Mayo arranca con un golpe de tasas y una desmentida de Bernanke

Era otra mentira del mercado: Benjamin Bernanke, jefe del Sistema de Reserva Federal, no anticipó suspensión de ajustes en tipos cortos. Así, mayo arranca con la T-10 en 5,14% y la T-30 en 5,23%, picos desde 2001 y 2002, respectivamente.

2 mayo, 2006

No es la primera que operadores de Wall Street usan los medios para convertir expresiones de deseos en noticias. El lunes, Bernanke debió desvirtuar una “interpretación incorrecta” hecha por una cronista de Reuters, partiendo de declaraciones a una cadena televisual. Al respecto, dos diarios neoyorquinos se preguntaban si el nuevo presidente del SRF no estaría, como su antecesor, operando para el oficialismo en vísperas de una dura campaña electoral.

Esa “malinterpretación” pasaba por alto un dato: el consumo de los norteamericanos subió 0,3% en marzo, muy por encima de las previsiones bursátiles (0,15%) y del nivel en febrero (0,12%). Eso implica una proyección anual de 2% tomando el primer trimestre íntegro, o sea el techo de tolerancia para el SRF. También la actividad industrial avanzó más de lo previsto entre los 55,2 puntos en marzo y los 57,3 en abril (+3,8%). Un tercer síntoma, el costo de insumos, pasó de 66,5 a 71,5 (+7,5%), lo cual anticipa ulteriores alzas en los demás indicadores. Éste será el clima de fondo con vistas a la inminente reunión del comité monetario, que fija las tasas básicas.

Este asunto empezó días atrás, cuando China aumentó tipos activos y Reuters presumió que Bernanke –en algún momento- cesaría de elevar esos tipos. Lo primero impulsó un poco el valor del yüan y ambas noticias confundieron a los mercados de riesgo y al dólar.

Fue el primer retoque chino en dieciocho meses y lleva el costo del crédito de 5,58 a 5,85% anual. Esa decisión y las crípticas señales atribuidas al SRF –fruto de una maniobra estilo Wall Street- obraron contra el dólar (el euro tocó US$ 1.26), el oro –que saltó a 653- y los crudos (el tejano rebotó a US$ 77,35 y el Brent a 72,75).

Entretanto, las tasas daban la nota al abrir mayo. Ya el viernes, la Libor lograba otra máxima, 5,29% anual a seis meses. A su vez, la T-10 trepó el lunes a 5,14% y la T-30 a 5,23% anual. Los tres guarismos resultan coyunturalmente altos. Por su parte, Wall Street no sabía para qué lado marchar, por lo cual abril acabó flojo y así comenzó este mes. Menos expuesta, la bolsa paulista –única relevante en Sudamérica- había quebrado el jueves sus propios récords y registraba 40.410 puntos en el panel líder.

En Estados Unidos, el clima se recalentaba. El miércoles, se supo que compras de bienes durables y venta de viviendas habían marcado en marzo máximos en más de diez años. Pero el petróleo rebotó el jueves US$ 72,50 –los anuncios de Bush tuvieron corto efecto- y el oro a 642. Empezando mayo, esos niveles tornaban a subir.

Tomando desprevenidos a políticos, funcionarios y gurúes, en medio de una compleja crisis geopolítica global, la economía real norteamericana de pronto dio un salto; estadístico, al menos. Las órdenes de compra de bienes durables, según el departamento federal de Comercio, subieron 6,1% en marzo. Vale decir, más de tres veces los pronósticos en Wall Street.

Por su parte, la venta de viviendas nuevas aumentó un alarmante 13,8%, ritmo inédito desde marzo de 1993, que implica una proyección de 1.213.000 unidades anuales. En privado, algunos expertos del SRF ven con temores esta rebrote de la burbuja inmobiliaria, en gran medida porque se da pese al avance en tipos de interés.

Volviendo a China, varios expertos estiman que el inesperado aumento de tasas activas busca enfriar una economía recalentada, en buena medida por un auge en la demanda de crédito al sistema financiero. De paso, Beijing conseguía elevar levemente el yüan en términos de la canasta dólar-euro-yen.
Por supuesto, no es que el gobierno “haya escuchado la voz de los mercados”, como salieron a decir el “Wall Street Journal” y su rival allende el Atlántico. Esa magia sólo opera en ciertas economías periféricas. Pero hay, sí, un cambio de políticas: ahora, los chinos apelan en parte a instrumentos de mercado para modificar expectativas, no ya sólo a mero dirigismo burocrático.

Si las principales bolsas del mundo manifiestan incertidumbres o señales negativas, es por temor a que la expansión china comience a perder velocidad y, con ello, ceda la demanda (“apetito” se dice ahora) por insumos y productos básicos. De ahí que los sectores bursátiles más afectados fueran hidrocarburos, minería, energía y similares.

Esta decisión sobre tipos de interés pone en relieve, también, la inquietud del gobierno chino sobre síntomas de recalentamiento general. Claves fueron estimaciones sobre producto bruto interno: promediaban 10,2% anual para el primer trimestre. Los planes oficiales habían proyectado no más de 8,75% en ese lapso. Hoy, la sorpresa es doble: un brote eufórico en esa economía real y otro en la norteamericana; ambos en el mismo período.

No es la primera que operadores de Wall Street usan los medios para convertir expresiones de deseos en noticias. El lunes, Bernanke debió desvirtuar una “interpretación incorrecta” hecha por una cronista de Reuters, partiendo de declaraciones a una cadena televisual. Al respecto, dos diarios neoyorquinos se preguntaban si el nuevo presidente del SRF no estaría, como su antecesor, operando para el oficialismo en vísperas de una dura campaña electoral.

Esa “malinterpretación” pasaba por alto un dato: el consumo de los norteamericanos subió 0,3% en marzo, muy por encima de las previsiones bursátiles (0,15%) y del nivel en febrero (0,12%). Eso implica una proyección anual de 2% tomando el primer trimestre íntegro, o sea el techo de tolerancia para el SRF. También la actividad industrial avanzó más de lo previsto entre los 55,2 puntos en marzo y los 57,3 en abril (+3,8%). Un tercer síntoma, el costo de insumos, pasó de 66,5 a 71,5 (+7,5%), lo cual anticipa ulteriores alzas en los demás indicadores. Éste será el clima de fondo con vistas a la inminente reunión del comité monetario, que fija las tasas básicas.

Este asunto empezó días atrás, cuando China aumentó tipos activos y Reuters presumió que Bernanke –en algún momento- cesaría de elevar esos tipos. Lo primero impulsó un poco el valor del yüan y ambas noticias confundieron a los mercados de riesgo y al dólar.

Fue el primer retoque chino en dieciocho meses y lleva el costo del crédito de 5,58 a 5,85% anual. Esa decisión y las crípticas señales atribuidas al SRF –fruto de una maniobra estilo Wall Street- obraron contra el dólar (el euro tocó US$ 1.26), el oro –que saltó a 653- y los crudos (el tejano rebotó a US$ 77,35 y el Brent a 72,75).

Entretanto, las tasas daban la nota al abrir mayo. Ya el viernes, la Libor lograba otra máxima, 5,29% anual a seis meses. A su vez, la T-10 trepó el lunes a 5,14% y la T-30 a 5,23% anual. Los tres guarismos resultan coyunturalmente altos. Por su parte, Wall Street no sabía para qué lado marchar, por lo cual abril acabó flojo y así comenzó este mes. Menos expuesta, la bolsa paulista –única relevante en Sudamérica- había quebrado el jueves sus propios récords y registraba 40.410 puntos en el panel líder.

En Estados Unidos, el clima se recalentaba. El miércoles, se supo que compras de bienes durables y venta de viviendas habían marcado en marzo máximos en más de diez años. Pero el petróleo rebotó el jueves US$ 72,50 –los anuncios de Bush tuvieron corto efecto- y el oro a 642. Empezando mayo, esos niveles tornaban a subir.

Tomando desprevenidos a políticos, funcionarios y gurúes, en medio de una compleja crisis geopolítica global, la economía real norteamericana de pronto dio un salto; estadístico, al menos. Las órdenes de compra de bienes durables, según el departamento federal de Comercio, subieron 6,1% en marzo. Vale decir, más de tres veces los pronósticos en Wall Street.

Por su parte, la venta de viviendas nuevas aumentó un alarmante 13,8%, ritmo inédito desde marzo de 1993, que implica una proyección de 1.213.000 unidades anuales. En privado, algunos expertos del SRF ven con temores esta rebrote de la burbuja inmobiliaria, en gran medida porque se da pese al avance en tipos de interés.

Volviendo a China, varios expertos estiman que el inesperado aumento de tasas activas busca enfriar una economía recalentada, en buena medida por un auge en la demanda de crédito al sistema financiero. De paso, Beijing conseguía elevar levemente el yüan en términos de la canasta dólar-euro-yen.
Por supuesto, no es que el gobierno “haya escuchado la voz de los mercados”, como salieron a decir el “Wall Street Journal” y su rival allende el Atlántico. Esa magia sólo opera en ciertas economías periféricas. Pero hay, sí, un cambio de políticas: ahora, los chinos apelan en parte a instrumentos de mercado para modificar expectativas, no ya sólo a mero dirigismo burocrático.

Si las principales bolsas del mundo manifiestan incertidumbres o señales negativas, es por temor a que la expansión china comience a perder velocidad y, con ello, ceda la demanda (“apetito” se dice ahora) por insumos y productos básicos. De ahí que los sectores bursátiles más afectados fueran hidrocarburos, minería, energía y similares.

Esta decisión sobre tipos de interés pone en relieve, también, la inquietud del gobierno chino sobre síntomas de recalentamiento general. Claves fueron estimaciones sobre producto bruto interno: promediaban 10,2% anual para el primer trimestre. Los planes oficiales habían proyectado no más de 8,75% en ese lapso. Hoy, la sorpresa es doble: un brote eufórico en esa economía real y otro en la norteamericana; ambos en el mismo período.

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