La balanza comercial amenaza con quedar en rojo este año, por un monto que algunos especialistas estiman en US$ 1.500 millones, después de que el saldo positivo descendiera en más de 50% en 1991.
Una combinación de factores, fundamentalmente la persistencia de un peso sobrevaluado, está provocando un espectacular aumento de las importaciones y una sostenida caída de las ventas al exterior.
Sin embargo, los principales organismos empresariales de exportadores y de la industria no parecen estar pendientes de una devaluación y sus propuestas para superar esta situación apuntan a otros remedios.
Israel Mahler, presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), aseguró a MERCADO que su entidad no busca una modificación del tipo de cambio. Pero su postura incluye enérgicos reclamos por el nivel de las tasas de interés y por la falta de una adecuada financiación para las exportaciones industriales, lo que, a su juicio, descoloca a la producción manufacturera argentina ante una competencia externa, particularmente del Brasil, que puede tornarse devastadora.
Aunque reconoce que la estabilidad es un requisito económico imprescindible, Mahler destaca que no constituye, en sí misma, una panacea, y advierte sobre el riesgo de pretender compensar el déficit de la balanza comercial exclusivamente con el ingreso de capitales del exterior, en lugar de procurar aumentar las exportaciones.
“Nosotros creemos que tiene que haber una adecuación y una cantidad de instrumentos para mejorar las condiciones del comercio exterior”, señaló Mahler. “En esas medidas o instrumentos no está cuestionada la paridad cambiaria, bajo ningún punto de vista.” Pero el titular de la UIA llama la atención acerca del distinto comportamiento de los índices de precios mayoristas y al consumidor y se manifiesta preocupado por el nivel de las tasas de interés en la Argentina.
PRIMA DE INSEGURIDAD ARGENTINA.
“Esas tasas conspiran contra la seguridad de que el proceso de estabilidad económica se proyectará en el tiempo, con un horizonte cada vez más lejano. Uno a veces se pregunta por qué se discrimina frente al peso, por qué un precio, que por ley está ligado a la paridad del dólar, tiene una tasa de interés que duplica a la tasa de interés del dólar”, afirmó. “La respuesta de algunos técnicos es que ello se debe a la exposición que aún ofrece la Argentina, lo que constituye la prima de inseguridad por la Argentina. Pero es que esa prima de inseguridad la está pagando, una vez más, nuestro país con ahorros internos, no con los ahorros externos.”
“Aquí se produce una incongruencia que nosotros sentimos en grado sumo. Están cayendo las exportaciones industriales, es cierto. Caen por la dificultad que tienen para competir en los mercados, a raíz de que existe un encarecimiento lateral en los costos de producción, pero que afecta seriamente esos costos. Y con una paridad inmóvil, no se puede trasladar a los precios”, dijo el presidente de la Unión Industrial.
Mahler recordó que en el acuerdo productivo que la UIA firmó con el gobierno el 2 de septiembre pasado figuraban una serie de recomendaciones para alentar el crecimiento industrial.
“Señalábamos entonces nuestra preocupación por una correcta reestructuración del sistema financiero argentino y por los cambios que debían introducirse en la legislación fiscal para estimular la inversión, cosa que no se ha hecho, y fundamentalmente planteábamos la necesidad de una revisión del código laboral argentino para hacerlo más flexible, de menor nivel de conflictividad, y con un alto grado de previsibilidad en lo económico”, afirmó el presidente de la UIA.
CONDICIONES MAS DIFICILES.
“No tenemos financiación para exportar. Y hoy, con la crisis internacional existente, más los severos problemas de nuestro vecino Brasil, esto se manifiesta en una presión tremenda de la oferta, en condiciones altamente ventajosas. Entonces, el país está importando y sustituyendo, en lugar de complementar a la producción industrial argentina”, afirmó Mahler.
Enfrentado a la cuestión de la aparente falta de preocupación del gobierno por un eventual déficit de la balanza comercial, Mahler ponderó los argumentos oficiales en torno al tema.
“Yo creo que dicen no estar preocupados porque el flujo de ingresos de capital cubre con amplitud el déficit; y esto es cierto. Desde el punto de vista de la ecuación aritmética, es correcto. Hay países que, sistemáticamente, como en el caso de España y Portugal, tienen déficit en la balanza comercial, y lo compensan con ingresos provenientes, por ejemplo, del turismo”, reconoció.
“Claro que cuando uno se pregunta si el turismo es una actividad económica, debemos convenir en que sí lo es. En ese caso hay actividad económica. En cambio, el simple flujo de capitales no crea puestos de trabajo, ni salarios; además, genera muchos menos impuestos que si esos ingresos provinieran de las exportaciones. Es por ello que para nosotros, los industriales, no es lo mismo, aunque cierren las cuentas”, advirtió.
¿ASIGNATURA PENDIENTE?.
El titular de la UIA rechaza con vehemencia una imputación frecuentemente formulada a los industriales argentinos: no haber realizado los necesarios ajustes internos para reducir sus costos, aumentar la calidad de sus productos y mejorar su competitividad.
“La industria que hoy por hoy se mantiene produciendo en el país lo hace en abierta -y en algunos casos terrible- competencia, por lo cual, bajo ningún punto de vista, debería ser señalada como un agente de la economía argentina que está postergando los cambios que tiene que hacer”, afirmó.
“Lo que ocurre -y me voy a permitir utilizar un medio tan prestigioso como MERCADO para transmitir un mensaje a los lectores- es que parecería que los éxitos de los cambios que se quieren introducir en las estructuras productivas sólo se pueden ver a través de las quiebras y de los cierres de empresas.”
“Debo decir que en la Argentina ya quebraron y cerraron miles y miles de empresas industriales. Por supuesto, desaparecerán algunas más, porque es natural que así ocurra. Pero, cuidado con pretender que haya una especie de purga por el fuego, porque sólo nos van a quedar las cenizas y entonces va a ser muy tarde para querer pensar que los que quedan son realmente los buenos”, advirtió el presidente de la UIA.
“Aquí, lo importante es pensar en instrumentos que permitan, en aquellos casos en que es necesario, una correcta reconversión industrial, para lo cual -una vez más- hay que estimular la inversión y mejorar los aspectos del conocimiento científico-tecnológico del país. Es necesario prestar muchísima atención a la educación y a la capacitación, y disponer de crédito. Esas son las condiciones. Y se puede hacer. Lo que pasa es que hay que comprender, de una vez por todas, que la estabilidad es un elemento importantísimo, indispensable, pero no es suficiente para todo”.
O.S.
A MEDIA MAQUINA.
“Estamos tan lejos de la capacidad exportadora de la Argentina, que podríamos duplicar o triplicar nuestras ventas al exterior”, afirma el presidente de la Cámara de Exportadores, Daniel Brunella. “En este momento, tenemos 0,3% de las exportaciones mundiales. Si las triplicáramos, aún estaríamos por debajo de 1%. Para mencionar un dato comparativo, el índice que exhibe Suiza es de 1,3%.”
Con todo, Brunella prefiere “no pensar en nuevas devaluaciones, sino en buscar la manera de que los costos internos bajen. En la medida en que se reduzcan los impuestos y se modifique el sistema tributario argentino, eso va a ser lo mismo que una devaluación, desde el punto de vista de la competitividad, pero sin sus efectos negativos”.
Brunella enumeró, entre las medidas aconsejables para alentar las exportaciones, “la desregulación, que lleve a que los factores que inciden en el costo de las exportaciones se manejen mejor, y una modificación a fondo de ciertas leyes laborales. Otro elemento que conspira contra las exportaciones es la falta de financiación adecuada, en comparación con la que existe en otros países. No tenemos ningún Banco de Exportación ni nada que favorezca las ventas al exterior, en especial de aquellos productos que en todo el comercio mundial se venden a plazos”.
Según datos de la Cámara, el año pasado las exportaciones llegaron a US$ 11.961 millones, lo que equivale a 2,74% menos que en 1990. Es esto, y no el pronunciado aumento de las importaciones (98%) lo que preocupa en mayor medida a Brunella.
“El auge de las importaciones, y en especial de los bienes de consumo, indica que hay más movimiento en la plaza y que la gente que guardó los dólares en el colchón los está usando. Lo malo es que no aumenten las exportaciones”, señala.
