Turquía, un futuro nada fácil de trazar

Más allá de roces, el primer ministro Recep Tayyip Erdögan no desecha la vieja alianza con Israel. Así señala el analista geopolítico norteamericano George Friedman, allegado al Pentágono, en su boletín StratFor (“strategic forecasting”).

<p>Efectivamente, Gaza pone a Angora en aprietos. Erd&ouml;gan deb&iacute;a subrayar los excesos israel&iacute;es ante su propio partido isl&aacute;mico, pero sin alarmar a los militares laicos. Una sola cosa lo ayudaba: hace siglos que turcos y &aacute;rabes se llevan mal, aunque Hamas pidiera la mediaci&oacute;n del &ldquo;premier&rdquo;.&nbsp; </p>
<p>Todo esto viene de generaciones. Poco despu&eacute;s de caer el imperio Otomano, tras la gran guerra de 1914/8, Turqu&iacute;a se erigi&oacute; en estado secular, algo inconcebible para la mentalidad musulmana, creado en 1922 por Mustaf&aacute; Kemal &Auml;tat&uuml;rk. Hoy, empero, el espectro pol&iacute;tico va de ultrasecularistas a musulmanes radicales. Erd&ouml;gan es un creyente moderado que arbitra entre fuerzas opuestas. Igual que Turqu&iacute;a misma: Anatolia es la puerta de Eurasia, la frontera norte del mundo &aacute;rabe y la sur de la &oacute;rbita rusa.</p>
<p>Como en todo el mundo, la historia pesa. A ojos militares, el imperio era un desastre y meti&oacute; al pa&iacute;s en la gran guerra. A su fin, Turqu&iacute;a fue desmembraba dos veces. Una, inevitable, la priv&oacute; de lo que hoy son Irak, Siria, L&iacute;bano, Palestina, Jordania y los bordes de la pen&iacute;nsula ar&aacute;biga hasta La Meca y el actual Qatar. La otra, ef&iacute;mera, independiz&oacute; a los griegos de Esmirna, el grueso de los armenios y parte de los kurdos. Sin ahorrar excesos, el ej&eacute;rcito &ndash;no los ulema- recobr&oacute; esos territorios. </p>
<p>En la II guerra mundial, el Eje y los aliados presionaban a Turqu&iacute;a. Pero con los alemanes trabados en los Balcanes o los aliados luchando contra Erwin von Rommel en Egipto, turcos e iran&iacute;es se mantuvieron neutrales y eludieron otro desastre. </p>
<p>Pero la guerra fr&iacute;a tampoco fue f&aacute;cil. Con la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica apretando desde noreste y noroeste, Angora debi&oacute; volverse a Estados Unidos y el tratado noratl&aacute;ntico (OTAN), pues Mosc&uacute; quer&iacute;a controlar los estrechos &ndash;Dardanelos, B&oacute;sforo- que unen el Mediterr&aacute;neo con el mar Negro.&nbsp;&nbsp; </p>
<p>Para confrontar con Turqu&iacute;a (e Ir&aacute;n, otro obst&aacute;culo al sur), los sovi&eacute;ticos armaron una cadena de alianzas con pa&iacute;ses &aacute;rabes. Exactamente como Gran Breta&ntilde;a entre 1885 y 1932. Irak, Siria, Egipto y otros quedaron en la &oacute;rbita moscovita. A su vez, los turcos buscaron cooperar con dos pa&iacute;ses hostiles a la URSS y sus aliados &aacute;rabes: Israel e Ir&aacute;n. Hasta 1979, ese esquema triple funcion&oacute;. Luego, el r&eacute;gimen teocr&aacute;tico de Ruholl&aacute;&nbsp; Jomeini rompi&oacute; con Israel, aunque no con Turqu&iacute;a.</p>
<p>A&ntilde;os m&aacute;s tarde, surge una opci&oacute;n diferente: Turqu&iacute;a como potencia musulmana con responsabilidades m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras. Obviamente, esto afecta las relaciones con Israel y EE.UU. Pero, en un sentido, ser&aacute; un mal menor: Tel Aviv ya no es indispensable para la seguridad turca y Washington necesita a Angora m&aacute;s de cuanto &eacute;sta necesita a Washington.<br />
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