Récords en crudos, oro y euro. Duras críticas de George Sörös

Tras largo silencio, el megafinancista húngaro denuncia: “Estados Unidos se ha sobrendeudado para meterse en guerras imposibles y va a una desaceleración superior a la que suponen Benjamin Bernanke o los mercados”. La doble crisis simplemente agrava el

7 noviembre, 2007

El WTI cerró a US$ 96,65 (6-XI), luego de un pico nominal (97,10). Entretanto, esos mismos temores recesivos llevaron el euro a otro récord absoluto, US$ 1,455. A 820 la onza, el oro marcaba máximos en 28 años y no estaba lejos del absoluto (US$ 850, 20/I/80).

La cercanía de los cien dólares por barril, en el caso de los tejanos intermedios (Nueva York) infla los valores para entrega en quince y treinta días. La extrema debilidad del dólar y existencia de refinados apenas para lo justo antes de empezar el invierno boreal acentuaban el sesgo alcista. En realidad, con el Brent nórdico (Londres) en su propio pico, US$ 93,10, el WTI llegó a pasar los 97, para replegarse un poco. Sea como fuere, estos niveles nominales se aproximan al récord (1980) que, en dólares constantes, se hallaría ahora en US$ 102 a 110. Depende de los cálculos circulantes.

Otro factor en la corrida hacia productos primarios y bonos de tesorería reside en el creciente escepticismo respecto de las colocaciones bursátiles, especialmente en Wall Street. Los diarios maquillajes de indicadores y otras maniobras para prolongar burbujas o frenar retrocesos no ocultan un problema de fondo: nadie sabe cuándo ni cómo acabarán las crisis de malas hipotecas y de liquidez financiera. El desplome, en pocos días, de Merrill Lynch y Citigroup ha puesto muy nerviosa a mucha gente.

En cuanto a combustibles, las vísperas invernales se hacen sentir. El departamento federal del ramo estima que la demanda de petróleo –en las economías centrales- alcanzará 40.000 barriles diarios este trimestre y el siguiente.

Exponiendo en la universidad de Nueva York, George Sörös hizo responsable de las actuales turbulencias en los mercados financieros y físicos al propio gobierno de George W.Bush. El magnate vincula las guerras en Iraq y Afganistán-Pakistán con la creciente vulnerabilidad de la economía norteamericana, vía un sobrendeudamiento externo “al cual Bernanke, Henry Paulson y otros no dan importancia”.

El WTI cerró a US$ 96,65 (6-XI), luego de un pico nominal (97,10). Entretanto, esos mismos temores recesivos llevaron el euro a otro récord absoluto, US$ 1,455. A 820 la onza, el oro marcaba máximos en 28 años y no estaba lejos del absoluto (US$ 850, 20/I/80).

La cercanía de los cien dólares por barril, en el caso de los tejanos intermedios (Nueva York) infla los valores para entrega en quince y treinta días. La extrema debilidad del dólar y existencia de refinados apenas para lo justo antes de empezar el invierno boreal acentuaban el sesgo alcista. En realidad, con el Brent nórdico (Londres) en su propio pico, US$ 93,10, el WTI llegó a pasar los 97, para replegarse un poco. Sea como fuere, estos niveles nominales se aproximan al récord (1980) que, en dólares constantes, se hallaría ahora en US$ 102 a 110. Depende de los cálculos circulantes.

Otro factor en la corrida hacia productos primarios y bonos de tesorería reside en el creciente escepticismo respecto de las colocaciones bursátiles, especialmente en Wall Street. Los diarios maquillajes de indicadores y otras maniobras para prolongar burbujas o frenar retrocesos no ocultan un problema de fondo: nadie sabe cuándo ni cómo acabarán las crisis de malas hipotecas y de liquidez financiera. El desplome, en pocos días, de Merrill Lynch y Citigroup ha puesto muy nerviosa a mucha gente.

En cuanto a combustibles, las vísperas invernales se hacen sentir. El departamento federal del ramo estima que la demanda de petróleo –en las economías centrales- alcanzará 40.000 barriles diarios este trimestre y el siguiente.

Exponiendo en la universidad de Nueva York, George Sörös hizo responsable de las actuales turbulencias en los mercados financieros y físicos al propio gobierno de George W.Bush. El magnate vincula las guerras en Iraq y Afganistán-Pakistán con la creciente vulnerabilidad de la economía norteamericana, vía un sobrendeudamiento externo “al cual Bernanke, Henry Paulson y otros no dan importancia”.

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