Los efectos económicos y sociales del COVID-19

El mundo está atravesando una crisis sanitaria, humana y económica dentro de un contexto de lento dinamismo económico

La pandemia provocada por la enfermedad de Coronavirus, sin precedentes en el último siglo, evoluciona aceleradamente. Pone a prueba las capacidades de los Estados frente a economías que se cierran y sociedades sometidas al confinamiento para moderar la curva de contagios.

Las medidas tomadas por los gobiernos consisten en generar condiciones para sostener, y posteriormente estimular la demanda de recursos públicos. Debido a la incertidumbre respecto a los plazos que pueda extenderse la crisis sanitaria y a su impacto económico, las previsiones son muy provisorias.

Los gobiernos están llevando a cabo procesos de prueba y error, muchas veces sobre experiencias de otros países. Los mecanismos tradicionales de mercado podrían no ser suficientes para enfrentar la crisis debido a la interrupción de las actividades productivas y la consiguiente contracción de la demanda.

Los costos económicos del COVID-19 serán graves en el corto y largo plazo, contrayendo la actividad productiva y aumentando el desempleo, con efectos directos sobre el comercio, la industria, la educación, el turismo, y el transporte.

En el corto plazo disminuirán los salarios y los ingresos; y se estima que aumente la pobreza. En el largo plazo, se prevé una reducción de la inversión privada, menor integración de las cadenas de valor, deterioro de las capacidades productivas y de capital humano, quiebre de empresas y menor crecimiento económico.

Para evitar el efecto que tendrá sobre el sistema de salud, las autoridades sanitarias recomiendan el distanciamiento social, el autoaislamiento y la cuarentena. Estas medidas tuvieron efectos positivos en el aplanamiento de la curva de contagios en diversos países, y al mismo tiempo un impacto directo sobre la economía.

El confinamiento disminuye las horas de trabajo y los salarios. Teniendo en cuenta que la mayoría de las empresas financian sus inversiones principalmente con ganancias retenidas, la formación bruta de capital fijo se verá afectada negativamente.

El efecto multiplicador del consumo será significativamente negativo y se verá agravado por la falta de inversiones privadas. Además, se están reduciendo las exportaciones.

La economía global en crisis: la pandemia llega en un contexto de dinamismo decreciente La confianza en la globalización y el multilateralismo como herramientas para el desarrollo acumulaba más de un decenio de deterioro.

La crisis financiera mundial de 2008 condujo a una pérdida de confianza en la capacidad de los mercados, en particular del mercado financiero, de garantizar un crecimiento estable en ausencia de controles y medidas regulatorias.

El crecimiento económico global ya mostraba debilidades antes de la pandemia del COVID-19. Durante el período 2011-2019, la tasa media de crecimiento mundial fue del 2,7 %, cifra significativamente inferior al 3,4 % del período 1997-2006. En 2019, la economía registró su peor desempeño desde 2009, con un crecimiento de solo 2,9 %.

En octubre de 2019 el FMI pronosticaba un crecimiento de 3,4 % para 2020. Antes de la crisis sanitaria, las previsiones se habían revisado a la baja y a medida que la pandemia se fue extendiendo, las previsiones fueron reduciéndose aún más.

La crisis afecta a los países desarrollados y a los países en desarrollo La caída en los países desarrollados (PD), donde varias de las economías están experimentando brotes generalizados, se proyecta en -6,1 % en 2020. Para la mayoría de las economías del grupo se pronostican abruptas caídas del PIB, incluido EE.UU. (-5,9 %), Japón (-5,2 %), Reino Unido (-6,5 %), Alemania (-7,0 %), Francia (-7,2 %), Italia (-9,1 %) y España (-8,0 %).

Las medidas para contener el virus, como el confinamiento y las restricciones a la movilidad, están generando efectos positivos para contener la propagación de nuevos contagios, pero a su vez generan efectos muy adversos en la economía.

Los países en desarrollo (PED) también enfrentan una crisis de salud. El endurecimiento en las condiciones financieras mundiales, y la caída en los precios de los productos básicos por la falta de demanda externa, tiene un impacto severo en la actividad de los exportadores de productos básicos.

Se proyecta que los PED se contraigan 1,0 % en 2020; excluyendo a China, la caída esperada para los PED se profundiza a -5,8 %. Este año se proyecta que Asia emergente sea la única región con una tasa de crecimiento positiva: 1,0 %, aunque más de 5 puntos porcentuales por debajo de su promedio en la década anterior.

En China, la contracción en la actividad en el primer trimestre fue de 8 % interanual; incluso con un fuerte rebote en la segunda mitad del año apalancado en políticas fiscales de apoyo, se proyecta que la economía crezca un moderado 1,2 % en 2020.

El pronóstico para varias economías en la región es de crecimiento a tasas modestas, incluida India (1,9 %) e Indonesia (0,5 %); mientras que otros experimentarán grandes contracciones (Tailandia -6,7 %). América Latina caerá -5,2 %, fundamentalmente debido a los tres más grandes: Brasil -5,3 %, México -6,6 %, y Argentina -5,7 %; en el resto las caídas son inferiores a la media.

Se espera que una mayor proporción de los países experimenten una caída en el PIB per cápita para 2020, incluso superando la contracción de la crisis financiera de 2009. Medido en términos de paridad de poder adquisitivo (PPA), estos países representan el 90 % mundial, mientras que en la crisis de 2009 fueron el 62 %.

Se reduce la demanda interna y la liquidez, y se agravan las tensiones financieras La fuga hacia activos financieros seguros y la carrera hacia la liquidez tienden a ejercer presión sobre el costo de los créditos, que se ha vuelto más escaso, agravando las tensiones financieras.

La liquidez se ha reducido debido a la abrupta disminución de la demanda interna, la paralización de la actividad económica, las disrupciones en las cadenas de pago, y las pérdidas de rentabilidad y riqueza.

La Reserva Federal de los EE.UU. debió intervenir en el mercado de préstamos a corto plazo, mientras que redujo su tasa de interés de referencia de un rango del 1 % al 1, 25 % a otro del 0 % al 0,25 %. Además, anunció un programa de flexibilización cuantitativa de US$ 700.000 millones para la compra de bonos del gobierno e hipotecas.

Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) anunció medidas de apoyo a los préstamos bancarios y amplió su programa de compra de activos en € 120.000 millones (US$ 135.280 millones). Además, lanzó un programa de estímulo de € 750.000 millones (US$ 818.700 millones) para el mercado de bonos. El déficit fiscal y la deuda aumentan.

El déficit fiscal según las estimaciones se irá profundizando por la caída de la recaudación y por los gastos que diseñan los gobiernos para contener los efectos de la crisis, presionando directamente sobre la deuda pública. El déficit fiscal en los PD aumentará casi 8 puntos porcentuales respecto a la estimación de 2019, y poco más de 4 puntos en los PED.

Mientras que se estima que la deuda pública se incremente en promedio un 20 % tanto en los PD como en los PED. Los mercados financieros se vieron afectados también por las vulnerabilidades que perduran desde hace años.

El aumento de la deuda ha superado el crecimiento de la economía mundial y alcanzado niveles sin precedentes: en 2019 la deuda mundial alcanzó los US$ 253.000 mil millones, o el 322 % del PIB mundial.

(*) Artículo basado en el informe elaborado por CEPAL: “Coyuntura, escenarios y proyecciones hacia 2030 ante la presente crisis de Covid-19” y del FMI: “World Economic Outlook”, abril 2020. Autores: Lucas Pina y Nicolás Costante con la supervisión de Jorge Remes Lenicov.

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