Más dudas sobre Fannie Mae y sus pérdidas vía derivados

La firma de crédito hipotecario Fannie Mae tuvo pérdidas netas por US$ 24.000 millones en cuatro años. Los quebrantos derivaban de operaciones con derivados financieros, imposibles de enjugar. A su vez, esto deprime utilidades potenciales.

Las obligaciones corrientes y futuras aún no ha sido estimada en términos de ingresos ni exigencias mínimas de capital establecidas por la autoridad reguladora federal. Esto genera nuevas dudas sobre la salud contable y financiera del gigante hipotecario.

Los crecientes problemas de Fannie Mae y su hermano, Freddie Mac, preocupan cada día más en Washington. Sobre todo con Alan Greenspan (Reserva Federal) proponiendo el uso de instrumentos derivativos para manejar el cuantioso déficit fiscal.

Ambas instituciones, creadas y auspiciadas por el estado, han crecido al punto de representar un grave riesgo sistémico para la red financiera norteamericana. Las dos poseen o avalan hipotecas por cuatro billones, frutos de endeudamiento del público para comprar o refeccionar viviendas, que la campaña relectoral pinta como éxito del actual gobierno.

Hace algunos días, por cierto, John Snow –secretario de Hacienda- reiteró sus críticas al sistema. “No creemos –sostuvo- que algo sea demasiado grande como para no venirse abajo. Para peor, en este caso el gobierno es respaldo de última instancia”. Greenspan y Gregory Mankiw, principal asesor económico del presidente, secundaron la advertencia de Snow.

Fannie Mae está por difundir su informe anual, donde se estima el valor corriente en mercado de sus posiciones derivadas. Los observadores lo revisarán minuciosamente, para medir la brecha entre el capital regulatorio de la entidad y su valor razonable. La clave reside en averiguar si la cifra ha superado los US$ 6.000 millones registrados hace un año.

Un análisis preliminar del “Financial Times” presume que las pérdidas por derivados totalizaron US$ 24.000 millones entre enero de 2000 y septiembre de 2003. El monto se acerca demasiado a los 25.100 millones involucrados en ese tipo de especulaciones. “Han apelado a derivados para cubrir flujos de caja y diferir perdidas. Por tanto, tal vez no estén tan capitalizados como lo requieren las normas regulatorias”, señala el trabajo.

Las obligaciones corrientes y futuras aún no ha sido estimada en términos de ingresos ni exigencias mínimas de capital establecidas por la autoridad reguladora federal. Esto genera nuevas dudas sobre la salud contable y financiera del gigante hipotecario.

Los crecientes problemas de Fannie Mae y su hermano, Freddie Mac, preocupan cada día más en Washington. Sobre todo con Alan Greenspan (Reserva Federal) proponiendo el uso de instrumentos derivativos para manejar el cuantioso déficit fiscal.

Ambas instituciones, creadas y auspiciadas por el estado, han crecido al punto de representar un grave riesgo sistémico para la red financiera norteamericana. Las dos poseen o avalan hipotecas por cuatro billones, frutos de endeudamiento del público para comprar o refeccionar viviendas, que la campaña relectoral pinta como éxito del actual gobierno.

Hace algunos días, por cierto, John Snow –secretario de Hacienda- reiteró sus críticas al sistema. “No creemos –sostuvo- que algo sea demasiado grande como para no venirse abajo. Para peor, en este caso el gobierno es respaldo de última instancia”. Greenspan y Gregory Mankiw, principal asesor económico del presidente, secundaron la advertencia de Snow.

Fannie Mae está por difundir su informe anual, donde se estima el valor corriente en mercado de sus posiciones derivadas. Los observadores lo revisarán minuciosamente, para medir la brecha entre el capital regulatorio de la entidad y su valor razonable. La clave reside en averiguar si la cifra ha superado los US$ 6.000 millones registrados hace un año.

Un análisis preliminar del “Financial Times” presume que las pérdidas por derivados totalizaron US$ 24.000 millones entre enero de 2000 y septiembre de 2003. El monto se acerca demasiado a los 25.100 millones involucrados en ese tipo de especulaciones. “Han apelado a derivados para cubrir flujos de caja y diferir perdidas. Por tanto, tal vez no estén tan capitalizados como lo requieren las normas regulatorias”, señala el trabajo.

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