Presencia argentina en la Alianza del Pacífico

Es un espacio de notable internacionalidad comercial. Un ejemplo de ello es que en Latinoamérica hay 110.000 empresas exportadoras, y unas 65.000 están en la AdP (el doble que en el Mercosur). 

El próximo 1° de julio Argentina participará en una sesión formal que se celebrará en Santiago de Chile, a través de su Presidente Mauricio Macri, de la primera reunión en su calidad de miembro observador de la Alianza del Pacifico.

Hace pocas semanas la Argentina había solicitado su admisión como observador en la Alianza, lo que fue ya aceptado en una reunión de la organización celebrada en México hace dos semanas. Por ende, el país estará presente institucionalmente en la próxima cumbre de la Alianza del Pacífico (AdP).

Podría decirse que se trata de un acontecimiento histórico –sostiene Marcelo Elizondo de la consultora DNI-, tras lustros en los que Argentina no produjo movimientos de este tipo sin el concurso de Brasil (con quien ha tenido un alineamiento absoluto) y tras décadas sin generar vinculaciones con bloque económico alguno salvo el Mercosur.

La AdP está formada por México, Colombia. Perú y Chile como miembros plenos (cuenta con diversos miembros observadores). A diferencia del Mercosur (unión aduanera que prevé libre comercio intrazona pero -altos- aranceles consensuados de todos hacia terceros) en la AdP hay libre comercio entre sus miembros y autonomía de cada uno de ellos para gestar acuerdos de comercio e inversiones con terceros.

Lo primero que debe decirse es que la solicitud se refiere a participar como “observador”. Esto no le concede (obviamente) los atributos de miembro pleno. Ya hay otros países de la región (Uruguay, Paraguay) que son “miembros observadores” de la AdP.

 

Cambia la historia reciente

 

Para Argentina, sin embargo, y más allá de la propia AdP, este paso marca un nuevo perfil: mayor autonomía relativa frente al Mercosur (sin abandonar al bloque como principal alianza estratégica), acercamiento a un bloque promotor del libre comercio internacional, y reconocimiento de que en el Pacífico está el gran motor económico transnacional.

El país tiene muy pocos acuerdos con terceros mercados en materia comercial, porque es miembro del Mercosur y el bloque ha funcionado más inclinado “hacia adentro” que como plataforma de acceso a terceros mercados (en esta materia, el Mercosur ha tenido muy poca internacionalidad).

Con este movimiento, Argentina reconoce una tendencia mundial: la OMC ya admite más de 620 acuerdos económicos internacionales en el mundo y el numero crece año a año, porque hace 15 años eran solo 270 (más de 50% del comercio mundial ocurre entre países que generaron esos acuerdos).

 

Relevancia de la Alianza del Pacífico

 

Debe decirse que la AdP suma 215 millones de habitantes y casi 40% del PBI de Latinoamérica (de ser un país sería la octava economía del globo), y los acuerdos comerciales les permiten llegar sin pago de aranceles a entre 1.500 y 4.500 millones de habitantes (según el país); la participación de las exportaciones en su PBI casi duplica la de nuestro país; y es el ámbito de origen de la mayoría de las inversiones extraterritoriales de empresas latinoamericanas.

El inicio de la participación podría permitir a Argentina comenzar negociaciones en materias que están fuera del arancel externo común del Mercosur. Esto, porque el Mercosur impide a sus miembros lograr acuerdos individualmente con terceros mercados en asuntos arancelarios pero -en principio- no en otras materias, que están siendo hoy cada vez más relevantes en las negociaciones internacionales. Normas técnicas, estándares de calidad, parámetros paraarancelarios, obras de integración física, acuerdos para la protección de inversiones, regulaciones comunes en normas para compras gubernamentales, regulaciones en propiedad intelectual son ejemplos de posibles materias de negociación.

Hace un tiempo la CEPAL estudió los diversos rubros de posible acuerdo entre países del Mercosur y de la AdP, incluyendo facilitación de comercio, acumulación de origen, movilidad de personas, estadísticas para el comercio de servicios, cooperación en ciencia, tecnología, innovación y prospectiva, sostenibilidad ambiental, transporte, energía, política industrial, aproximación conjunta a Asia Pacífico y turismo. Y, por supuesto, menores aranceles al comercio trasfronterizo, aunque en este ámbito debe decirse que Argentina ya tiene acuerdos vigentes y ambiciosos con algunos de sus miembros (como Chile y Perú).

Por otro lado, y pensando a largo plazo, un potencial futuro acuerdo pleno con la AdP, además de mostrar de modo inequívoco un nuevo rumbo (lo que contribuye a una nueva reputación del país, algo de crítica relevancia para quienes toman decisiones de negocios), mejoraría el comercio hacia quienes ya son grandes receptores de exportaciones industriales argentinas (la región es el principal destino para exportaciones con alto contenido tecnológico).

 

 

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