En Rusia, Putin reinstala viejas tácticas estalinistas

Dos modelos de sociedad mutuamente excluyentes compiten por la supremacía: el viejo estado policial estilo soviético y un país libre basado en la innovación y la oportunidad. Putin parece inclinarse por la primera opción. Sostiene que la desintegración de la Unión Soviética fue una “catástrofe geopolítica” y por lo tanto entiende que su misión es restaurar el sistema soviético lo antes posible, según el disidente Vladimir Bukovsky.

Vladislav Surkov, considerado la eminencia gris del poder, renunció a su cargo de vice primer ministro después de una áspera polémica con el presidente Vladimir Putin, se supone que por sus referencias a la ineficacia del gobierno. Surkov, de 48 años, fue durante muchos años el principal ideólogo del régimen de Putin. La renuncia se produjo pocos días después de haber criticado ásperamente, en una conferencia en la London School of Economics, el sistema que él mismo había contribuido a crear. “Si lo que deseamos es un país militarizado donde lo principal sea la posibilidad de controlar a todos, eso es una tendencia, dijo Surkov a su audiencia. “Pero si lo que necesitamos es un país donde podamos crear, ser libres y hacer productos y servicios útiles a la sociedad, tenemos que adoptar estrategias diferentes. Debemos tratar de salir del paradigma de la fuerza militar y tomar la ruta de una sociedad post industrial. Debemos producir tecnologías valiosas y tener una economía inteligente. De lo contrario, nadie va a salvarnos como país.”

No es fácil simpatizar con Surkov o lamentar su salida de la escena política—opina Forbes—dado que su nombre estuvo en el centro de una inmensa red de corrupción, manipulación, mentiras y sordidez y que fue, en gran medida, el responsable de muchas de las formas que adoptó el “putinismo” para tratar a sus adversarios políticos.

 

Dos modelos

 

En la Rusia de hoy dos modelos de sociedad mutuamente excluyentes compiten por la supremacía: el viejo estado policial estilo soviético y un país libre basado en la innovación y la oportunidad. Algunos opositores dicen que desde que Putin inició su tercera presidencia en 2012 está ganando la primera opción.

Sergei Guriev, ex rector de la Nueva Escuela de Economía de Moscú, decidió abandonar el país luego de ser interrogado por la policía. Guriev había hecho públicas sus ideas sobre la invasión a Crimea. “El debate sobre Crimea ya no está centrado en el derecho internacional: el presidente Putin ha reconocido públicamente que no le importa que el resto del mundo considere ilegales las acciones de Rusia. Lo que no está claro es si la economía de Rusia puede soportar la carga de los objetivos de Putin en Ucrania. Independientemente de la reacción de Occidente ante la crisis de Crimea, el daño para Rusia será inmenso”, dijo en marzo en un artículo publicado en París. En una entrevista radial dijo “prefiero vivir en un país donde no me amenacen”. Su autoexilio asustó a muchos políticos, porque aunque franco y sin reservas, Guriev no era un opositor peligroso, integraba paneles que asesoraban al gobierno y directorios de empresas estatales. Fue uno de los tantos en ser señalados por la policía que ha lanzado una purga de disidentes.

El opositor ruso Alexei Navalny, sometido a juicio por malversación de fondos públicos, dijo en su primer alegato que la razón más importante de la existencia de ese caso es apartarlo de la política.

Estas y muchas otras personas que están sufriendo en los tribunales son vistas como cercanas al primer ministro Dimitry Medvedev, un liberal (si se lo compara con Putin) que podría no durar mucho en el gobierno.

 

Del malestar económico al estalinismo

 

Rusia tiene una presidencia parlamentaria donde el primer ministro, nombrado por un presidente electo, tiene a su cargo el manejo del gabinete. Desde fines de 2013, el primer ministro Dimitri Medvedev entró en abierto conflicto con el presidente Vadimir Putin. A medida que se intensifica el deterioro de la economía nacional, Putin va adoptando cada vez más las viejas tácticas estalinistas para ahogar toda posible deslealtad a su gobierno.

El comentarista político Stanislav Belkovsky, cree que la ferocidad con que los clanes políticos están atacando a Medvedev indica la posibilidad de que por lo que realmente están peleando es la sucesión presidencial. El tercer periodo de Putin termina en 2018 y no se sabe si proyecta un cuarto. Según Belkovsky, el puesto de primer ministro no es muy importante, salvo como trampolín para saltar a la presidencia. Eso, para él, es lo único que explicaría la actual pelea.

Putin ha reaccionado al movimiento de protesta liberal con un aumento del anti-occidentalismo. Todo lo que huela a extranjero de pronto se ha vuelto sospechoso. Prohibieron en diciembre las adopciones de niños por parte de estadounidenses, lo que dejó sin hogar a una gran cantidad de huérfanos rusos; las ONG con financiamiento externo ahora son llamadas “agentes externos” luego de la aprobación de una ley a tal efecto. Otro decreto obligará a asegurar que la función pública no reciba aportes extranjeros.

Konstantin Kostin, ex colaborador de Surkov, llama a la nueva política la “nacionalización de la élite” tendiente a asegurar la lealtad de la clase gobernante limpiándola de lazos con el exterior.

Se cree que gran parte del nerviosismo del Kremlin sobre el futuro político puede atribuirse a el escaso crecimiento económico. Corregir eso es fundamental para mantener el nivel de vida y el buen humor de la gente. Putin, además, se esfuerza por cumplir con las promesas de su campaña electoral, que dependen del precio del petróleo.

La caída del crecimiento ha hecho que aumente la preocupación sobre el comopromiso asumido ante la Organización Mundial del Comercio de abrir la economía. Rusia entró a la OMC con bombos y platillos en 2012 pero grava los vehículos importados y las máquinas herramientas.

El Banco de Inversión Renaissance Capital, con sede en Moscú, cree que el escaso crecimiento tiene una explicación estructural, y es que las economías de rápido crecimiento, incluida Rusia, llegan siempre al punto en que los aumentos en productividad se agotan y se estancan.

Algunos miembros del aparato del estado creen que el problema es más simple y se puede solucionar estimulando la economía y abandonando la ortodoxia económica de restricción monetaria y fiscal.

El politólogo israelí Avigdor Eskin opina que las sanciones impuestas por EEUU y la Unión Europea impulsarán a Rusia a movilizar su economía y reorientarla del sector primario a los de producción y servicios. Según Eskin, esas sanciones serán “un remedio contra el prolongado malestar económico” del país.

“Últimamente, Rusia carece de catalizadores para reformar su economía, basada en la extracción y exportación de recursos naturales, y reorientarla a la producción y el sector servicios. Los actos de Occidente y Ucrania representan ese catalizador”, dice el experto. Señaló además que la amenaza de congelar los activos rusos en el extranjero provocará el regreso de capitales pues “ahora ningún empresario ruso puede confiar en la seguridad de su dinero en el exterior”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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