Wall Street no cree en Stock-Humes y Argentina bloquea a fondos buitres

Dos bancas y tres analistas de Wall Street ven “irrealista y poco seria” la propuesta del “comité global”. En tanto, Argentina planea bloquear a fondos buitres. Tres de ellos acosan ya a empresas privatizadas y las ponen en serio peligro.

La inexplicable y leonina propuesta del “comité global” responde, en realidad, a una inminente iniciativa del gobierno argentino: Una maniobra clave para abrirse camino a la restructuración de la deuda en cese de pagos, bloqueando a los fondos buitres. Tanto los que movilizan “comités” y presiones mediáticas como los que operan solos.

Así, la renta de bonos nuevos no se abonará vía Tesorería, sino que se depositarán íntegramente en un fideicomiso (“trust”), propiuedad de los propios bonistas que acepten el canje, no de fondos buitres, “comités” ni otros intermediarios onerosos. Eso prevendrá embargos oportunistas. El esquema fue sugerido por letrados neoyorquinos de asesoran a Economía y, se dice en Wall Street, cuenta con discreto apoyo de John Taylor, subsecretario de Hacienda para asuntos internacionales.

Al parecer, la abusiva oferta del “comité global”, que medios y columnistas vinculados a esos fondos presentan como “concesión”, era una maniobra para reubicarse en vísperas de la iniciativa argentina. Se explica, pues, que la oferta de Nicola Stock y Hans Humes parta de una “quita máxima de 45%” sobre los montos afectados por el cese de pagos.

Días atrás, un periódico económico porteño calificaba la propuesta de “sorprendente. Si la de Néstor Kirchner fue criticada por agresiva, ésta debe ser igualmente desestimada por irrealista y fuera de la lógica del mercado”. Según lo difundido, el “comité” exhibe “números inflados, pidiendo un superávit primario de 4,2% hasta 2009 y estimando similar crecimiento promedio del PBI durante diez años”.

Sin embargo, lo más llamativo era que, con tanta “matemática creativa”, Humes-Stock planteasen algo “totalmente irrisorio para los usos y costumbres de restructuraciones previas”. En tanto Rusia y Ecuador convinieron en pagar 50 a 70% de la tasa para letras de la Tesorería estadounidense para bonos a la par (hoy ese nivel es 5/5,5%, lo cual daría alrededor de 3%), el “comité global” pretende 7% en los primeros trece años y 9% en los dieciséis subsiguientes.

En otro gesto absurdo, se pide un desembolso en efectivo de US$ 5.000 millones y, aunque se prevea expansión fabulosa para el producto bruto interno, no se acepta el bono ligado al crecimiento. La propuesta de cuarenta páginas está en Internet.

Observadores en Washington presumen que el “comité” quiere presionar, no negociar (como decía Humes). Eso explica el embate jurídico contra el estudio de abogados que está defendiendo, con notable eficiencia, los intereses argentinos en EE.UU. Por de pronto, el pago en efectivo de 15% a 25% de intereses caídos presupone disponibilidad inmediata de US$ 3.900 a 6.500 millones. Un dislate, en la actual situación de Argentina.

Si bien algunos todavía esgrimen la “notable influencia” del dúo en países centrales, el tan mentado sustento del Grupo de los Siete parece esfumarse, si alguna vez existió. El propio “comité” admite que no ha recibido señales contundentes de apoyo. Pero espera que EE.UU. las emita… después de las elecciones presidenciales.

Funcionarios de Buenos Aires creen que esta propuesta tan desorbitaba puede resultarle contraproducente al “comité global” Por de pronto, no dan resultado gestiones para que los reciba Taylor. En particular, porque apoya la flamante propuesta de la Securities & Exchange Commission: supervisar de cerca los fondos de cubertura y sus primos hermanos, los buitres.

Ese funcionario tampoco ejerce “presiones” (como sostienen medios conservadores) y sólo sugiere mayor flexibilidad de materia de tarifas. En lo que sí parece una presión, el Cato Institute –otra usina ultraconservadora- le bajó puntaje a la Argentina. Pero sus fundamentos técnicos no son muy serios.

Entretanto, otro grupo de fondos buitres le crea problemas a empresas privatizadas embarcadas en restructuración de deudas o incorporación de accionistas. Se trata de Marathon, Fintech y Ashmore, abocados a dificultar las cosas.

Los tres militan en la categoría más peligrosa, los fondos acosadores (“distress funds”). Para empezar, exigen comisiones no menores de 20% sobre la renta de sus inversores y 1% por la gestión de activos. Para presionar a las firmas en apuros, acumulan obligaciones negociables y acreencias bancarias a precios de ocasión (18% del valor nominal para arriba).

La idea es asegurarse como mínimos 33,5% de los pasivos y, luego, bloquear los acuerdos preventivos extrajudiciales con los acreedores. Entre las compañías argentinas acosadas figuran Ciesa –controla 55,3% de TGS y Ashmore tiene 55% de la deuda, con lo cual traba la salida Enron del paquete-, TGN, Metrogás, Transener y GASA. Dicho de otro modo, esta especie de buitres podrían crear otra crisis energético, sólo que vía colapso financiero de los operadores privados.

La inexplicable y leonina propuesta del “comité global” responde, en realidad, a una inminente iniciativa del gobierno argentino: Una maniobra clave para abrirse camino a la restructuración de la deuda en cese de pagos, bloqueando a los fondos buitres. Tanto los que movilizan “comités” y presiones mediáticas como los que operan solos.

Así, la renta de bonos nuevos no se abonará vía Tesorería, sino que se depositarán íntegramente en un fideicomiso (“trust”), propiuedad de los propios bonistas que acepten el canje, no de fondos buitres, “comités” ni otros intermediarios onerosos. Eso prevendrá embargos oportunistas. El esquema fue sugerido por letrados neoyorquinos de asesoran a Economía y, se dice en Wall Street, cuenta con discreto apoyo de John Taylor, subsecretario de Hacienda para asuntos internacionales.

Al parecer, la abusiva oferta del “comité global”, que medios y columnistas vinculados a esos fondos presentan como “concesión”, era una maniobra para reubicarse en vísperas de la iniciativa argentina. Se explica, pues, que la oferta de Nicola Stock y Hans Humes parta de una “quita máxima de 45%” sobre los montos afectados por el cese de pagos.

Días atrás, un periódico económico porteño calificaba la propuesta de “sorprendente. Si la de Néstor Kirchner fue criticada por agresiva, ésta debe ser igualmente desestimada por irrealista y fuera de la lógica del mercado”. Según lo difundido, el “comité” exhibe “números inflados, pidiendo un superávit primario de 4,2% hasta 2009 y estimando similar crecimiento promedio del PBI durante diez años”.

Sin embargo, lo más llamativo era que, con tanta “matemática creativa”, Humes-Stock planteasen algo “totalmente irrisorio para los usos y costumbres de restructuraciones previas”. En tanto Rusia y Ecuador convinieron en pagar 50 a 70% de la tasa para letras de la Tesorería estadounidense para bonos a la par (hoy ese nivel es 5/5,5%, lo cual daría alrededor de 3%), el “comité global” pretende 7% en los primeros trece años y 9% en los dieciséis subsiguientes.

En otro gesto absurdo, se pide un desembolso en efectivo de US$ 5.000 millones y, aunque se prevea expansión fabulosa para el producto bruto interno, no se acepta el bono ligado al crecimiento. La propuesta de cuarenta páginas está en Internet.

Observadores en Washington presumen que el “comité” quiere presionar, no negociar (como decía Humes). Eso explica el embate jurídico contra el estudio de abogados que está defendiendo, con notable eficiencia, los intereses argentinos en EE.UU. Por de pronto, el pago en efectivo de 15% a 25% de intereses caídos presupone disponibilidad inmediata de US$ 3.900 a 6.500 millones. Un dislate, en la actual situación de Argentina.

Si bien algunos todavía esgrimen la “notable influencia” del dúo en países centrales, el tan mentado sustento del Grupo de los Siete parece esfumarse, si alguna vez existió. El propio “comité” admite que no ha recibido señales contundentes de apoyo. Pero espera que EE.UU. las emita… después de las elecciones presidenciales.

Funcionarios de Buenos Aires creen que esta propuesta tan desorbitaba puede resultarle contraproducente al “comité global” Por de pronto, no dan resultado gestiones para que los reciba Taylor. En particular, porque apoya la flamante propuesta de la Securities & Exchange Commission: supervisar de cerca los fondos de cubertura y sus primos hermanos, los buitres.

Ese funcionario tampoco ejerce “presiones” (como sostienen medios conservadores) y sólo sugiere mayor flexibilidad de materia de tarifas. En lo que sí parece una presión, el Cato Institute –otra usina ultraconservadora- le bajó puntaje a la Argentina. Pero sus fundamentos técnicos no son muy serios.

Entretanto, otro grupo de fondos buitres le crea problemas a empresas privatizadas embarcadas en restructuración de deudas o incorporación de accionistas. Se trata de Marathon, Fintech y Ashmore, abocados a dificultar las cosas.

Los tres militan en la categoría más peligrosa, los fondos acosadores (“distress funds”). Para empezar, exigen comisiones no menores de 20% sobre la renta de sus inversores y 1% por la gestión de activos. Para presionar a las firmas en apuros, acumulan obligaciones negociables y acreencias bancarias a precios de ocasión (18% del valor nominal para arriba).

La idea es asegurarse como mínimos 33,5% de los pasivos y, luego, bloquear los acuerdos preventivos extrajudiciales con los acreedores. Entre las compañías argentinas acosadas figuran Ciesa –controla 55,3% de TGS y Ashmore tiene 55% de la deuda, con lo cual traba la salida Enron del paquete-, TGN, Metrogás, Transener y GASA. Dicho de otro modo, esta especie de buitres podrían crear otra crisis energético, sólo que vía colapso financiero de los operadores privados.

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