Claro está que Cavallo no tomó el timón cuando empezaron los relámpagos. Se había hecho cargo del buque durante una
tormenta anterior y, desde entonces, el itinerario había sido responsabilidad suya.
Cuando puso proa al buen tiempo y, mucho más, cuando todos salimos a cubierta para comprobar que navegábamos bajo
sol radiante y en un mar calmo, hubo euforia. Casi nadie dudaba de que llegaríamos a buen puerto.
Esta nueva tormenta, ¿era inevitable?
Supongamos:
1. La tormenta era inevitable. Entonces, es una suerte que nos haya sorprendido cuando aún tenemos en el timón a un
piloto que es tan experto en navegar mares bravíos como en desplazarse sobre aguas quietas.
2. La tormenta pudo haberse evitado. En ese caso, esperemos que el piloto nos saque de ella pero, luego, discutamos
cómo se sigue. Si nos hemos metido en una borrasca innecesaria es porque en la cabina de mando se cometieron errores que
no deberíamos repetir.
Es muy temprano para decidir qué pasó. Hay, además, una prioridad: sobrevivir al oleaje. Hasta los enemigos del piloto
están obligados a hacer silencio y dejar que él haga lo suyo.
Eso no impide que se anticipen ciertas reflexiones. En medio de los vaivenes de las últimas semanas, hemos ido
anotando, en nuestro camarote, algunas cosas. Meros apuntes. El borrador de una agenda para iniciar, más adelante, una
discusión profunda. Estos son fragmentos de tales anotaciones:
* ¿La economía de mercado tiene fallas? ¿O es que no alcanzamos, aún, una verdadera economía de mercado? Cuando hay
libertad económica, los precios no los fija la burocracia. Son el resultado de la oferta y la demanda. Cuando, insatisfechos por ese
resultado, los gobiernos quieren corregir los precios… sobreviene el desastre. Eso es lo que nos dice la ortodoxia. ¿No vale esto
para el precio de las divisas? El valor del dólar, ¿no debería ser librado, también, al juego de oferta y demanda? El tipo de cambio
fijo, ¿no es un resabio del intervencionismo? ¿Debe la burocracia regular y sostener el precio de los instrumentos internacionales de
pago? Si lo hace, ¿no debe tener cierta sensibilidad para registrar tendencias del mercado, y un mínimo de flexibilidad para
acompañar en vez de desafiar esas tendencias?
* ¿El gasto público es inflexible? ¿O no lo hemos reducido, simplemente, porque nos dormimos sobre el producto de la
venta de activos y el capital financiero? Hay quienes dicen que el gasto público no puede reducirse más que lo que se ha
reducido. ¿Es así? El Estado nacional ha transferido las escuelas y los hospitales a las provincias o los municipios, y las
empresas deficitarias al sector privado. Hoy debería tener un gasto (en moneda constante) sensiblemente inferior al que
tenía antes de iniciarse estas reformas. Sin embargo, exhibe un gasto superior. ¿No habremos estado durmiendo sobre los
laureles de un superávit fiscal transitorio? Nuestro sosiego de los años recientes, ¿no era resultado del dinero de las
privatizaciones, que fatalmente iba a acabarse? ¿No era, también, efecto de ese flujo financiero que tarde o temprano iba a
cesar? ¿Se ha hecho una auditoría de costos en el sector público? Al margen de cortes salvajes, propios de épocas de crisis,
¿ha habido un esfuerzo sistemático y racional por eliminar gastos superfluos o improductivos?
* ¿Por qué el efecto tequila afectó a la Argentina tanto más que a Chile? Unos dicen que Chile está más protegido por
un mercado de capitales propio, fruto de sus administradoras de fondos de pensión, que comenzaron a operar mucho antes
de que nosotros lanzáramos, aquí, nuestras AFJPs. Otros, como el ex ministro chileno Hernán Buchi, dicen que Chile es
menos vulnerable porque no ancló su tipo de cambio y puso restricciones al ingreso de capital financiero. ¿Podemos dejar
esta polémica inconclusa? ¿No debemos profundizarla hasta que una de las partes demuestre que tiene la razón? ¿No es
importante, para el futuro, saber por qué hemos sido presas más fáciles que otros? ¿No será que, al margen de las AFJPs, el
crawling peg y las barreras al capital golondrina, Chile ha hecho un esfuerzo mayor que el nuestro por elevar la
productividad?
* ¿Debemos bajar los salarios al nivel de nuestra productividad? ¿O debemos elevar nuestra productividad al nivel de
los salarios? Ahora que la carga impositiva supera tan claramente el costo de la mano de obra, ¿no deberíamos repensar el
problema de nuestras desventajas competitivas? No hay duda de que, medidos por su productividad, nuestros salarios son
muy altos. Pero, ¿debemos aceptar el gasto público, la presión impositiva y el endeudamiento del Estado como constantes, y
tomar el precio del trabajo como variable de ajuste? ¿O debemos bajar el gasto público, disminuir la presión tributaria,
liberar fondos que hoy absorbe el Estado, estimular la inversión y aumentar la productividad para elevarla a un nivel
compatible con nuestros salarios? La rebaja de salarios, ¿no puede resentir la base social que debe dar estabilidad al sistema
económico? ¿Es sensato creer que vamos a ser más competitivos despilfarrando dineros públicos, tomando deuda externa
para financiar al Estado, poniendo nuevos impuestos, subiendo alícuotas y rebajando salarios?
* ¿Debemos ensayar nuevos paquetes financieros? ¿O proponernos una estrategia de desarrollo industrial y
postindustrial, unida a un proyecto exportador? Los paquetes financieros pueden ser ineludibles. Cuando hay una crisis de
liquidez o de solvencia, hay que enfrentarla. No se soluciona una crisis de ese tipo con enunciados macroeconómicos. Pero,
¿debemos reincidir en planes limitados a lo financiero? ¿O tenemos que imaginar cómo desarrollar ventajas competitivas?
¿No deberíamos estar pensando, ya mismo, cómo impulsar la investigación, lanzar nuevos productos, incrementar la
calidad, detectar oportunidades en el mercado mundial y salir al mundo, no a pedir más dinero para sobrellevar crisis, sino
a vender los frutos de una economía moderna?
Ayudemos al piloto. Tengamos confianza en su capacidad y no perturbemos su labor en este momento. Pero una vez que
hayamos superado la borrasca, sentémonos a discutir estas cosas y procuremos, carta de navegación en mano, fijarnos el rumbo
correcto. No podemos correr el menor riesgo de navegar a la deriva, por más que tengamos un habilísimo piloto de tormentas.
Qué Está Pasando en México
Ya que a diario escuchamos el discurso oficial que insiste en que la Argentina no es México, mientras los inversionistas
extranjeros insisten en creer que hay similitudes entre las dos economías, es más que oportuno indagar sobre lo que está
ocurriendo en ese país (cualquier similitud con la realidad local es pura coincidencia).
El nuevo plan de estabilización lanzado por el gobierno del presidente Ernesto Zedillo terminó con la tradición de siete
años de concertaciones entre el gobierno, los empresarios y los sindicatos, y responde a las exigencias impuestas por
Washington para aprobar el paquete de rescate financiero.
La revisión de las metas macroeconómicas era obligada puesto que las que se fijaron a principios de enero habían
perdido vigencia. Inicialmente, el gobierno pronosticó una inflación anual en el orden de 19,5% a 30%; un crecimiento del
PBI (Producto Bruto Interno) entre 1,5% y 0%; y un tipo de cambio entre 4,5 y 5 pesos por dólar.
Todo ha sido recalculado. La inflación estimada es de 42%, el crecimiento del PBI será negativo (-2%) y el tipo de
cambio no estará por debajo de los 6 pesos por dólar.
El nuevo programa, que no contempla ninguna restricción a los pagos externos ni moratorias de ninguna especie, según
se comunicó oficialmente, tiene como principales metas:
Ingresos fiscales: el objetivo es incrementar el superávit fiscal primario en 2,1% del PBI a 4,4%, mediante:
* aumento del Impuesto al Valor Agregado, que pasará de 10 a 15%.
* aumento del precio de los combustibles de 35% y de las tarifas de electricidad de 20%, más un incremento de 0,8% mensual
de estas tarifas hasta fin de año.
* cortes en el gasto público que agregados a los anteriores reducirán el presupuesto de 1995 en el equivalente de 1,6%
del PBI.
Moneda y tipo de cambio:
* Compromiso del Banco de México para que el nuevo peso mexicano continúe flotando libre, sin la banda con topes
máximos y mínimos que estaban vigentes hasta el 20 de diciembre pasado.
* Lanzamiento de mercados de futuros en México, la Bolsa y el Chicago Mercantile Exchange.
* Un techo de 10 mil millones de pesos para la creación del crédito interno (Tesobonos) para este año.
* Nuevos requerimientos de encaje para los bancos, desde el 17 de marzo, limitando su acceso al financiamiento del
Banco Central.
Sistema financiero:
* Un programa para fortalecer el sistema bancario por US$ 3.000 millones, en créditos aportados por el Banco Mundial y
el Banco Interamericano de Desarrollo.
* Un programa por valor de 65 mil millones de pesos para ayudar a los bancos a distribuir sus carteras de créditos dudosos en
un período de 12 años, convirtiendo las deudas en las nuevas unidades indexadas.
Estos puntos destinados a ayudar a los bancos, agobiados por las carteras de préstamos en mora e incobrables, se recibió
con alivio, en especial porque llegaron después de que el gobierno decidiera tomar el quebrado Grupo Asemex-Banpaís, y
de la publicación en México de un informe de West Merchant Bank, sugiriendo que el rescate de los bancos podría costar
US$ 25 mil millones, sin contar el paquete de rescate en marcha.
La comunidad empresarial, por su parte, aceptó con evidente desagrado las nuevas medidas, que fueron calificadas por el
presidente Zedillo como la única opción sensata y congruente para superar la crisis. José Luis González, dirigente de la
Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), consideró que la empresas no resistirán los aumentos en el
precio de energía eléctrica, teléfono, salarios y combustibles.
Luis Germán Cárcova, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, opinó que con el nuevo plan económico
irremediablemente se registrará el cierre de empresas y aumentará el desempleo.
Según informes del segundo grupo financiero más importante de México, Banamex-Accival, el valor del mercado de la
Bolsa mexicana de valores en diciembre de 1994 alcanzaba a US$ 167.844 millones, mientras que en febrero de 1995 fue de
US$ 60.850 millones. En los últimos tres meses se volatilizaron US$ 106.994 millones, las peores pérdidas registradas en
los últimos cinco años.
La inversión extranjera captada en el mercado bursátil en febrero de este año registró una caída de 52,77% respecto del
mismo período de 1994, al bajar de US$ 81.600 millones a US$ 38.536 millones. Los inversores extranjeros que
conservaban sus esperanzas en este mercado sumaron tan sólo US$ 18.921 millones en los dos primeros meses de 1995.
Otra novedad es que, ahora, los datos sobre las reservas internacionales y creación de crédito interno están
disponibles semanalmente y la información sobre las variables fiscales serán publicadas cada mes.
Brasil le da Prioridad al Sector Externo
El gobierno de Brasil está decidido a impedir un desnivel en la balanza comercial de este año. Para mantener la competitividad de
sus exportaciones decidió dos pequeñas devaluaciones sucesivas e impuso nuevos aranceles a las importaciones.
La prioridad de hacer el ajuste interno mediante la reforma constitucional fue postergada para atender la situación del
tipo de cambio.
A principios de marzo las reservas internacionales del Banco Central de Brasil sumaban US$ 38 mil millones y se
preveía una inflación de 20% para 1995. Una semana después, esas reservas disminuyeron a US$ 32 mil millones y la
inflación estaba en 27%. La decisión del gobierno de devaluar la moneda para aumentar sus ingresos por exportaciones y
así mejorar su balanza comercial, que arrastraba un déficit de US$ 4.000 millones desde que se produjo la crisis mexicana, y
al mismo tiempo atraer inversores extranjeros causó el efecto contrario: paralizó las exportaciones y produjo en cinco días
una huida de US$ 2.000 millones de capitales foráneos invertidos en el mercado local.
Los empresarios brasileños apostaron a una mayor devaluación del real y decidieron pasarse al dólar. El Banco Central
tuvo que vender US$ 2.800 millones para detener la ola de especulaciones financieras que se desató el primer día que entró
en vigor la banda de cambio decretada por el gobierno.
Tras intervenir ocho veces en el mercado financiero en los dos primeros días de la crisis (lo hizo 32 veces en total) y ante
la persistencia de las especulaciones, así como la fuga de capitales, el Banco Central lanzó un paquete de medidas para
devolver la confianza al mercado: decidió elevar los intereses bancarios, aumentar la banda de cambio del dólar, limitar los
préstamos exteriores contratados por empresas brasileñas y prohibir los adelantos de pago de los créditos exteriores.
Según el plan inicial, la divisa estadounidense fluctuaría en una banda entre 0,86 y 0,90 reales por dólar hasta el 31 de
abril, cuando la banda se ampliaría a cotizaciones entre 0,86 y 0,98. La banda debió ser ampliada entre 0,88 y 0,93. La
firma Salomon Brothers predice que para fines de este año habrá paridad de uno a uno entre el real y el dólar.
Los intereses bancarios fueron elevados de 4,14% a 6% mensual. El déficit comercial brasileño en el mes de febrero fue
de US$ 1.200 millones, el mayor de la historia del país. Este saldo comercial negativo es el cuarto consecutivo desde que se
puso en ejecución el Plan Real, que logró reducir la inflación de 46,12% en junio pasado a 0,99% en febrero, pero que
sobrevaloró la cotización del real frente al dólar. A principios de marzo, la ministra de Industria y Comercio, Dorothea
Werneck, había asegurado que el déficit comercial de febrero no superaría los US$ 300 millones, y el ministro de
Economía, Pedro Malan, había negado en Washington que el Central estuviera activando un sistema de bandas para el tipo
de cambio.
Perfil de la Exportaciones Argentinas
Si se consideran las cifras de exportación de los primeros cien exportadores argentinos (ver en la pág. 100 de esta edicón el
ranking de las 500 empresas que más exportan), se comprueba que totalizan US$ 9.802 millones. Es decir una porción
significativa del total.
Hay un hecho positivo: las exportaciones van en aumento, especialmente las de productos industriales. Sin embargo, aun
con lo auspicioso de esa tendencia se aprecia que el perfil de las exportaciones locales carece todavía del valor agregado que
con tanta urgencia se requiere.
Las ventas de granos en el mercado externo sumaron US$ 2.080 millones o 21,2% del total (siempre tomando la lista de
los primeros 100). Las de productos industriales de origen agropecuario alcanzaron a US$ 4.149 millones o 42,3% (aceites,
US$ 1.680 millones o 17,1% del total; subproductos, US$ 1.220 millones o 12,4%; frigoríficos, US$ 643 millones o 6,6%;
lanas, US$ 105 millones o 1,1%; y curtiembres, US$ 501 millones o 5,1%).
Granos y productos industriales de origen agropecuario totalizaron US$ 6.229 millones o 63,5%. A su vez, petróleo, derivados y
petroquímicos ascendieron a US$ 1.360 millones o 13,9% del total. Para todos los demás productos industriales las cifras son: US$
1.222 millones, o 12,5% del total considerado.
