Reclamos hacen dudar sobre el ajuste fiscal

Más allá de la necesidad de moderar el gasto público y de brindar cierta estabilidad al frente cambiario, las presiones político-sociales se contraponen al ajuste de las finanzas públicas, advierte Ecolatina.

En lo que va del año, las jubilaciones y las asignaciones familiares están perdiendo la carrera frente a la inflación, deterioro que será difícil de prolongar en el tiempo dados los potenciales reclamos (conflictividad social) que podría conllevar, alerta Ecolatina en su ISE 968.

 

Advierte que si el deterioro real continúa, el gobierno puede verse forzado a otorgar subas extras a los jubilados e incrementos significativos a las asignaciones familiares para no perjudicar los ingresos de los sectores más vulnerables.

 

Indica que lo mismo ocurre con los salarios, donde la conflictividad laboral puede crecer si el Ejecutivo no eleva el mínimo no imponible a las Ganancias. En el mejor de los casos los aumentos cerrados en paritarias compensarán la inflación, por lo que no ajustar el piso de Ganancias impactará de lleno en el salario de bolsillo.

 

Finalmente, señala un dato no menor es que en un año en que se prevé una contracción en el nivel de actividad, la evasión impositiva podría jugar en contra de la recaudación, impactando negativamente sobre los ingresos nacionales y amortiguando el efecto positivo de la devaluación sobre las retenciones.

 

Cambios de política

 

En lo que va del año se vislumbraron señales que indican que el gobierno desea cambiar el rumbo de la política fiscal.

 

Sin embargo en el primer bimestre de 2014, el resultado primario en base caja se desplomó respecto de los dos primeros meses de 2013.

 

Esto no quiere decir que el gobierno no está haciendo esfuerzos por sanear las cuentas públicas. Parte de las elevadas erogaciones del arranque del año se debieron a la cancelación de deuda flotante (gastos efectuados en 2013 pero efectivamente pagados en los primeros dos meses de 2014).

 

El efecto negativo sobre la caja del pago de deuda flotante no debería extenderse en el tiempo. Y a partir de abril entrarán en vigor los recortes de subsidios en agua y gas y los ingresos provenientes de las retenciones comercio exterior serán más dinámicos (el valor de la cosecha en divisas será similar al de 2013, con un dólar 55% i.a. más alto).

 

Si bien se está direccionando la política fiscal hacia un ajuste, la moderación del gasto genera crecientes presiones sociales y políticas. En última instancia, serán estos factores los que determinen la magnitud del ajuste del gasto público.

 

Déficit inercial y deuda flotante

 

Como mencionamos en otros informes, el sesgo de la política fiscal previsto para este año es de mayor moderación. El crecimiento que verificaron las erogaciones en los últimos años diez años (+14 p.p. del PBI entre 2003 y 2013) no puede sostenerse indefinidamente: los recursos apenas cubren los gastos corrientes y además la presión tributaria se encuentra en niveles récord (40% del PBI). Por otra parte, si bien en los últimos tres años el crecimiento de las erogaciones se cubrió con emisión, en 2014 este margen es más estrecho.

 

En lo que va del año ya se vislumbraron señales que indican que el gobierno desea cambiar el rumbo de la política fiscal: el recorte de subsidios en transporte y en los servicios de agua y gas antes del cierre de paritarias parecen ser los primeros pasos (y seguramente no los únicos) en este sentido.

 

A esto se suma que parte del gasto corriente se está licuando. El caso más claro es el de las jubilaciones, que con un magro incremento en marzo (+11,3%) no llegan a cubrir la inflación del primer trimestre (+13%). Igual suerte tienen los subsidios sociales: por caso, el alza de la Canasta Básica Alimenticia durante los últimos nueve meses se “comió” la ganancia real obtenida por la Asignación Universal por Hijo tras el ajuste del 35,3% en junio de 2013.

 

Pero estos anuncios aún no se plasmaron en los números: en los primeros dos meses del año el resultado primario del Sector Público no Financiero mostró un déficit de $ 4.829 M (vs. un superávit primario de $ 1.020 M en igual periodo de 2013) y en marzo se estima que el rojo se profundice.

 

Sin embargo, esto no quiere decir que el gobierno no está haciendo esfuerzos por sanear las cuentas públicas: parte de los elevados gastos del arranque del año se debieron a la cancelación de deuda flotante (diferencia entre los gastos concretados y los pagados) de un peor 2013 del que se vio inicialmente.

 

Incipiente moderación fiscal

 

En el primer bimestre de 2014, el resultado primario en base caja de la Administración Nacional[1] se volvió deficitario (-$ 6.050 M). Sin embargo, en base devengado se registró un superávit primario de $ 13.000 M (+14% i.a.), mostrando que los gastos en base caja superaron en casi $ 26.000 M a los devengados. Cuando los egresos en base caja superan a los devengados se está cancelando deuda flotante.

 

Esto no quiere decir que los gastos no tengan una elevada inercia (en base devengado crecieron 41% i.a.), pero sí que buena parte del deterioro en base caja fue producto de la cancelación de deuda flotante acumulada en el ejercicio anterior (diferencia entre los gastos en base devengado y base caja).

 

 

En 2013 los gastos en base devengado superaron a los gastos pagados redundando en una importante acumulación de deuda flotante (+$ 17.500 M). En cambio, en el primer bimestre de 2014, se pudo ver que la deuda flotante de la Administración Pública Nacional se contrajo pasando de $ 51.700 M en diciembre de 2013 a $ 34.500 M en febrero de 2014.

 

Esta abultada cancelación de deuda flotante explica en parte la magnitud del deterioro en base caja y no debería extenderse en el tiempo. Además, en abril entran en vigor los recortes de subsidios en agua y gas y los ingresos provenientes del comercio exterior serán más dinámicos gracias a la devaluación de principios de año.

 

Con un valor de la cosecha agrícola en moneda extranjera al menos similar a la de 2013 y con un tipo de cambio nominal 55% i.a. más elevado, la recaudación por retenciones va a dinamizar la recaudación a partir del segundo trimestre del año.

 

Asimismo, estimamos que se sume la electricidad a los recortes de subsidios, que tiene un elevado peso en las finanzas públicas (las transferencias a Cammesa representan más del 40% de los subvenciones energéticas).

 

En tanto que las jubilaciones y el gasto social (asignaciones familiares) continuarían licuándose frente a la inflación si el Ejecutivo no otorga un incremento adicional. De hecho, los aumentos previstos para los haberes jubilatorios (establecidos a partir de la Ley de Movilidad Jubilatoria) en septiembre nuevamente se encontrarían por debajo de la inflación.

 

Los factores mencionados permiten vislumbrar que la tendencia al deterioro del resultado fiscal podría detenerse o incluso revertirse en los próximos meses.

 

Además, la necesidad de que se modere el ritmo de expansión del gasto se refuerza con el hecho de que la asistencia del BCRA tiene un límite legal. Por caso, si consideramos el financiamiento del BCRA al Tesoro (Adelantos Transitorios + Utilidades + recursos que se liberan por el no pago del cupón PBI), este año se contaría de máxima con $ 140.000 M para cubrir el déficit fiscal (decimos de máxima porque el BCRA podría girar menos recursos).

 

Si bien estos $ 140.000 M son casi 50% superiores a lo otorgado el año pasado, sólo alcanzan para que el gasto en todo 2014 crezca en línea con el alza de los egresos de 2013. Esto se traduce en una indefectible moderación de los gastos primarios en los meses de abril-diciembre.

 

 

Si bien siempre existe la posibilidad de reformar nuevamente la Carta Orgánica para ampliar el margen (o conseguir otras fuentes de financiamiento), esto atentaría con el esfuerzo del BCRA para contener las expectativas de los agentes.

 

[1]Universo más pequeño que el Sector Público no Financiero

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