Semestre no tan malo para la economía

A mitad de año, se revela un leve rebote de la economía nacional, debido a la campaña agrícola, las ventas de autos y la puesta en marcha de la construcción, según el informe de julio del IAEF. La industria se mantuvo en los niveles de 2012.

Al cabo del primer semestre de 2012, ciertos cambios en la tendencia mundial sorprenden a la economía argentina en medio de un moderado rebote, que tiene como ejes centrales a la campaña agrícola, las ventas de automóviles y el crecimiento de la construcción (9% en el bimestre abril-mayo respecto de igual período del año anterior), a partir de los muy bajos niveles de 2012.

La industria manufacturera, en los primeros cinco meses, se ubica en niveles similares a los de 2012 y 1% por encima de 2011â€, señala el informe de julio del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

“Eso sí -agrega el mencionado Informe-, la confianza del consumidor exhibe una recuperación en junio, luego de varios meses de caída, que se asocia con aumentos salariales y la menor tensión en los mercados”.

Asimismo, a partir del superávit de la balanza comercial de los primeros cinco meses del año -US$ 3.799 millones, el más bajo del último quinquenio-, el Informe de julio indica que el resultado de la cuenta corriente del primer semestre sería neutro, como ocurriera en el año 2012.  

La caída de reservas del período, de US$ 6.300 millones, se explica, básicamente, por la cuenta de capitales negativos y la caída del precio del oro.

El menor excedente externo es uno de los factores que explica el bajo crecimiento de la expansión monetaria en el primer semestre (la Base Monetaria creció 6,5% entre diciembre y junio).

De todas maneras, recuerda el Informe, “hay una gran estacionalidad en el comportamiento de las cuentas monetarias, asociada con la evolución de la situación fiscal, que podría indicar una aceleración en la creación de dinero en lo que resta del año”.

Respecto del escenario internacional, el mismo Informe señala que “se ha deteriorado a partir de la decisión de la Fed de reducir el estímulo monetario”.

En particular, agrega, “se ha producido un aumento de la aversión al riesgo, caracterizado por la suba del rendimiento de los bonos del Tesoro, una moderada apreciación del dólar estadounidense y salida de capitales desde las economías emergentes”.

Dos datos clave para entender la vulnerabilidad de los países emergentes son que:

*   En los últimos cinco años, su superávit en cuenta corriente consolidado cayó del 4% del PBI al 1,6%.
*    Y que su resultado fiscal se transformó de un superávit del 0,3% del PBI a un déficit del 2,9%, lo que “limita el margen de políticas fiscales expansivas en el mundo en desarrollo, que enfrenta el segundo año de más bajo crecimiento de los últimos 10 -después de 2009-, en una coyuntura compleja, en la cual las perspectivas para los precios de las materias primas no son favorables y los capitales emigran” consigna el Informe del IAEF.

Brasil brinda un ejemplo cabal de las nuevas condiciones, argumenta el mismo estudio, “con déficits gemelos del 2,8% y 2,4%, fiscal y de cuenta corriente respectivamente; y el crecimiento del PBI proyectado para el año en curso acaba de ser recortado al 2%, cuando pocos meses atrás se proyectaba un 4%”.

Esta expectativa frustrada, concluye el informe, “está en el núcleo de las turbulencias sociales, en un país en el cual se ha desacelerado el crecimiento de los indicadores de progreso social: el 20% de población más rica tiene un ingreso medio 20 veces mayor que el 20% de los más pobres (contra 11 veces en México) y 21% de la población vive debajo de la línea de pobreza”.
            

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