Paulson admite por fin que la crisis financiera amenaza el crecimiento económico

El secretario de hacienda y ex número uno de Goldman Sachs –una firma en apuros- rompe el silencio para señalar que el producto bruto interno puede perder impulso. Pero insiste en que los mercados de riesgo son sólidos.

16 agosto, 2007

Henry Paulson emitió un doble mensaje. A la economía real le dijo que las turbulencias bursátiles o financieras y la crisis hipotecaria amenazan el ritmo del PBI. A Wall Street trató de alegrarlo hablando de “mercados lo bastante fuertes como para absorber pérdidas”. Pero el desplome de Countrywide Financial y otros dos desastres bursátiles (KKR holdings y Scottish Reinsurance group cayeron 24%) muestran lo contrario.

Apelando a un libreto típico de la Reserva Federal, el banco de Inglaterra y el Fondo Monetario, el alto funcionario afirmó que “estas cosas ocurren en el contexto de una economía mundial con sólidos fundamentos”. Pero el retroceso bursátil de bancos relevantes (martes) apunta a lo contrario. Además, sólo los mercados especulativos –inclusive materias primas- están globalizados, pero no marchan bien.

Como si fuese todavía presidente ejecutivo de GS, Paulson sostuvo que “en 32 años de actividad, no he visto una economía global más fuerte que la actual”. También prometió que Estados Unidos seguirá creciendo. No obstante, algunos medios norteamericanos calificaron su actitud de “en exceso condescendiente y despreocupada, o sea poco creíble”.

Particularmente porque, entretanto, le pedía reservadamente a Michael Bloomberg –alcalde neoyorquino- “suavizar el tono pesimista” de su propia agencia. Esto lo revelaron un diario suizo y uno francés, conservadores ambos.

En realidad, cuando se esgrime la presente fortaleza de los mercados especulativos, se los compara con un solo antecedente, no siempre valido: la crisis sistémica desatada en Asia oriental y sudoriental (1997), luego contagiada (1998) a Rusia y varias economías en desarrollo. Existe, por cierto, un paralelo inquietante: el desplome de Long-term Capìtal Management demandó un inmerecido salvataje. En efecto, hoy eso se repite, corregido y aumentado, vía la prodigiosa inyección de liquidez entre el jueves 9 y el miércoles 16: alrededor de US$ 450/500.000 millones, según estimaciones privadas.

Teniendo en cuenta aquel precedente (LTCM especulaba con derivativos), parece irónico que Paulson mencione “el gran aumentos en cantidad y volumen de los fondos de cobertura y de capital extrabursátil”. En otras palabras, los traumáticos sucesores de LTCM y los que han armado compras apalancadas ahora casi imposibles de financiar o completar. En estas circunstancias, varios analistas se preguntan por qué el secretario de haciendo no explicó cómo los principales bancos centrales y entes reguladores afrontarán la actual situación. Sin duda, inyectar “call” masivamente tiene límites.

Henry Paulson emitió un doble mensaje. A la economía real le dijo que las turbulencias bursátiles o financieras y la crisis hipotecaria amenazan el ritmo del PBI. A Wall Street trató de alegrarlo hablando de “mercados lo bastante fuertes como para absorber pérdidas”. Pero el desplome de Countrywide Financial y otros dos desastres bursátiles (KKR holdings y Scottish Reinsurance group cayeron 24%) muestran lo contrario.

Apelando a un libreto típico de la Reserva Federal, el banco de Inglaterra y el Fondo Monetario, el alto funcionario afirmó que “estas cosas ocurren en el contexto de una economía mundial con sólidos fundamentos”. Pero el retroceso bursátil de bancos relevantes (martes) apunta a lo contrario. Además, sólo los mercados especulativos –inclusive materias primas- están globalizados, pero no marchan bien.

Como si fuese todavía presidente ejecutivo de GS, Paulson sostuvo que “en 32 años de actividad, no he visto una economía global más fuerte que la actual”. También prometió que Estados Unidos seguirá creciendo. No obstante, algunos medios norteamericanos calificaron su actitud de “en exceso condescendiente y despreocupada, o sea poco creíble”.

Particularmente porque, entretanto, le pedía reservadamente a Michael Bloomberg –alcalde neoyorquino- “suavizar el tono pesimista” de su propia agencia. Esto lo revelaron un diario suizo y uno francés, conservadores ambos.

En realidad, cuando se esgrime la presente fortaleza de los mercados especulativos, se los compara con un solo antecedente, no siempre valido: la crisis sistémica desatada en Asia oriental y sudoriental (1997), luego contagiada (1998) a Rusia y varias economías en desarrollo. Existe, por cierto, un paralelo inquietante: el desplome de Long-term Capìtal Management demandó un inmerecido salvataje. En efecto, hoy eso se repite, corregido y aumentado, vía la prodigiosa inyección de liquidez entre el jueves 9 y el miércoles 16: alrededor de US$ 450/500.000 millones, según estimaciones privadas.

Teniendo en cuenta aquel precedente (LTCM especulaba con derivativos), parece irónico que Paulson mencione “el gran aumentos en cantidad y volumen de los fondos de cobertura y de capital extrabursátil”. En otras palabras, los traumáticos sucesores de LTCM y los que han armado compras apalancadas ahora casi imposibles de financiar o completar. En estas circunstancias, varios analistas se preguntan por qué el secretario de haciendo no explicó cómo los principales bancos centrales y entes reguladores afrontarán la actual situación. Sin duda, inyectar “call” masivamente tiene límites.

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