la empresa con sede en Barcelona, que controla MNG dice que decidieron desembarcar en el mercado local “porque somos una firma internacional. El mundo es un mercado único y la Argentina es un país más, pero con un potencial importante en población y riqueza. Es muy europea. Es moderna, consumista y sabe lo que quiere”.


    En el ámbito global, la firma catalana factura US$ 575 millones. Desde 1998, Mango invirtió en la Argentina US$ 20 millones. Y su facturación en el 2000 fue de US$ 9,2 millones. Pero, como se verá, no todas son rosas para Mango.


    Problemas públicos y privados


    A la hora de hablar de las dificultades económicas argentinas, muchos empresarios españoles cargan las tintas sobre el déficit y el gasto público. “Debe reducirse, sobre todo el gasto que no contribuye, el ineficiente”, opina Cercos Casalé.


    El empresario del cemento afirma que en la Argentina hay problemas que incumben al sector privado, y no al Estado. “El país exporta productos primarios, con poco valor agregado. Se puede exportar lo mismo, pero incorporando en la cadena de producción más valor. O bienes y servicios con bajo costo local. La exposición del país al comercio internacional es de 16% del PBI. Chile, una economía más pequeña, tiene 40%”.


    En cuanto a las asignaturas pendientes de la economía, Cristofani coincide en algunos puntos con Cercos Casalé. “La principal es el gasto público. A pesar de lo que dicen muchos, la Argentina no tiene problemas con el tamaño de su deuda pública y su PBI. No es demasiado tener 40% de deuda con respecto al PBI, si se compara con otros países. Tampoco tiene problemas, a pesar de lo que digan, con la gravitación de los intereses sobre el tamaño de la economía. Brasil muestra una relación más compleja que la de la Argentina y crece a un ritmo de 4% anual. El problema fundamental es el nivel de gasto público, que es muy alto, y que hace imposible bajar impuestos. Y además de ser alto es ineficiente, a escala nacional, provincial o municipal”.


    Llaneza agrega que la Argentina necesita “una gran reforma en la administración de impuestos. Mejorará notablemente cuando todos paguen. Y una gran dosis de confianza, en los empresarios y en la gente. Eso hará al país más atractivo para los inversores”.


    Manzanares afirma: “La Argentina tiene una tasa de exportaciones sobre PBI de 8% y de 9% para importaciones. Su participación en el comercio mundial es muy baja. No se piensa en exportar, sino que del exterior vengan aquí a comprar. Hay temor a la globalización. España tuvo una apertura total, aunque gradualista. Como Chile y otros países”.


    Comenta que esto es producto del temor de los sectores dirigentes al cambio político, económico y cultural, y específicamente a la globalización. “Nosotros tenemos una confianza inmensa en el país, y una parte significativa de la elite local carece de ella. Se piensa en volver a cerrar la economía. No digo, en absoluto, que el gobierno no tenga una posición favorable a la internacionalización. Hace 25 años, en España también había una elite que quería volver a la etapa de las catacumbas. Eso se revirtió con un debate profundo y la percepción clara de que se obtendrían ganancias de eficiencia y competitividad”.


    NH Hoteles de España es la casa matriz de NH Hoteles, una cadena con seis establecimientos en la Argentina, país en el que desde 1998 lleva invertidos US$ 102 millones. El director general para Iberoamérica de NH, Enrique Fortin de Béarn, se refiere a las dificultades y dice que “debe haber estabilidad y reglas de juego claras y de largo plazo. También seguridad jurídica. Esto es necesario hasta para poner un quiosco en Nueva Zelanda”, afirma.


    Cómo sigue el juego


    Fernando Tapia es el gerente general de Meliá Confort, que pertenece al Grupo Sol Meliá, con sede en Palma de Mallorca. Es uruguayo y se enorgullece de ser el responsable del hotel en Buenos Aires. “Para nosotros es como estar a 20 minutos de París”. Meliá Confort no tiene capitales españoles. El establecimiento argentino pertenece a Grupo Cinco, que hasta el momento ha invertido US$ 14 millones, aunque el management es de Sol Meliá. La empresa proyecta abrir en Buenos Aires un hotel cinco estrellas, dice Tapia. “También tenemos estudios de prefactibilidad en Córdoba y Rosario. Pero con la visión de que es una industria proyectada para 15 o 20 años, no nos dejamos condicionar por la coyuntura económica, de la cual creemos que hay vías de solución, que en cuanto aparezcan, generarán un despegue inmediato”.


    Por su parte, en Endesa no hablan aún de objetivos. “Por ahora no es posible transmitirlos porque se debe tener en cuenta la fusión de Endesa e Iberdrola, que acaba de producirse y determinará nuevas estrategias”, dice Burillo Andreu.


    Es que ambas compañías energéticas españolas acaban de concretar una fusión, que convierte a la nueva empresa en el cuarto operador global multiservicios y en la tercera eléctrica global, con planes para expandirse en Europa y América latina.


    “Está claro que la nueva empresa tiene estrategias de crecimiento permanente, sobre todo si se tiene en cuenta que el mercado latinoamericano presenta un elevado potencial de crecimiento del consumo energético. Los márgenes operativos son aun mayores que en mercados maduros. Y además, las mejoras en la eficiencia del servicio reducen notablemente los costos”, agrega Burillo Andreu, que anticipa las posibles movidas en la región y en la Argentina.


    Tecnología en la punta


    Uno de los sectores más calientes de la economía argentina en el 2001 es el de las telecomunicaciones. La desregulación lleva a cada empresa a alistar sus armas. Telefónica prepara las suyas y, en ese sentido, Fernández Prida se refiere a la intención dividir a la compañía en unidades de negocios. “Es la manera de que cada unidad pueda concentrarse mucho más en su área de mercado. Este es uno de los objetivos principales que llevaremos a cabo en los próximos meses. Las unidades son telefonía fija, móvil, Telefónica Media, Atento, y la unidad de B2B. Es una forma de especializar a la gente y dar las soluciones globales que buscan los clientes”.


    Indra es una firma integradora de soluciones informáticas, con sede en Madrid, que factura US$ 1.000 millones en el ámbito mundial. Según Mario Macagno, su director general, la firma facturó en la Argentina “unos US$ 20 millones durante el 2000. Y para los próximos dos años tenemos contrataciones por US$ 50 millones”, afirma. La empresa aporta soluciones de software y hardware para sectores como transporte, ticketing y control inteligente, entre otros.


    La inversión de Indra en la Argentina sumó, a fines del 2000, unos US$ 15 millones. “Tenemos proyectos con el Banco Central de la República Argentina (red de comunicación para correo), en máquinas de ticketing de Transportes Buenos Aires, con Lua, compañía de seguros, Falabella, de Chile, y con el Sistema de Administración Hospitalaria de la Fundación Favaloro. Además, Siemens subcontrató a Indra en el sistema operativo de los nuevos DNI”, señala Macagno.


    Paradojas y dificultades


    En Gas Natural BAN quieren fomentar lo que, “irónicamente, no tenemos resuelto en la Argentina, que es el gas natural para uso de colectivos y transporte pesado”, señala Badía Vidal. ¿En qué consiste la paradoja?


    “En que la Argentina tiene una flota de livianos a GNC, pero no cuenta con vehículos colectivos de pasajeros a gas natural. En otros países del hemisferio norte sucede lo inverso.”


    “Faltaría que el gobierno marque pautas de protección ambiental y de normalización de transportes que hicieran que el nicho pudiera desarrollarse. Falta la concreción, pero estamos en camino y no vamos a abandonar. Es mejor en todos los sentidos, económica y socialmente”, asegura Badía Vidal.


    Hasta aquí se vislumbra un panorama con inquietudes y proyectos. La situación económica preocupa, pero no ennegrece el horizonte. Aunque hay otros casos.


    Como el de Mango. Refiriéndose a la Argentina, Soriano dice: “Las perspectivas no son optimistas. Pero cuando uno entra en un país con la proyección que puede tener la Argentina se supone que esto tiene que terminar. Puede ser un año, dos o tres, las crisis son cíclicas. Nuestro objetivo principal es aguantar este ciclo, y confiamos que en un año o dos levantará”, dice desde Barcelona. Y luego confirma que no piensan en nuevas inversiones y proyectos. “Eso está paralizado. Este no es el momento adecuado, aunque esperamos seguir creciendo en el país, tomando posiciones a través de franquicias, aunque no creo que éste sea el momento”.


    La inyección de confianza


    El presidente Fernando de la Rúa iba en camino del encuentro con el rey Juan Carlos de Borbón. En su trayecto hacia el palacio, tal vez no imaginó de qué manera lo recibiría el monarca. “Vemos a la Argentina como un socio fiable, con un comportamiento económico predecible y en el que la estabilidad del marco jurídico continuará propiciando las mejores condiciones para el flujo de capitales extranjeros…”, dijo Don Juan Carlos. La confianza hispana en la Argentina fue más que elocuente. ¿Qué piensan los hombres de negocios españoles sobre la confianza argentina?


    Unos días antes de la última manifestación en Tartagal, Salta, el Banco Río abrió una sucursal en esa ciudad. “Estamos inaugurando filiales en el interior del interior, no sólo en las capitales de provincia”, dice Cristofani. “Si estamos en Tartagal es porque creemos que en el mediano plazo la economía va a funcionar”.


    Con respecto a las perspectivas económicas y a la visión que tienen muchos empresarios españoles, Cristofani apunta que “hay una visión diferente de los empresarios extranjeros con respecto a los argentinos. En un discurso reciente, Pedro Pou, titular del Banco Central, dijo: somos nuestros peores enemigos. Uno debe confiar en su país. Que la Argentina se mueva, en buena parte depende de su consumo”.


    Con o sin ganancias


    Zara es otra de las casas gallegas de indumentaria presentes en la Argentina. No ha registrado ganancias desde que llegó, en marzo de 1998. Factura entre US$ 35 y US$ 40 millones. Y según fuentes del sector, la empresa, con casa matriz en La Coruña, ha invertido en la Argentina unos US$ 60 millones.


    El responsable de los negocios locales de la firma afirma que “la gente no se endeuda y no toma decisiones importantes por temor a no poder enfrentar sus compromisos. Creo que el país tiene un potencial inmenso”.


    Una de las herramientas promocionales de la firma incluye la devolución del dinero hasta 30 días después de la compra si es que el cliente no quedó conforme. Y a pesar de no haber cosechado ganancias, el ejecutivo afirma que Zara, “tiene que estar sí o sí en la Argentina”.


    Comunicar y posicionarse


    Según señala Ranero Díaz, “el plan estratégico 2000-2005 de Repsol-YPF prevé una inversión total de US$ 24.000 millones, de los cuales US$ 12.400 millones se destinarán a América latina. De esta cantidad, US$ 7.750 millones vendrán a la Argentina. Esto demuestra que las inversiones futuras de la empresa no solamente no se detendrán, sino que continuarán mostrando una fuerte apuesta en el país”.


    Ranero Díaz cree que ese optimismo es compartido por la mayor parte de las empresas españolas en la Argentina. Y también por otras, que analizan la posibilidad de radicarse, con inversiones que se efectivizarán siempre que persista la tendencia de largo plazo hacia la desregulación y se respeten las reglas de juego.


    Emilio Quesada Martínez es madrileño y preside la Cámara Española de Comercio de la República Argentina, que agrupa a 600 compañías presentes en la Argentina, desde las gigantes hasta las pequeñas. “No tengo dudas de que la Argentina erradicará cánceres sociales poco a poco. Confiamos en eso, y en el país. Porque vivimos aquí. Y aquí se crían nuestros hijos, pagamos impuestos y viven nuestras familias. Nadie quiere una sociedad en descomposición. Entonces, permítasenos confiar. Opino con cierta libertad porque estoy casado con una argentina. Hay pesimismo y no digo que sea injustificado, porque hay motivos para estar más que preocupado por la realidad argentina. Pero hay que confiar. El ministro Machinea dijo que había US$ 100.000 millones, ¡100.000 millones! (se asombra) de ahorristas argentinos fuera del país. Esto denota miedo y falta de confianza”.


    Fernández Prida tampoco desconoce esta crisis de confianza. Y cree que los inversores extranjeros, en general, y los españoles en particular, son más optimistas que los argentinos. Y agrega: “Si supiera qué hay que hacer para cambiar el estado de ánimo de los argentinos, sin lugar a dudas iría a ver al presidente De la Rúa. Es un problema que deben resolver los argentinos. Es confianza, comunicación y posicionamiento. El optimismo se pierde por señales y es por lo mismo que se puede recuperar. Hay que dar mensajes que entusiasmen. Y movilizar a la gente para darse cuenta de que el país puede y debe salir adelante”.


    Cristofani agrega: “El hecho de que estemos invirtiendo muestra que seguimos siendo enormemente optimistas. De otro modo, no lo haríamos. Nosotros hemos hecho una apuesta muy fuerte en la expansión de sucursales. Y en el 2000 nuestra rentabilidad aumentó 75% con respecto a 1999”.


    Para Martínez Jorquera, el BBV Banco Francés tiene un horizonte de muy largo plazo. Y la coyuntura económica no detendrá ningún proyecto. “Hemos sacado a flote el proceso de inversiones que hicimos estos años. No nos vamos a detener”, dice, con españolísimo tono.


    “En el suelo argentino”


    Esa confianza está muy lejos de parecer retórica. Cuando los empresarios españoles se refieren a ella recuerdan que sus inversiones están distribuidas en servicios, energía, construcciones y bancos. “Están enterradas bajo el suelo argentino”, afirman con ímpetu ibérico.


    “Están para quedarse, no son especulativas. Repsol o Gas Natural BAN no pueden levantar todo e irse. Son productivas. Con Indra llegamos en 1997 y queremos comprar dos nuevas compañías en la Argentina”, afirma Macagno.


    Tapia, del Meliá, señala: “Hay muchas empresas españolas que operan en la Argentina que cotizan en Bolsa, con accionistas que residen en España y están pendientes de lo que pase en la Argentina. El compromiso del gobierno español con la recuperación y la marcha de la economía argentina es muy importante. Les importa mucho lo que pase aquí. En la medida en que la confianza se consolide y el riesgo país descienda, las tasas de interés serán más accesibles y aparecerán las condiciones para que la inversión crezca”.


    Su colega Fortin de Béarn afirma, por su parte, que “cada español ha puesto US$ 808 en la Argentina. Es confianza, porque si a la Argentina le va bien, a España también”.


    Entre los empresarios provenientes de la península, hay quienes admiten que ahora hay más cautela a la hora de invertir, lo que no significa parálisis. “La inversión española no se ha detenido. Y nuestra empresa coincide con esa visión. Hay prudencia, pero el plan de expansión no se abandona”, dice Val Magallón.


    También se tiene en cuenta la escala de la empresa a la hora de colocar el dinero. “Las empresas grandes normalmente hacen inversiones de largo plazo. Hay espaldas anchas y se sabe que hay períodos en que la situación económica no es favorable, pero que puede compensarse con otros. Compañías como la nuestra no modifican las políticas de inversión por situaciones puntuales”, afirma Fernández Prida.


    “Pero hay un porcentaje de inversión posible de las Pymes que están esperando para tomar decisiones. Aunque creo que el que está aquí, y conoce la Argentina y su potencial, cree en ella”, agrega.


    Para Martínez Jorquera, “las empresas que ya estaban establecidas en el país con anterioridad a estos dos últimos años de crisis, tienen planes de largo plazo que siguen vivos. Lo digo por nosotros mismos y por lo que veo. También sé que hay empresas que están estudiando la posibilidad de ingresar a la Argentina y creo que siguen pensando en hacerlo. Puede que en estos meses estas compañías lo piensen un poco más, para ver si, definitivamente, salimos de este bache, que es muy puntual y muy concreto. Tengo contacto con empresas españolas que me llaman continuamente para interesarse por determinados mercados. Esto no tiene que ver con una paralización de la inversión”.


    Cristofani cree que la coyuntura genera mejores oportunidades. “En los últimos dos años hemos incrementado el número de sucursales en 60%. Un período que ha sido extremadamente duro. Eso demuestra la búsqueda de un posicionamiento estratégico muy claro”.


    El balance empresario


    “Es positivo”, dice Noman, de Agbar. “Nuestro esfuerzo es impulsado por nuestra confianza en el país”. Uno de los factores que consolidan su confianza es la dimensión del mercado. “Y el nivel de desarrollo económico, la enorme afinidad cultural y la facilidad con que se puede transpolar hacia aquí el análisis y las experiencias que hemos tenido en España.”


    “Los años 1999 y 2000 fueron muy duros, debido a la recesión. Y nuestro balance económico no es bueno. Como aspecto positivo podemos destacar que comercialmente hemos avanzado, le encontramos la vuelta a nuestro cliente. En cuanto la situación mejore, Zara estará preparada para darle lo que siempre dimos: servicio, calidad y precios. Tenemos confianza en el país y en nuestro producto”, afirma el máximo ejecutivo de la casa de moda en la Argentina.


    Fernández Prida cree que la experiencia argentina fue muy dura en los primeros años, pero vista a través del tiempo, muy alentadora. “Fue un hito importantísimo, porque sirvió de pauta para iniciar inversiones en otros países latinoamericanos. A quienes estamos al frente de Telefónica de Argentina nos gusta decir que gracias a la buena gestión y resultados obtenidos en esta empresa fue posible invertir en otros países”.


    Todo parece marchar. Aunque no tanto para Mango. “El balance es bastante negativo. Nosotros desembarcamos en el principio de la crisis, con lo cual empezamos perdiendo dinero. Ahora estamos haciendo esfuerzos para tornar rentables nuestras inversiones y poder sostenerlas. Ya no para ganar, sino para perder lo mínimo”, relata Soriano.


    Para Val Magallón, la experiencia argentina es, en cambio, “tremendamente positiva. Lo más importante en este sector es la profesionalización, el mejoramiento de los recursos humanos. En este campo, en la Argentina hay una inteligencia y creatividad envidiables”.


    El consejero Manzanares también cree que las cosas han ido bien “Nuestros emprendimientos en la Argentina han sido exitosos. Tuvieron un impacto en la economía. Hubo mejoras en la eficiencia y la calidad de la producción, tanto en el sector bancario como en el de telecomunicaciones. Y nuestros inversores tuvieron resultados económicos favorables, en el mediano plazo, porque no son inversiones especulativas. Ese es el comportamiento diferencial de nuestros empresarios, que tienen una visión positiva en el mediano y largo plazo de la Argentina. Son persistentes ante los ciclos económicos. En estos dos últimos años, España lideró el ranking en inversiones, a pesar de la recesión”.


    Cuestión de vísceras

    Noman afirma que la recesión juega su papel. “Pero en un empresario
    hay algo que es tan importante como los números. Sus vísceras.
    Se confía en un país y en las propias fuerzas”, dice. “Se puede
    confiar en los números y en el mercado. Pero las vísceras… juegan
    un rol importantísimo. Siempre hay alguien en una empresa que confía
    en ellas. Aquí, nos indican que hay que seguir adelante. Y que las oportunidades
    siguen vigentes, como el optimismo. Porque el empresario auténtico sigue
    de cerca sus números y hay un momento en que se queda solo. Entonces,
    escucha lo que le pide el cuerpo. En toda decisión de inversión
    hay un componente de este tipo que pesa mucho. Los números son manipulables,
    se pueden proyectar o defender. Pero la confianza, no. Y nosotros seguimos confiando”.

    José
    María Aznar, presidente del gobierno español

    “La Argentina
    inspira confianza”

    Entrevistado
    por MERCADO, el mandatario español afirma que las inversiones de
    su país destinadas
    a los sectores energético, telecomunicaciones, construcción
    o finanzas, aún pueden entrar en turismo, transporte, transformación
    agroalimentaria o medio ambiente. Señala el camino para el desembarco
    de más Pymes y resalta la “alianza estratégica” entre las
    dos naciones.

    -La
    posición de España como país inversor en la Argentina
    se ha consolidado con la operación de Repsol-YPF. ¿Su gobierno
    apoya esta tendencia?

    -Tenemos
    la certidumbre de que las empresas españolas seguirán, como
    hasta ahora, invirtiendo en la Argentina. Más allá de las
    dificultades coyunturales que pueda atravesar el país, el futuro
    de la Argentina inspira confianza al gobierno español, y sabemos
    que esta percepción es compartida por nuestros empresarios. Ellos
    han llevado en los últimos diez años un importantísimo
    esfuerzo de inversión, con vocación productiva y aspiraciones
    de permanencia a largo plazo en este mercado.

    El gobierno
    español continuará acompañando este esfuerzo y contribuyendo,
    en la medida de sus posibilidades, al éxito de la economía
    en la Argentina. Buena muestra de la firmeza de nuestro propósito
    es la importante contribución que España ha comprometido
    dentro del paquete de asistencia acordado entre la Argentina y las instituciones
    internacionales de crédito. España aportará US$ 1.000
    millones al llamado blindaje financiero. La cuantía de esta
    aportación, su carácter novedoso desde el punto de vista
    técnico y el hecho de que España sea el único país
    que acude bilateralmente en ayuda de la Argentina son, a mi juicio, circunstancias
    en sí mismas muy elocuentes. España está en la Argentina
    para quedarse.

    -¿Esta
    política de inversiones llevada a cabo durante su gobierno ha tenido
    alguna variación con respecto a la de la administración
    de Felipe González?

    -Las economías
    española y argentina se han imbricado tan estrechamente que, como
    dijo Su Majestad el Rey durante el discurso que pronunció con motivo
    de la reciente visita de Estado del presidente Fernando de la Rúa
    a España, “hoy no resulta exagerado afirmar que ambas comparten
    destino”. Por tanto, los intereses compartidos son el fundamento de la
    alianza estratégica entre nuestros dos países y están
    por encima de los avatares políticos.

    -¿Qué
    sector considera estratégico para canalizar inversiones?

    -Corresponde
    a los empresarios determinar qué ámbitos de la actividad
    económica van a ser los destinatarios de sus inversiones. En mi
    opinión, las posibilidades son muy amplias puesto que, mientras
    el potencial de los sectores en los que ya hay una fuerte presencia española
    (energía, servicios financieros, telecomunicaciones, construcción)
    todavía no está agotado, se presentan también excelentes
    oportunidades en el resto de las ramas de la economía, pudiéndose
    citar a título de ejemplo el turismo, las infraestructuras de transporte,
    el medio ambiente o la transformación agroalimentaria.

    -Más
    allá de los aciertos, ¿observa algún aspecto que puede
    mejorarse en la política de inversiones españolas?

    -Pensamos
    que ha llegado el momento de que las Pymes españolas, y no sólo
    nuestras grandes empresas, concreten su interés por este mercado.
    Se han tomado ya las medidas para alentarlas a vincularse con la Argentina.
    Confiamos en que estas medidas sean eficaces y que en los próximos
    años las pequeñas y medianas empresas españolas,
    con su importantísima dimensión como creadoras de empleo
    y verdaderos motores de la economía, se asienten exitosamente en
    el país.

    La propuesta educativa

    Para Ignacio
    Pérez Caldentey, consejero cultural y de cooperación de
    la embajada de España en Buenos Aires, “el intercambio cultural
    es muy intenso. Siempre lo ha sido, aunque creció en los últimos
    años y se ha revitalizado en el último. Se distinguen dos
    vertientes. Una es la actividad cultural privada, que ha producido las
    visitas de Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina y Joaquín
    Cortés, entre otros. La actividad en becas y ayuda está
    motorizada por la Agencia Española de Cooperación Internacional”.

    “La Argentina
    es, en América latina, el país con mayor número de
    becas en los distintos programas, todos orientados a posgrados. En el
    2000 se otorgaron, en los distintos programas, 921 becas anuales (con
    posibilidades de extenderse a dos años). Por otro lado, el Programa
    de Cooperación Interuniversitario para profesores y estudiantes
    de ambos países, que tiene una duración de dos meses, otorgó
    732 becas en 1999. Entre 1998 y el 2000 la Agencia Española de
    Cooperación Internacional otorgó 3.186 becas en los diversos
    programas, que son unos 15. La información de las diversas convocatorias
    puede encontrarse en la página www.aeci.es de la oficina
    cultural.”

    La mayoría
    de los estudiantes argentinos que van a España se orientan, sobre
    todo, a carreras relacionadas con las ciencias económicas y empresariales.
    También en historia y en ciencias experimentales, como ingeniería
    y medicina.

    Se otorga
    a cada estudiante 120.000 pesetas mensuales (unos US$ 750), un seguro
    médico que no incluye productos farmacéuticos y los gastos
    de matrícula. Los gastos de viaje los pagan los becarios. “No es
    mucho dinero”, dice Pérez Caldentey, “pero ayuda”.

    Josep
    Piqué, ministro de Asuntos Exteriores de España
    Inversión
    firme y a largo plazo

    El funcionario
    del gobierno del presidente José María Aznar reafirma la
    solidez de la apuesta española en la Argentina y de los sectores
    económicos estratégicos que pueden resultar más favorecidos.

    -¿Cómo
    cree que sigue la apuesta de las empresas españolas que han invertido
    en la Argentina?

    -Las empresas
    españolas continuarán invirtiendo en la Argentina. Es una
    apuesta firme a medio y largo plazo porque nuestros empresarios tienen
    una visión muy positiva de las posibilidades de desarrollo futuro
    de la Argentina.

    -¿Cuáles
    son los sectores que considera estratégicos?

    -Estos sectores,
    vienen marcados por la evolución de la demanda privada y las prioridades
    de la inversión pública argentina, y éstas apuntan
    al segmento provincial de servicios financieros, seguros, atención
    médica, medio ambiente y agua, generación hidroeléctrica
    y eólica, e infraestructura de transportes (ferroviario y vial).

    -Una
    hipotética dolarización en la Argentina, ¿podría
    modificar el programa de inversiones de estas empresas?

    -De los
    depósitos bancarios de la Argentina, 70% ya está dolarizado,
    también 85% de los pasivos, por lo que estamos en un proceso de
    dolarización de facto, que no desalienta las inversiones
    españolas.

    -¿Cómo
    orientó el gobierno a las Pymes españolas para acercarse
    a la Argentina?

    -Hemos acordado
    con el gobierno argentino un programa de Promoción entre Pymes
    argentinas y españolas, que se firmó el 25 de octubre pasado,
    durante la visita a España del presidente Fernando de la Rúa.
    El programa tiene una incidencia sectorial que incluye a las Pymes proveedoras
    de nuestras grandes multinacionales presentes en la Argentina (Repsol,
    Gas Natural BAN, Endesa) y una dimensión territorial en la que
    promoveremos la participación de los gobiernos provinciales argentinos
    y los gobiernos autónomos españoles.

    -¿Puede
    sufrir alguna modificación el programa de inversiones de las empresas
    españolas debido a la polémica que se generó alrededor
    de la privatización de Aerolíneas?

    -Estoy convencido
    del potencial de la economía argentina y de la voluntad de fortalecimiento
    del programa de inversiones de las empresas españolas. Ahora bien,
    nuestras inversiones aumentarán en la medida en que los inversores
    puedan apreciar un claro compromiso de la Argentina a favor de la internacionalización
    de su economía.

    Todo lo
    que vaya en contra de esa dirección, planteando una vuelta a un
    modelo económico nacionalista o autárquico, será
    negativo para la Argentina y para los que creemos y apostamos por este
    gran país.

    Por qué
    España privilegió a la Argentina

    Por
    José María Ranero Díaz*

    Si bien
    los lazos de amistad y fraternidad con España son tan antiguos
    que se remontan a mucho tiempo atrás, es indudable que durante
    la última década las relaciones económicas entre
    ambos países han cobrado una magnitud insospechada poco tiempo
    antes.

    La inversión
    directa de firmas españolas en la economía argentina alcanzó
    a $ 32.000 millones entre 1990 y 1999, 25% del total de las empresas extranjeras
    y tan solo por debajo de la de Estados Unidos. Además, tal importe
    cobra aún más relevancia cuando advertimos que el PBI de
    España es 15 veces inferior al estadounidense, y también
    más pequeño que las naciones europeas que le siguen en orden
    de importancia como inversores: Francia, Italia y el Reino Unido, que
    en conjunto han aportado 13% del total. Es decir que el compromiso y el
    esfuerzo español ha sido mucho mayor en comparación con
    los recursos con los que cuenta su economía.

    Según
    un reciente trabajo de investigación realizado a pedido de la Fundación
    Cámara Española de Comercio de la República Argentina
    (Fucaes), solamente las empresas que forman parte de esa institución
    generan más de 180.000 puestos de trabajo directos o indirectos
    dentro de la Argentina. Su facturación conjunta, en tanto, representa
    5,6% del PBI argentino, mientras que su contribución a las cuentas
    fiscales de alrededor de $ 4.800 millones por año, 10% del total
    recaudado por la Afip.

    Otro buen
    indicador del acercamiento de ambas economías es la evolución
    de las cuentas comerciales, en parte debido al establecimiento de nuevas
    empresas españolas en el país. Las exportaciones argentinas
    a la península han alcanzado $ 949 millones en 1999, luego de aumentar
    200% a partir de los $ 313 millones de 1990. Las importaciones también
    han experimentado un fuerte aumento: 840% en la década llegando
    a $ 1.001 millones en 1999.

    El primer
    impulso hacia esta tendencia debe buscarse a inicios de los ´90 no a uno
    sino a ambos lados del Atlántico. Precisamente en esos años
    varias de las más dinámicas empresas españolas, muchas
    de ellas mismas provenientes de privatizaciones o en proceso de privatización,
    enfrentaban el dilema estratégico de contar con una excelente salud
    económica y financiera pero, a la vez, hallarse en un mercado peninsular
    cada vez con más signos de madurez, que restringía sus posibilidades
    de expansión. Era entonces el tiempo de analizar mercados con un
    grado de desarrollo menor, hacia donde pudiesen canalizar al crecimiento
    de sus negocios. América latina, que comenzaba a aplicar reformas
    estructurales a sus economías, reunía las condiciones para
    ser esa fuente de crecimiento.

    Por otro
    lado, la Argentina en esos mismos momentos había asumido el liderazgo
    en cuanto a estas reformas estructurales. La recuperación del sistema
    democrático en los ´80, y la posterior obtención de estabilidad
    institucional y macroeconómica, seguridad jurídica, desregulación
    de las principales áreas de la economía y apertura comercial,
    junto con el impulso al proceso de integración regional, hicieron
    que el país fuese el primero en ubicarse dentro de la mira de las
    empresas ibéricas. Las similitudes culturales y lingüísticas
    obraron de catalizador para facilitar la inserción y el éxito
    de la mayor parte de los proyectos emprendidos.

    Vemos que
    aproximadamente hasta 1993 las privatizaciones predominan entre las inversiones.
    Pero aun después, cuando éstas disminuyen las inversiones
    españolas no bajan sino que, por el contrario, incrementan su volumen,
    ahora concentradas en construcción de nuevas plantas, ampliaciones
    y adquisición de empresas, atravesando momentos tan difíciles
    como el tequila o las crisis rusa y brasileña.

    En mi opinión,
    España y la Argentina pueden considerarse ya socios estratégicos,
    en un acercamiento en el que coinciden los intereses de las dos naciones.
    La interdependencia de ambas economías puede observarse, por ejemplo,
    en la decisión del gobierno español de contribuir con US$
    1.000 millones al llamado blindaje destinado a disminuir el riesgo
    financiero argentino.

    Estamos
    en presencia de un círculo virtuoso según el cual la Argentina
    ofrece condiciones atractivas para la inversión, la cual es efectuada
    por empresas españolas que, a su vez, aportan capitales, tecnologías,
    escala, inserción internacional y capacitación a los recursos
    humanos del país.

    Las condiciones
    están dadas para que esta provechosa relación se profundice
    e intensifique más aún. Mi optimismo al respecto es completo
    y se basa en el hecho de que, más allá de las dificultades
    de la coyuntura, la persistencia en políticas macroeconómicas
    serias y favorables a la inversión solamente puede tener por consecuencia
    el retorno de la confianza en el país, la cual, a propósito,
    jamás ha sido abandonada por todas las empresas españolas
    que han elegido apostar al futuro argentino.


    *Country
    manager de Repsol-YPF en la Argentina.

    La TV, Rambo y
    las inversiones

    Uno de los
    empresarios consultados para esta nota recordó un episodio que
    aún cree frustrante y revela hasta qué punto es vital la
    estabilidad política. “En diciembre de 1988 estaba trabajando en
    España en un proyecto de evaluación de inversiones para
    la Argentina que involucraba u