Globalización y economía: 25 años sin evidencia empírica

Una cuestión en constante debate es el impacto de la globalización sobre el desempeño socio-económico de los países. Aunque la mundialización de la economía es un hecho ante el que los países nada pueden hacer, sí tienen a disposición una serie de instrumentos que permiten alterar el perfil de integración.

 Por Eduardo Fracchia (IAE) y Martín López Amorós (UADE)

 

Para decidir en qué medida un país debe o no fomentar su integración a una economía globalizada es fundamental comprender cómo ésta puede beneficiarlo, y qué riesgos trae aparejados.

La teoría económica ha discutido largamente sobre esta cuestión sin llegar a un resultado concluyente. Para algunas corrientes teóricas la globalización aporta beneficios de manera inequívoca, mientras que otras advierten sobre efectos nocivos que, en algunos casos, podrían más que compensar a los beneficios de una mayor integración a la economía mundial. Desde el punto de vista de la política económica este resultado es problemático, ya que deja a los países sin una guía ante la globalización.

Esta falta de comprensión profunda de la globalización y sus oportunidades y amenazas ha generado que los países administren su relación con el resto del mundo en un constante ejercicio de prueba y error y marcha y contramarcha. Esta discontinuidad en la política económica ante la globalización, de la que la Argentina es uno de sus mejores ejemplos pero no el único, hace a su vez difícil valorar desde la mera observación los beneficios y costos generados por la mundialización de la economía. Sin ir más lejos son tantos los que culpan al Consenso de Washington de las crisis del mundo emergente en los últimos veinte años, como los que consideran que éstas son consecuencia de la insuficiente aplicación de sus recomendaciones.

Ante esta falta de una visión unívoca sobre los costos y beneficios de la globalización, han proliferado desde comienzos de la década de 1990 los trabajos empíricos que buscan testear la validez de las hipótesis postuladas desde la teoría. Aunque con muchos problemas metodológicos producto de la complejidad del tema estos trabajos han sido capaces de arrojar cierta luz sobre la cuestión y de generar nuevas preguntas de relevancia desde el punto de vista de la política económica.

Adicionalmente, el debate generado en torno a la metodología y resultados de los trabajos ha producido un interesante avance en campos como la metodología econométrica y la medición de la globalización que, aunque aún insuficiente, permite a los investigadores acercarse a la respuesta buscada. Como mínimo, los investigadores cuentan hoy con una serie de medidas alternativas de la globalización y con un amplio menú de técnicas de estimación que contrasta con cierta monotonía de la literatura del tema en sus inicios.

El objetivo de este trabajo es, justamente, revisar las principales alternativas metodológicas que han sido implementadas hasta el momento para intentar cuantificar el vínculo entre la globalización y alguna variable de desempeño socio-económico de interés. No es el objetivo evaluar la relevancia y validez de los resultados, sino ordenar y clasificar las diferentes alternativas disponibles de aquellos aspectos que configuran la metodología de investigación.

Para ello, se presenta un breve repaso de las diferentes predicciones de la teoría económica, cuyas contradicciones han llevado a la necesidad de dirimir el debate teórico en el campo empírico. Luego se describe la evolución metodológica evidenciada en los trabajos empíricos sobre la materia, diferenciando las alternativas en cuanto a la medición de la globalización, la elección de las variables objetivo y las técnicas de estimación. Tras ello, se presentan los resultados obtenidos por los trabajos revisados. Finalmente se presentan las conclusiones obtenidas.

 

Breve marco teórico

 

La teoría que vincula el crecimiento económico con la globalización se ha centrado por un lado en la apertura comercial y, por el otro, en la apertura financiera. Por el lado de la apertura comercial, Harrison (1996) señala que la teoría del crecimiento económico sostiene que ésta provee acceso a insumos importados que llevan consigo mejoras tecnológicas, incrementa el mercado al que tienen acceso los productores locales aumentando el retorno a la innovación y afecta la especialización del país en producciones intensivas en investigación.

Sin embargo, sostiene, nuevas teorías del crecimiento económico concluyen que el efecto de la apertura comercial es ambiguo, ya que la mayor competencia podría reducir la innovación al reducir los beneficios esperados de ésta. Incluso Grossman & Helpman (1992) señalan que cierto nivel de proteccionismo podría aumentar el crecimiento de largo plazo al promover la inversión en investigación y desarrollo.

Estas dos visiones formalizan ideas intuitivas. La apertura comercial permite por un lado reducir costos de producción y reducir el precio de los bienes transables, pero también genera una mayor competencia para los productores locales, lo que podría redundar en una contracción del nivel de actividad y en la pérdida de empleo. Además, la apertura comercial no sólo afecta a la economía doméstica a través del flujo de bienes sino también mediante canales como el tipo de cambio o la inflación, con lo que es difícil prever su impacto total.

Por el lado de la apertura financiera las predicciones de la teoría también son ambiguas. La teoría neoclásica señala que la apertura financiera lleva a la afluencia de capitales a los países en los que éstos son escasos por su mayor rendimiento, permitiendo una mejor asignación de recursos y acelerando el proceso de crecimiento económico (Levine [2001]). Adicionalmente, la liberalización financiera permitiría una mayor diversificación del riesgo, también con efectos positivos para la economía (Obstfeld [1994]). Por el otro lado, trabajos como Boyd & Smith (1992) señalan que en realidad los países con instituciones menos sólidas podrían sufrir una salida de capitales en el contexto de un proceso de apertura financiera, lo que deterioraría su ritmo de crecimiento económico.

De hecho, se ha observado en la práctica que los beneficios de la apertura financiera dependen en buena medida de la capacidad de los países para atraer y retener los capitales. Muchas economías se han visto beneficiadas por la afluencia de capitales internacionales, pero también muchas veces esos u otros países han sufrido crisis asociadas a la salida repentina de los capitales. Incluso los flujos positivos de fondos entrañan un peligro en la medida en que pueden desestabilizar variables claves para la política económica como el tipo de cambio o la tasa de interés.

En cuanto al impacto de la globalización sobre la distribución del ingreso también hay visiones contrapuestas. La teoría señala que la apertura comercial debería reducir la brecha salarial entre los trabajadores con y sin habilidades en los países desarrollados, con lo que la distribución del ingreso mejoraría. En los países desarrollados, donde abundan los trabajadores con alto nivel de capital humano, la situación sería la opuesta (Stiglitz [1998]). De esta manera, el vínculo entra la distribución del ingreso y la globalización es, desde el punto de vista teórico, algo ambiguo. Pero la realidad es muy compleja, ya que la apertura comercial no afecta por igual a todos los sectores en todos los países. Partiendo de esta base, el impacto redistributivo de la globalización es muy difícil de prever.

Algo similar sucede con la liberalización financiera. Por un lado, ésta podría mejorar el acceso de los sectores de menores ingresos al crédito, mejorando su situación y reduciéndose así la desigualdad social (Beck et al. [2007]). Por el otro lado, no obstante, los sectores de menores ingresos serían más vulnerables a shocks financieros adversos, por lo que su posición relativa se podría ver seriamente debilitada (IMF [2007a] y IMF [2007b]).

También otros fenómenos ligados a la globalización, como la incorporación de nueva tecnología, pueden generar una modificación sustancial en la distribución del ingreso dentro de un país. Este efecto, sin embargo, sería diferente según las características propias de cada país y su posición respecto a la frontera tecnológica mundial (Brown & Campbell [2002]).

Vinculado a estos dos aspectos se encuentra el impacto de la globalización sobre el crecimiento económico. Dependiendo de cómo ésta afecte al crecimiento del país y a la distribución del ingreso la mayor internacionalización de la economía podría generar un aumento o una disminución de la incidencia de la pobreza. Incluso en un contexto de crecimiento económico la mayor globalización podría conducir a un incremento de la pobreza, al menos en el corto plazo, si ésta deteriora de manera muy significativa la distribución del ingreso.

Ante la ambigüedad en las predicciones teóricas el debate en torno al impacto de la globalización sobra la situación socio-económica de los países se ha desplazado en las últimas dos décadas y media al campo de los estudios empíricos. En ellos se busca testear las diferentes hipótesis postuladas desde la teoría económica, a fin de determinar la validez o no de cada una de ellas y llegar a una contabilización del efecto neto de la globalización sobre los países. La revisión de la metodología implementada y de los resultados obtenidos por los trabajos en este campo es el objetivo de este trabajo en las siguientes secciones.

 

Evolución de la metodología

 

Desde comienzos de la década de 1990 los trabajos empíricos que vinculan a la globalización con la performance socio-económica de los países han venido evolucionando en diferentes direcciones tanto por la aparición de nuevas fuentes de información y de técnicas econométricas como por la identificación de una serie de debilidades en los trabajos previos. El objetivo de esta sección es describir concisamente esa evolución metodológica a fin de caracterizar las diferentes maneras en que se ha intentado identificar y cuantificar el vínculo entre la globalización y diversas variables objetivo que miden la situación socio-económica de los países.

Para ello se comienza revisando las diferentes alternativas utilizadas para aproximar el valor de una variable no observable como es la globalización. Luego se repasan las diferentes variables objetivo estudiadas y se concluye la sección enumerando las técnicas econométricas empleadas.

 

a) La medición del nivel de globalización

 

Una de las cuestiones más abstractas y fundamentales a la hora de intentar cuantificar el impacto de la globalización en el desempeño socio-económico, es la elección de una medida del nivel de globalización al que un país se encuentra expuesto. Partiendo de la dificultad de la tarea, que se deriva del hecho de que no hay una variable observable de referencia, hay básicamente dos grandes líneas en las que ha trabajado la literatura.

La primera línea se basa en el uso de indicadores de aspectos concretos de la globalización. Estos trabajos no pretenden medir el impacto de la globalización en un sentido amplio, sino de alguno de sus aspectos característicos. Este enfoque tiene la ventaja de contar con una variable explicativa relativamente sencilla de interpretar –aunque no siempre es el caso- y que además está vinculada directamente con decisiones de política económica. Por poner un ejemplo, si la variable que se utiliza como indicador de globalización es la participación de importaciones y exportaciones en el PIB no sólo se contará con una variable medible sino que además los resultados tendrán implicancias más claras en términos de política económica, ya que los gobiernos tienen hasta cierto punto capacidad para alterar la variable.

La segunda línea de trabajo se basa en el uso de indicadores agregados de globalización que en algunos casos son desagregados en diferentes componentes. Si bien esta idea es atractiva por el hecho de permitir resumir el concepto de globalización en un único valor, en muchos casos su utilidad puede ser limitada. Primero porque países con el mismo valor del índice de globalización podrían tener perfiles de integración muy diferentes, con lo que el índice estaría dando una idea equivocada de la realidad. Y segundo por las implicancias de política son menos claras; puede entenderse que un país deba aumentar o reducir el grado de apertura de la cuenta financiera, pero ¿qué significa que un país deba aumentar o reducir su “nivel de globalización”?

Dentro de la primera línea de investigación se usan en general indicadores que buscan aproximar la apertura comercial y la apertura financiera. En ambos casos se han utilizado diferentes variables para intentar reflejar el mismo fenómeno subyacente.

 

Apertura comercial

 

Una medida de la globalización ampliamente utilizada en la bibliografía del tema es la apertura comercial. La asociación entre el mayor nivel de comercio internacional y la apertura de la economía es clara y ha sido largamente documentada en la literatura (ver, por ejemplo, Frankel [2000] y Aisbett [2007]).

La medida más frecuentemente utilizada es la participación de las exportaciones, importaciones o ambos en el PIB. En esa línea, Aka (2006) utiliza como indicador de globalización el ratio importaciones sobre PIB. Entre muchos otros Asteriou et al. (2004), Dollar & Kraay (2005) y Jalil (2012) incorporan en su modelo la participación de las exportaciones e importaciones en el PIB.

En un trabajo realizado al nivel de firmas en Argentina Galiani & Sanguinetti (2003) proponen como indicador el ratio entre las importaciones y el valor agregado de diferentes sectores industriales.

Si bien esos indicadores proveen una buena aproximación de la apertura comercial de un país tienen algunos problemas asociados. El principal es el problema de endogeneidad al intentar utilizarlos como variable explicativa en un modelo con algún indicador de desempeño económico como variable objetivo. El concepto de endogeneidad en el contexto de la macroeconomía hace referencia a la presencia de posible causalidad mutua entre la variable explicativa y la variable a explicar. En este caso concreto, la interpretación deseada sería que la mayor apertura comercial “causa” cierto desempeño socio-económico. Pero la realidad marca que bien podría ser el caso contrario. Por ejemplo, podría pensarse que países más exitosos tienen un nivel de ingreso más alto, con lo que es esperable que importe más bienes de consumo. En ese caso, no sería la globalización la que aumentaría el nivel del PIB sino que la causalidad iría en sentido contrario.

Este punto fue señalado, por ejemplo, por Rodrik (1995) y Jeffrey & Romer (1999). Aunque eso no resuelve el problema, algunos trabajos como Berggren & Jordahl (2005) o Agenor (2004) optaron por reemplazar esa variable por indicadores indirectos como el nivel de tarifas del país. Ante esta situación, se han adoptado dos soluciones diferentes. Por un lado, se buscaron mejores instrumentos. Por ejemplo, Jeffrey & Romer (1999) proponen características geográficas del país. La idea es que países más aislados geográficamente tienen menor propensión a comerciar que aquellos con una mayor variedad de socios comerciales cerca.

Un segundo camino, adoptado con mayor frecuencia, es el de control por observables. Mediante este procedimiento se incorporan al modelo una serie de controles que buscan dar cuenta de características de cada país. El supuesto vital es que, una vez incorporados esos controles, el nivel de comercio es aleatorio. De esta manera sí se podría dar una interpretación causal a los coeficientes estimados. El problema es que, aunque no es testeable, ese supuesto difícilmente se pueda cumplir en este caso concreto. Una variable como la apertura comercial claramente depende las decisiones de política económica, que a su vez dependen de muchas variables no observables. Por eso el objetivo ce transformar en aleatorio el nivel de apertura comercial parece inalcanzable. Eso no invalida los resultados, pero sí anula la posibilidad de interpretarlos de manera causal.

 

Apertura financiera

 

Otro de los aspectos vinculados a la globalización que ha atraído mucha atención es el de la apertura financiera. Este fenómeno es más complejo que el de la apertura comercial, básicamente porque es más abstracto y difícil de medir. Por ese motivo hay una amplia variedad de indicadores utilizados para aproximar el concepto.

El indicador más utilizado es el del ratio de Inversión Extranjera Directa (IED) sobre el PIB. El supuesto clave, y cuestionable, es que una economía más integrada financieramente al mundo debería atraer más inversiones extranjeras. Son muchos los trabajos que utilizan este indicador para aproximar el grado de apertura de la cuenta capital. Entre ellos cabe destacar a Agenor (2004), Law & Demetriados (2006), Asteriou et al. (2014), Borensztein et al. (1995), Tovar García (2012), Carkovic & Levine (2005), Santarelli & Figini (2003), Wu & Hsu (2012). De manera similar, Edinson et al. (2002) usa stocks y flujos de inversión extranjera y en el extranjero, aunque un problema de este desdoblamiento puede ser el de la multicolinearidad, una cuestión que no es debidamente analizada en el trabajo.

Quinn (1997) desarrolló un indicador basado en la intensidad en los controles externos. Está construido con cuatro indicadores de controles en la cuenta corriente, dos en la cuenta capital y uno relacionado a acuerdos con la OCDE. En cada una de las siete categorías se determina un valor de 0 (controles intensos) a 2 (sin controles), lo que da como resultado un índice agregado que va de 0 a 14. Este mismo indicador fue utilizado posteriormente por otros trabajos, como Arteta et al. (2001), Edinson et al. (2002), Edwards (2001) y Rodrik (1998b). Si bien el indicador tiene la ventaja de resumir en u única valor diferentes aspectos de la apertura financiera también tiene la debilidad de que su valor no siempre puede ser interpretado de manera clara, ya que países con el mismo índice de Quinn –y por lo tanto con el mismo “nivel de apertura financiera”- podrían tener valoraciones totalmente distintas en los subíndices. Así, mientras la exposición a la globalización sería en la realidad diferente en cada país, para el modelo sería la misma, lo que llevaría a una mala estimación del impacto de ésta sobre el desempeño socio-económico. En términos estadísticos se tendría un error de medición no aleatorio en la variable independiente, algo cuyas consecuencias se explicarán con algo más de detalla más adelante.

Otra fuente de datos utilizada en diversos estudios es la IMF Annual Report of Exchange Arrangements and Exchange Restrictions, que releva información sobre restricciones cambiarias y en la cuenta capital. Varios indicadores de apertura de la cuenta capital han salido de esta base. Por ejemplo, Arteta et al. (2001) construye una variable binaria que refleja la apertura o no de la cuenta capital de un país en un momento dado. Similarmente, Chinn & Ito (2006) desarrollaron un índice construido como el primero de los componentes principales extraídos de cuatro variables binarias elaboradas con esa base de datos y que reflejan diferentes restricciones a la cuenta capital. El índice ganó cierta popularidad y ha sido utilizado recientemente en trabajos como el de Asteriou et al. (2014) y el de Jaumotte et al. (2008).

También a partir de la base del Fondo Monetario Internacional trabajos como Edwards (2001), Klein & Olivei (1998) y Rodrik (1998b) calcularon una variable explicativa definida como la proporción de años de la muestra en que los países en cuestión sufrieron algún tipo de restricción en su cuenta capital.

Una medida más indirecta pero que igualmente ha tenido cierta difusión es la del gasto público como porcentaje del PIB. La racionalidad detrás del uso de este indicador es que país con un mayor tamaño relativo del Gobierno muestran mayor propensión a intervenir la economía, lo que va en contra de la liberalización con la que se asocia a la globalización. Evidentemente hay mucha evidencia que muestra que un nivel de gasto público alto no necesariamente se asocia a una menor integración internacional del país –como el caso de los países escandinavos, por ejemplo-, pero esto no impidió que el indicador fuera utilizado en trabajos influyentes como Barro (1991), Barro (1996), Dollar & Kraay (2004) y Santarelli & Figini (2003).

En una línea similar varios trabajos utilizan el premio en el mercado cambiario, una medida de la distorsión de precios introducida por la regulación. Una de las primeras investigaciones que utilizó esa variable explicativa para aproximar la apertura financiera fue el de Barro (1994), al que le siguieron, entre otros, Lee et al. (2004) y Arteta et al. (2001). En el mismo trabajo de Barro (1994) también utiliza el Ãndice de Imperio de la Ley desarrollada por la International Country Risk Guide, que busca medir la calidad del clima de negocios de un país y que puede considerarse como otra aproximación de la desregulación financiera.

Lógicamente el mismo problema de endogeneidad que tienen los indicadores de apertura comercial afecta a los de apertura financiera porque la variable también se ve afectada por decisiones de los países que dependen de su situación socio-económica.

 

Resultados obtenidos

 

Se presentan en esta sección los principales resultados obtenidos en los trabajos empíricos analizados. Los trabajos son clasificados según encuentran un efecto benévolo, nocivo o mixto/no significativo de la globalización sobre la variable objetivo. En el caso de los efectos mixtos se aclara en qué sentido lo son.

Como se verá, los resultados son en general bastante diversos. Esa falta de homogeneidad en los hallazgos explica seguramente la creciente literatura especializada en la globalización. Pese a las innovaciones metodológicas vistas en la sección anterior los resultados siguen siendo altamente sensibles a los datos y especificaciones empleadas, lo que indica que las estimaciones no son consistentes.

a) Crecimiento económico

En primer lugar, la mayor parte de los trabajos ha encontrado un efecto positivo de la exposición a la globalización sobre el ritmo de crecimiento económico. Pese a las diferencias metodológicas, en general hay cierto consenso en la literatura que apunta a que la evidencia de un efecto positivo sobre la globalización es razonablemente clara.

No obstante eso, también son varios los trabajos que han enfatizado la escasa robustez de los resultados ante cambios en el período de la muestra, países que la componen o especificación del modelo. Un punto a favor es que no hay evidencia en general de que la globalización desacelere a la economía, pero la literatura no ha podido descartar de manera convincente que la relación entre la globalización y el crecimiento económico sea no significativa.

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