¿Los niños tienen educación financiera?

La escuela y la familia son los lugares donde los niños deben aprender a dar al dinero el lugar que le corresponde. La escuela debería hacerlo desde el estudio de las matemáticas, dando así asidero real a una materia tan abstracta. La familia, debe hacerlo hablando abiertamente de los problemas familiares.

22 noviembre, 2016

La educación financiera debería comenzar en la casa, pero la forma en que muchos padres encaran el tema en la mesa de la cocina necesita actualizarse. “Incluso ahora, los padres hablan más de sexo con sus hijos que de dinero “, dice Lynsey Romo, quien estudia el tema de la información que se comparte en la familia en la Universidad de Carolina del Norte.

 

Muchas veces los padres temen provocar ansiedad en los niños si les hablan de temas como ingresos o deuda familiar, dice. El problema es que mantener esas cosas en secreto provoca más ansiedad que decir la verdad. Y esa ansiedad puede durar hasta la adultez. En lugar de esconder los temas delicados, Romo aconseja usar las conversaciones financieras, por delicadas que sean, como “momentos para enseñar”.

 

Las visitas a las tiendas son ideales para tener esas conversaciones, dice Anita Vangelisti, profesora de educación de la Universidad de Texas. Los padres podrían explicar por qué comprar un artículo y no otro tiene más sentido desde una perspectiva económica, comparando precio, calidad, beneficios y teniendo en cuenta el presupuesto general de la familia.

 

Un grupo de investigadores polacos llegó a conclusiones similares sobre por qué conviene hablar claro de dinero con los niños. Los chicos, dicen, son rápidos en captar el valor simbólico del dinero — todas las sensaciones que despierta y las asociaciones que implica — aunque no entiendan cómo funciona. Si los padres no les hablan con franqueza esas asociaciones se acumulan y los hacen actuar en forma egoísta en el corto plazo, y en el largo, los deja con ilusiones sobre el poder del dinero.

 

Comenzar por el “just in time”. Los consejos anticipados y en abstracto se olvidan al instante. Por ejemplo: si todas las navidades el abuelo le regala a tu hijo, digamos, $100, el mejor momento para darle algún consejo sobre ahorro o planificación es justo antes de que eso ocurra.

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