Trump coquetea con una guerra comercial global

El delicado equilibrio del sistema que rige en el mundo amenaza con derrumbarse.

Lo peor que puede ocurrir es que se subestimen los riesgos que impone la reciente decisión del gobierno de EE.UU de imponer aranceles protectores a la importación de acero y de aluminio.

Las empresas que producen estas materias primas dentro del país, se ven automáticamente favorecidas ya que se encarece la importación de todos los países competidores. Pero los que fabrican todo tipo de productos con acero y aluminio, dentro de Estados Unidos, se verán claramente perjudicados ya que hasta ahora esos insumos tenían menor costo.

Pero más allá de la incidencia sectorial de la medida, la situación es mucho más grave según lo advierten los especialistas. Como fichas de dominó, las represalias y contramedidas se pueden extender por todo el planeta con lo que, el escenario será una guerra comercial abierta y global.

Los nuevos aranceles dispuestos por el equipo de Trump, imponen un recargo de 25% sobre las actuales compras externas de acero y de 10% sobre el aluminio. Además, las medidas regirán por tiempo indeterminado.

El país más perjudicado parece ser China. Ahora hay que esperar su reacción que será dura, como corresponde a una potencia de primer orden. Beijing advirtió a Washington durante todo un año sobre las consecuencias de una medida de este tipo. Eso puede explicar lo que se tardó en tomar la decisión en la Casa Blanca, cuando se suponía que se haría apenas asumir Donald Trump.

Pero no solo China reaccionará. También lo hará la Unión Europea y otros países del sudeste asiático. Es que los nuevos aranceles rigen para todos (incluso para la Argentina). Por de pronto, la primera reacción china fue enviar a un funcionario de primer nivel a Washington, a discutir la situación con funcionarios estadounidenses y a tratar de arribar a una solución.

Liu He, fue incorporado al Politburó de 25 miembros por el presidente Xi Jinping, y seguramente será designado pronto como ministro responsable de políticas industriales y de finanzas.

El reclamo chino es que la administración Trump deje de etiquetar al país como competidor, advirtiendo que la confrontación solo traerá pérdidas importantes para ambos países. En verdad, este fue el eje de las discusiones de los últimos meses que prometen un retorno a medidas de crudo tono proteccionista. Tanto Estados Unidos, como Europa y Japón están de acuerdo en aplicar presión sobre China en temas comerciales.

La extensión y escala de las medidas protectoras estadounidenses, pueden significar una clara amenaza a la economía del país, la recuperación global y muy especialmente, comprometer para el futuro la capacidad negociadora estadounidense en cualquier otro tema comercial.

 

 

 

 

 

 

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