¿Qué se espera que pase con el comercio exterior argentino?

La economía argentina se encuentra en un momento de suma fragilidad. El país fue azotado fuertemente por la pandemia del coronavirus.

7 mayo, 2021

Por: Valentin Vedda (*)

 El PBI en el segundo trimestre del 2020 cayó un 16,2% respecto al trimestre anterior y un 19,1% menos respecto al mismo período del año anterior ($606.993 millones).

 Esta cifra es el PBI más bajo registrado desde 2011 hasta la fecha. La industria nacional se paralizó, numerosos comercios cerraron (aproximadamente 90.000 según la Confederación de la Mediana Empresa Argentina -CAME)-).

El desempleo aumentó: en el 2020 la tasa de desempleo alcanzó un pico de 13,1% en el segundo trimestre y se mantuvo por arriba del 10% en el primer y tercer trimestre. Asimismo, Argentina se encuentra fuertemente endeudada, con escasas reservas internacionales y una significativa inflación.

En términos de salud el país también se encuentra en una posición difícil con escasos recursos humanos y financieros, la necesidad de importar vacunas contra el COVID, y el desafío administrativo y logístico que supone el plan de vacunación. El escenario es verdaderamente complejo. Frente a tal situación, a través del comercio exterior se pueden aprovechar oportunidades que contribuyan a equilibrar al menos en parte la situación general.

Antes de analizar el rol que cumple el comercio exterior en Argentina, se analizarán las ventajas que aporta al país. El comercio internacional se presenta como una gran vía para la generación de riqueza de los distintos países. El simple hecho de que no todos los recursos se encuentren disponibles en todos los territorios, estimula a los diferentes países a entablar relaciones comerciales. Antiguas han quedado las políticas aislacionistas que suponen al estado como autárquico y autosuficiente.

En la actualidad, resulta evidente que aquel país que se abra al mundo en términos comerciales se posiciona en el sendero del progreso. El índice de libertad económica creado por The Wall Street Journal y la Fundación Heritage (que contempla las políticas ligadas al comercio exterior) así lo demuestra. Mientras que países prósperos como Singapur, Nueva Zelanda y Australia lideran el ranking, países como Cuba, Venezuela y Corea del Norte se encuentran en las últimas posiciones.

Una de las principales y más claras ventajas del comercio entre naciones es el hecho de que a partir del intercambio, los distintos países pueden contar con recursos que no se encuentran disponibles dentro de sus fronteras. Esto no sólo se limita a las distintas materias primas sino también a productos manufacturados e intelectuales.

El caso de Ecuador

Un claro ejemplo podrían ser las importaciones y exportaciones de Ecuador, donde según The Observatory of Economic Complexity en 2018 el mayor recurso ecuatoriano exportado fue el petróleo crudo, mientras que su mayor importación fue el petróleo refinado. Ecuador logró entonces obtener un recurso que no se encontraba disponible en su territorio y de no ser por el comercio exterior no hubiera conseguido.

Otra ventaja del comercio internacional es la posibilidad de que los oferentes de los distintos bienes pasen a enfrentarse a mercados más grandes, aumentando así sus ventas y consecuentes ingresos. Paul Krugman así lo explica en su trabajo acerca de los denominados Tigres Asiáticos (que le permitió ganar el premio Nobel de economía en 2008). En él explica cómo ciertas economías del continente mencionado lograron un rápido crecimiento a partir de la producción especializada de ciertos bienes comercializados a gran escala. Esta producción especializada -que abarata los costos de producción- permite un mayor número de unidades producidas que no sólo dejan de ser vendidas únicamente a nivel local sino que también son exportadas. El trabajo del estadounidense sigue la misma línea que el concepto de Ventaja Comparativa propuesta por David Ricardo a principios del siglo XIX. El comercio entre estados es un pilar fundamental en ambos pensamientos.

En la actualidad, el rol que tiene el comercio exterior en la dañada economía argentina podría ser en pocas palabras un “salvavidas” pero en el mediano plazo podría transformarse en “motor de desarrollo”. Es una importante fuente de financiación y a partir de las diversas exportaciones argentinas -principalmente la soja- se inyectan grandes cantidades de divisas extranjeras. No sorprende ver en las noticias titulares como el que propuso Infobae el 30 de enero, “La soja al rescate”. Con una estimación de cosecha de 45 millones de toneladas según la Bolsa de Comercio de Rosario, a un precio que desde el 26 de enero se mantiene ininterrumpidamente por encima de los 500 dólares, la exportación de soja se presenta como protagonista en la economía del país.

Es evidente que una de las ventajas más claras que supone exportar es el hecho de que se inyectan divisas extranjeras en la economía local. Si la balanza comercial presenta un superávit (se exporta más de lo que se importa), el país en cuestión se estaría enriqueciendo. Argentina, afectada por la desaceleración y restricciones de la pandemia finalizó el año pasado con el caso contrario. El INDEC señaló que en diciembre del 2020 hubo un déficit comercial de 364 millones de dólares. Esto demuestra la contracara de la ventaja expuesta: al no comerciar -lo suficiente- con otros países, Argentina vio salir más divisas extranjeras de las que vio entrar. Temas como la cantidad de reservas líquidas o el pago de deudas fueron los más relevantes al comenzar el 2021. No obstante, lentamente las reservas líquidas fueron aumentando. Esta recuperación puede ser explicada principalmente por la exportación de soja que supone un ingreso de dólares al país. En enero de 2021, Argentina logró revertir la situación y al mismo tiempo el saldo de la balanza comercial fue positivo (de +1.068 millones de dólares) y se alcanzó un pico de reservas internacionales (de 39.627 millones de dólares). De esta manera puede comprenderse la mayúscula importancia del comercio exterior y cómo dota a los estados de divisas extranjeras.

Si bien no es una característica exclusiva del comercio exterior, puede afirmarse que exportar supone un aumento de la producción que genera trabajo y activa la economía. En la actualidad, teniendo en cuenta la perjudicial incidencia del coronavirus en las distintas economías, aumentar la producción se presenta como una misión urgente para los distintos estados. En el caso de Argentina, la exportación de los diferentes commodities provenientes del agro supuso un aumento en la actividad económica no sólo en la propia actividad rural sino en todas las relacionadas.

Otra ventaja del comercio internacional es que los lazos entre estados se ven fortalecidos. No es necesario ser extremista para entender esta cualidad del comercio exterior, aludiendo al concepto de que el comercio evita conflictos bélicos debido a la consecuente interdependencia de los distintos países. Al haber, por ejemplo, comercio entre Argentina y Estados Unidos o China -entre tantos otros países-, se mejoran indudablemente sus relaciones diplomáticas. Eso tiene efectos positivos en aspectos no sólo económicos sino también políticos o sociales.

Es importante aclarar que gran parte del comercio internacional está ligado a factores ajenos al estado. Si bien es cierto que aspectos tales como la investigación, la aplicación de políticas adecuadas o las inversiones pueden ser incentivados por cada estado, hay otros factores que están fuera del accionar estatal. Esta cuestión exógena puede favorecer o perjudicar al país.

En la actualidad, la exportación de soja argentina está beneficiada por factores tales como el aumento de las importaciones de China y las condiciones climáticas y la política monetaria de Estados Unidos. De esta manera, el contexto internacional está favoreciendo a Argentina, en un momento cuya economía transita por una etapa de suma fragilidad.

Es evidente que al comerciar con otros países -poniendo en práctica las ventajas del comercio exterior expuestas-, el estado argentino está logrando afrontar su complicada situación actual. La industria agropecuaria está -y se estima que continúe- dotando al país de las tan necesarias divisas extranjeras. Por su elevado precio actual, la cosecha de soja adquiere protagonismo no sólo entre la producción de cereales y oleaginosas sino entre todas las exportaciones argentinas. Ésta es para el comercio exterior argentino su carta ganadora.

 Reflexiones finales

Por lo expuesto, puede afirmarse que el comercio exterior en Argentina es la principal fuente de divisas extranjeras. Considerando la coyuntura actual y teniendo en cuenta los precios altos de commodities por el contexto internacional y las fechas de pago de deudas cercanas al presente, sería lógico que todas las políticas propuestas por el gobierno apunten a favorecer el intercambio comercial entre el país y el resto del mundo.

Por su parte, está claro que la pandemia tuvo una fuerte y negativa incidencia en la economía argentina. No sólo supuso un gran cierre de empresas, un alto en la producción o un aumento en las tasas de desempleo sino que además generó la necesidad de importar vacunas contra el virus. El comercio exterior puede presentarse como solución a todos estos problemas. Al producirse bienes para ser exportados se estaría generando empleo, reactivando así la economía y además estarían ingresando divisas extranjeras que podrían ser destinadas a la compra de vacunas.

La pandemia ha reflejado las fortalezas y debilidades de cada país, sino que ha mostrado la necesidad de adaptarse de forma inmediata para instrumentar acciones que ya estaban en transición. Deben tomarse medidas que incentiven y contribuyan a acelerar los procesos de cambio. La pandemia ha puesto en evidencia la importancia del rol del comercio exterior para la Argentina. Estamos frente a otra nueva oportunidad donde nuestra capacidad de adaptación a los nuevos escenarios y la rapidez con la que instrumentemos las acciones para incentivar su crecimiento nos permitirá transformar una ventaja coyuntural en “motor de desarrollo”.
(*) Analista de datos en el Centro de Producción Documental – GEO Estudio y Opinión. Estudiante de la Licenciatura en Economía en la Universidad Católica Argentina.

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