Presencia china en la región: ¿desafío para Estados Unidos?

Entre los años 2000 y 2009 Beijing aumentó 600% su comercio bilateral con países sudamericanos, de US$ 13.000 millones a más de US$ 120.000 millones, casi 7% de la totalidad de las exportaciones del subcontinente. Y  la participación china en el comercio regional pasó de 10% en 2000 a 12% en 2009.

La doctrina que lanzó en 1823 el presidente norteamericano James Monroe  inició, con su famosa frase “América para los americanos” una larga y fuerte historia de bloquear todo intento de adquirir influencia política en América latina. Sin embargo, al tener durante los últimos años su atención concentrada en Irak y Afganistán, la región que siempre fue  considerada su patio trasero fue gradualmente cayendo más y más abajo en su lista de prioridades. China no se hizo esperar para llenar ese vacío. Así resume el proceso Michael Cerna, del China Research Center.

El surgimiento económico de China durante  la última década generó repercusiones en toda la región provocando cambios en la política económica y realineamientos en los mercados.

Por impresionante que suene este crecimiento, las cifras palidecen en comparación con las estadísticas estadounidenses en su relación comercial con América latina. Estados Unidos todavía concentra más de la mitad del comercio total, que ascendió en 2008 a US$ 560.000 millones. Lo que llama la atención, sin embargo, es que esa participación se ha mantenido estática, mientras China está cerrando la brecha cada año y en algunos países, como Brasil, ya superó a Estados Unidos.

Simultáneamente con este crecimiento del interés del lejano oriente, Latinoamérica vive un renacimiento económico. Luego de décadas de devastadoras crisis económicas, la región experimentó un crecimiento sin precedentes. En 2013, el crecimiento del PBI anual promedio fue de 3,7%, según cálculos de Naciones Unidas, casi el doble del promedio en el resto del mundo.  Eso instó a varios países a formar entidades cuasi gubernamentales para promover aún más el progreso de la región.

 

Alianza del Pacífico

 

Una de esas entidades es la Alianza del Pacífico. Nacida con el objetivo específico de aumentar las relaciones con Asia, sus miembros incluyen México, Colombia, Chile y Perú, que juntos representan la mitad de la totalidad de las exportaciones regionales y 35% de su PBI. En una reunión  en Bogotá en mayo de 2013 la AP firmó un acuerdo para abrir las economías de sus países miembro a los mercados asiáticos; Estados Unidos, a pesar de haber sido invitada, no asistió. No obstante, el vicepresidente Joe Biden viajó a Colombia, Trinidad Tobago y Brasil el mismo mes y coincidió con Xi Jinping en Trinidad. Ambos líderes se reunieron con presidentes latinoamericanos y hablaron de comercio y cooperación. Pero los resultados de ambos viajes fueron bastante diferentes.

El viaje de Xi fue la primera visita de un funcionario chino a la región en casi una década. El principal diario de Trinidad Tobago la llamó “una ocasión histórica” que dejó como resultado el compromiso de ambos países de aumentar las relaciones comerciales. En Costa Rica, Xi firmó un crédito por US$ 400 millones para construir una ruta a todo lo ancho del país y reafirmó relaciones con su principal aliado en la región. Costa Rica es el único país en América latina que se manifestó a favor de China en la disputa con Taiwán y que no reconoce a la isla como nación.

Más importante todavía fue la visita de Xi a México. El presidente Enrique Peña Nieto  dio la bienvenida a su par chino a quien había visitado en Beijing en abril. Peña Nieto expresó claramente sus intenciones: México desea estrechar sus relaciones comerciales con China, país con el cual tiene una diferencia de US$ 45.000 millones entre exportaciones e importaciones. Esto es relevante cuando  se considera que México es, hasta ahora, el mayor socio comercial de Estados Unidos en todo el mundo.

La visita de Biden no tuvo tanto éxito. Su reunión en Trinidad Tobago fue calificada de “brutal y tensa” por la prensa; en Colombia estimaron que fue un intento de remedar el furcio del secretario de Estado John Kerry cuando llamó a América latina “nuestro patio trasero”. Aunque en Rio y Bogotá le fue muy bien, el saldo de la gira fue que no logró firmar ningún acuerdo.

Tal vez la inversión más importante de China en la región fue gracias a la decisión del congreso nicaragüense de permitir que una compañía china construya un canal que atraviese el país. Aunque la propuesta todavía está en sus primeras etapas, el proyecto significaría un cambio profundo en la geopolítica de la región y también del mundo. Si se construye, el canal podría afectar significativamente el comercio a través del Canal de Panamá que, aunque ahora en parte está controlado por Panamá, fue construido por Estados Unidos y sigue siendo un símbolo del dominio histórico del vecino del norte.

 

Cuestionamiento a EE.UU

 

Ese dominio está ahora en declinación. Luego de décadas de incuestionada influencia norteamericana a en la región, algunos mandatarios latinoamericanos han comenzado a adoptar políticas decididamente antiamericanas.  El más ruidoso fue el ya desaparecido comandante  Hugo Chávez de Venezuela, quien  expresó a viva voz su desdén por Estados Unidos. No fue el único. Evo Morales echó a  USAID (agencia norteamericana que distribuye ayuda no militar en el exterior) de Bolivia y prohibió la venta de Coca-Cola.

Pero ahora es Ecuador el que choca con Estados Unidos, en gran medida debido al asilo que concedió en su embajada a Edward Snowden. Rafael Correa dijo abiertamente que ellos darían la bienvenida a Snowden porque él es un “hombre libre” diga lo que diga Estados Unidos.  Los desacuerdos entre los gobiernos llevaron a la cancelación de un acuerdo comercial especial, que Ecuador calificó de “instrumento de chantaje”.

Más allá de la falta de entendimiento con el que fuera su principal socio comercial ¿por qué el enamoramiento de América latina con China? Según Kevin Gallagher, profesor de relaciones internacionales en la Universidad de Boston, China ofrece interesantes acuerdos a las economías mientras que Estados Unidos sigue sermoneando y dando órdenes.   Gallagher escribe en The Globalist: “Durante demasiado tiempo  Estados Unidos recurrió a un mecanismo bastante imperial, el de decirle a América latina lo que necesita”. “El método de China, en cambio, es ofrecerle lo que necesita”.

El más grande ofrecimiento que ha hecho Estados Unidos al subcontinente latinoamericano es la Asociación TransPacífica, que ofrece acceso al mercado norteamericano con tres condiciones: desregular los mercados financieros, adoptar cláusulas  de propiedad intelectual que da preferencias a firmas estadounidenses y permitir a firmas estadounidenses  demandar a gobiernos por violar cualquiera de sus condiciones.

China, por su parte, ha dado desde 2003 más financiamiento a Latinoamérica que el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Export-Import Bank de Estados Unidos combinados, sin pre-condicionamientos y con muy pocas exigencias.

“América latina”, sigue Gallagher, “está muy sensible  a cualquier cosa que se le parezca a condicionalidades debido a dolorosas experiencias en el pasado con el FMI y el Banco Mundial. China no basa su política en condicionalidades. En opinión del catedrático,  Estados Unidos debería salir de su letargo.

Shlomo Ben-Ami, ex canciller israelí y vicepresidente del Toledo International Center for Peace, tiene otra posición. Según él, el avance de China en la región no se debe automáticamente a la pérdida de preeminencia norteamericana. Las exportaciones estadounidenses a Latinoamérica subieron 94% en los últimos seis años, las importaciones 87% en el mismo periodo y Estados Unidos sigue siendo el mayor inversor extranjero en el área.

Más importante todavía son los lazos culturales e históricos que unen a las tres Américas, dice Ben-Ami. “Dado el extraordinario crecimiento de la influencia de los latinos en Estados Unidos, es casi inconcebible que el país pueda perder su estatus en la región frente a China”.

Pero Gallagher y Ben-Ami coinciden que Estados Unidos necesita avanzar económica y diplomáticamente para competir con nuevas influencias en una parte del mundo que fue, hasta hace poco, ampliamente considerada como su  esfera de dominio. “Lejos están los días en que la fuerza militar y la política de subversión podían asegurar la influencia norteamericana en Latinoamérica o en cualquier otra parte”, dice Ben-Ami. “Es hora de que el gobierno se dedique a repensar su política económica latinoamericana.  Si no lo hace pronto, podría ser demasiado tarde”.

 

 

 

 

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