Se profundiza y amplía la crisis inmobiliaria en Occidente

Nuevamente, la Reserva Federal se equivoca, especialmente en Estados Unidos. En vez de calmarse, las turbulencias hipotecarias y financieras se acentúan. El desplome de Wall Street (jueves 1) también descoloca a los optimistas.

2 noviembre, 2007

Hay un síntoma clave: el índice Dow Jones-Wiltshire (bancos) inicia noviembre acumulando 20% de retroceso en el año. Eso mientras el industrial mantiene 8,9% de avance y, en el otro extremo, el ABX –derivados que se respaldan en malas hipotecas- se ha venido 66% abajo en igual lapso.

Al empezar el mes, los mercados especulativos de dieron vuelta en una hora y se pasaron a letras de tesorería, por miedo a resultados potencialmente negativos, este trimestre, en bancos comerciales, bancas de inversión y firmas de valores. Eso explica las caídas en el Dow Jones industrial (2,6%), el Standard&Poor’s 500 (2,64%) y el Nasdaq compuesto (2,25%).

Al mismo tiempo, los analistas criticaban la “autocomplacencia” de la Reserva Federal. El miércoles, en efecto, su comité monetario rebajó un cuarto de punto (a 4,5 y 5% anual) las tasas referenciales y dio a entender que no habrá cambios en diciembre. A juicio unánime de sus trece miembros, las dos crisis estaban controladas y se avecinaba un futuro más calmo.

Pero, al día siguiente (1 de noviembre), los papeles de entidades financieras fueron castigados porque el mercado no le creyó al banco central. Citigroup encabezó las pérdidas con 7%. Tangencialmente, las bolsas de Europa occidental cedían al combinarse dos factores adicionales: euro a US$1,445 y crudos tejanos a US$ 96,20 media hora antes del cierre.

Sin duda, empero, lo de Citi fue decisivo. Bastó que un analista opinase que el conglomerado debería vender activos o reducir dividendos, este trimestre, para compensar fuertes quebrantos ocasionados por una doble crisis a ambos lados del Atlántico. Todo arranca, por supuesto, de los US$ 8.400 millones mandados por Merrill Lynch a pérdidas en el anterior trimestre y los 4.000 millones previstos para el actual. Echar a Stanley O’Neal y regalarle US$ 160 millones no mejoró las cosas y, al contrario, hace sospechar a muchos que el ex CEO vendió caro su silencio.

Dejando eso al margen, varios expertos independientes sostienen que la presente situación es peor que la de semanas atrás, pues una serie de datos confirman los peores temores del mercado. No sólo en Estados Unidos. Obviamente, el enorme castillo de naipes levantado sobre especulaciones con bienes raíces y compras apalancadas corre peligro de venirse abajo y empujar algunas economías –en particular la norteamericana- a la recesión en 2008. Basta un síntoma: a fin de septiembre, la proporción de deudores hipotecarios en mora superior a sesenta días pasaba de 22% y los rpecios de viviendas cedían 5% bajo un año antes.

Hay un síntoma clave: el índice Dow Jones-Wiltshire (bancos) inicia noviembre acumulando 20% de retroceso en el año. Eso mientras el industrial mantiene 8,9% de avance y, en el otro extremo, el ABX –derivados que se respaldan en malas hipotecas- se ha venido 66% abajo en igual lapso.

Al empezar el mes, los mercados especulativos de dieron vuelta en una hora y se pasaron a letras de tesorería, por miedo a resultados potencialmente negativos, este trimestre, en bancos comerciales, bancas de inversión y firmas de valores. Eso explica las caídas en el Dow Jones industrial (2,6%), el Standard&Poor’s 500 (2,64%) y el Nasdaq compuesto (2,25%).

Al mismo tiempo, los analistas criticaban la “autocomplacencia” de la Reserva Federal. El miércoles, en efecto, su comité monetario rebajó un cuarto de punto (a 4,5 y 5% anual) las tasas referenciales y dio a entender que no habrá cambios en diciembre. A juicio unánime de sus trece miembros, las dos crisis estaban controladas y se avecinaba un futuro más calmo.

Pero, al día siguiente (1 de noviembre), los papeles de entidades financieras fueron castigados porque el mercado no le creyó al banco central. Citigroup encabezó las pérdidas con 7%. Tangencialmente, las bolsas de Europa occidental cedían al combinarse dos factores adicionales: euro a US$1,445 y crudos tejanos a US$ 96,20 media hora antes del cierre.

Sin duda, empero, lo de Citi fue decisivo. Bastó que un analista opinase que el conglomerado debería vender activos o reducir dividendos, este trimestre, para compensar fuertes quebrantos ocasionados por una doble crisis a ambos lados del Atlántico. Todo arranca, por supuesto, de los US$ 8.400 millones mandados por Merrill Lynch a pérdidas en el anterior trimestre y los 4.000 millones previstos para el actual. Echar a Stanley O’Neal y regalarle US$ 160 millones no mejoró las cosas y, al contrario, hace sospechar a muchos que el ex CEO vendió caro su silencio.

Dejando eso al margen, varios expertos independientes sostienen que la presente situación es peor que la de semanas atrás, pues una serie de datos confirman los peores temores del mercado. No sólo en Estados Unidos. Obviamente, el enorme castillo de naipes levantado sobre especulaciones con bienes raíces y compras apalancadas corre peligro de venirse abajo y empujar algunas economías –en particular la norteamericana- a la recesión en 2008. Basta un síntoma: a fin de septiembre, la proporción de deudores hipotecarios en mora superior a sesenta días pasaba de 22% y los rpecios de viviendas cedían 5% bajo un año antes.

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